capitulo 18
La reunión se alarga más de lo esperado y no salimos de las
oficinas hasta las ocho y media de la tarde. El rostro de Naruto es serio. La
tal Natsuhi, para mi gusto, es una tocapelotas, no ha hecho más que poner
impedimentos a todo lo que se hablaba.
Nos montamos en la limusina, con Natsuhi. Durante el
trayecto, Naruto va parapetado tras una mascara de hostilidad que no me gusta y
me pide varios papeles. Se los entrego. Él y Natsuhi los miran mientras sin
parar.
Cuando llegamos al hotel deseo correr a la habitación y
desnudarme como él me ha pedido. No he podido parar de pensar en ello. Naruto y
yo. Naruto sobre mí. Naruto poseyéndome. Pero mi gozo se va a un pozo cuando le
oigo decir:
-Señorito Uchiha, ¿le apetece cenar con Natsuhi y conmigo?
Eso me paraliza. Aquella pregunta, en realidad, debería ser:
<<Natsuhi, ¿le apetece cenar con el señorito Uchiha y conmigo?>>.
Siento que la furia se concentra en mi estomago. Ardo por
dentro. Aunque, esta vez, mi ardor nada tiene que ver con el deseo. Percibo la mirada
de aquella mujer sobre mí. En el fondo, le joroba tanto como a mí compartir la
compañía de Naruto.
-Muchas gracias por la invitación, señor Namikaze-respondo,
dispuesto a darle el gusto-, pero tengo otros planes.
Para no variar, Naruto pone cara de sorpresa. Por su mirada,
sé que esperaba cualquier otra contestación menos aquella. ¡Eso por listillo!
Doy buenas noches y me marcho. Siento la mirada de Naruto en mi espalda pero
continuo mi camino. ¡Para chulo, yo! Cuando llego al ascensor y las puertas se
cierran consigo respirar. Y cuando entro en mi habitación grito frustrado.
-¡Imbécil! Eres un imbécil.
Irascible hasta con el aire que me roza, me dirijo hacia el
baño. Miro la bañera pero finalmente decido darme una ducha. No quiero pensar
en Naruto, ¡que le den! Salgo de la ducha. Me seco el pelo y me obligo a ser el
doncel con carácter que siempre he sido. Suena el teléfono de la habitación. No
lo cojo. Abro rápidamente mi móvil. Tres llamadas pérdidas de mi hermano. ¡Que
pesadilla! Decido llamarlo en otro momento y telefoneo a una amiga de
Barcelona. Como es de esperar, se vuelve loca al saber que estoy en la ciudad y
quedo con ella. Apago el móvil. Nadie me va a chafar mi alegría, y menos
Naruto.
Así que ansioso por salir de allí lo antes posible sin ser
visto, me pongo me pongo un pantalón corto y una camiseta y los tenis. Hace un
calor horroroso y este conjunto me viene de perlas. Cuando estoy preparado cojo
mi mochila pequeña. Abro la puerta con cuidado y miro el pasillo. No hay moros
en la costa y salgo. Pero sé que Naruto está en la suite de al lado y en vez de
esperar el ascensor me escabullo por las escaleras. Bajo cinco tramos y
finalmente cojo el ascensor.
Sonrío por mi proeza y cuando llego a recepción y salgo por
las puertas del hotel Arts, casi doy saltos de alegría. Pero esta dura poco. De
pronto soy consciente de que he dejado vía libre a esa loba de Natsuhi y la
mala leche se instala de nuevo en mí.
Cojo un taxi y le doy la dirección. Mi amiga Mabui me espera
allí. Cuando llego al lugar, rápidamente la veo. Esta guapísima y rápidamente
nos fundimos en un sincero abrazo. Mabui y yo somos amigos de toda la vida. Mi
madre era catalana y, hasta que murió, íbamos todos los veranos a Hospitales.
-Dios, nene ¡que guapo estás!-me grita.
Tras una enorme tanda de besos, abrazos y piropos, cogidos del brazo nos encaminamos hacia el
puerto. Mabui sabe que me gusta la pizza y vamos a un restaurare que sabe que
me encantará. Para no perder la costumbre, comemos de todo, regado con litros
de Coca-Cola y no paramos de cotorrear durante horas. Sobre las dos de la
madrugada estoy cansado y quiero regresar al hotel. Nos despedimos y quedamos
en llamarnos al día siguiente.
