sábado, 4 de octubre de 2014

Pídeme lo que quieras

capitulo 21 

Cuando todo acaba, Natsuhi, Naruto y yo nos dirigimos hacia la limusina que nos espera y sin darle tiempo a Naruto para que vuelva a humillarme, me siento directamente junto al chofer.

Para chulo, ¡Yo!

Los oigo hablar. Incluso oigo como Natsuhi cuchichea y ríe como una gallina. Oigo lo que hablan y me enfurezco. No quiero hacerlo. Solo hay que mirar a Natsuhi para saber que es lo que busca. ¡Perra!

Espero que divida los ambientes en la limusina, pero esta vez Naruto no lo hace. Desea que entere de todo lo que dice. Habla en alemán y oírlo me agita. Me provoca.

Al llegar al hotel, la limusina se detiene. Abro mi puerta y desciendo.

Deseo con todas mis fuerzas perder de vista a Naruto y a esa imbécil, pero espero educadamente a que mí jefe y su acompañante bajen del coche. Después me despido y me marcho.

Casi corro hasta el ascensor y cuando se cierran las puertas, suspiro aliviado. ¡Solo!

El día ha sido horroroso y quiero desaparecer. Cuando llego a la suite tiro el maletín sobre el sofá. Enciendo el hilo musical. Me suelto el pelo, me quito la chaqueta del traje y me saco la camiseta del pantalón. Necesito una ducha.

Entonces suenan unos goles en la puerta. Mi mente intuye que es él. Miro a mí alrededor. No tengo escapatoria a no ser que me lace desde el ático del hotel y muera aplastado en pleno paseo. ¡Que disgustazo para mí pobre padre! ¡Ni hablar!

Decido ignorar las llamadas. No quiero abrir, pero insiste.

Cansado, abro finalmente la puerta y mi cara de sorpresa es mayúscula cuando veo que es Natsuhi quien esta ante mí puerta. Me mira de arriba abajo.

-¿Puedo pasar?-me pregunta en alemán.

-Por supuesto, señorita Natsuhi-respondo, también en su idioma. La mujer entra. Cierro la puerta y me doy la vuelta.

-¿Vas a quedarte el fin de semana, como hiciste en Barcelona?-me pregunta, antes de que yo pueda decirle nada.

Hago lo que suele hacer Naruto. Tuerzo el gesto. Pienso…Pienso y pienso y finalmente respondo:

-Si.

Mi contestación le molesta. Se pasa la mano por el pelo y pone los brazos en jarras.

-Si tu intención es estar con él, olvídalo. Él estará conmigo.

Arrugo el entrecejo, como si me hablara en chino y no comprendiera nada.-¿De que esta hablando, señorita Natsuhi?

-Tú y yo sabemos muy bien de lo que habamos. No te hagas el tonto. No eres el pobretón español que ve en Naruto un filón, ¿verdad?

Me quedo boquiabierto por lo que acaba de decirme. Pestañeo, y dejo salir al macarra que llevo dentro.

-Mira, guapa, te estas confundiendo conmigo. Y si sigues por ese camino vas a tener un problema, porque yo no soy de los que se callan ni se amilanan. Por lo tanto, cuidadito con lo que dices, no te vayas a tener que sobar los morros un pobretón español.

Natsuhi se aleja un paso de mí. Mi advertencia ha debido de sonarle verosímil.

.Creo que lo más inteligente por tu parte es que te alejes de él-añade-. Yo me encargaré de todo lo que Naruto necesite. Lo conozco muy bien y sé como satisfacer sus deseos.

Aprieto los puños. Tanto, que me clavo las uñas en ellos. Pero soy consciente de que no puedo actuar como deseo. Así pues, cuento hasta veinte, porque hasta diez no me vale, me dirijo hacia la puerta y la abro.

-Natsuhi-le digo, con toda la amabilidad de el que soy capaz-, sal de mi habitación porque, como sigas aquí, algo muy feo va a pasar.

Cuando se va, doy un portazo mientras por mi boca sale de todo, menos bonita.

Me quito los zapatos y los lanzo con furia contra el sofá. ¡Maldito sea!

Mí indignación me enloquece. Naruto me ha estado utilizando para dar celos a aquella muñeca hinchable. Maldigo y doy un zapatazo al caro sillón. ¿Cómo he sido tan tonto? Sin querer pensar en nada más, saco mi portátil cuando mi móvil suena. He recibido un mensaje. Naruto. <<Ven a mí habitación>>.

