capitulo 22
El viernes, cuando despierto en mí cama, miro el reloj
digital de la mesilla. La una y siete. He dormido varias horas del tirón.
Como mí hermano no sabe que he vuelto, no se ha presentado
en mí casa y eso, por unos segundos, me hace feliz. No quiero dar explicaciones.
Cuando abandono mí habitación lo primero que busco es el
móvil. Lo tengo en silencio dentro de mí maleta. Dos llamadas perdidas de mí
hermano, dos de Neji y doce de Naruto. ¡Vaya!
No respondo a ninguna. No quiero hablar con nadie.
Mí cólera regresa y decido hacer limpieza general. Cuando
estoy cabreado limpio de lujo.
A las tres de la tarde tengo la casa como una cuadra.
Ropa por aquí, lejía allí, muebles fuera de su lugar…pero me
da igual. Soy el rey del lugar y ahí mando yo. De repente, siento que quiero
planchar. Increíble, pero es así. Saco la tabla, enciendo mí plancha y cojo
varias prendas. Mientras canturreo lo que sale por la radio, olvido lo que me
taladra la cabeza: Naruto.
Plancho un pantalón corto, dos camisetas y, mientras plancho
un polo, mis ojos paran en una pelota roja que hay en el suelo. Rápidamente me
acuerdo de Curro, mí curro, y los ojos se me llenan de lágrimas hasta que
suelto un chillido. Me acabo de hacer una tremenda quemadura con la plancha en
el antebrazo y duele mogollón.
Lo miro, nervioso.
Está rojo como la camiseta de la selección y veo hasta el
dibujo y los agujeritos que tiene la plancha en mí piel. Duele…duele…duele…
¡Duele mucho! Pienso si echarme agua o pasta de dientes mientras camino dando
saltitos por la casa. Siempre he oído hablar de esos remedios, pero no sé si
funcionan o no. Al final, muerto de dolor, decido acercarme al hospital.
Por fin, a las siete de la tarde, me atienden. ¡Viva la
celeridad del servicio de urgencias!
Veo las estrellas y los universos paralelos de los dolores
que tengo. Una doctora encantadora me echa un liquidito en la quemadura con
mimo, pone un apósito en mí brazo y lo venda. Me receta unos calmantes para el
dolor y me manda para casita.
Con unos dolores de aúpa y el brazo vendado busco una
farmacia de guardia.
Como siempre en esos casos, la más cercana esta en el quinto
pino. Tras comprar lo que necesito, regreso a mí casa. Estoy dolorido, agotado
y cabreado. Pero cuando llego a la puerta del portal de mí casa, oigo una voz
detrás de mí.
-No vuelvas a marcharte sin decírmelo. Su voz me paraliza.
Me enfada pero me reconforta. Necesitaba oírla.
Me doy la vuelta y veo que el hombre que me tiene fuera de
mis casillas está a un escaso metro de mí. Su gesto es serio y, sin saber por
que, levanto el brazo y digo, mientras los ojos se me llenan de lágrima:
-Me he quemado con la plancha y me duele horrores. Su gesto
se descompone.
Mira el vendaje de mí brazo. Después me mira a mí y noto que
pierde toda la seguridad. Iceman acaba de marcharse para dar paso a Naruto. El
Naruto que a mí me gusta.
-Dios, pequeño, ven aquí.
Me acerco a él y siento que me abraza con cuidado de no
rozar mí brazo. Mi nariz se impregna de su olor y me siento la el doncel más
feliz del mundo. Durante unos minutos, permanecemos en aquella posición hasta
que yo me ueo y entonces él acerca su boca a mis labios y me da un corto pero
dulce y tierno beso.
Nunca me ha besado así y mí cara debe de ser un poema.
-¿Qué te ocurre?-me pregunta. Vuelvo en mí y sonrío. ¡Me ha
besado con ternura!
Le entrego las llaves de mí casa para que abra.
-El portal tiene rota la cerradura…tira de la puerta y abre.
Deja de mirarme y hace lo que le pido. Después me agarra de
la mano y subimos juntos en el ascensor. Al abrir la puerta de mí casa veo que
mira alrededor y murmura:
-Pero ¿Qué ha pasado aquí?
Sonrío. Sonrío como un tonto, como un imbécil.
-Limpieza general-respondo mirando el caos que nos rodea-.