Feliz por la velada con Mabui regreso al hotel lleno de
energía. Mabui es tan positiva y tan vitalista que estar con ella siempre me
llena de felicidad.
Cuando el taxi se detiene en la preciosa entrada del hotel
Arts, pago al taxista, me despido de él y me bajo sin fijarme que una limusina
blanca esta parada a la derecha.
Camino con decisión hacia la puerta cuando oigo una voz
detrás de mí:-¡Sasuke!
Me doy la vuelta y el
corazón me da un vuelco. En el interior de la limusina, por la ventanilla, veo
el rostro pétreo de Naruto, alias Iceman. Mi estomago se contrae. El rictus de
su boca me hace saber que esta enfadado y su mirada me lo ratifica. Intento que
no me importa. Con chulería camino hacia el coche lentamente. Noto que sus ojos
me recorren entero, pero no se mueve. Cuando llego hasta él, me agacho para
mirar por la ventanilla abierta.
-¿Dónde estabas?-gruñe.-Divirtiéndome.
Un incómodo silencio se cierne entre los dos, hasta que
decido claudicar.- ¿Qué tal tu noche? ¡Lo has pasado bien con Natsuhi? Naruto
resopla. Sus ojos me fulminan.
-Deberías haberme dicho donde estabas-gruñe de nuevo-. Te he
llamado mil veces y…
-Señor Namikaze-lo interrumpo y, con voz de pleitesía, añado
educadamente-: Creo recordar que me dio la opción de decidir si quería o no
cenar con usted y la señorita Natsuhi… ¿No lo recuerda?
No contesta.
-Simplemente decidí divertirme tanto o más que usted y me
doy cuenta de que sus nudillos están blancos por la furia. De repente, abre la
puerta de limusina.
-Entra-exige.
Lo pienso unos segundos. Los suficientes como para cabrearlo
más. Al final, decido entrar. En realidad, todo yo lo esta deseando. Cierro la
puerta. Naruto me mira desafiante y, sin retirar su mirada de mí, toca un botón
de la limusina.
-Arranque.
Noto que el coche se mueve.
-Para su información, señorito Uchiha-añade, con la
mandíbula tensa-, la cena con la señorita Natsuhi fue una cena de compromiso y
negocios. Y, como exige el protocolo, usted es el secretario y usted era el que
debía invitar a la cena, no a Natsuhi.
Muevo mi cabeza afirmativamente. Tiene razón. Lo sé, pero
igualmente me cabrea. En algunas ocasiones no pudo evitar ser un bocazas y esta
es una de ellas. Sin querer dar mi brazo a torcer, respondo:
-Espero que al menos lo haya pasado bien en su compañía.
La mirada de Naruto me abrasa, mientras él se mantiene a
escasos centímetros de mí, sin acercarse. Su perfume embriaga todos mis
sentidos y cientos de maripositas comienzan a aletear en mi bajo vientre.
-Le aseguro, me crea o no, que hubiera disfrutado más de su
compañía. Y antes de que siga comportándose con un niño malcriado, exijo saber
con quién ha estado y donde. Llevo horas esperando su regreso, sentado en esta
limusina, y quiero una explicación.
Eso me saca de mi mutismo de indiferencia.
-¿En serio llevas horas esperándome a la puerta del hotel?
-Si.
Mi parte de princesa que aún cree en los cuentos de hadas
salta de alegría. ¡Me ha estado esperando!
-Naruto, que mono eres-murmuro, con voz dulce-. Lo siento.
Yo creía que…Noto que sus hombros se relajan.
-Vaya…-me pregunta, sin variar su duro tono de voz-. ¿Vuelvo
a ser Naruto, señorito Uchiha?
Eso me hace sonreír. Él no mueve ni un músculo. ¡Ay, mi
Iceman! Y, como ya me ha tocado la fibra tontorrona, me acerco más a él. Siento
que su cara se normaliza.
-Naruto…lo siento.
-No lo sientas. Procura comportarte como un adulto. No creo
pedir tanto. Vale. Me acaba de llamar niñato.
En otras circunstancias, me hubiera bajado del coche y le
hubiera dado con la puerta en las narices, pero no puedo. Su magia ya me ha
hechizado. Sigue sin mirarme, pero yo no desisto.