Leer eso me cabrea más. Siempre me he considerado un muñeco entre sus brazos, pero en ese momento me doy cuenta de que soy un muñeco tonto. Tecleo con rabia:<< Vete a la mierda>>.

La contestación no se hace esperar.

Al cabo de unos segundos, oigo el sonido de una puerta al abrirse y ante mí aparece Naruto, descamisado, con cara de mala leche y una tarjeta con la que a abierto la puerta, me coge del brazo, me levanta y me besa. Me besa con tanta profundidad que noto su lengua llegar hasta mí campanilla. Intento no corresponderle. Me niego. Pero mi cuerpo me traiciona. Lo desea. Es incontrolable. E instantes después soy yo el que lo besa a él en busca de más.

Con premura lleva sus manos hasta el botón de mi pantalón y noto que chocamos contra la pared. Sin mis zapatos soy muy pequeño a su lado. Eso siempre me ha gustado, igual que a él le gusta sentir su superioridad. Con su pierna separa las mías, mientras una de sus manos se mete por debajo de mí camisa y se desliza por mí vientre. Cierro los ojos y me dejo llevar. Le permito seguir. Sin quitarme el pantalón, su mano continúa su camino hasta que consigue meterla por dentro de mis calzoncillos y me hurga hasta llegar a mi pene. Me estimula. Me excita.

Con sus dedos, su experiencia y mi humedad latente, me masajea y lo aviva. Mi pene se hincha y yo gimo. Jadeo. Enloquezco y me restriego contra él ante lo que siento por  aquella invasión cuando, con su ano libre, me da un azotito. Me excita todavía más. Me vuelve loco e instantes después se desabrocha el pantalón, saca la mano de mi pene y tira de mí hasta llevarme al centro del salón. Clava sus ojos en los míos y murmura mientras acerca su boca a la mía.

-Pequeño, no tienes ni idea de cuanto te deseo.

Me baja la cremallera del pantalón y este cae al suelo. Se agacha, acerca su nariz hasta mis calzoncillos y los aspira. Da un pequeño mordisquito sobre mi pene y yo jadeo. Sus posesivas manos me tocan y me acarician. Suben por mis piernas y agarra el borde de mis calzoncillos. Me los quita. Estoy de nuevo desnudo cintura para abajo ante él y no digo nada. No rechisto. Me dejo hacer mientras él me activa, me posee y me enloquece.

Se levanta del suelo. Me empuja hacia el respaldo del sofá, me da la vuelva y me recuesta sobre él. Mis brazos y mi cabeza caen, mientras mi trasero queda expuesto enteramente para él. Durante unos segundos disfruto de los mordisquitos que me da en las nalgas y noto sus manos invasoras sobre mí. De nuevo un azote. Esta vez más fuerte. Pica. Pero el picor lo suaviza cuando siento que se aprieta contra mí y su duro y castigador pene me avisa de que me va hacer suyo.

Me abre las piernas, mientras con una de sus manos aprisiona mis riñones sobre el respaldo del sofá para que no me mueva. Con la otra mano coge su duro pene y lo pasea desde mi pene hasta mi orificio anal y viceversa. Juguetea entre mí entrepierna, empapándome más.

-Te voy a follar, Sasu. Hoy me has vuelto loco y te voy a follar tal y como llevo todo el día pensando hacerlo.

Oírlo decir aquello me sofoca.

Me azuza todos los sentidos y me gusta.

Noto que arqueo mi trasero dispuesto a recibirlo. Me siento como una perra en celo en busca de mí alivio. Naruto deja caer su cuerpo sobre mí. Muerde mi hombro, después mis costillas y me retuerzo. Estoy empapado, listo y húmedo para recibirlo. Mi cuerpo le implora. Me penetra de una estocada y exige:

-Necesito escuchar tus gemidos. ¡Ya!

Sin poder evitarlo, un jadeo ruidoso sale de mí boca. Su orden me aguijonea.

Sus manos exigentes me agarran por la cintura y me aprieta contra él hasta que me tiene totalmente empapado. Grito. Me retuerzo. Voy a explotar. Sale de mí unos centímetros pero vuelve a entrar una y otra vez, colándome de una serie de movimientos duros y potentes que vuelven a hacerme chillar. Siento sus testículos chocar contra mí trasero a cada movimiento y, cuando su dedo toca mi hinchado pene y tira de él, chillo. Chillo de placer.