Cuando me cabreo, esto me relaja.
Ríe por lo bajo y después oigo que la puerta se cierra.
Cuando dejo la bandolera sobre el sofá, me olvido del dolor y me vuelvo hacia
él.
-¿Qué haces aquí?
-Me tenías preocupado. Te marchaste sin avisar y…
-Te dejé una nota y, sobre todo, en buena compañía. Naruto
me mira. Siento que la tensión regresa a su mandíbula.
-No quiero volver a oír eso tan humillante que has dicho de
que no eres mí puta. Pues claro que no lo eres, Sasu, ¡por el amor de Dios!
Nunca lo has sido y nuca lo serás, ¿entendido?-Afirmo con la cabeza, y él
prosigue-: Pero vamos a ver, Sasu, ¿Todavía no has entendido que el sexo para
mí es un juego y que tú eres mi pieza más importante?
-Tú lo has dicho: ¡Tu pieza!
-Cuando digo pieza…me refiero a que eres el doncel que más
me importa en este momento. Sin ti, ese juego pierde valor. Maldita sea, creí
habértelo dejado claro.
Durante unos minutos, ninguno de los dos dice nada. La
tensión en el ambiente se puede cortar con un cuchillo.
-Mira, Naruto, esto no va a funcionar. Seamos solo amigos.
Creo que en el plano laboral podemos trabajar juntos, pero…
-Sasu, nunca te he mentido en nada.
-Lo sé-admito dándole la razón-. El problema aquí soy yo, no
tú. Es que no me reconozco. Yo no soy el doncel que tú manejas como una pieza.
No… ¡me niego! No quiero. No quiero saber nada de tu mundo, ni de tus juegos ni
de nada de eso. Creo…creo que lo mejor es que cada uno regrese a su vida y…
-De acuerdo-asiente.
De pronto quiero discutir aquello otra vez. No quiero que me
haga caso. ¿Me estoy volviendo loco?
Veo el dolor y la rabia en sus ojos pero intento refrendar
lo que acabo de decir y no abrazarlo. Mi voluntad desaparece cuando esto cerca
de él y necesito mantenerme firme, aunque yo mismo me contradiga.
Mi antebrazo me da un pinchazo que me descompone el rostro
entero y doy un salto. Me levanto.
-¡Diossssss! ¡Que dolor! ¡Joderrrrrrrrrrr! ¡Joderrrrrrrr!
Su gesto se contrae y se levanta. No sabe qué hacer mientras
yo continuo con mí retahíla de quejidos y palabras malsonantes. El brazo me
esta matando.
-¿Te duele mucho?
-Si. Voy a tomarme un calmante para el dolor o te juro que
me va a dar algo.
Mi brazo palpita y el dolor se vuelve insoportable. Camino
pero el salón como un loco hasta que Naruto me hace detenerme.
-Siéntate-me ordena-. Llamaré a un amigo.-¿A quien vas a
llamar?
-A un amigo medico para que te vea el brazo.
-Pero si ya me lo han visto en el hospital…
-Da igual. Yo me quedo más tranquilo si te lo mira Kakashi.
Estoy tan dolorido que no me apetece hablar. Veinte minutos
más tarde suena el telefonillo de mí casa. Naruto lo atiende y un minuto
después aparece ante nosotros un hombre. Se saludan y el recién llegado se
queda mirando el estado de la casa. Entre risas, Naruto cuchichea:
-Sasuke estaba haciendo limpieza general.
Se miran y sonríen. Y en ese momento, cabreado por como me
duele el brazo, murmuro:
-Venga, no os cortéis. Si creéis que esta desordenado, os
doy permiso para que lo ordenéis. La escoba y la fregona están a vuestra entera
disposición.
Mi mala leche los hace sonreír. ¡Graciosillos!
Al final, el recién llegado se me acerca.
-Hola, Sasuke, soy Kakashi Hatake. Vamos a ver, ¿Qué te ha
pasado?-Me he quemado con la plancha y me duele horrores. Asiente y coge unas
tijeras.-Dame el brazo.
Naruto se sienta a mí lado.
Siento su mano protectora en mí espalda y eso me reconforta.
El médico corta mí vendaje con cuidado. Lo observa un rato, saca una especie de
suero y le echa sobre mí herida. Un alivio momentáneo me hace suspirar. Luego
coloca unos apósitos mojados en ese líquido y vuelve a venderme la herida.