-Llevo todo el día pensando en desnudarme para ti. Y cuando
me dijiste eso de la cena con Natsuhi yo…
No me deja terminar la frase. Clava sus ojazos en mí y me
interrumpe:- Este viaje es fundamentalmente de trabajo. ¿Acaso lo has olvidado?
La dureza con la que se dirige a mí rompe el encanto del
momento y, con ello, mi tregua. Mi gesto cambia, Mi gesto cambia. Mi
respiración se acelera y no puedo evitar sacar mí genio español.
-Se muy bien que este viaje es de trabajo. Lo dejamos claro
antes de salir de Madrid. Pero hoy tú has interrumpido una reunión, has echado
a todos fuera de la sala y luego me has quitado el boxers. Tú qué te crees,
¿Qué yo soy de piedra? ¿ O un juguete más de tus juguetitos?- Como no responde,
prosigo-: Vale, yo he aceptado este viaje. Yo tengo la culpa de verme en esta
situación contigo y…
-¿Ahora llevas boxers o calzoncillos?
Lo miro boquiabierto. ¿Se ha vuelto loco? Sorprendido por
aquella pregunta, frunzo el ceño y me separo de él.
-Bastante te importará a ti lo que llevo.-Pero mi genio
revienta dentro de mí y le grito como un descosido-: ¡Por el amor de Dios!
¿Estamos discutiendo y tú me preguntas si llevo boxers o calzoncillos?
-Si.
Me niego a contestarle, enfurruñado. Tengo la sensación de
que me va a volver loco.
-Aún no me has dicho con quién has estado esta noche y
dónde. Resoplo. Discutir con él me agota.
Finalmente, me dejo caer en el respaldo del asiento del
coche y me rindo.-He cenado con mi amiga Mabui en el puerto y llevo
calzoncillos. ¿Algo más?-¿Solos?
-Pues si. Solos. Cuando Mabui y yo nos juntamos, nos gustar
hablar, hablar y hablar.
Mi contestación parece contarlo y veo que el rictus de su
boca se suaviza. Me mira. Lo siento moverse en el asiento y acercarse a mí,
como si quisiera besarme.
-Dame tus calzoncillos-me dice.
-Pero bueno, ¿por qué te tengo que dar mis
calzoncillos?-protesto.
Naruto sonríe y me besa. ¡Por fin una tregua! Después de
besarme se separa de mí.
-Porque la ultima vez que estuve contigo no los llevas y no
te he dado permiso para que te los pongas.
-Vaya. Entonces, ¿me estas diciendo que debería haber salido
por Barcelona sin calzoncillos? –Veo que mi broma no le hace gracia, y murmuro,
quitándome los pantalones los pantalones con rapidez para después quitarme los
calzoncillos y una vez quitados volver a ponerme los pantalones-: Toma los
puñeteros calzoncillos.
Los coge con sus manos y se los mete en el bolsillo del
pantalón de lino que lleva. Está guapísimo con ese pantalón ancho y la camiseta
azulona. Me mira mis piernas. Las toca y su mirada sube hacia mis pezones. Me
toca los pezones por encima de la camiseta.
-Siéntate frente a mí.
Sin rechistar me cambio de asiento y quedo frente a él.
Alarga la mano y toca mis piernas.
-Me encanta tu suavidad.
Mi corto pantalón me llega hasta los muslos y él me lo
desabrocha y me baja el pantalón un poco. Luego me hace abrir las rodillas.
-Excelente y tentador.
Noto que comienzo a respirar más fuerte. Voy a cerrar las
piernas pero él no me deja.
-Mantenlas abiertas para mí.
Siento que se avecina sexo y me desconcierta no saber
cuándo, ni como. Pero todo yo comienzo a excitarme. Lo deseo.
El coche se detiene. Naruto me sube el pantalón y lo abrocha
y, dos segundos después, la puerta se abre. Estamos ante un local de copas cuyo
letrero reza <<Chiang>>.
Naruto me da la mano para bajar de la limusina y el aire se
enreda entre mis piernas. Me estremezco. Mi pantalón es muy corto y sin
calzoncillos me siento incomodo y desnudo. Naruto me pone una mano en la
espalda y el portero del local abre la puerta. Naruto le dice algo y este nos
deja pasar.
Una vez en el interior, la música y el murmullo de la gente
nos envuelve. Noto la mano de Naruto sobre mi trasero y eso vuelve a excitarme.
