lunes, 26 de enero de 2015

Pideme lo que quieras

capitulo 34


A las once y media, mi amiga Yakumo pasa a buscarme y juntos vamos a ver a su sobrino. Como me ha dicho mi padre, el niño es precioso. A la una ya estamos de vuelta en casa y nos bañamos en la piscina. El agua esta fresquita y muy rica.

Yakumo me cuesta sus cosas e intenta interrogarme sobre Neji. Pero en cuanto ve que no quiero hablar sobre el tema, lo deja estar y hablamos de otras cosas. A las dos y media, mi amiga regresa a su casa y yo me quedo tirado en la piscina. Suena mi teléfono. Un mensaje. Es Neji para invitarme a comer. Rechazo la invitación y me tiro en la hamaca a escuchar música.

Mi móvil pita de nuevo. Maldigo. Lo cojo pero me quedo sin aire cuando leo: << ¿Tomas algo conmigo?>>. ¡Es Naruto!

El corazón me palpita.

Naruto esta en Madrid y yo a demasiados kilómetros de él. Cojo la Coca-Cola y bebo. La garganta de pronto se m ha quedado seca y el móvil vuelve a sonar otra vez.

<<Sabes que no soy paciente. Responde. >>

Con las manos temblorosas comienzo a teclear, pero ¡no doy ni una! Finalmente consigo poner. <<Estoy de vacaciones>>.

Lo envió y las tripas se me encogen hasta que oigo que el móvil pita y leo su respuesta. <<Lo se. Muy bonita la puerta roja del chalet de tu padre. >>

Cuando leo eso, doy un chillido, suelto el móvil, cojo una chaqueta y corro hacia la puerta como alma que lleva el diablo. En mi carrera, arraso las sillas del patio y me dejo la cadera, pero n importa.

¡Naruto esta allí!

Abro rápidamente la puerta pero es tal mi ceguera que no veo ningún coche que pueda ser de él, hasta que un pitido me hace mirar a mi derecha y veo a un hombre sobre una imponente moto. Se baja de ella, se quita el casco y sus ojos y su boca me sonríen.

Sin importarme nada, ni nadie, corro hacia él y me tiro a sus brazos. Es tal mi impulso que estamos los dos a punto de rodar por el suelo, pero nada, absolutamente nada me importa. Solo lo abrazo y me estremezco cuando vuelvo a oír su voz en mi oído:

-Pequeño…te he echado de menos.

Estoy nervioso. ¡Histérico!

Naruto, ¡mi Naruto!, esta entre mis brazos. En Jerez. En la puerta de la casa de mi padre. Me ha buscado. Me ha encontrado y eso es lo único que quiero pensar.

Cuando me separo de él, siento su mirada recorrer mi cuerpo y entonces soy consciente de mi estado.

-Naruto, podrías haber avisado. Mira que pintas tengo.

Él no contesta. Solo me mira y entonces me agarra de la nunca y me acerca a él, dispuesto a darme un apasionado beso que hace que todo jerez tiemble.

-Estas precioso, cariño.

¡Ay, Dios! Me va a dar algo ¡Y encima me llama cariño!

-¿Cómo esta tu brazo?-pregunta de pronto.

Lo levanto y le enseño la marca de la plancha.

-Perfecto.

Naruto hace un gesto con la cabeza y lo invito a pasar a mi casa.

Me sigue y le ofrezco una cerveza. La rechaza y pide agua. Lo hago esperar en la piscina mientras me visto. Se resiste pero le hago entender que es la casa de mi padre y puede aparecer en cualquier momento. Acepta mis explicaciones y accede a mi petición. Tardo en vestirme cinco minutos. Unos vaqueros, una camiseta y arreando.

Cuando aparezco, Naruto me mira.

-Has recibido un par de mensajes de Neji.

Resoplo y, antes de poder responder, Naruto me atrae hacia él y me besa con posesión. Sus besos me hacen entender que me ha echado de menos como yo a él, y eso me gusta. Aunque aun me tiene que explicar muchas cosas. Entre besos, entramos en la cocina. Naruto me sube a la mesa para continuar su reguero de besos, mientras me aprieta contra él.

Calor…tengo un calor horroroso y más cuando baja su cabeza y me muerde los pezones por encima de la camiseta. El ansia viva nos puede. Nos consume y al final soy yo el que. Olvidándome donde estoy, de mi padre y de la Virgen de Triana que preside la cocina, le abro el vaquero, meto mis manos bajo los calzoncillos y lo toco. Le exijo más.

Naruto, avivado por mis caricias, me desabrocha el vaquero, tira de él y me lo quita. A este le siguen los boxers y siento el frió de la mesa sobre mis nalgas. Continúo sentado sobre la mesa y observo como se pone con rapidez un preservativo. Veo mi tatuaje pero él no lo ve. Esta cegado por el sexo. ¡Me gusta!

Me atrae hacia él. Con las respiraciones entre cortadas y el deseo instalado en la mirad, coloca su pene en la entrad de mi trasero, lo introduce unos centímetros y después me agarra e las caderas y con un certero movimiento lo introduce totalmente en mi interior, mientras veo que se muerde el labio.

Si…Si…si…Necesitaba sentir a Naruto.

Sin hablar, me coge en volandas para ponerme más a su altura y me apoya contra el frigorífico. Lo beso…me besa con desesperación y sus acometidas fuertes y profundas contra mi me hacen gritar de puro placer. Una…dos…tres…Mi cuerpo lo recibe gustoso…cuatro…cinco…seis… ¡Quiero mas! De nuevo, mi carne arde, mi orificio tiembla por su posesión y yo jadeo y me corro entre sus brazos. Soy feliz. Muy feliz y no quiero pensar en nada mas mientras dejo que él me tome como le gusta. Como nos gusta. Rudo, posesivo y varonil.