-Te duele mucho, ¿verdad?
Hago un gesto afirmativo con mí cabeza.
No lloro porque me da vergüenza y él lo nota. Naruto
tambien.
-Te inyectaré un calmante. Es lo más rápido para el dolor.
Pero este tipo de heridas es lo que tienen, que son molestas. Tranquilo, pasará
pronto.
No rechisto.
Que me inyecte lo que le de la gana pero que me quite ese
horroroso dolor.
Mientras lo hace, lo observo. Él me mira y me guiña un ojo
con complicidad. Tendrá unos treinta años. Alto, peliplateado y supongo que
tiene una bonita sonrisa, digo supongo ya que la tiene cubierta. Cuando acaba,
cierra su maletín, saca una tarjeta y me la entrega mientras nos levantamos.
-Para cualquier cosa, sea la hora que sea, llámame.
Miro la tarjeta y leo << Doctor Kakashi Hatake>>
y un número de móvil. Asiento como un tonto y meto la tarjeta en el aparador
del comedor.
-De acuerdo, lo haré.
En ese momento, Naruto, me pasa la mano por la cintura en
una actitud que me resuelta posesiva, pone una mano sobre el hombro de su amigo
y le dice:
-Si él te necesita, yo te llamaré.
Kakashi sonríe, Naruto me suelta y se dirigen hacia la
puerta. Durante unos minutos, los oigo que murmuran algo pero no entiendo lo
que dicen. Quiero que el dolor me abandone y eso es lo único que me interesa.
Vuelvo a tirarme encima del sillón. El dolor de mí brazo
comienza a bajar de intensidad y siento que vuelvo a ser persona. Naruto
regresa al salón y habla con alguien por el móvil mientras mira por la ventana.
Cierro los ojos. Necesito relajarme.
No sé cuanto tiempo permanezco así, hasta que oigo sonar la
puerta de mí casa. Veo a Tango, el chofer de Naruto, entregándole un montón de
bolsas. Cuando la puerta se cierra, Naruto me mira.
-He pedido algo de cena. No te muevas, yo me encargo de todo.
Hago un gesto con la cabeza y sonrío. ¡Genial! Necesito que me mimen.
Sin levantarme del sofá, oigo a Naruto trastear en la
cocina. Un par de minutos después aparece con una bandeja donde lleva platos,
tenedores, cuchillos y vasos.
-Le he pedido a Tango que comprara comida china. Si mal no
recuerdo, te gusta.
-Me encanta.-Sonrío.
-¿El dolor ha disminuido?-pregunta con seriedad.-Si.
Mi repuesta parece aliviarlo.
Observo como Naruto coloca en la bandeja todo lo que a
traído y no puedo dejar de mirarlo. Parece mentira que aquel joven que coloca
los platos y los vasos sea el mismo Iceman implacable que aparece en ciertos
momentos. Su gesto ahora en relajo y me gusta. Me gusta verlo y sentirlo así.
En cuanto acaba lo que hace, regresa a la cocina y aparece
con la bandeja cargada de cajitas blancas. Se sienta a mí lado e indica:
-Como no sabía qué era lo que te gustaba, le he pedido a
Tango que trajera de todo un poco: arroz tres delicias, pan chino, rollitos de
primavera, tallarines con soja, ensalada china, ternera con brotes de bambú,
cerdo con champiñones fideos chinos con verdura, langostinos fritos, pollo al
limón. Y de postre, trufas. Espero que algo te guste.
Sorprendido por todo lo que ha dicho, murmuro:
-Madre mía, Naruto. ¡Aquí hay comida para un regimiento!
Podías haberle dicho a Kakashi que se quedara a cenar.
Niega con la cabeza.-No.
-¿Por qué? Parece simpático…
-Lo es. Pero quería estar a solas contigo. Tenemos que
hablar muy seriamente.
Resoplo y susurro:
-Tramposo. Estoy dopado y soy presa fácil. Sonríe como
respuesta.-Come.
Ojeo todos los paquetes y me sirvo en el plato lo que me
apetece. Todo tiene una pinta estupenda y, cuando lo degusto, aún sabe mejor.
-¿Dónde ha comprado Tango esto? ¿De que chino es?
-Lo ha preparado Xao-li. Uno de los cocineros del hotel
Villa Magna. Me lo quedo mirando, incrédulo.