Me guía hasta la barra y allí pedimos algo de beber. El camarero le pone a él
un Whisky solo y a mí un ron con Coca-Cola. Le doy un enorme trago. Estoy
sediento. Miro a mí alrededor. Movido por la curiosidad, y veo cómo la gente
habla y ríe animada, cuando siento que se acerca a mí oído.
-Tu mal comportamiento de esta noche conlleva un castigo. Lo
miro, sorprendido.
-Señor Namikaze, me gustas mucho pero como se te ocurra
tocarme un pelo de una forma que yo considere ofensiva, te aseguro que lo
pagarás.
Con su superioridad de siempre sonríe. Da un trago a su
copa, se acerca hasta mi cara y murmura poniéndome la carne de gallina:
-Pequeño, mis castigos nada tienen que ver con lo que estas
suponiendo. Recuérdalo.
Sin dejar de mirarnos bebemos de nuestras copas y mi sed,
unida a mis nervios, me lleva a acabar rápidamente con mí bebida. Naruto, al
ver aquello me coge la cabeza y me besa con posesión. Me enloquece y cuando
abandona mi boca murmura:
-Sígueme.
Lo sigo, encantado, mientras él abre camino y permite que
nadie me roce. Su protección me encanta. Es excitante. Segundos después
entramos en otra sala. Esta está menos concurrida. La música no está tan alta y
la gente parece más tranquila. De nuevo, nos acercamos a la barra. Esta vez nos
colocamos en una esquina y él vuelve a pedir las mismas bebidas de antes. El camarero
las prepara y las deja enfrente de nosotros, y junto a ellas deposita una
especie de cubitera con agua y unas servilletas de lino. Naruto coge un
taburete alto y me invita a sentarme. Encantado, lo hago. Mis zapatos ya
comienzan a atormentar mis pies.
Al sentarme, cruzo mis piernas.
Me da pánico que vean que no llevo calzoncillos ya que con
estos pantalones se nota si llevas o no. Naruto me abraza. Coloca sus manos
sobre mi cintura y yo se las pongo alrededor del cuello. Momento romántico.
Esta vez soy yo quien acerca mi boca a la de él, saco mi lengua. Le chupo el
labio superior pero, cuando voy a hacer lo mismo en su labio inferior, sube su
mano de mi cintura a mi nuca y me besa de nuevo con posesión. Mete su lengua en
mi boca y la asalta con autentica pasión, lo que hace que vuelva a sentirme
como si fuera de plastilina entre sus brazos.
-Abre tus piernas para mí, Sasu.
Lo miro unos segundos y, después, lanzo una mirada a mi
alrededor.
Calibro que la oscuridad del lugar y la posición al final de
la barra no dejarán ver que no llevo calzoncillos, aunque abra mis piernas.
Sonrío. Descruzo mis piernas y, sin dejar de mirarlo, hago lo que me pide y
apoyo los zapatos en la barra del taburete.
Naruto posa sus manos en mis rodillas y noto como las sube
muy…muy lentamente. Cuando llega a m cintura desabrocha el pantalón y me lo
vuelve a bajar hasta mis rodillas. Acerca su boca a la mía y, sobre mis labios,
siento que me dice <<me encantas>>. Cierro los ojos y sus manos se
deslizan por la cara interna de mis muslos. Me muevo inquieto. Quiero más.
Estoy nervioso por hacer aquello en un sitio con gente, pero me excita. Él se
da cuenta y pega su boca a mi oreja.
-Tranquilo, pequeño. Estamos en un club de intercambio de
sexo y aquí todo el mundo ha venido a lo mismo.
Eso me asusta.
Horror, pavor y estupor. Naruto gira mi taburete y me hace
mirar a la gente que hay a nuestro alrededor. De pronto soy consciente de que,
en la barra, varios hombres de distintas edades nos miran. Nos observan.
-Todos ellos están deseando meter la mano entre tu
entrepierna-susurra Naruto en oído-. Sus gestos me demuestran que se mueren por
chuparte los pezones, desnudarte y, si yo les dejo, penetrarte hasta que te
corras. ¿No ves su cara? Están excitados y desean atrapar tu pene entre sus
dientes para hacerte chillar de placer.
Mi pulso se acelera. ¡Estoy cardiaco!
Nunca he hecho nada parecido, pero me excita mucho. Mi
respiración se entrecorta. Imaginar lo que Naruto me está narrando me hace
tener calor. Mucho calor. Intento dar la vuelta al taburete, pero Naruto lo
mantiene quieto.
