viernes, 26 de septiembre de 2014

Pídeme lo que quieras

capitulo 18

La reunión se alarga más de lo esperado y no salimos de las oficinas hasta las ocho y media de la tarde. El rostro de Naruto es serio. La tal Natsuhi, para mi gusto, es una tocapelotas, no ha hecho más que poner impedimentos a todo lo que se hablaba.

Nos montamos en la limusina, con Natsuhi. Durante el trayecto, Naruto va parapetado tras una mascara de hostilidad que no me gusta y me pide varios papeles. Se los entrego. Él y Natsuhi los miran mientras sin parar.

Cuando llegamos al hotel deseo correr a la habitación y desnudarme como él me ha pedido. No he podido parar de pensar en ello. Naruto y yo. Naruto sobre mí. Naruto poseyéndome. Pero mi gozo se va a un pozo cuando le oigo decir:

-Señorito Uchiha, ¿le apetece cenar con Natsuhi y conmigo?

Eso me paraliza. Aquella pregunta, en realidad, debería ser: <<Natsuhi, ¿le apetece cenar con el señorito Uchiha y conmigo?>>.

Siento que la furia se concentra en mi estomago. Ardo por dentro. Aunque, esta vez, mi ardor nada tiene que ver con el deseo. Percibo la mirada de aquella mujer sobre mí. En el fondo, le joroba tanto como a mí compartir la compañía de Naruto.

-Muchas gracias por la invitación, señor Namikaze-respondo, dispuesto a darle el gusto-, pero tengo otros planes.

Para no variar, Naruto pone cara de sorpresa. Por su mirada, sé que esperaba cualquier otra contestación menos aquella. ¡Eso por listillo! Doy buenas noches y me marcho. Siento la mirada de Naruto en mi espalda pero continuo mi camino. ¡Para chulo, yo! Cuando llego al ascensor y las puertas se cierran consigo respirar. Y cuando entro en mi habitación grito frustrado.

-¡Imbécil! Eres un imbécil.

Irascible hasta con el aire que me roza, me dirijo hacia el baño. Miro la bañera pero finalmente decido darme una ducha. No quiero pensar en Naruto, ¡que le den! Salgo de la ducha. Me seco el pelo y me obligo a ser el doncel con carácter que siempre he sido. Suena el teléfono de la habitación. No lo cojo. Abro rápidamente mi móvil. Tres llamadas pérdidas de mi hermano. ¡Que pesadilla! Decido llamarlo en otro momento y telefoneo a una amiga de Barcelona. Como es de esperar, se vuelve loca al saber que estoy en la ciudad y quedo con ella. Apago el móvil. Nadie me va a chafar mi alegría, y menos Naruto.

Así que ansioso por salir de allí lo antes posible sin ser visto, me pongo me pongo un pantalón corto y una camiseta y los tenis. Hace un calor horroroso y este conjunto me viene de perlas. Cuando estoy preparado cojo mi mochila pequeña. Abro la puerta con cuidado y miro el pasillo. No hay moros en la costa y salgo. Pero sé que Naruto está en la suite de al lado y en vez de esperar el ascensor me escabullo por las escaleras. Bajo cinco tramos y finalmente cojo el ascensor.

Sonrío por mi proeza y cuando llego a recepción y salgo por las puertas del hotel Arts, casi doy saltos de alegría. Pero esta dura poco. De pronto soy consciente de que he dejado vía libre a esa loba de Natsuhi y la mala leche se instala de nuevo en mí.

Cojo un taxi y le doy la dirección. Mi amiga Mabui me espera allí. Cuando llego al lugar, rápidamente la veo. Esta guapísima y rápidamente nos fundimos en un sincero abrazo. Mabui y yo somos amigos de toda la vida. Mi madre era catalana y, hasta que murió, íbamos todos los veranos a Hospitales.

-Dios, nene ¡que guapo estás!-me grita.