Tras varias potentes embestidas en las que siento que me va a romper, Naruto se echa hacia atrás y suelta un gruñido. Deja caer su cabeza sobre mi hombro y, durante unos minutos, los dos permanecemos apoyados en el frigorífico.

-¿Qué haces aquí, Naruto?

-Me moría por volverte a verte.

Escuchar aquello me hace cerrar los ojos. Adoro escuchar aquello pero no entiendo por que no ha venido a verme antes. Finalmente me besa, me baja al suelo y pasamos por el baño para asearnos un poco antes de salir de la casa de mi padre y entre besos y risas. Me pide que vayamos a comer a algún lado y al llegar hasta la espectacular moto que ha traído pregunto:

-¿Es tuya?

No responde. Se encoge de hombros y me entrega el otro casco para que me lo ponga.

-¿Te dan miedo?

Me pongo el casco que él me da.

-Miedo no, respeto.

Naruto sonríe. Se monta y arranca la moto.

-Agarrate a mi con fuerza. Si en algún momento tienes miedo, me lo dices, ¿de acuerdo?

Asiento y emprende la marcha.

Le indico por las calles de Jerez y comemos en el restaurante de Fuku, una amiga de mi padre. Esta, al verme entrar tan bien acompañado, me guiña el ojo y nos lleva hasta la mejor mesa que tiene. Luego me besuquea y me regaña por ir tan poco a visitarla, mientras observo que Naruto teclea algo en el móvil. Cuando por fin termina con sus besos y reproches, nos entrega la carta.

-Niño, pide el salmonero, que hoy me ha salido de escándalo.

Miro a Naruto y pregunto:

-¿Te gusta el salmonero?

-¿Eso que es?-pregunta divertido.

-Mira, siquillo-le explica la Fuku-. Es una especia de gaspasito pero más consentraito. Si te gusta la verdura, te aseguro que el salmonero d la Fuku te gustara.

Los dos respondemos al unísono: ¡Salmonero para los dos!

-¿Y de segundo que nos ofreces?

La Fuku sonríe y dice:

-Tengo un atún ensebollaito que quita toe er sentio, ochuletitas. ¿Qué preferís?

-Atún-responde Naruto.

-Yo también.

Cuando se marcha la Fuku, Naruto me mira y extiende sus manos por encima de la mesa para coger las mías. No decimos nada. Solo nos miramos hasta que él rompe el hielo:

-Soy un gilipollas.

-Exacto. Lo eres.

Ese comentario me demuestra que recibió mis correos.

-Quiero que sepas que me volví loco al recibir tu ultimo correo.

Le suelto las manos.

-Te lo merecías.

-Lo se…

-Hice lo que me pediste. Y como tu secuaz no podía ver lo que hacia dentro de a habitación, decidí ser yo quien te lo mostrara.

Miro sus manos. Sus nudillos se ponen tensos. Se blanquean.

-Admito mi error, pero ver lo que v no me gusto.

Eso me sorprende. Me recuesto sobre la silla.

-¿No te gusto ver como jugaba con otro?

Naruto me mira. Su mirada se toma sombría.

-No, si en ese juego o estaba yo.

Me niego a confesarle que para mí si estaba e ese juego.

-¿Me perdonas?

-No lo se. Lo tengo que pensar, Iceman.

-¿¡Iceman!?

Sonrió, pero no le revelo que fue Sai quien le puso el mote.

-Tu frialdad en ocasiones te convierte en un hombre de hielo, ¡Iceman!

Asiente. Clava su mirada en mi y exige que le de nuevo la mano.

-Te pido disculpas por no  haberte llamado en todo este tiempo. Pero creeme si te digo que he estado muy liado.

-¿Por qué no podías?

Lo piensa. Lo piensa…lo piensa y, finalmente, parece haber dado con la respuesta:

-Prometo que la próxima vez te llamare.

Intento poner cara de enfado. No me ha respondido, pero no puedo estar enfadado con él. Estoy tan…tan feliz porque me haya buscado y este allí conmigo que solo puedo sonreír como un tonto y dejarme llevar por la felicidad. Mi móvil suena. Es Neji. Naruto ve el nombre que se enciende en la pantalla.

-Cogelo, si quieres.

-No…ahora no.-Apago el móvil.

La comida, como bien dijo la Fuku, esta buenísima. El salmonero esta de lujo.

 Y el atún, de relujo. Cuando salimos del restaurante miro el reloj. Las cuatro y cuarto. Entonces me acuerdo de que a las cinco he quedado con mi padre.

-¿Te apetece conocer el circuito de Jerez?

Naruto me acerca a él y susurra cerca de mi boca:

-Pequeño, por apetecerme, me apetece otra cosa. Vamos, he alquilado una villa que…

-¿Has alquilado una villa?

-Si. Quiero estar cerca de ti.

Su cercanía, su voz y su sugerencia me hacen jadear. Por mi cabeza cruza la idea de correr a la villa, pero no. No lo voy a hacer por mucho queme apetezca. No.

-He quedado con mi padre a las cinco en el circuito. ¿Te apetece conocerlo?

-¿A tu padre?

.Si. A mi padre. Pero, tranquilo, ¡no se come a los alemanes!

Mi comentario vuelve a hacerlo sonreír. Y, tras darme un azote, me entrega el casco.

-Vayamos a conocer a tu padre.

Continuara…



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