capitulo 7
El corazón de Sasuke latía a mil por hora cuando
llegaron al castillo de Elcho. Estar en aquel lugar y poder tocar con mimo sus
piedras, hizo que el corazón se le encogiera de emoción. Ante el estaba la gran
fortaleza del siglo XVI con la que soñaba desde niño. Apenas podía hablar. Sólo
era capaz de admirar el entorno.
Sus amigos sonrieron al verlo en aquel estado. Sasuke les había hablado muchas veces de aquel extraño sueño recurrente y entendieron su emoción.
Sus amigos sonrieron al verlo en aquel estado. Sasuke les había hablado muchas veces de aquel extraño sueño recurrente y entendieron su emoción.
-Bueno... ¿Qué te parece verlo en vivo y en directo?-preguntó Iruka
-Alucinante.
-¿Es como esperabas?-dijo Deidara
-Es aún mejor-balbuceó Sasuke saliendo del coche.
Allí estaba el castillo, el bosque de flores multicolores y el paisaje. Los árboles entre los que, en su sueño, aparecía aquel hombre a lomos de su corcel negro.
Tardaron un buen rato en encontrar a los guardeses de la residencia para poder pagar la visita. Eran dos ancianos que, tras ofrecerles agua fresca, incomprensiblemente no les dejaron abonar la entrada. Como excusa esgrimieron que, al ser la única visita de ese día, estaban invitadas a ver con tranquilidad la fortaleza, los jardines y sus alrededores. Aquella actitud tan rara les resultó extraña, pero aceptaron encantados.
Recorrieron todas las dependencias sin prisa, aunque les fue imposible acceder a las habitaciones del piso superior, ya que el techo se había caído y estaba pendiente de su reconstrucción. En la planta baja visitaron la cocina, sonriendo al ver lo grande y espaciosa que era; husmearon en las habitaciones del servicio y bromearon cuando Deidara, con una de sus payasadas, se tiró encima de uno de los camastros. Una de las estancias que más llamó su atención fue la salita, por lo soleada que era; unos grandes y rectangulares ventanales facilitaban la entrada de luz, que bañaba el interior de un color suave y especial.
Guía en mano, pasaron finalmente a otra pieza que enseguida identificaron como el salón principal. Allí había muebles de épocas pasadas, una gran chimenea y, sobre el, varios retratos. Pero el que a Sasuke dejó estupefacto, fue el que estaba justo encima del enorme hogar. En él se veía a un hombre de pelo revuelto y rubio, con desafiantes ojos azules cuya mirada parecía traspasarla, junto a un impresionante caballo negro.
Aquello le aceleró el corazón y le erizó el vello
del cuerpo. No, no podía ser... ¿O sí?
Pero tras tragar con dificultad el nudo de emociones que colapso en su garganta, lo supo. Era el. Aquél era el hombre de sus sueños. El que cabalgaba hacia el en el corcel oscuro y lo miraba con pasión.
-¿Qué te pasa, mi niño?-preguntó Deidara al verlo respirar con dificultad.
Era la primera vez que Sasuke se quedaba sin palabras. No podía apartar los ojos de aquel retrato mientras a su alrededor un extraño silencio le hacía escuchar lenta y pausadamente el latir de su propio corazón.
-Es el-consiguió balbucear-. Es el hombre que aparece en mis sueños.
Sus amigos lo entendieron de inmediato.
-Sasuke, hermoso, ¡si es que hasta en sueños te los buscas cañón!-respondió Iruka en tono de guasa.
-Y que lo digas, mi niño-asintió Deidara mirando el retrato.
-Lo tuyo no tiene nombre jamío-continuó Iruka-. ¿De verdad me estás diciendo que ésta pedazo de tío, con más morbo que el mismísimo George Clooney, es el que irrumpe en tus sueños desde niño?-Sasuke, aún en estado de shock, asintió haciendo que Iruka, sorprendido, murmurara para sí mismo-. Si vuelvo a nacer, definitivamente quiero ser tú.
