domingo, 23 de noviembre de 2014

Pídeme lo que quieras

capitulo 32

Con el lunes comienza la semana laboral. No he vuelto a saber nada de Neji y casi lo agradezco. Cada vez que pienso lo que hice me avergüenzo. Soy un carbón con todas las letras. Me aproveche de la debilidad que siente por mí y, en cuanto conseguí lo que quise, lo deje sin pensar en sus sentimientos.

Miro mi correo mil veces, dos mil, tres mil, pero Naruto no contesta. Da la callada por respuesta y eso me enfurece más. Definitivamente no le importo. He sido un rollito mas para el y tengo que asumirlo. ¡Soy imbecil!

Mi jefa llega y hoy esta  especialmente impertinente. Sai intenta quitármela de encima y lo hace de la mejor forma que sabe. ¡Sexo! Yo me hago el tonto y hago como que no me entero de nada. En el fondo, hoy le agradezco a Sai que la tenga ocupada.

Los días pasan y mi tatuaje apenas me molesta. He seguido todas las instrucciones que Juugo me dio, y aun lo llevo bajo el plástico que el me puso.

Continúo sin noticias de Naruto.

Mi jefa, como siempre, sigue tan simpática. Me llena la mesa de trabajo hasta el ultimo día y yo, como buen pringado, me lió con el. Si hay algo que mi padre me ha enseñado es a no dejar nada a medias nunca.

El jueves salgo con mis amigos a tomar unas cervezas. Juugo esta entre ellos y me pregunta por mi tatuaje. Es el único que lo sabe y me niego a que lo sepa nadie más. Quedo con el en pasar el viernes por su estudio para que lo vea.

¡Y por fin es viernes!

En unas horas cojo las vacaciones.

Sigo sin saber nada de Naruto y del supuesto viaje a las delegaciones, por lo que lo doy por olvidado. Tras darle mil vueltas a la cabeza, decido no pensar en ello. Algo imposible, pues Naruto no me abandona.

Cuando apago mi ordenador y me despido de mis compañeros, casi no me lo creo. Voy a estar casi un mes fuera de aquella oficina, de aquel ambiente, y eso me apetece una barbaridad. Cuando salgo, voy directamente a ver a Juugo. Me ve el tatuaje y me indica que ya puedo quitar el plástico que lo protege.

Al llegar a casa, tengo un mensaje de mi hermano en el contestador.

Me pide que me quede con mi sobrina dos noches. Tiene planes con Kisame. Incapaz de hacer lo contrario, le digo que si. Mi hermano esta desatado y eso me hace sonreír.

A las nueve de la noche, mi tremenda sobrina llega a casa y se hace dueña de la televisión, mientras mi hermano, entre suspiros y aspavientos, me cuenta sus últimas hazañas sexuales. Cuando se va, mi sobrina me pide que llame a TelePizza y juntos nos comemos una pizza de jamón de Cork mientras me hace tragarme los absurdos dibujos de Bob Esponja. ¿Por qué le gustaran?

A las doce, agotado de tanto Bob esponja, Calamardo y de oír <<burguer-cangre-burguer>>, nos vamos a la cama. Seiya se empeña en dormir conmigo y yo acedo, encantado.

El domingo por la mañana, mi hermano aparece mas feliz que una perdiz, y tras decirme << ¡Ya te contare! >>, se marcha con prisas con mi sobrina. Mi cuñado lo espera en doble fila en el coche.

Aquella noche, tras un día tirado en el sofá, observo mi maleta. Al día siguiente me voy para Jerez a pasar unos días con mi padre. Me bebo un vaso de agua y me meto en la cama aunque, antes de apagar la luz de la lamparita, miro los labios  marcados de Naruto en ella. Apago la luz y decido dormir. Lo necesito.

Mí llegada a Jerez, a la casa de mi padre, como siempre es motivo de algarabía en el vecindario. Mebuki, la jarandera, me abraza; Yoshino, la de la bodega, me besuquea. Hiashi, cuando me ve, da triples mortales de alegría. Todos me quieren. Mi padre es un hombre muy apreciado. Tiene el típico taller de coches y motos de toda la vida, << Taller Uchiha>>, y es más conocido aquí que el vino fino.

Por la tarde, mientras me estoy dando un bañito en la maravillosa piscina que mi padre ha puesto en la casa, aparece Neji. Mientras nado hacia el borde, me fijo en sus pantalones blancos y e la camisa de lino naranja que lleva. Esta tan guapo como siempre y esos colores a su tono de piel le vienen fenomenal. Sonríe. Eso es buena señal.

-Hola, jerezano.

-¡Holaaaaaa!

-Ya era hora de que regresaras al hogar,  ¡Descato!

Sus palabras y su sonrisa me dan a entender que esta bien, que su enfado conmigo esta olvidado. Eso me reconforta. Salgo de la piscina con mi bañador de camuflaje y noto como recorre con sus ojos todo mi cuerpo. Mi padre, que no ve su mirada, se acerca por detrás.

-Mira quien ha venido a verte, Sasuke. ¿Quieres una cervecita, Neji?

-Gracias, Fugaku, la tomare encantado.

Mi padre se va  nos deja solos. Nos miramos y le pregunto entre risas:

-¿Queeeeeeeeee?

-Estas muy guapo.

Encantado por el piropo, murmuro mientras me seco la cara con una toalla:

-Grasciasssssss…..tu también lo estas.

Me acerco a el y le doy dos besos. Siento sus manos en mi cintura mojada y al ver que  no me suelta, le replico.

-Suéltame o mi padre le ira con el cuento al tuyo y nos organizan la boda en dos días.

-Si esa es la manera de verte mas a menudo, ¡aceptare!

Me río t el me suelta. Nos sentamos en una de las sillas.

-¿Qué tal todo?

-Bien ¿Y tu?

Neji asiente. No quiere profundizar en lo que ocurrió. En ese momento, aparece mi padre con dos cervezas y una Coca-Cola para mí.

Durante un buen rato, los tres charlamos junto a la piscina. A las ocho, Neji me invita a cenar. Voy a decir que no, que no me apetece, pero mi padre rápidamente acepta por mi. A las nueve, ya arreglado, salgo del chalet de mi padre con Neji y me monto en su coche.

Me lleva a un restaurante nuevo que han abierto en Jerez y disfrutamos de una cena agradable. Neji es simpático y con el nunca se acaban los temas de conversación. Cuando salimos de allí nos vamos a una terracita a tomar algo.

-Sasuke-me dice, cuando menos me lo espero-, si te invito a venirte conmigo unos días al Algarbe, ¿aceptarías?

