domingo, 9 de noviembre de 2014

Te esperare toda mi vida

capitulo 9

-¡La madre que te parió, Sasuke! Mira que eres patoso-chilló Iruka tras lograr salir del agua por una pequeña escalerita de madera rústica-. ¿Pero adonde estabas mirando? 

-...Asumo lo de patoso ¡Lo siento!-se disculpó, quitándose el pelo enmarañado de la cara mientras la gente a su alrededor continuaba corriendo para resguardarse de la lluvia-. He debido chocar contra alguien y... No sé... no sé qué ha pasado. 

-Ay, Dios... Estoy congelado. Tengo los pezones como dos botones-murmuró Deidara, con todo el pelo pegado en la cara. 

De pronto, los tres se miraron serios y comenzaron a reír. La situación era de lo más rocambolesca. Estaban en el puerto de Edimburgo, calados hasta los huesos, con el maquillaje corrido por la cara y un aspecto patético. Una vez que se tranquilizaron, miraron hacia donde minutos antes estaba el autobús que los llevaría directos al hotel. 

-¡Perfecto, hemos perdido el bus! Ahora nos tocará pillar un taxi y, en cuanto escuchen nuestro acento guiri, nos van a clavar. Ya lo veréis-se lamentó Iruka. 

-Madre mía, qué oscuridad-susurró Sasuke mirando a su alrededor-. No hay ni una sola luz en toda la ciudad. ¡Menudo apagón! 

-Uf, no se ve ni un puñetero coche-se quejó Deidara-. Pero si no recuerdo mal, podemos subir por allí hasta casi el castillo. 

-¡Pero está diluviando!-se quejó Iruka. 

-¡Y qué más da!-replicó Sasuke-. Si ya estamos empapados... 

Ante ellos pasó una vieja carreta; debía de ser de los feriantes. Sasuke la paró y preguntó a los ocupantes:
 
-¿Van ustedes hacia el castillo? 

El matrimonio, extrañado por su acento, observó a los tres muchachos y asintió. Sasuke volvió al ataque. 

-¿Podrían llevarnos hasta allí? Se lo agradeceríamos mucho, mucho, muchísimo. 

Cinco minutos después, los tres muchachos iban sentados en la trasera de la carreta, empapados y muertos de frío. Al rato, el rudimentario vehículo se detuvo y la mujer del feriante se bajó del pescante y se acercó a ellos. 

-Se tienen que apear aquí. Nosotros seguimos viaje hacia Glasgow. Pero si suben por esa ladera, enseguida llegarán al lateral de la fortaleza. 

Congelados, se apearon y les dieron las gracias antes de echar a andar hacia donde la mujer les había indicado. Una vez que alcanzaron la muralla lateral del castillo, la rodearon y llegaron a una oscura y pestilente calle adoquinada.

-¡Qué peste!-se quejó Iruka
 
-Huele peor que el aliento de una hiena-corroboró Sasuke. 

Los otros dos se pinzaron la nariz con los dedos y asintieron. ¿En dónde estaban, que había semejante peste a podrido? Cinco minutos después, una vez que dejaron atrás el mal olor, comenzaron a subir una cuesta.

-¡Vamos por buen camino!-gritó encantada Deidara- ¿Recordáis ese callejón y ese arco?-sus amigos negaron con la cabeza y el prosiguió-. Si mal no recuerdo, el otro día nos paramos allí para contemplar El Hub. O como dijo Iruka, «el cachirulo» ese que sólo tiene ciento cincuenta años. ¿Lo recordáis? 

-Ah, sí -asintió Sasuke, mientras los dientes le castañeaban.
 
-Venga, ánimo, mis niños. Detrás del Hub está nuestro hotel. 

-Ay, Dios-susurró Iruka-. Estoy deseando llegar para quitarme esta ropa y darme una ducha calentita. 

Una vez llegaron al callejón, los tres se pararon en seco. Fue Iruka la primera que habló. 

-No veo nada, el apagón ha afectado a todo Edimburgo. 

Sasuke y Deidara se quitaron el agua que corría por sus caras, era extraño, pero ante ellos sólo había oscuridad. No se veía la cúpula del Hub. 

-Qué raro-susurró Deidara, intentando ver más allá del diluvio-. Yo juraría que el Hub estaba allí... 