-Estas comiendo autentica comida china. No lo que en
ocasiones creo imaginar que comes.
Le hago un gesto de asentimiento, divertido por lo que acaba
de decir. Él y su exclusividad.
Naruto esta de buen humor y yo me alegro horrores. Estar con
él así, de buen rollo, en una maravilla. Cuando llega el momento del postre, va
a la cocina, trae unas trufas y las deja ante mí.
Coge una cuchara, parte un trozo de trufa y la pone ante mí
boca. Sonrío, abro la boca y tras hacer un sinfín de gestos con los ojos y la
boca, murmuro:
-¡Diosssssss! ¡Que rico!
Naruto sonríe y vuelve
meterme otra trufa e la boca. La paladeo. Disfruto y me dispongo a pedir
más, cuando él se me adelanta.
-¿Puedo probarla yo?
Asiento. Pasa la trufa por mis labios, se acerca a mí boca y
la chupa durante uno segundos con
delicadeza hasta que dice, separándose de mí:
-Sasu, hace un rato has dicho que…-Sé lo que he dicho,
olvídalo.
Naruto me mira…Piensa…piensa y, finalmente, añade sin
cambiar su gesto:
-No vuelvas a decir eso de que yo te considero mí puta, por
favor, Sasu. Me destroza pensar que tú piensas eso de mí.
-Vale…Se me fue la boca. Lo siento. Sus dedos perfilan mis
labios con delicadeza.
-Sasu…tú para mí eres especial, muy especial.-Nos miramos
fijamente durante unos segundos. Al final cambia el tono de su voz y prosigue-:
No puedes marcharte de mí lado sin darme una explicación y esperar que yo no me
vuelva loco de preocupación. Prefiero que llames a mí puerta y me digas
<< ¡Adiós!>>, a creer que estas y que no estés. ¿De acuerdo?
-Si no lo hice, fue porque que no quería llamarte gilipollas
o algo peor.- Llámamelo, si lo necesitas.-No me des ideas-bromeo. Sus labios se
curvan.
-Por favor, no vuelvas a marcharte sin decirme nada.
-¡Valeeeeeeeeeeeeee…! Pero que conste que pensaba regresar
para continuar con el trabajo.
-No hace falta.- ¿¡No!?-No.- ¿Por qué?-Has surgido algo.
-¿Me has despedido? Pero
¡si todavía no te he llamado
gilipollas! Naruto sonríe y me introduce otra trufa en la boca, para que
me calle, supongo.
-He anulado las reuniones de la semana que viene y las he
dejado para más adelante. Regreso a Alemania. Hay algo de lo que me tengo que
ocupar y no puede esperar.
La trufa y a noticia me revuelven en el estomago. ¡Se va!
Pienso en Natsuhi. Él y ella juntos en Alemania. El aguijón
de celos vuelve a picarme.
-¿Regresaras con Natsuhi?-pregunto, incapaz de mantener la
boca cerrada.
-No, imagino que ella habrá regresado hoy. Y, en lo que
concierne a Natsuhi, es una colega de trabajo y amiga. Solo eso. Me confesó
esta mañana la visita a tu habitación y…
-¿Has pasado la noche con ella?-No.
Su contestación no me convence.- ¿Has jugado esta noche con
ella? Se recuesta en el sofá y asiente.-Eso si.
Lo imito. Pero mi humor ha cambiado.
-Me gusta jugar, no lo olvides. Y tu debes hacerlo tambien.
¡Oh…! ¡Qué bonito escuchar aquello!
Me tenso, pero no me puedo quejar. Él siempre ha sido claro
al respecto y no lo puedo negar. Pero como soy un cotilla, insisto n
interrogarlo.
-¿Lo pasaste bien?
-Lo habría pasado mejor contigo.-Si, claroooooooo…
-Tú me proporcionas un inmenso morbo y un maravilloso
placer. Actualmente, eres el doncel que más deseo. No lo dudes, pequeño.
-¿Actualmente?-Si, Sasu.
Eso me gusta, pero me disgusta al mismo tiempo. ¿Me estaré
volviendo loco o soy masoquista profundo además de atontado?
-¿Entre todos os donceles y mujeres con los que
juegas-pregunto, deseoso de saber más-, existe alguno o alguna especial?
Naruto me mira.