Tras una enorme tanda de besos, abrazos y piropos,  cogidos del brazo nos encaminamos hacia el puerto. Mabui sabe que me gusta la pizza y vamos a un restaurare que sabe que me encantará. Para no perder la costumbre, comemos de todo, regado con litros de Coca-Cola y no paramos de cotorrear durante horas. Sobre las dos de la madrugada estoy cansado y quiero regresar al hotel. Nos despedimos y quedamos en llamarnos al día siguiente.

Feliz por la velada con Mabui regreso al hotel lleno de energía. Mabui es tan positiva y tan vitalista que estar con ella siempre me llena de felicidad.

Cuando el taxi se detiene en la preciosa entrada del hotel Arts, pago al taxista, me despido de él y me bajo sin fijarme que una limusina blanca esta parada a la derecha.

Camino con decisión hacia la puerta cuando oigo una voz detrás de mí:-¡Sasuke!

Me doy la  vuelta y el corazón me da un vuelco. En el interior de la limusina, por la ventanilla, veo el rostro pétreo de Naruto, alias Iceman. Mi estomago se contrae. El rictus de su boca me hace saber que esta enfadado y su mirada me lo ratifica. Intento que no me importa. Con chulería camino hacia el coche lentamente. Noto que sus ojos me recorren entero, pero no se mueve. Cuando llego hasta él, me agacho para mirar por la ventanilla abierta.

-¿Dónde estabas?-gruñe.-Divirtiéndome.

Un incómodo silencio se cierne entre los dos, hasta que decido claudicar.- ¿Qué tal tu noche? ¡Lo has pasado bien con Natsuhi? Naruto resopla. Sus ojos me fulminan.

-Deberías haberme dicho donde estabas-gruñe de nuevo-. Te he llamado mil veces y…

-Señor Namikaze-lo interrumpo y, con voz de pleitesía, añado educadamente-: Creo recordar que me dio la opción de decidir si quería o no cenar con usted y la señorita Natsuhi… ¿No lo recuerda?

No contesta.

-Simplemente decidí divertirme tanto o más que usted y me doy cuenta de que sus nudillos están blancos por la furia. De repente, abre la puerta de limusina.

-Entra-exige.

Lo pienso unos segundos. Los suficientes como para cabrearlo más. Al final, decido entrar. En realidad, todo yo lo esta deseando. Cierro la puerta. Naruto me mira desafiante y, sin retirar su mirada de mí, toca un botón de la limusina.

-Arranque.

Noto que el coche se mueve.

-Para su información, señorito Uchiha-añade, con la mandíbula tensa-, la cena con la señorita Natsuhi fue una cena de compromiso y negocios. Y, como exige el protocolo, usted es el secretario y usted era el que debía invitar a la cena, no a Natsuhi.

Muevo mi cabeza afirmativamente. Tiene razón. Lo sé, pero igualmente me cabrea. En algunas ocasiones no pudo evitar ser un bocazas y esta es una de ellas. Sin querer dar mi brazo a torcer, respondo:

-Espero que al menos lo haya pasado bien en su compañía.

La mirada de Naruto me abrasa, mientras él se mantiene a escasos centímetros de mí, sin acercarse. Su perfume embriaga todos mis sentidos y cientos de maripositas comienzan a aletear en mi bajo vientre.

-Le aseguro, me crea o no, que hubiera disfrutado más de su compañía. Y antes de que siga comportándose con un niño malcriado, exijo saber con quién ha estado y donde. Llevo horas esperando su regreso, sentado en esta limusina, y quiero una explicación.

Eso me saca de mi mutismo de indiferencia.

-¿En serio llevas horas esperándome a la puerta del hotel?

-Si.

Mi parte de princesa que aún cree en los cuentos de hadas salta de alegría. ¡Me ha estado esperando!

-Naruto, que mono eres-murmuro, con voz dulce-. Lo siento. Yo creía que…Noto que sus hombros se relajan.

-Vaya…-me pregunta, sin variar su duro tono de voz-. ¿Vuelvo a ser Naruto, señorito Uchiha?