Casi me atraganto, Lo miro y le pregunto:

-¿A que viene eso ahora?

Neji se apoya en la mesa y me retira un mechón que me cae en los ojos.

-Ya lo sabes.

Lo miro, desconcertado. ¿Otra vez con lo mismo? Y, antes de que pueda decir nada, se abalanza sobre mí y me da un beso. Su lengua toma mi boca.

-Tu jefe no es recomendable para ti.

¡Stop! ¿Neji me esta hablando de Naruto?

-Naruto Namikaze no es el hombre que tú crees-me dice.

-¿De que me estas hablando?

Neji me acaricia el ovalo de la cara.

-Digamos que se mueve en ambientes que no son sanos para ti.

Sin necesidad de preguntar sobre lo que habla, lo entiendo. Pero la sangre se me espesa al darme cuenta de que Neji curiosea mi vida. ¿Por qué últimamente todos me espían? Lo miro a los ojos, malhumorado.

-¿Y tu que sabes de mi jefe y de sus ambientes?

-Sasuke, soy policía y para mi es muy fácil conocer ciertas cosas. Naruto Namikaze es un rico empresario alemán al que le gustan mucho las mujeres y donceles. Se mueve en un ambiente muy selecto y me consta que le gusta compartir algo más que amistad.

Saber que Neji conoce ciertas cosas de Naruto me incomoda, me inquieta.

-Mira, no se de que hablas, ni me importa-le replico, incapaz de callarme-. Pero lo que no entiendo es que haces tú hablándome de mi jefe y de lo que hace en su vida privada.

-Sasuke, tu jefe no me importa, pero tu si-aclara mirándome-. Y no quiero que tomes una decisión equivocada. Se quien eres, me gustas y no quiero que nadie pueda jorobar lo nuestro.

-¿Lo nuestro? ¿Y que es lo nuestro?

-Lo nuestro es lo que tú y yo tenemos. Nos gustamos hace años y…

-Diossssssss……Diossssssss…-murmuro horrorizado.

-Sasuke ese hombre no…

-¡Se acabo! No quiero oírte hablar de mi jefe, ni de mi vida privada, ¿entendido?

Neji dice que si con la cabeza y nos envuelve un silencio incomodo.

-Llevame a casa o me iré solo, ¡elige!-le digo, levantándome.

Se levanta, apura su copa y se saca las llaves del coche del bolsillo.

-Vamos.

Nos montamos en su coche. Conduce y ninguno de los dos hablamos. Cuando llegamos a la puerta de la casa de mi padre, para el motor me mira y susurra:

-Sasuke, piensa en lo que te he dicho.

Y acercándose a mí, me besa. Me toma los labios con dulzura y yo en un principio le respondo, pero, cuando Naruto aparece en mi cabeza, me aparto. Abro la puerta del coche, me bajo y camino hacia la casa de mi padre, maldiciendo.

Continuara…








domingo, 9 de noviembre de 2014

Pideme lo que quieras

capitulo 31

Cuando llego al Amnesia, mis amigos me preguntan por Neji. Mis señas les indican que no quiero hablar. Respetan mi silencio y no vuelven a preguntar. Mi buen amigo Juugo se acerca a mí y me pide una Coca-Cola.

-Bebe…Te sentara bien.

Una hora después, ya estoy más relajado. Juugo se ha encargado de hacerme sonreír y solo me ha permitido beber Coca-Cola. Según el, el alcohol no es bueno para las penas. Mientras todos hablamos, me fijo en su brazo. Su tatuaje me llama la atención. Por ello lo agarro y lo acerco a mí.

-¿Este es nuevo?

-Si ¿te gusta?

Asiento.

Siempre me han gustado los tatuajes y los hombres que lo llevan.

Algo que, ni por asomo tiene Naruto. Su piel es suave e impoluta, algo de lo que carece Juugo, que es tatuador y un ferviente amante de grabar su piel. De pronto, se me ocurre algo.

-Juugo, ¿tú me harías un tatuaje?

Sus ojos me miran.

-Claro que si. Cuando tú quieras, Sasuke.

-¿Cuánto me cobrarías?

Juugo sonríe.

-Nada, cielo. A ti te lo hago gratis.

-¿En serio?

-Que si, petardo.

-¿Me lo harías ahora?

Sorprendido, deja su cerveza sobre el mostrador y repite mis palabras:

-¿Ahora?

-Si.

-Son las cinco de la madrugada.

Sonrió. Pero, dispuesto a conseguir mi propósito, me acerco a  el.

-¿No crees que es una hora estupenda para hacelo?

No hace falta seguir hablando. Juugo me agarra con fuerza de la mano y salimos del bareto. Nos montamos en su moto y me lleva hasta su estudio, su negocio de tatuajes. Al entrar, enciende las luces y yo miro a mí alrededor. Cientos de dibujos colgados por las paredes, el trabajo de Juugo durante todos aquellos años.
Tribales, nombres, caricaturas, dragones…

-Bueno, don impaciencia. ¿Qué tatuaje quieres que te haga?

Sin moverme, sigo observando las fotos hasta que veo algo y entones se lo que deseo tatuarme. Se sorprende cuando se lo digo, pero buscamos en sus plantillas lo que quiero. Decidimos el tamaño. No muy grande, pero que se vea. Decidido, trabaja en la plantilla. Veinte minutos después, me mira.

-Ya lo tengo, precioso.

Nervioso, respondo afirmativamente. Me lo enseña.

Observo su diseño y sonrió. Me invita a sentarme en la camilla donde hace los trabajos.

-¿Dónde quieres que te tatué?

Durante unos instantes, dudo. Quiero que aquel tatuaje sea algo muy intimo, que solo vea quien yo quiera y que siempre…siempre me recuerde a el. A Naruto. Al final. Convencido de lo que quiero, me toco en la zona de la pubis y susurro:

-Aquí, quiero que lo tatúes aquí.

Juugo sonríe. Yo lo hago también.

-Nene, será un tatuaje muy sensual. Lo sabes ¿verdad?

-Si, lo se-contesto.

Juugo asiente y pregunta, mientras coge una aguja:

-¿Estas seguro, Sasuke?

-Si-afirmo con rotundidad.

-Vale precioso, entonces tumbate.

Mientras hablamos y escuchamos a Bon Jovi, Juugo traba sobre mi cuerpo. Los pinchazos de la aguja me duelen, pero no es comparable con el dolor que tengo en mi corazón por culpa de Naruto. Sobre las siete de la mañana, Juugo deja la aguja sobre la mesita y me lava con agua.