Entiende perfectamente mí pregunta. Pone una mano sobre mí
muslo y añade:-No.
-¿Nunca lo ha habido?-La hubo.- ¿Y? Clava su intensa mirada
en mí y me traspasa con ella.
-Y ya no esta en mí vida.-¿Por qué?
-Sasu…no quiero hablar de ello.. Pero si deseo que sepas que
solo tú has conseguido que coja un avión y te busque con desesperación.
-¿Eso debe alegrarme?-pregunto sarcástico.-No.
Su contestación vuelve a desconcertarme. ¿A que estamos
jugando?-¿Por qué no debe alegrarme?
Naruto piensa y medita bien su respuesta.-Porque no quiero
hacerte sufrir. Aquello me deja sin palabras. No sé qué contestarle.
-Quizá sea yo el que te haga sufrir a ti-contesto, con toda
la chulería que hay en mí.
Me mira…lo miro…
Tras un incómodo silencio, suena mí móvil. Es Mabui, mí
amiga de Barcelona. Me levanto y, y le digo que estoy en Madrid y que ya le
llamaré. Naruto no se ha movido. Se ha limitado a mirarme casi sin pestañear.
Mi brazo esta mejor. No me duele, así que vuelvo al ataque.
-¿Por qué crees que puedes hacerme sufrir?-No lo creo…lo sé.
-No me vale esa contestación. ¿Por qué?
Naruto me observa en silencio. Tengo la sensación de que
estoy a punto de explotar, como una cafetera a presión.
.Tú eres un buen doncel que merece a alguien mejor.-¿A
alguien mejor?-Si.
Me muevo inquieto. Se de lo que habla, pero quiero que se
exprese con claridad.-Cuando te refieres a alguien es…
-Me refiero a alguien que te cuide y te trate como tú te
mereces. ¿Quizá ese tal Neji?
Escuchar aquel nombre me deja sin palabras.
-No metas a Neji en esto, ¿entendido?
Naruto asiente. Volvemos a quedarnos en un más que incómodo
silencio.-Mereces a alguien que te diga bonitas palabras de amor. Te las
mereces.-Tú ya lo haces, Naruto.
-No, Sasu, no mientas. Eso no lo hago.
Intento relajar el ambiente, se esta volviendo espeso.
-Vale…nunca me dices cosas cariñosas pero me tratas bien y
veo que te preocupas por mí. ¿Por qué me dices todo esto?
-Sasu…sé realista-endurece su voz-. ¿La palabra
<<sexo>> te da alguna pista? Sonrío con amargura. Él se da cuenta.
-Si, claro que me da pistas-digo, interrumpiendo lo que
estaba a punto de decir él-. Me indica que entre tú y yo el sexo es lo que nos
unió. Pero cuando dos personas se conocen y se atraen, lo primero que tiene que
surgir entre ellos es química. Y tú y yo tenemos química.
-¿Con ese tal Neji tambien existe química?
De nuevo lo menciona. Eso me molesta. Me enfurece ¿Qué le
pasa con Neji?
-Espero tu respuesta, Sasu-insiste, al ver que no contesto.
-Vamos a ver, ¿quieres olvidarte de Neji de una vez? Eso
pertenece a mí vida privada. ¿Te pregunto yo por tu vida privada?-El niega con
la cabeza y yo añado-: No entiendo donde quieres ir a parar, no creo haberte
pedido nada y…
-Y yo no te daré nada que no sea sexo.
Su tajante respuesta me corta la respiración. No entiendo
sus cambios de humor. Tan pronto me mira con devoción como me dice que entre
nosotros solo hay y habrá sexo.
-Me parece muy bien tu respuesta, Naruto. Soy lo
suficientemente mayorcito como para poder elegir con quién quiero acostarme y
con quién no.
-Por supuesto, y espero que lo hagas. Pero yo no te he dado
opción.- ¿Ah, no?
-No, Sasu. Simplemente me gustaste y fui a por ti. Algo que
hago siempre que alguien me atrae.
Aquella respuesta me toca la fibra sensible.
-¡Gilipollas!-le grito, enfurecido-. En ese momento te estas
comportando como un autentico gilipollas.
No se mueve. No contesta.
Naruto se limita a mirarme y a aceptar mis insultos.