Eso me hace sonreír. Él no mueve ni un músculo. ¡Ay, mi Iceman! Y, como ya me ha tocado la fibra tontorrona, me acerco más a él. Siento que su cara se normaliza.

-Naruto…lo siento.

-No lo sientas. Procura comportarte como un adulto. No creo pedir tanto. Vale. Me acaba de llamar niñato.

En otras circunstancias, me hubiera bajado del coche y le hubiera dado con la puerta en las narices, pero no puedo. Su magia ya me ha hechizado. Sigue sin mirarme, pero yo no desisto.

-Llevo todo el día pensando en desnudarme para ti. Y cuando me dijiste eso de la cena con Natsuhi yo…

No me deja terminar la frase. Clava sus ojazos en mí y me interrumpe:- Este viaje es fundamentalmente de trabajo. ¿Acaso lo has olvidado?

La dureza con la que se dirige a mí rompe el encanto del momento y, con ello, mi tregua. Mi gesto cambia, Mi gesto cambia. Mi respiración se acelera y no puedo evitar sacar mí genio español.

-Se muy bien que este viaje es de trabajo. Lo dejamos claro antes de salir de Madrid. Pero hoy tú has interrumpido una reunión, has echado a todos fuera de la sala y luego me has quitado el boxers. Tú qué te crees, ¿Qué yo soy de piedra? ¿ O un juguete más de tus juguetitos?- Como no responde, prosigo-: Vale, yo he aceptado este viaje. Yo tengo la culpa de verme en esta situación contigo y…

-¿Ahora llevas boxers o calzoncillos?

Lo miro boquiabierto. ¿Se ha vuelto loco? Sorprendido por aquella pregunta, frunzo el ceño y me separo de él.

-Bastante te importará a ti lo que llevo.-Pero mi genio revienta dentro de mí y le grito como un descosido-: ¡Por el amor de Dios! ¿Estamos discutiendo y tú me preguntas si llevo boxers o calzoncillos?

-Si.

Me niego a contestarle, enfurruñado. Tengo la sensación de que me va a volver loco.

-Aún no me has dicho con quién has estado esta noche y dónde. Resoplo. Discutir con él me agota.

Finalmente, me dejo caer en el respaldo del asiento del coche y me rindo.-He cenado con mi amiga Mabui en el puerto y llevo calzoncillos. ¿Algo más?-¿Solos?

-Pues si. Solos. Cuando Mabui y yo nos juntamos, nos gustar hablar, hablar y hablar.

Mi contestación parece contarlo y veo que el rictus de su boca se suaviza. Me mira. Lo siento moverse en el asiento y acercarse a mí, como si quisiera besarme.

-Dame tus calzoncillos-me dice.

-Pero bueno, ¿por qué te tengo que dar mis calzoncillos?-protesto.

Naruto sonríe y me besa. ¡Por fin una tregua! Después de besarme se separa de mí.

-Porque la ultima vez que estuve contigo no los llevas y no te he dado permiso para que te los pongas.

-Vaya. Entonces, ¿me estas diciendo que debería haber salido por Barcelona sin calzoncillos? –Veo que mi broma no le hace gracia, y murmuro, quitándome los pantalones los pantalones con rapidez para después quitarme los calzoncillos y una vez quitados volver a ponerme los pantalones-: Toma los puñeteros calzoncillos.

Los coge con sus manos y se los mete en el bolsillo del pantalón de lino que lleva. Está guapísimo con ese pantalón ancho y la camiseta azulona. Me mira mis piernas. Las toca y su mirada sube hacia mis pezones. Me toca los pezones por encima de la camiseta.

-Siéntate frente a mí.

Sin rechistar me cambio de asiento y quedo frente a él. Alarga la mano y toca mis piernas.

-Me encanta tu suavidad.

Mi corto pantalón me llega hasta los muslos y él me lo desabrocha y me baja el pantalón un poco. Luego me hace abrir las rodillas.