-Dijiste que querías que te contara todo lo que me gusta,
pequeño, y lo que me gusta es esto. El morbo. Estamos es un club privado de
sexo donde la gente folla y se deja llevar por sus apetencias. Aquí la gente se
desinhibe de todo y solamente piensa en el placer y en jugar.
Siento que el cuello me pica… ¡Los ronchones!
Pero Naruto se da cuenta, me sujeta las manos y me sopla.
-En lugares como este-continua-, la gente ofrece su cuerpo y
su placer a cambio de nada. Hay parejas que hacen intercambio, otras que buscan
un tercero para hacer un trío y otras que, simplemente, se unen a una orgía. En
este local hay varios ambientes y ahora estamos en la antesala del juego. Aquí
uno decide si quiere jugar o no y, sobre todo, elige con quién.
Naruto gira el taburete. Me mira a la cara y añade sin
cambiar su gesto:
-Sasu, estoy como loco por jugar. Me explota la entrepierna
y me muero por follarte. Somos una pareja y podemos traspasar la puerta del
fondo del club.
Mi boca esta seca. Pastosa. Cojo la copa y le doy un buen
trago.-Tú ya has estado aquí, ¿verdad’
-Si, en este local y en otros parecidos. Ya sabes que me
gusta el sexo, el morbo, los donceles y las mujeres.
Muevo mi cabeza en un gesto afirmativo. Nos quedamos en
silencio unos breves segundos.
-¿Qué hay tras esa puerta?
-Una salida oscura donde la gente toca y es tocada sin saber
por quien. Después hay una pequeña sala con sillones separada por cortinajes
negros para quienes no quieran llegar hasta las camas, dos jacuzzis, varias
habitaciones privadas para que folles con quien quieras sin ser visto y una
habitación grande con varias camas a la vista de todos juntos al segundo
jacuzzi, donde todo el que quiera se
puede unir a la orgía.
Siento que las piernas me tiemblan. ¿Dónde me ha metido este
loco?
Me alegro de estar sentado o me caería al suelo. Naruto se
da cuenta de mi estado y me aprieta contra él.
-Pequeño…nunca haré nada que tú no apruebes antes. Pero
quiero que sepas que tu juego es mi juego. Tu placer es el mío y tú y yo somos
los únicos dueños de nuestros cuerpos.
-Que poético-consigo decir.
Naruto bebe de su copa con tranquilidad mientras siento que
mi corazón bombea exageradamente. Todo aquello es un mundo extraño para mí, pero
me doy cuenta de que no me asusta, sino que me atrae.
-Escucha, Sasu. Entre nosotros, cuando estamos en lugares
como este o acompañados de gente entre cuatro paredes habrá dos condiciones. La
primera, nuestros besos son solo para nosotros, ¿te parece bien?
-Si.
Eso me alegra. Odio que bese a otro o ha otra y luego me
bese a mí.
-Y la segunda es el respeto. Si algo te incomoda o me
incomoda debemos decirlo. Si no quieres que alguien te toque, te penetre o te
chupe, debes decírmelo y yo rápidamente lo pararé y viceversa, ¿de acuerdo?
-Vale-y en un hilo de voz murmuro-: Naruto…yo…yo no estoy
preparado para nada de lo que has dicho.
Veo que sonríe y me hace un gesto comprensivo con la cabeza.
Después mete su mano entre mis piernas, la pasa por mi
mojado pene y musita:
-Estas preparado, deseoso y húmedo. Pero tranquilo, solo
haremos lo que tú quieras. Como si solo quieres mirar. Eso si, cuando lleguemos
al hotel te follare porque estoy a punto de explotar.
El calor que siento en mi rostro y en mi cuerpo es terrible.
¡Voy a estallar!
Naruto esta muy caliente y siento como sigue paseando su
mano entre mis muslos y pone la palma de su mano en mi pene.
-Estas empapado…jugoso…receptivo. ¿Te excita estar aquí?
Negarlo es una tontería y asiento:
-Si. Pero lo que más me excita son las cosas que dices.
-Mmmm… ¿Te excita lo que digo?-Mucho.
-Eso significa que estas dispuesto a acceder a todos mis
juegos y caprichos y eso me gusta. Me enloquece.
Noto que su mano que su mano presiona mi pene.
Inconscientemente suelto un gemido.