-Ya esta, precioso.

Me levanto, ansioso por ver el resultado.

En calzoncillos, me dirijo hacia un espejo y el corazón se me encoge a leer sobre mí pubis: << Pideme lo que quieras>>.

Cuando llego a casa, sobre las ocho de la mañana, estoy agotado y algo dolorido por el tatuaje. Pero abro el portátil. Descargo las fotos que hice con mi móvil y decido cual enviar. Después abro mi correo y escribo.

De: Sasuke Uchiha.

Fecha: 22 de julio de 2012 08. 11

Para: Naruto Namikaze.

Asunto: Noche satisfactoria

Para que veas que lo que te prometí lo cumplo y lo disfruto.

Atentamente,

Sasuke Uchiha.

Adjunto al mensaje una foto en la que se me ve sobre una cama con Neji besándome. El tatuaje ni lo menciono. No se lo merece. Quiero que se sienta mal. Que vea que sin el mi vida sigue. Tras leer el escueto mensaje cien veces, lo envió. Cierro el portátil y me marcho a dormir.

Continuara….

Te esperare toda mi vida

capitulo 9

-¡La madre que te parió, Sasuke! Mira que eres patoso-chilló Iruka tras lograr salir del agua por una pequeña escalerita de madera rústica-. ¿Pero adonde estabas mirando? 

-...Asumo lo de patoso ¡Lo siento!-se disculpó, quitándose el pelo enmarañado de la cara mientras la gente a su alrededor continuaba corriendo para resguardarse de la lluvia-. He debido chocar contra alguien y... No sé... no sé qué ha pasado. 

-Ay, Dios... Estoy congelado. Tengo los pezones como dos botones-murmuró Deidara, con todo el pelo pegado en la cara. 

De pronto, los tres se miraron serios y comenzaron a reír. La situación era de lo más rocambolesca. Estaban en el puerto de Edimburgo, calados hasta los huesos, con el maquillaje corrido por la cara y un aspecto patético. Una vez que se tranquilizaron, miraron hacia donde minutos antes estaba el autobús que los llevaría directos al hotel. 

-¡Perfecto, hemos perdido el bus! Ahora nos tocará pillar un taxi y, en cuanto escuchen nuestro acento guiri, nos van a clavar. Ya lo veréis-se lamentó Iruka. 

-Madre mía, qué oscuridad-susurró Sasuke mirando a su alrededor-. No hay ni una sola luz en toda la ciudad. ¡Menudo apagón! 

-Uf, no se ve ni un puñetero coche-se quejó Deidara-. Pero si no recuerdo mal, podemos subir por allí hasta casi el castillo. 

-¡Pero está diluviando!-se quejó Iruka. 

-¡Y qué más da!-replicó Sasuke-. Si ya estamos empapados... 

Ante ellos pasó una vieja carreta; debía de ser de los feriantes. Sasuke la paró y preguntó a los ocupantes:
 
-¿Van ustedes hacia el castillo? 

El matrimonio, extrañado por su acento, observó a los tres muchachos y asintió. Sasuke volvió al ataque. 

-¿Podrían llevarnos hasta allí? Se lo agradeceríamos mucho, mucho, muchísimo. 

Cinco minutos después, los tres muchachos iban sentados en la trasera de la carreta, empapados y muertos de frío. Al rato, el rudimentario vehículo se detuvo y la mujer del feriante se bajó del pescante y se acercó a ellos. 

-Se tienen que apear aquí. Nosotros seguimos viaje hacia Glasgow. Pero si suben por esa ladera, enseguida llegarán al lateral de la fortaleza. 

Congelados, se apearon y les dieron las gracias antes de echar a andar hacia donde la mujer les había indicado. Una vez que alcanzaron la muralla lateral del castillo, la rodearon y llegaron a una oscura y pestilente calle adoquinada.

-¡Qué peste!-se quejó Iruka
 
-Huele peor que el aliento de una hiena-corroboró Sasuke. 

Los otros dos se pinzaron la nariz con los dedos y asintieron. ¿En dónde estaban, que había semejante peste a podrido? Cinco minutos después, una vez que dejaron atrás el mal olor, comenzaron a subir una cuesta.

-¡Vamos por buen camino!-gritó encantada Deidara- ¿Recordáis ese callejón y ese arco?-sus amigos negaron con la cabeza y el prosiguió-. Si mal no recuerdo, el otro día nos paramos allí para contemplar El Hub. O como dijo Iruka, «el cachirulo» ese que sólo tiene ciento cincuenta años. ¿Lo recordáis? 

-Ah, sí -asintió Sasuke, mientras los dientes le castañeaban.
 
-Venga, ánimo, mis niños. Detrás del Hub está nuestro hotel. 

-Ay, Dios-susurró Iruka-. Estoy deseando llegar para quitarme esta ropa y darme una ducha calentita. 

Una vez llegaron al callejón, los tres se pararon en seco. Fue Iruka la primera que habló. 

-No veo nada, el apagón ha afectado a todo Edimburgo. 

Sasuke y Deidara se quitaron el agua que corría por sus caras, era extraño, pero ante ellos sólo había oscuridad. No se veía la cúpula del Hub. 

-Qué raro-susurró Deidara, intentando ver más allá del diluvio-. Yo juraría que el Hub estaba allí... 

-Pues una de dos, o ha encogido por la lluvia o no está-se quejó Iruka. 

-Quizá te has equivocado de callejón-suspiró Sasuke sacando su iPhone negro del bolsillo-. Venga, continuemos andando. 

Mientras caminaban en la oscuridad, intentó encender el aparato. Fue inútil. El móvil estaba empapado por el chapuzón en el puerto. 

-¡Joder! ¿Pero dónde se meten los puñeteros taxis cuando se les necesita?-gruñó Iruka buscando a su alrededor.

La calle estaba vacía y oscura como la boca de un lobo, a excepción de un par de hombres y algunas mujeres con una pinta desastrosa. 

-Mi iPhone no se enciende ¡Ha entrado en coma! Intentadlo vosotros; a ver si vuestros móviles pillan cobertura y podemos llamar a un taxi. 

Deidara sacó el suyo del bolsillo y, tras intentar encenderlo, inició una sarta de blasfemias.
 
-¡Mierda! Mi Blackberry está empapada y no furula. Con el pastón que me costó.

-Mi móvil tampoco va-suspiró Iruka-. Pero no me extraña, con el bañito que nos hemos dado, es para eso y más. 

De pronto, Iruka reconoció algo y gritó. 