-Excelente y tentador.

Noto que comienzo a respirar más fuerte. Voy a cerrar las piernas pero él no me deja.

-Mantenlas abiertas para mí.

Siento que se avecina sexo y me desconcierta no saber cuándo, ni como. Pero todo yo comienzo a excitarme. Lo deseo.

El coche se detiene. Naruto me sube el pantalón y lo abrocha y, dos segundos después, la puerta se abre. Estamos ante un local de copas cuyo letrero reza <<Chiang>>.

Naruto me da la mano para bajar de la limusina y el aire se enreda entre mis piernas. Me estremezco. Mi pantalón es muy corto y sin calzoncillos me siento incomodo y desnudo. Naruto me pone una mano en la espalda y el portero del local abre la puerta. Naruto le dice algo y este nos deja pasar.

Una vez en el interior, la música y el murmullo de la gente nos envuelve. Noto la mano de Naruto sobre mi trasero y eso vuelve a excitarme. Me guía hasta la barra y allí pedimos algo de beber. El camarero le pone a él un Whisky solo y a mí un ron con Coca-Cola. Le doy un enorme trago. Estoy sediento. Miro a mí alrededor. Movido por la curiosidad, y veo cómo la gente habla y ríe animada, cuando siento que se acerca a mí oído.

-Tu mal comportamiento de esta noche conlleva un castigo. Lo miro, sorprendido.

-Señor Namikaze, me gustas mucho pero como se te ocurra tocarme un pelo de una forma que yo considere ofensiva, te aseguro que lo pagarás.

Con su superioridad de siempre sonríe. Da un trago a su copa, se acerca hasta mi cara y murmura poniéndome la carne de gallina:

-Pequeño, mis castigos nada tienen que ver con lo que estas suponiendo. Recuérdalo.

Sin dejar de mirarnos bebemos de nuestras copas y mi sed, unida a mis nervios, me lleva a acabar rápidamente con mí bebida. Naruto, al ver aquello me coge la cabeza y me besa con posesión. Me enloquece y cuando abandona mi boca murmura:

-Sígueme.

Lo sigo, encantado, mientras él abre camino y permite que nadie me roce. Su protección me encanta. Es excitante. Segundos después entramos en otra sala. Esta está menos concurrida. La música no está tan alta y la gente parece más tranquila. De nuevo, nos acercamos a la barra. Esta vez nos colocamos en una esquina y él vuelve a pedir las mismas bebidas de antes. El camarero las prepara y las deja enfrente de nosotros, y junto a ellas deposita una especie de cubitera con agua y unas servilletas de lino. Naruto coge un taburete alto y me invita a sentarme. Encantado, lo hago. Mis zapatos ya comienzan a atormentar mis pies.

Al sentarme, cruzo mis piernas.

Me da pánico que vean que no llevo calzoncillos ya que con estos pantalones se nota si llevas o no. Naruto me abraza. Coloca sus manos sobre mi cintura y yo se las pongo alrededor del cuello. Momento romántico. Esta vez soy yo quien acerca mi boca a la de él, saco mi lengua. Le chupo el labio superior pero, cuando voy a hacer lo mismo en su labio inferior, sube su mano de mi cintura a mi nuca y me besa de nuevo con posesión. Mete su lengua en mi boca y la asalta con autentica pasión, lo que hace que vuelva a sentirme como si fuera de plastilina entre sus brazos.

-Abre tus piernas para mí, Sasu.

Lo miro unos segundos y, después, lanzo una mirada a mi alrededor.

Calibro que la oscuridad del lugar y la posición al final de la barra no dejarán ver que no llevo calzoncillos, aunque abra mis piernas. Sonrío. Descruzo mis piernas y, sin dejar de mirarlo, hago lo que me pide y apoyo los zapatos en la barra del taburete.