A cada acometida siento que me rompe. Me incita y yo me abro más para que siga desgarrándome y me haga totalmente suyo. Lo hacemos sin preservativo y sentir el tacto suave y rugoso de su piel fomenta mí perversión. La dureza de sus palabras y su ímpetu por follarme me enloquece de una manera bárbara.

Mi ano se contrae a cada embestida y noto como lo succiona. Lo atrapa. Lo alborota. Oigo su respiración agitada en mí oreja y los calientes sonidos de nuestros cuerpos al chocar, una y otra vez…una y otra vez…son adictivos.

Calor.

Tengo mucho calor.

Un ardor me sube por los pies asolando mí cuerpo. Cuando llega a mí cabeza explota y con él exploto yo. Grito. Me retuerzo y convulsiono mientras noto que por mí pierna chorrean mis fluidos. Intento que me suelte. Pero Naruto no lo permite. Continua penetrándome mientras mí devastador orgasmo me enloquece y lo hace enloquecer.

Mí cuerpo, roto de placer, se arquea y, tras una potente embestida que me empotra más en el respaldo del sillón, Naruto sale de mí interior, noto que apoya su cabeza sobre mí espalda y después de un gruñido fuerte y varonil noto que algo riega mi trasero. Se corre sobre mí.

Durante unos segundos, los dos permanecemos en aquella posición. Él sobre mí. Sobre mí espalda. Nuestros corazones acelerados necesitan regresar a su ritmo normal antes de hablar, mientras que en el hilo musical de la habitación suena La chica de Ipanema.

Cuando Naruto se incorpora y me deja vía libre, hago lo mismo.

Vestido solo con la camisa, lo miro y él sonríe satisfecho mientras se abrocha el pantalón. Lo que acabamos de practicar es sexo exigente y duro y eso le gusta. Lo sé. La sangre me hierve. Estoy indignado. Sin poder controlarlo, la mano se me escapa y le doy un sonoro bofetón.

-Sal de aquí-le exijo-.Es mí habitación. No habla. Solo me mira.

Sus ojos, que momentos antes sonreían, ahora están fríos. Iceman ha vuelto y en su peor versión. Incapaz de permanecer callado ante él por lo que acabo de hacer, grito:

-¿Quién te has creído que eres para entrar en mí habitación? No contesta y yo vuelvo a gritar.

-¿Quién te crees que eres para tratarme así? Creo…creo que te has equivocado conmigo. Yo no soy tu puta…

-¡¿Cómo dices!?

-Lo que has oído, Naruto-insito mientras veo el desconcierto en sus ojos-. Yo no soy tu puta para que entres y me folles siempre que te de la gana. Para eso ya tienes a Natsuhi. A la maravillosa señorita Natsuhi, que esta dispuesta a seguir haciendo por ti todo lo que tú quieras. ¿Cuándo me ibas a decir que estas liado con ella? ¿Qué pasa? ¿Ya estabas planeando un trío entre los tres sin consultarme?

No contesta.

Solo me mira y veo furia, fuego y desconcierto en su mirada.

Su respiración se acompasa pero es profunda. Quiero que se vaya. Quiero que desaparezca de mí habitación antes de que la víbora que hay en mí termine de resurgir y acabe diciendo cosas peores. Pero Naruto no se mueve. Se limita a mirarme hasta que se da la vuelta y se marcha. Cuando la puerta se cierra me llevo la mano a la boca y sin querer, ni poder remediarlo, comienzo a llorar.

Diez minutos después me ducho. Necesito quitarme su olor de mí piel.

Y cuando salgo de la ducha tengo algo muy claro. Tengo que marcharme de allí. Abro el portátil y reservo un billete de  vuelta para Madrid. A las once de la noche estoy sentado en un avión mientras repaso mentalmente la nota que le he dejado sobre mí cama y que estoy seguro que leerá.

Señor Namikaze:

Regresaré el domingo por la noche para continuar nuestro trabajo. Si me ha despedido, hágamelo saber para ahorrarme el viaje.

Atentamente, Sasuke Uchiha.


Continuara….

2 comentarios:

  1. waaaa me encantó, ojala actualices pronto *W* <3
    y espero que Sasu por muy atraído y todo q se sienta por Naru no caiga tan rápido y lo haga sufrir un poco :)

    ResponderEliminar
  2. no te preocupes naru también sufrirá lo suyo
    gracias por comentar :)

    ResponderEliminar