-¡Mirad, eso es el Grassmarket! Allí está la West Bow. 

Felices al encontrar un punto de referencia, los tres corrieron hacia la fuente. Estaban seguros de que si había un taxi libre en la zona, estaría allí; pero se sorprendieron al encontrar el lugar sombrío y solitario. 

-Uf, verdaderamente Edimburgo es tenebroso por la noche-suspiró Iruka  mirando a su alrededor-. Se me están poniendo los pelos como escarpias. 

-Y que lo digas-asintió Sasuke. 

De pronto se escucharon gritos y, ni cortos ni perezosos, corrieron hacia donde parecía haber disturbios. Calle arriba, cuatro hombres asaltaban a una mujer y una niña. Las tenían acorraladas contra una pared y, por sus gestos, Sasuke pudo ver que éstas tenían miedo. Un hombre se bajó de un coche de caballos e intentó acudir en su auxilio, pero los agresores le golpearon y derribaron de inmediato. Uno de los ladrones se montó en el coche y, azuzando a los caballos, desapareció con él. Mosqueado por aquello y sin pensárselo dos veces, Sasuke se plantó ante ellos, sorprendiéndoles. 

-Eh, vosotros, ¿qué narices hacéis? 

Los hombres lo miraron. El que parecía el jefe de la banda se adelantó hacia Sasuke. 

-Por Dios ¡qué pinta de guarro tienes!-murmuró, al ver su aspecto sucio y desaliñado. 

Nadie rió a excepción de el y Deidara. Los hombres, alejándose de sus primeras víctimas, se encararon a Sasuke y los otros dos jóvenes. 

-Tres donceles y, por lo que veo, con ganas de pasarlo bien-dijo otro acercándose al jefe. 

Sorprendidos por sus malas pintas, Deidara susurró a sus amigos. 

-¿Pero de dónde salen estos tíos? 

-A juzgar por su peste, de la cloaca más cercana-respondió Sasuke atento a sus movimientos. Estaba claro que las iban a atacar. 
Uno de ellos se movió por el lateral derecho de Sasuke y el, sin darle tiempo, le propinó una patada en el estómago que le dejó sin conocimiento. Impresionados, el resto de la banda entró en acción. El segundo atacó con un palo que Sasuke eludió, con una maestría increíble, agachándose y quitándoselo de las manos, para golpearle con él en las piernas. El agresor cayó de bruces contra el suelo. En ese momento, Iruka, tras interpretar una mirada de Sasuke, corrió a ponerse junto a la anciana para protegerla y asistirla.
 
-Tranquila señora-susurró Iruka, sentando a la mujer en un escalón-. Es karateka, y de los buenos. 

La mujer lo miró con gesto extraño y comprobó que la pequeña estaba bien. Iba a preguntar algo cuando el grito del tercer hombre atrajo su atención. El muchacho que se enfrentaba a ellos le había cogido del cuello y, como si de una pluma se tratara, le tumbó en el suelo y le dio un puñetazo seco en el pecho. Después se quitó al cuarto atacante de encima barriéndole de una patada. No tuvo que hacer más. Deidara había cogido el palo que Sasuke había soltado momentos antes y le dio un golpe en la espalda. El hombre quedó despatarrado en el suelo junto a sus amigos. 

Una vez que pasó el peligro, Sasuke miró a su amigo, riéndose. 

-Vaya leñazo que has atizado al greñas. 

-En cuanto puedas lávate las manos, mi niño-susurró Deidara, soltando el palo-. Esos tipos tienen más mierda que el palo de un gallinero. 

Tras cruzar una cómica mirada entre ellos, se encaminaron hacia donde estaba Iruka. La mujer y la niña las miraban alucinadas. 

-¿Estáis todas bien?-preguntó Sasuke acercándose a ellas, mientras Iruka auxiliaba al cochero malherido, que parecía recuperar la conciencia. 

Las desconocidas la miraron, incrédulas por lo que aquel joven había hecho. Pero fue la señora mayor, una mujer de pelo rojizo, la que habló con voz preocupada. 

-¿Muchacho, estás bien? 

-Sí, señora, no se preocupe. Las clases de karate sirven para algo. 

Una niña de unos seis o siete años, rubita y con unos preciosos ojos azules, salió de entre sus faldas. 

-Eres tan fuerte como mi padre-dijo, con una sonrisa encantadora. 

Aquel comentario hizo sonreír a Sasuke y le guiñó un ojo. La niña respondió con simpatía. 

-Gracias cielo. Y porque llevaba esta ropa tan incómoda-dijo señalándose la vestimenta-, porque si me pillan con mis vaqueros y las 
Nike, me los cepillo a los cuatro en un santiamén. 

Iruka ayudó al hombre a levantarse y le miró la brecha. 

-Creo que vas a necesitar un par de puntitos en la frente. Lo mejor sería que te miraras la herida cuanto antes, ¿de acuerdo?-le recomendó. 

El hombre asintió.
 
-Kosuke, ¿está bien?-preguntó la mujer de pelo rojizo. 

-Sí, mi lady, pero... Pero... se han llevado el...-susurró él, tocándose el enorme chichón que crecía por momentos. 

Al escuchar «mi lady», Sasuke y Deidara se miraron y sonrieron. La mujer, preocupada se acercó al hombre con gesto angustiado. 

-Kosuke, no te preocupes por nada. Lo importante es que te encuentras bien y esos canallas se han marchado. 

-Pero el equipaje... Señora yo...-balbuceó. La mujer le cortó de nuevo. 

-Eso no importa, Kosuke. Sólo me preocupa saber que todos estamos bien. Entra en la casa y que Naori te mire esa fea herida. Después ordena que preparen el otro carro. Quiero salir cuanto antes de Edimburgo. 

-¿Vienen ustedes también de la cena medieval?-preguntó Iruka.
Su indumentaria era parecida a la de ellos, aunque parecía mejor confeccionada y, sobre todo, de mejor calidad. Pero lo que realmente llamó su atención es que estaban secas. 

-Marchábamos de viaje cuando esos hombres nos abordaron-contestó la mujer.
 
-¿Les han robado el equipaje?-preguntó Iruka. Ellos asintieron. 

-¡Qué sinvergüenzas!-susurró Deidara

Comenzó a lloviznar. 

-¿Quieren pasar y secarse un poco?-preguntó la mujer algo nerviosa. 

Los chicos se miraron entre sí, pero tras comunicarse en silencio, Sasuke rechazó la oferta mientras comenzaban a caminar calle arriba. 