-Sasu…insúltame si quieres. Pero sabes que es la verdad. Fui
yo quien desde el primer día que te vi provoqué todo lo ocurrido. En el
archivo. En el restaurante donde te llevé. En la habitación de mí hotel cuando
miré como otro doncel te poseía. En el bar de intercambio de Barcelona. Tú nuca
hubieras hecho nada de eso. Pero yo te he llevado a mí terreno. Acéptalo,
pequeño.
-Pero, Naruto…
-Hace un rato que me has dicho que no quieres entrar en mis
juegos, ¿lo has olvidado?
Tiene razón…vuelve a tener razón.
-Me gusta todo lo que hago contigo-respondo, perdiendo toda
la razón que él dice que tengo-.Tu juego me atrae y…
-Lo sé, pequeño lo se-dice mientras me toca la pierna-. Pero
eso no quita que yo piense que no soy el hombre que te mereces y que quizá otro
te haga más feliz.-Esta claro en quién esta pensando, pero esta vez no dice su
nombre-. Mira, Sasu, me gusta el sexo, el morbo y adoro ver disfrutar a un
doncel. En ese momento, ese doncel eres tú, pero ha algo en mí que e dice que
pare, que tú no deberías entrar en mí juego o…
.No soy el santo que tú crees. He tenido varias relaciones
y…
Eso lo hace sonreír y me interrumpe:
-Sasu…créeme que para mí eres un santo. Lo que tú has hecho
con tus anteriores relaciones, nada tiene que ver con lo que yo quiero que
hagas conmigo.
El estomago se me contrae.
Pensar en lo que él quiere hacer conmigo me reseca el
paladar.
-¿Qué quieres hacer conmigo?
-De todo, Sasu, contigo quiero hacer de todo.- ¿Hablamos
solo de sexo?
Esa pregunta lo pilla por sorpresa.
Sus ojos no me engañan. Sé que hay algo que se guarda para
él y necesito saber qué es.
-No. Y ese es el problema. No debo permitir que te encarnes
conmigo.-Pero ¿Por qué? No responde.
Se limita a acercar su frente a la mía y a cerrar lo ojos.
No quiere mirarme. No quiere responder. Sé que le pasa como a mí. Siente algo
más, pero no quiere aceptarlo.
¿Qué ocurre? ¿Qué le pasa?
Así permanecemos durante unos minutos, hasta que yo acerco
mí boca a la suya y susurro:
-Te deseo.
Naruto sigue con los ojos cerrados. De pronto, parece muy
cansado. No entiendo que le ocurre.
-Hoy no, pequeño. Un mal movimiento y te puedo hacer daño en
el brazo.-Pero si ahora no me duele…-me quejo.-Sasu…
-Te deseo y quiero hacer el amor contigo, ¿es tanto pedir?
Pronto te irás y, por tus palabras, no sé si cuando regreses volveremos a estar
juntos.
Mis palabras lo conmueven.
Se lo veo en la cara. Finalmente acerca su boca a mí boca y
me da un dulce beso lleno de cariño.
-¿Puedo quedarme contigo esta noche? Asiento. Quiero que se
quede siempre.
Pero sus palabras y en especial su mirada me suenan a despedida
e, inexplicablemente, los ojos se me llenan de lágrimas. Naruto me las seca,
pero no habla. Después se levanta y me tiende la mano. Se la tomo y juntos
vamos hasta mí habitación.
Una vez allí se desnuda mientras lo observo. Naruto es
grande, fuerte y sensual.
Su porte es soberbio y varonil y eso me humedece no solo la
boca.
En cuanto esta desnudo, saca de debajo de mí almohada mí
pijama del Demonio de Tasmania, se sienta en la cama y yo me acerco a él. Dejo
que me desnude. Lo hace lentamente y con mimo, sin apartar sus ojos de los
míos. Cuando me tiene desnudo, se levanta y me abraza. Me abraza y me aprieta
con delicadeza contra él y siento que, a pesar de todo lo grande que es, se
refugia en mí.
Estamos desnudos. Piel con piel. Latido con latido.
Agacha su cabeza en busca de mí boca. Se la doy. Se la
ofrezco. Soy suyo sin que me lo pida.
Sus labios se posan sobre los míos con una exquisitez y una
delicadeza que me pone toda la carne de gallina y después hace eso que tanto me
gusta. Me pasa su lengua por el labio superior y después por el inferior, y
cuando espero el ataque a mí boca hace algo que me sorprende. Me coge con las
dos manos la cabeza y me besa con sutileza.