Sasuke no respondió, pero dio un paso hacia adelante para admirar el cuadro más de cerca. Por fin podía verle con claridad. Un extrañó júbilo lo embargó, hasta que se fijó en que, del cuello de el pendía un colgante muy parecido al que el mismo lucía.
-¡Ay, Dios!-gritó, asustando a sus amigos.
-¿Pero qué te ocurre ahora?
-Mirad su cuello.
-Vale no se depila-dijo Iruka, bromeando-. Se le ven los pelillos por la abertura de la camisa pero, Sasuke de mi alma, en esa época no había refinados. Se llevaban los hombres de pelo en el pecho.
Deidara al
escucharlo, sonrió.
-No me refiero a eso. Mirad el colgante que lleva al cuello ¿A que es muy parecido al que vosotros me habéis regalado?
Los tres muchachos, a pocos centímetros del retrato, examinaron con curiosidad el lienzo.
-Pues sí, lindo. Si no es el mismo, es muy parecido-afirmó Deidara
Cada vez más confuso, se alejó unos pasos del cuadro para estudiarlo desde la distancia. Pero seguía sin entender nada. Aún no sabía por qué soñaba con aquel hombre tan varonil y enigmático. Durante un rato hizo oídos sordos a los frívolos comentarios de sus amigos.
-Su mirada es impactante-murmuró finalmente-. ¡Me encanta!
-¿A quién no le va a encantar este tío?-respondió Deidara-. Pero por Dios, mi niño, ¿tú has visto como está el highlander?
Los tres donceles, parados frente a aquel retrato, continuaron hablando durante un buen rato hasta que Iruka lo agarró por la cintura.
-Sasuke, es la primera vez que estoy de acuerdo con tu gusto en cuanto a hombres-convino-. Este es atractivo e interesante. Un auténtico highlander como los que salen en las novelas que leemos. ¡Ay Dios! tiene toda la pinta de ser un macho de verdad; Pero, cariño, siento decirte que el guerrero de ojos azueles e impresionantes y cara de bruto, escocés güenorro y resultón para más señas, creo que la diñó hace unos cuantos siglos. Me parece que no tienes nada que hacer.
Aquel comentario le hizo reaccionar y sonreír. ¿Qué locuras estaba pensando? pero en ese momento, Deidara interrumpió sus pensamientos.
-Según pone en este cartelito, el ojazos macizorro se llamaba Naruto Namikaze, duque de Wemyss.
A Sasuke la sangre se le paralizó en las venas al escuchar aquel título nobiliario.
-¡¿Duques de Wemyss?!-preguntó en un hilo de voz, sintiendo que el corazón iba a saltar de su pecho al recordar a la anciana de la tienda de antigüedades.
-Eso pone aquí.
Con el susto reflejado en la mirada, les contó a sus amigos lo que la vendedora le había comentado respecto al espejo, al colgante y del duque de Wemyss. Eso les volvió a dejar boquiabiertos y de sus labios salieron mil especulaciones. Después de divagar frente al retrato, Iruka se fijó en una especie de urna situada en un lateral del salón. Dentro había un papel amarillento con una enigmática leyenda.
-¡La madre del cordero! Mirad lo que pone en este pergamino.-Con rapidez, los chicos fueron hasta allí mientras el leía—: «Cuando me mires a los ojos y escuches el latido de tu corazón, sabrás que soy yo» Firmado Naruto Namikaze, duques de Wemyss.
Los tres se miraron confundidos. Justo en ese momento, un trueno rasgó el silencio.
-Vamonos de aquí. ¡Rápido! ¡Ya!-susurró Sasuke sobresaltado.
Sin mirar atrás, los muchachos salieron del castillo. Los guardeses se despidieron y ellos desaparecieron en el coche que habían alquilado.
Sasuke miró hacia el cielo, que se había oscurecido, y del que empezaban a caer unas gotas enormes. Inconscientemente dirigió la vista hacia la derecha. Allí estaba el bosque de sus sueños, junto al lago Tay. Durante una fracción de segundo deseó ver aparecer al caballero en su corcel negro. Pero no. Eso no podía ser, ¿verdad?
Continuara….
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