-Se lo agradecemos señora, pero no queremos ocasionar más estorbo, y máxime cuando está a punto de salir de viaje. Además, si le soy sincero, no veo el momento de llegar a nuestro hotel para darme una ducha calentara, tomarme un cafetito ardiendo y meterme en la camita. 

-No es buena idea deambular por las calles. Corren malos tiempos-les apremió la mujer, mirando a su alrededor. 

-No se preocupe. Pobrecito el que se atreva a tosernos-replicó Sasuke, sonriendo. 

Sin más, se despidieron de ellas y continuaron su camino mientras la mujer, apostada en la puerta de su casa, los miraba con preocupación.

Continuara…..

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Te esperare toda mi vida

capitulo 8

Los días que estuvieron en Perth fueron maravillosos y disfrutaron de la bonita y mágica ciudad, pero Sasuke no se relajó. Sólo podía pensar en lo ocurrido y en lo extraño de toda aquella situación. No había vuelto a soñar con el hombre, pero inexplicablemente no podía dejar de pensar en el. Visitaron el castillo de Huntingtower y el Palacio de Scone, pero no volvieron al Castillo de Elcho. Sasuke se negó. Incomprensiblemente, aquel lugar ahora lo asustaba y no entendía el porqué. 

Días después regresaron a Edimburgo. Una vez en el cómodo y confortable hotel Nuevo Estilo, Deidara preguntó desde la ducha: 

-¿A qué hora es la cena medieval? 

-El bus nos recoge en la recepción a las cinco y media. La cena comienza a las siete y se celebra en un recinto junto al puerto de Leith. 

-Todo ello suponiendo que no nos lleve el aire y no llueva. Creo que va a caer una buena-dijo Sasuke mirando por la ventana mientras se tocaba el colgante-. ¿Habéis visto el viento que hace hoy? 

En ese momento Deidara salió del baño. 

-Os recuerdo que a Edimburgo se la conoce como la Ciudad de los Vientos-dijo, en plan maestro de escuela-. Venga, poneros vuestras galas medievales y vayamos a pasarlo bien. Con un poco de suerte hoy le subimos la falda a alguno con gaita y vemos si llevan tanguita o no. 
Se vistieron con la indumentaria que habían comprado para la ocasión y bajaron a la recepción arrastrando sus faldas largas. Desde allí un autobús los llevó, junto a cientos de transeúntes, hasta el puerto de Leith. Querían divertirse. 

La cena fue curiosa. Todo el mundo iba vestido para la ocasión y parecían que estaban en plena época medieval. Degustaron productos típicos de la zona, mientras unos hombres vestidos con armaduras recreaban combates medievales y, tras el espectáculo, aún sobraba tiempo para pasear por el pequeño mercadillo medieval. Un lugar donde, además de poder comprar baratijas, se podía encontrar queso, whisky o jabones artesanales de diferentes olores. 

El iPhone que Sasuke llevaba en el bolsillo de la falda sonó y, como era de esperar, era Arashi. Suspiró y descolgó.
 
-Hola, nene. ¿Cómo va tu viaje? 

-Maravilloso-respondió escuetamente-. ¿Qué quieres? 

Sintió la duda de su ex novio al otro lado del auricular y se alertó. Le conocía muy bien. Esa actitud no era normal. 

-Arashi, ¿qué quieres?-Volvió a preguntar. 

-Estoy cenando con Ranmaru y Aoi y me acordé de ti. ¿Vuelves mañana? ¿Quieres que vaya a buscarte al tren? 

«No, por Dios. Ya volvemos a las andadas...», pensó con desesperación. 

-Mira, Arashi, no sé cuando voy a volver y...-mintió, pero él lo interrumpió. 

-Nene, cuando regreses tenemos que hablar. Hay algo que quiero decirte personalmente. Por favor, por favor, cuando estés en Londres, llámame.

 El tono de aquel ruego lo inquietó. 

-¿Qué ocurre Arashi?-no pudo evitar indagar. 

-Cuando vuelvas hablamos.
 
-No-exigió el-. Dime qué pasa, ahora. Por el timbre de tu voz sé que es importante. 

Sasuke escuchó a su ex resoplar.
 
-Sasuke-le explicó él-. Estoy saliendo con alguien y me gusta mucho. Sólo quería decirte que lo nuestro se ha roto definitivamente y... 

-¡Pero eso es perfecto!-le interrumpió con alegría al escucharle.
 
Sin embargo, el corazón le saltó en el pecho al recordar que días atrás, cuando compraba el colgante, la anciana le dijo que podía pedir un deseo; exactamente ésa había sido su petición. 

-Nene, yo te he querido mucho, pero Honoka ha aparecido en mi vida y... 

-No tienes que darme explicaciones-repitió al sentir su voz cargada, feliz por lo que él había confesado-. Creo que haces muy bien saliendo con otras mujeres y enamorándote de ellas. Lo nuestro se había acabado y tú lo sabes ¿verdad Arashi? 

-Sí, lo sé. Pero quería ser sincero contigo y contártelo en persona.
 
Tras mantener con él una interesante charla, Sasuke cerró el iPhone con una sonrisa de oreja a oreja. 

-¿Qué ocurre?-preguntó Deidara. 

-Chicos, ¡Arashi se ha enamorado! Me ha llamado para decirme que ha conocido a una tal Honoka y que, ¡pasa de mí! 

Sus amigos al escuchar aquello, lo miraron sorprendidos y aplaudieron divertidos. 

-Pues listo. Un capítulo más de tu vida, cerrado-murmuró Iruka 

-Ay, mi niño, cómo me alegro-susurró Deidara con dulzura a su amigo, que estaba feliz por aquella noticia. 

Sasuke miró hacia el cielo. No se vislumbraba ni una estrella y, por lo rápido que corrían las nubes ante la resplandeciente luna llena, supuso que iba a llover. 

-Creo que deberíamos volver al hotel, o nos empaparemos hasta los huesos. 

Pero Iruka ya había visto algo que le encantaba y gritó emocionado. 

-Anda... Allí hay una gitana que lee el tarot. Vamos. 

Sin esperar respuesta, corrió hacia la pequeña tienda amarilla. Sus amigos lo siguieron y, antes de entrar en ella, comenzó a llover. La gitana les hizo sentar mientras miraba a Sasuke con curiosidad. Primero leyó la mano a Iruka y después a Deidara. Cuando le tocó el turno a Sasuke, éste negó con la cabeza. 

-No, gracias señora. Yo no quiero saber nada de esto. 