Su húmeda lengua pasea con deleite por el interior de mí
boca y yo le dejo hacer mientras siento entre mis piernas mí humedad y su
erección. Cuando su dulce y pausado beso me ha robado el aliento, se separa de
mí y se sienta de nuevo en la cama. No deja de mirarme y, atraído como un imán,
me siento a horcajadas sobre él.
-Pequeño…-me dice con su voz ronca-.Cuidado con tu brazo.
Asiento hipnotizado, mientras noto las yemas de sus dedos
subir por mí columna y dibujar circulitos sobre mí piel. Cierro los ojos y
disfruto del contacto y la finura de sus dibujos. Cuando los abro, su boca
busca la mía y me besa con dulzura mientras me aprieta contra él. Tranquilos y
pausados, permanecemos durante más de diez minutos prodigándonos mil caricias,
hasta que mí impaciencia hace que me levante sobre sus piernas y yo mismo
introduzca su duro y excitado pene en mí interior.
Mi carne se abre para recibirlo y jadeo al sentir su
invasión. Naruto cierra los ojos con fuerza y siento que se contrae para
mantener su autocontrol. Lentamente muevo mis caderas en círculos en busca de
nuestro placer. Espero un azote, un fuerte empellón que me traspase, pero no.
Naruto solo me mira y se deja llevar como una ola en calma por mis movimientos.
-¿Qué te ocurre?-susurro, inquieto-.¿Que te pasa?-Estoy
cansado, cariño.
Su erótica voz al llamarme cariño, sus palabras y la
suavidad de sus dedos al pasar por mí cuerpo me avivan.
¡Ahora lo entiendo!
Intenta hacer lo que le acabo de pedir. Me hace el amor.
Nada de azotes. Nada de fuertes penetraciones. Nada de exigencias. Pero en ese
momento, hundido dentro de él, yo no quiero eso. Yo quiero acceder a sus
caprichos, a sus reclamaciones. Quiero que su placer sea mí placer. Quiero…quiero…quiero.
Conmovido por el control que veo en su mirada, me dejo
llevar por mí placer, decido aprovechar lo que hace por mí y hacerlo cambiar de
idea para que me posea como yo deseo que lo haga. Acerco su boca a mis pezones.
Naruto los acepta y los lame con docilidad, con mimo. El calor se apodera de
mí, mientras siento que él ha dejado en mis manos el momento. Me muevo muevo en
círculos en busca de mí propio placer y lo consigo. Jadeo. Me aprieto contra
él. Chillo y vuelvo a jadear. Su cuerpo tiembla mientras el mío vibra
enloquecido porque su lado rudo y salvaje tome los mandos de la situación y me
penetre con avidez.
¡Lo necesito! ¡Lo anhelo!
Quiero que mis demandas sean las suyas, pero Naruto se
niega. No quiere entrar en mí juego y, finalmente, cuando el calor inunda mí
atizado deseo, apoyo mis brazos en sus muslos y soy yo el que me muevo con
brusquedad. Busco mí placer, me muero por encontrarlo. Cuando el orgasmo me
llega, grito y me arqueo sobre él y, entonces, Naruto me agarra de la cintura.
Siento la tensión de sus manos, como me aprieta una sola vez hacia él y luego
se deja llevar en silencio.
Permanezco abrazado a él unos minutos. No entiendo por que
se ha comportado así.-Sasu…a esto me refiero. Para que yo disfrute en el sexo,
necesito mucho más. Me niego a mirarlo.
Me niego a dejar de abrazarlo.
No quiero que esto acabe y, menos aún, perderlo.
Pero, finalmente, Naruto se levanta de la cama y me arrastra
con él. Coge un pañuelo de papel de mí mesilla y me limpia. Después se limpia
él. Sin hablar, coge el pijama del Demonio de Tasmania. Me pone el culotte y
después la camiseta de tirantes. Él se pone los calzoncillos. Apaga la luz y me
obliga a tumbarme junto a él. Esta vez me da la vuelta y me agarra por detrás.
Teme hacerme daño en el brazo. No hablamos. No decimos nada. Solo intentamos
descansar mientras los dos oímos el sonido de nuestras respiraciones en nuestra
despedida.
Continuara…
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