Con su otra mano libre. Naruto coge la mía y la pone sobre
su erección. Toco por encima del pantalón y todo yo me derrito. Esta duro.
Increíblemente duro. Me besa. Me succiona los labios.
-Voy a dar la vuelta al taburete para mostrarte a esos
hombres-dice, a escasos centímetros de mi cara, cuando se separa de mí-. No
cierres los muslos y no te subas los pantalones.
Me abraso. Me quemo. Me acaloro.
Y, cuando Naruto hace lo que dice y quedo abierto de piernas
ante ellos, una explosión salvaje toma mi interior y respiro agitadamente.
Tres hombres me observan. Me comen con sus ojos. Sus miradas
suben mis muslos a mi pene y noto su excitación. Desean poseerme y en cierto
modo lo hacen con la mirada. Anhelan tocarme. De pronto, contra todo pronóstico,
me siento explosivo y perverso y mis pezones se ponen duros como piedras
mientras continúo con las piernas separadas enseñándoles mi intimidad.
Naruto, desde detrás, pega su mejilla a la mía y noto que
sonríe.
Comienza a pasar sus manos por mis muslos, baja más el
pantalón y me los abre más. Me expone más a ellos. Pasa su dedo en la punta de
mi pene. Mete dentro de mí delante de ellos
y después lo saca y lo lleva a mi boca. Lo chupo y, como un vampiro del
cine porno, me relamo mientras observo las miradas perversas de los tres
hombres. En ese instante, Naruto giro rápidamente el taburete y me mira a los
ojos.
-¿Te gusta la sensación de ser mirado? Asiento. Él asiente
también.
-¿Te gustaría que uno o varios de esos tipos y yo nos metiéramos en un reservado contigo y
te desnudáramos?-Me acelero y Naruto continúa-: Te abriría las piernas y te
ofrecería a ellos. Te chuparán y tocarán mientras yo te sujeto y…
Mi pene se contrae y vuelvo asentir.
Cierro los ojos. Solo de escuchar sus palabras ya me
encuentro al borde del orgasmo. Quiero hacer todo lo que dice. Quiero jugar con
él a lo que desee. Estoy tan caliente que me siento dispuesto a hacer cualquier
cosa que quiera que haga, porque, una vez más, Naruto puede con mi voluntad.
Me besa mientras siento la mirada de esos tres tipos en mí
espalda. Naruto se recrea en ello. Me introduce un dedo dentro de mí. Luego dos
y comienza a moverlos en mi interior. Abro más las piernas y me muevo a
sabiendas de que ellos observan lo que hago. Quiero más. Ardo. Me inflamo y,
cuando estoy a punto del orgasmo, Naruto se detiene.
-Mi castigo por tu comportamiento de hoy será que no harás
nada de lo propuesto. Nadie te tocará. Yo no te follaré y ahora mismo nos vamos
a ir al hotel. Mañana, si te portas bien, quizá te levante el castigo.
Abrasado por el momento, apenas puedo dejar de jadear,
mientras la indignación comienza a crecer en mí.
¿Por qué me hace eso?
¿Por qué me lleva esos límites para luego dejarme así? ¿Por
qué es tan cruel?
Naruto me sube el pantalón y me lo arregla, coge una de las
toallitas de hilo que están en la barra y se seca las manos. Iceman ha vuelto.
Me invita a bajar del taburete y me arrastra hacia el exterior del local.
La limusina llega inmediatamente y nos montamos. Hacemos
todo el trayecto hasta el hotel sin hablar. Naruto no me mira. Solo mira por la
ventanilla y veo que su mandíbula está tensa. Acalorado y enfadado por lo
ocurrido, no sé qué pensar. No sé qué decir. He estado a punto de hacer algo
que nunca había pensado por mí mente y ahora me siento defraudado por no
haberlo hecho.
Cuando llegamos al hotel, Naruto me acompaña hasta mí suite.
Quiero invitarlo a entrar. Quiero que me haga lo que lleva diciéndome toda la
noche. Lo necesito. Pero no se acerca a mí. En cuanto entro en la habitación,
sin traspasar el límite de la puerta, él me mira y dice antes de cerrar.
-Buenas noches, Sasu. Que duermas bien.
Cierra la puerta. Se va y yo me quedo como un imbécil,
excitado, frustrado y enfadado.
Continuara…
espero que os haya gustado y como siempre espero vuestros comentarios.
ResponderEliminarhasta mañana ;)!!!