La mujer sonrió ¡Era el! Le tomó la mano aun a pesar de sus protestas. 

-¿Aún sigues sin creer en estas cosas, principito? 

Sasuke, al escuchar aquello, miró a la gitana a la cara por primera vez. Aunque su rostro estaba envejecido y ajado y el pelo se había vuelto canoso, aquellos penetrantes ojos negros le hicieron recordar su nombre. 

-¡Chiyo, La Escocesa!-grito. 

-Sí, cielo... Soy yo. 

Conmovido por el gesto de felicidad que vio en el joven, la gitana se levantó y lo acercó a su pecho. Ambos se fundieron en un abrazo lleno de calidez y amor. Un amor que, durante años, la gitana había ofrecido desinteresadamente, a espaldas del padre del pequeño, cada vez que era su cumpleaños, llegaban las Navidades o se le caía un diente. 

-¿Os conocéis?-preguntó Iruka, sorprendido. 

Los dos asintieron y Sasuke murmuró emocionado. 

-Chiyo fue mi ángel de la guarda durante mi infancia, ella fue quien me enseñó que cantando, a veces se olvidan las penas y los problemas. 
La gitana se emocionó al escucharlo, pero quitó importancia a sus palabras y rió, mientras no perdía detalle y se fijaba en su colgante. 

-No hagáis caso a mi principito. El es un doncel valiente y especial. Yo solo estuve a su lado para besuquearlo. 

Feliz por aquel reencuentro, Sasuke miró a la mujer y respondió aún incrédulo. 

-Pero... ¿tú qué haces por estas tierras?
 
-Ya ves... Regresé a mi hogar, Escocia. ¿Y tú? ¿Qué haces aquí? Lo último que supe de ti fue que vivías en Londres-repuso sentándose en una silla. 

-Y allí vivo. Trabajo en una tienda de ropa de nuevos diseñadores, EBC. Aquí sólo estoy de vacaciones con mis amigos. 

La gitana parecía encantada con lo que le contaba. 

-Veo que te has convertido en un Doncel tan hermoso como los que salen en las revistas-Sasuke sonrió al entenderla-. ¿También te gusta tu trabajo? 

-Sí, pero aún no he conseguido vivir en un castillo-se burló de sí mismo, al reconocer que las preguntas de Chiyo obedecían a los deseos que pidió en su día.

-Bueno, cielo, dos de tres no es un mal porcentaje de aciertos, ¿verdad? Y, quién sabe, el tercero aún se puede cumplir. 

Divertido por aquello, Sasuke abrazó a la gitana.
 
-Venid conmigo. Vamos a mi caravana-los invitó. 

Durante más de una hora, permanecieron dentro charlando y recordando los buenos tiempos. Sasuke y Chiyo estaban poniéndose al día sobre sus respectivas vidas, cuando el sonido del viento llamó la atención de todos. 

-Ufff, ¡qué viento se está levantado!-dijo Deidara, al ver cómo se movía la caravana. 

-No te preocupes-rió la gitana-. Es lo normal por estas tierras. 

La luz hizo amago de irse, pero regresó. Sólo hubiera faltado que se quedaran a oscuras. 

-¡Ay, Dios! Chiyo-gritó Sasuke de pronto-. No me digas que la esfera que tienes allí es la misma de cuando yo era niño. 

La gitana asintió. Sasuke se levantó y se acercó. Allí estaba aquella bola de cristal transparente que, durante años, había venerado con autentico amor. Sin poder evitarlo posó sus manos sobre ella y sonrió. Mientras Deidara y Iruka cotorreaban, sentados en un pequeño sillón, la gitana se aproximó por detrás y le preguntó: 

-¿Quieres pedir tres deseos? La otra vez te gustó hacerlo. Sasuke sonrió y la mujer cogió la bola y la llevó hasta la mesita para que todos lo vieran. Los cuatro se sentaron a su alrededor y la gitana volvió a insistir.
 
-¿Quieres pedir tres deseos, cielo? Piensa que se han cumplido dos de los tres que pediste en su día y, mi niño, sigo pensado que tu felicidad te espera en el pasado. Por favor, no te lo niegues. 

-¿Eso querrá decir que tengo que darle otra oportunidad a Arashi?-bromeó Sasuke al escucharlo. 

-¡Ni loco, mi niño!-respondió Deidara. 

Sasuke puso sus manos sobre la bola y aceptó el desafío con ganas de diversión.

-Ya sabes, Chiyo, que yo no creo en estas cosas-se defendió, a pesar de todo. 

-Lo sé, principito. Pero estás en Escocia, tierra de leyendas, y aquí lo imposible puede hacerse realidad-susurró la mujer, al tiempo que fijaba la vista en el colgante. 

-Venga, no seas sieso-recriminó Iruka-. Pide una buena aventura para los tres. Algo impensable. 

-Con hombres impresionantes, mucha lujuria y desentreno-apostilló Deidara. 

-¿Aventura impensable, con hombres, lujuria y desenfreno?-repitió Sasuke, sarcástico, y aquellos asintieron. 

-¿Puedo pedir un deseo colectivo?-preguntó el joven, dejándose llevar por las tonterías que decían sus amigos. 

-Sí-sonrió aquella-. Nunca se sabe lo que se puede cumplir. 

Un trueno hizo retumbar el suelo y Sasuke se sorprendió a sí mismo cerrando los ojos y diciendo. 

-Deseo conocer al hombre que aparece en mis sueños. 

-Mmmmm ¡Qué romántico! ¿Puedes pedir otro algo para mí?-sonrió Deidara divertido. 

-¡Vale! Incluyo un hombre para Deidara en el lote-Se rió al decir aquello. 

-¿Tu segundo deseo?-preguntó la gitana de ojos brillantes, mientras la lluvia golpeaba el exterior de la caravana. 

-Que esa aventura dure tres meses y esté acompañada por mis dos amigos. 

-Oh, sí, ¡qué maravilla!-jaleó Iruka la propuesta. 

-¿Y tu tercer deseo?-volvió a preguntar la gitana. 

Pero cuando Sasuke fue a responder, se escuchó un ruido infernal y la luz se apagó. Asustados, salieron de la caravana. Un rayo había caído cerca y había partido un enorme roble en dos, además de ocasionar un apagón general en Edimburgo. Al ver la situación, Sasuke miró a la gitana. 

-Creo que es mejor que nos vayamos, Chiyo ¿Estarás por aquí mañana?-dijo, agobiado por la situación. 

-No te preocupes, cielo, me encontrarás. 

-¡Perfecto! Mañana, antes de salir hacia el aeropuerto, pasaré a darte un beso. 