-Pues una de dos, o ha encogido por la lluvia o no está-se quejó Iruka. 

-Quizá te has equivocado de callejón-suspiró Sasuke sacando su iPhone negro del bolsillo-. Venga, continuemos andando. 

Mientras caminaban en la oscuridad, intentó encender el aparato. Fue inútil. El móvil estaba empapado por el chapuzón en el puerto. 

-¡Joder! ¿Pero dónde se meten los puñeteros taxis cuando se les necesita?-gruñó Iruka buscando a su alrededor.

La calle estaba vacía y oscura como la boca de un lobo, a excepción de un par de hombres y algunas mujeres con una pinta desastrosa. 

-Mi iPhone no se enciende ¡Ha entrado en coma! Intentadlo vosotros; a ver si vuestros móviles pillan cobertura y podemos llamar a un taxi. 

Deidara sacó el suyo del bolsillo y, tras intentar encenderlo, inició una sarta de blasfemias.
 
-¡Mierda! Mi Blackberry está empapada y no furula. Con el pastón que me costó.

-Mi móvil tampoco va-suspiró Iruka-. Pero no me extraña, con el bañito que nos hemos dado, es para eso y más. 

De pronto, Iruka reconoció algo y gritó. 

-¡Mirad, eso es el Grassmarket! Allí está la West Bow. 

Felices al encontrar un punto de referencia, los tres corrieron hacia la fuente. Estaban seguros de que si había un taxi libre en la zona, estaría allí; pero se sorprendieron al encontrar el lugar sombrío y solitario. 

-Uf, verdaderamente Edimburgo es tenebroso por la noche-suspiró Iruka  mirando a su alrededor-. Se me están poniendo los pelos como escarpias. 

-Y que lo digas-asintió Sasuke. 

De pronto se escucharon gritos y, ni cortos ni perezosos, corrieron hacia donde parecía haber disturbios. Calle arriba, cuatro hombres asaltaban a una mujer y una niña. Las tenían acorraladas contra una pared y, por sus gestos, Sasuke pudo ver que éstas tenían miedo. Un hombre se bajó de un coche de caballos e intentó acudir en su auxilio, pero los agresores le golpearon y derribaron de inmediato. Uno de los ladrones se montó en el coche y, azuzando a los caballos, desapareció con él. Mosqueado por aquello y sin pensárselo dos veces, Sasuke se plantó ante ellos, sorprendiéndoles. 

-Eh, vosotros, ¿qué narices hacéis? 

Los hombres lo miraron. El que parecía el jefe de la banda se adelantó hacia Sasuke. 

-Por Dios ¡qué pinta de guarro tienes!-murmuró, al ver su aspecto sucio y desaliñado. 

Nadie rió a excepción de el y Deidara. Los hombres, alejándose de sus primeras víctimas, se encararon a Sasuke y los otros dos jóvenes. 

-Tres donceles y, por lo que veo, con ganas de pasarlo bien-dijo otro acercándose al jefe. 

Sorprendidos por sus malas pintas, Deidara susurró a sus amigos. 

-¿Pero de dónde salen estos tíos? 

-A juzgar por su peste, de la cloaca más cercana-respondió Sasuke atento a sus movimientos. Estaba claro que las iban a atacar. 
Uno de ellos se movió por el lateral derecho de Sasuke y el, sin darle tiempo, le propinó una patada en el estómago que le dejó sin conocimiento. Impresionados, el resto de la banda entró en acción. El segundo atacó con un palo que Sasuke eludió, con una maestría increíble, agachándose y quitándoselo de las manos, para golpearle con él en las piernas. El agresor cayó de bruces contra el suelo. En ese momento, Iruka, tras interpretar una mirada de Sasuke, corrió a ponerse junto a la anciana para protegerla y asistirla.
 
-Tranquila señora-susurró Iruka, sentando a la mujer en un escalón-. Es karateka, y de los buenos. 

La mujer lo miró con gesto extraño y comprobó que la pequeña estaba bien. Iba a preguntar algo cuando el grito del tercer hombre atrajo su atención. El muchacho que se enfrentaba a ellos le había cogido del cuello y, como si de una pluma se tratara, le tumbó en el suelo y le dio un puñetazo seco en el pecho. Después se quitó al cuarto atacante de encima barriéndole de una patada. No tuvo que hacer más. Deidara había cogido el palo que Sasuke había soltado momentos antes y le dio un golpe en la espalda. El hombre quedó despatarrado en el suelo junto a sus amigos. 