Sasuke abrazó a la mujer y, junto a sus amigos, se encaminaron hacia donde les esperaba el autobús que los devolvería al hotel. Muertos de risa, y sumergidos en la oscuridad, se recogieron las complicadas faldas largas y corrieron por la orilla del embarcadero. De pronto, Sasuke tropezó contra alguien y, para no perder el pie, se agarró a sus amigos. Los tres cayeron a las oscuras aguas del puerto de Leith, debido al impulso.

Continuara….

martes, 4 de noviembre de 2014

Te esperare toda mi vida

capitulo 7

El corazón de Sasuke latía a mil por hora cuando llegaron al castillo de Elcho. Estar en aquel lugar y poder tocar con mimo sus piedras, hizo que el corazón se le encogiera de emoción. Ante el estaba la gran fortaleza del siglo XVI con la que soñaba desde niño. Apenas podía hablar. Sólo era capaz de admirar el entorno. 
Sus amigos sonrieron al verlo en aquel estado. Sasuke les había hablado muchas veces de aquel extraño sueño recurrente y entendieron su emoción. 

-Bueno... ¿Qué te parece verlo en vivo y en directo?-preguntó Iruka

-Alucinante.
 
-¿Es como esperabas?-dijo Deidara

-Es aún mejor-balbuceó Sasuke saliendo del coche. 

Allí estaba el castillo, el bosque de flores multicolores y el paisaje. Los árboles entre los que, en su sueño, aparecía aquel hombre a lomos de su corcel negro. 

Tardaron un buen rato en encontrar a los guardeses de la residencia para poder pagar la visita. Eran dos ancianos que, tras ofrecerles agua fresca, incomprensiblemente no les dejaron abonar la entrada. Como excusa esgrimieron que, al ser la única visita de ese día, estaban invitadas a ver con tranquilidad la fortaleza, los jardines y sus alrededores. Aquella actitud tan rara les resultó extraña, pero aceptaron encantados. 

Recorrieron todas las dependencias sin prisa, aunque les fue imposible acceder a las habitaciones del piso superior, ya que el techo se había caído y estaba pendiente de su reconstrucción. En la planta baja visitaron la cocina, sonriendo al ver lo grande y espaciosa que era; husmearon en las habitaciones del servicio y bromearon cuando Deidara, con una de sus payasadas, se tiró encima de uno de los camastros. Una de las estancias que más llamó su atención fue la salita, por lo soleada que era; unos grandes y rectangulares ventanales facilitaban la entrada de luz, que bañaba el interior de un color suave y especial. 

Guía en mano, pasaron finalmente a otra pieza que enseguida identificaron como el salón principal. Allí había muebles de épocas pasadas, una gran chimenea y, sobre el, varios retratos. Pero el que a Sasuke dejó estupefacto, fue el que estaba justo encima del enorme hogar. En él se veía a un hombre de pelo revuelto y rubio, con desafiantes ojos azules cuya mirada parecía traspasarla, junto a un impresionante caballo negro.

Aquello le aceleró el corazón y le erizó el vello del cuerpo. No, no podía ser... ¿O sí?
 
Pero tras tragar con dificultad el nudo de emociones que colapso en su garganta, lo supo. Era el. Aquél era el hombre de sus sueños. El que cabalgaba hacia el en el corcel oscuro y lo miraba con pasión. 

-¿Qué te pasa, mi niño?-preguntó Deidara al verlo respirar con dificultad.
 
Era la primera vez que Sasuke se quedaba sin palabras. No podía apartar los ojos de aquel retrato mientras a su alrededor un extraño silencio le hacía escuchar lenta y pausadamente el latir de su propio corazón.
 
-Es el-consiguió balbucear-. Es el hombre que aparece en mis sueños.
 
Sus amigos lo entendieron de inmediato. 

-Sasuke, hermoso, ¡si es que hasta en sueños te los buscas cañón!-respondió Iruka en tono de guasa. 

-Y que lo digas, mi niño-asintió Deidara mirando el retrato. 

-Lo tuyo no tiene nombre jamío-continuó Iruka-. ¿De verdad me estás diciendo que ésta pedazo de tío, con más morbo que el mismísimo George Clooney, es el que irrumpe en tus sueños desde niño?-Sasuke, aún en estado de shock, asintió haciendo que Iruka, sorprendido, murmurara para sí mismo-. Si vuelvo a nacer, definitivamente quiero ser tú. 

Sasuke no respondió, pero dio un paso hacia adelante para admirar el cuadro más de cerca. Por fin podía verle con claridad. Un extrañó júbilo lo embargó, hasta que se fijó en que, del cuello de el pendía un colgante muy parecido al que el mismo lucía. 

-¡Ay, Dios!-gritó, asustando a sus amigos. 

-¿Pero qué te ocurre ahora?

-Mirad su cuello. 

-Vale no se depila-dijo Iruka, bromeando-. Se le ven los pelillos por la abertura de la camisa pero, Sasuke de mi alma, en esa época no había refinados. Se llevaban los hombres de pelo en el pecho.

 Deidara al escucharlo, sonrió. 

-No me refiero a eso. Mirad el colgante que lleva al cuello ¿A que es muy parecido al que vosotros me habéis regalado? 

Los tres muchachos, a pocos centímetros del retrato, examinaron con curiosidad el lienzo.
 
-Pues sí, lindo. Si no es el mismo, es muy parecido-afirmó Deidara

Cada vez más confuso, se alejó unos pasos del cuadro para estudiarlo desde la distancia. Pero seguía sin entender nada. Aún no sabía por qué soñaba con aquel hombre tan varonil y enigmático. Durante un rato hizo oídos sordos a los frívolos comentarios de sus amigos. 

-Su mirada es impactante-murmuró finalmente-. ¡Me encanta! 

-¿A quién no le va a encantar este tío?-respondió Deidara-. Pero por Dios, mi niño, ¿tú has visto como está el highlander?

Los tres donceles, parados frente a aquel retrato, continuaron hablando durante un buen rato hasta que Iruka lo agarró por la cintura. 

-Sasuke, es la primera vez que estoy de acuerdo con tu gusto en cuanto a hombres-convino-. Este es atractivo e interesante. Un auténtico highlander como los que salen en las novelas que leemos. ¡Ay Dios! tiene toda la pinta de ser un macho de verdad; Pero, cariño, siento decirte que el guerrero de ojos azueles e impresionantes y cara de bruto, escocés güenorro y resultón para más señas, creo que la diñó hace unos cuantos siglos. Me parece que no tienes nada que hacer. 

Aquel comentario le hizo reaccionar y sonreír. ¿Qué locuras estaba pensando? pero en ese momento, Deidara interrumpió sus pensamientos. 

-Según pone en este cartelito, el ojazos macizorro se llamaba Naruto Namikaze, duque de Wemyss.
 
A Sasuke la sangre se le paralizó en las venas al escuchar aquel título nobiliario.

-¡¿Duques de Wemyss?!-preguntó en un hilo de voz, sintiendo que el corazón iba a saltar de su pecho al recordar a la anciana de la tienda de antigüedades.
 
-Eso pone aquí. 

Con el susto reflejado en la mirada, les contó a sus amigos lo que la vendedora le había comentado respecto al espejo, al colgante y del duque de Wemyss. Eso les volvió a dejar boquiabiertos y de sus labios salieron mil especulaciones. Después de divagar frente al retrato, Iruka se fijó en una especie de urna situada en un lateral del salón. Dentro había un papel amarillento con una enigmática leyenda. 

-¡La madre del cordero! Mirad lo que pone en este pergamino.-Con rapidez, los chicos fueron hasta allí mientras el leía—: «Cuando me mires a los ojos y escuches el latido de tu corazón, sabrás que soy yo» Firmado Naruto Namikaze, duques de Wemyss. 

Los tres se miraron confundidos. Justo en ese momento, un trueno rasgó el silencio. 

-Vamonos de aquí. ¡Rápido! ¡Ya!-susurró Sasuke sobresaltado. 

Sin mirar atrás, los muchachos salieron del castillo. Los guardeses se despidieron y ellos desaparecieron en el coche que habían alquilado. 

Sasuke miró hacia el cielo, que se había oscurecido, y del que empezaban a caer unas gotas enormes. Inconscientemente dirigió la vista hacia la derecha. Allí estaba el bosque de sus sueños, junto al lago Tay. Durante una fracción de segundo deseó ver aparecer al caballero en su corcel negro. Pero no. Eso no podía ser, ¿verdad? 

Continuara….

lunes, 3 de noviembre de 2014

Te esperare toda mi vida

capitulo 6

Cuando la tormenta amainó, y una vez que facilitaron a la anciana la dirección donde debía de entregar lo que habían comprado, continuaron la visita a la ciudad. 

Cada rincón, edificio, torre o callejuela los dejaba estupefactos. Y después de haber pateado en todas las direcciones la Royal Mile, Deidara sorprendió a sus amigos con otra de sus vehementes exclamaciones.
 
-Anda, mirad... Incluso desde aquí se ve el cachirulo ese que parece tan bonito desde la ventana de nuestro hotel-dijo, señalando la oscura torre.
 
-¿Cachirulo?-se mofó Sasuke tocándose el colgante. Desde que se lo había puesto no había podido dejar de acariciarlo-. Ese monumento tendrá un nombre, digo yo... 

Deidara, que se había erigido en guía local e iba provisto de toda la información posible, miró el folleto antes de responder. 

-Se llama The Hub. Es uno de los iconos de Edimburgo. Aquí pone que es la sede administrativa del Festival Internacional de la ciudad. 

-Madre mía, los años que debe de tener eso-se asombró Iruka

-Pues no, no es tan viejo-respondió Deidara-. Según la guía, ni siquiera es un edificio medieval. Por lo visto se construyó hace menos de ciento cincuenta años.
 
-¿Menos de ciento cincuenta años?-se extrañó Sasuke-. Pues quién lo diría. Parece tan antiguo que... -En ese momento sonó su iPhone, interrumpiéndolo, y al ver quien llamaba, soltó una retahíla de blasfemias y quejas-. ¡Me cago en la madre que lo parió! Pero ¿cómo puede ser tan plasta? ¿Es que no me va a dejar en paz? 
No hizo falta preguntar quién era. Todas sabían que era el pesado de Arashi que, incluso en la distancia, continuaba atosigándolo. Iruka le arrebató el móvil, lo apagó y se lo guardó en el bolsillo. 

-Adiós, don Tiquismiquis. 

Tras unas risas, se sentaron en una de las tabernas del lugar donde pidieron unas pintas para refrescarse la garganta. 

-Qué bonito es Edimburgo. Sabía que iba a gustarme, pero está superando mis expectativas-suspiró Deidara

-Sí, es mágico y especial-asintió Sasuke, volviendo a acariciar el colgante que sus amigos le habían regalado. 

-¿Y qué me decís de sus hombres?-preguntó divertido Iruka

-Puf, pues normalitos. Todavía no he visto a ningún highlander de esos que quitan el hipo, cómo los de las novelas que leo-se quejó Sasuke

-Sasuke... Esos hombres ya no existen-le consoló Iruka, gran consumidor de novela romántica medieval-. Los de hoy en día no son tan guerreros ni impetuosos como los de antes. Aunque los del pub de anoche tenían muy buena pinta. 

La conversación, aderezada con una buena porción de risas y bromas, degeneró rápidamente en los hombres. 

-¿A qué hora salimos mañana para Perth?-interrumpió Sasuke las divagaciones. 

-Lo mejor es que lo hagamos prontito. ¿Qué os parece a las cuatro de la madrugada?-preguntó Iruka

-Hijo, de verdad, te gusta madrugar más que al repartidor del pan Bimbo-se mofó Sasuke.

Iruka al escucharlo hizo un mohín y claudicó. 

-Vale... A las cinco, pero no más tarde.
 
-Está programada la visita al castillo de Elcho, ¿verdad? 

-Por supuesto. Ya te has encargado tú de repetirlo más de mil veces.
 
Sasuke sonrió. Quería ver de cerca aquel castillo. Necesitaba comprobar por sí misma el lugar que aparecía en sus sueños. Quizá, si iba, entendería por qué soñaba con él.

-Bueno señor conductor-instigó Deidara a Iruka con sarcasmo-. ¿Cuál es el itinerario, una vez salgamos de Edimburgo? 

-De aquí directos al castillo de Elcho y de allí a Perth. En Perth estaremos unos días para visitar la ciudad y los castillos de Huntingtower y Palacio Scone. Después volvemos a Edimburgo para asistir, la noche antes de irnos, a una cena-espectáculo medieval. Y, tras eso, fin del viaje rumbo a casita ¿Os parece bien? 

Deidara y Sasuke asintieron al unísono. El viaje tenía muy buena pinta. 

Continuara….


 


Pd: como dije a partir de ahora subiré un capitulo de esta historia todos los dias :)
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