Una vez que pasó el peligro, Sasuke miró a su amigo, riéndose. 

-Vaya leñazo que has atizado al greñas. 

-En cuanto puedas lávate las manos, mi niño-susurró Deidara, soltando el palo-. Esos tipos tienen más mierda que el palo de un gallinero. 

Tras cruzar una cómica mirada entre ellos, se encaminaron hacia donde estaba Iruka. La mujer y la niña las miraban alucinadas. 

-¿Estáis todas bien?-preguntó Sasuke acercándose a ellas, mientras Iruka auxiliaba al cochero malherido, que parecía recuperar la conciencia. 

Las desconocidas la miraron, incrédulas por lo que aquel joven había hecho. Pero fue la señora mayor, una mujer de pelo rojizo, la que habló con voz preocupada. 

-¿Muchacho, estás bien? 

-Sí, señora, no se preocupe. Las clases de karate sirven para algo. 

Una niña de unos seis o siete años, rubita y con unos preciosos ojos azules, salió de entre sus faldas. 

-Eres tan fuerte como mi padre-dijo, con una sonrisa encantadora. 

Aquel comentario hizo sonreír a Sasuke y le guiñó un ojo. La niña respondió con simpatía. 

-Gracias cielo. Y porque llevaba esta ropa tan incómoda-dijo señalándose la vestimenta-, porque si me pillan con mis vaqueros y las 
Nike, me los cepillo a los cuatro en un santiamén. 

Iruka ayudó al hombre a levantarse y le miró la brecha. 

-Creo que vas a necesitar un par de puntitos en la frente. Lo mejor sería que te miraras la herida cuanto antes, ¿de acuerdo?-le recomendó. 

El hombre asintió.
 
-Kosuke, ¿está bien?-preguntó la mujer de pelo rojizo. 

-Sí, mi lady, pero... Pero... se han llevado el...-susurró él, tocándose el enorme chichón que crecía por momentos. 

Al escuchar «mi lady», Sasuke y Deidara se miraron y sonrieron. La mujer, preocupada se acercó al hombre con gesto angustiado. 

-Kosuke, no te preocupes por nada. Lo importante es que te encuentras bien y esos canallas se han marchado. 

-Pero el equipaje... Señora yo...-balbuceó. La mujer le cortó de nuevo. 

-Eso no importa, Kosuke. Sólo me preocupa saber que todos estamos bien. Entra en la casa y que Naori te mire esa fea herida. Después ordena que preparen el otro carro. Quiero salir cuanto antes de Edimburgo. 

-¿Vienen ustedes también de la cena medieval?-preguntó Iruka.
Su indumentaria era parecida a la de ellos, aunque parecía mejor confeccionada y, sobre todo, de mejor calidad. Pero lo que realmente llamó su atención es que estaban secas. 

-Marchábamos de viaje cuando esos hombres nos abordaron-contestó la mujer.
 
-¿Les han robado el equipaje?-preguntó Iruka. Ellos asintieron. 

-¡Qué sinvergüenzas!-susurró Deidara

Comenzó a lloviznar. 

-¿Quieren pasar y secarse un poco?-preguntó la mujer algo nerviosa. 

Los chicos se miraron entre sí, pero tras comunicarse en silencio, Sasuke rechazó la oferta mientras comenzaban a caminar calle arriba. 

-Se lo agradecemos señora, pero no queremos ocasionar más estorbo, y máxime cuando está a punto de salir de viaje. Además, si le soy sincero, no veo el momento de llegar a nuestro hotel para darme una ducha calentara, tomarme un cafetito ardiendo y meterme en la camita. 

-No es buena idea deambular por las calles. Corren malos tiempos-les apremió la mujer, mirando a su alrededor. 

-No se preocupe. Pobrecito el que se atreva a tosernos-replicó Sasuke, sonriendo. 

Sin más, se despidieron de ellas y continuaron su camino mientras la mujer, apostada en la puerta de su casa, los miraba con preocupación.

Continuara…..

1 comentario:

  1. Me gusta mucho este fanfic desearía poder leer la continuación ya que esta muy interesante, pero no encuentro el cap que sigue y me gustaría seguir leyendo hasta el final

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