Naruto posa sus manos en mis rodillas y noto como las sube muy…muy lentamente. Cuando llega a m cintura desabrocha el pantalón y me lo vuelve a bajar hasta mis rodillas. Acerca su boca a la mía y, sobre mis labios, siento que me dice <<me encantas>>. Cierro los ojos y sus manos se deslizan por la cara interna de mis muslos. Me muevo inquieto. Quiero más. Estoy nervioso por hacer aquello en un sitio con gente, pero me excita. Él se da cuenta y pega su boca a mi oreja.

-Tranquilo, pequeño. Estamos en un club de intercambio de sexo y aquí todo el mundo ha venido a lo mismo.

Eso me asusta.

Horror, pavor y estupor. Naruto gira mi taburete y me hace mirar a la gente que hay a nuestro alrededor. De pronto soy consciente de que, en la barra, varios hombres de distintas edades nos miran. Nos observan.

-Todos ellos están deseando meter la mano entre tu entrepierna-susurra Naruto en oído-. Sus gestos me demuestran que se mueren por chuparte los pezones, desnudarte y, si yo les dejo, penetrarte hasta que te corras. ¿No ves su cara? Están excitados y desean atrapar tu pene entre sus dientes para hacerte chillar de placer.

Mi pulso se acelera. ¡Estoy cardiaco!

Nunca he hecho nada parecido, pero me excita mucho. Mi respiración se entrecorta. Imaginar lo que Naruto me está narrando me hace tener calor. Mucho calor. Intento dar la vuelta al taburete, pero Naruto lo mantiene quieto.

-Dijiste que querías que te contara todo lo que me gusta, pequeño, y lo que me gusta es esto. El morbo. Estamos es un club privado de sexo donde la gente folla y se deja llevar por sus apetencias. Aquí la gente se desinhibe de todo y solamente piensa en el placer y en jugar.

Siento que el cuello me pica… ¡Los ronchones!

Pero Naruto se da cuenta, me sujeta las manos y me sopla.

-En lugares como este-continua-, la gente ofrece su cuerpo y su placer a cambio de nada. Hay parejas que hacen intercambio, otras que buscan un tercero para hacer un trío y otras que, simplemente, se unen a una orgía. En este local hay varios ambientes y ahora estamos en la antesala del juego. Aquí uno decide si quiere jugar o no y, sobre todo, elige con quién.

Naruto gira el taburete. Me mira a la cara y añade sin cambiar su gesto:

-Sasu, estoy como loco por jugar. Me explota la entrepierna y me muero por follarte. Somos una pareja y podemos traspasar la puerta del fondo del club.

Mi boca esta seca. Pastosa. Cojo la copa y le doy un buen trago.-Tú ya has estado aquí, ¿verdad’

-Si, en este local y en otros parecidos. Ya sabes que me gusta el sexo, el morbo, los donceles y las mujeres.

Muevo mi cabeza en un gesto afirmativo. Nos quedamos en silencio unos breves segundos.

-¿Qué hay tras esa puerta?

-Una salida oscura donde la gente toca y es tocada sin saber por quien. Después hay una pequeña sala con sillones separada por cortinajes negros para quienes no quieran llegar hasta las camas, dos jacuzzis, varias habitaciones privadas para que folles con quien quieras sin ser visto y una habitación grande con varias camas a la vista de todos juntos al segundo jacuzzi,  donde todo el que quiera se puede unir a la orgía.

Siento que las piernas me tiemblan. ¿Dónde me ha metido este loco?

Me alegro de estar sentado o me caería al suelo. Naruto se da cuenta de mi estado y me aprieta contra él.

-Pequeño…nunca haré nada que tú no apruebes antes. Pero quiero que sepas que tu juego es mi juego. Tu placer es el mío y tú y yo somos los únicos dueños de nuestros cuerpos.

-Que poético-consigo decir.

Naruto bebe de su copa con tranquilidad mientras siento que mi corazón bombea exageradamente. Todo aquello es un mundo extraño para mí, pero me doy cuenta de que no me asusta, sino que me atrae.

-Escucha, Sasu. Entre nosotros, cuando estamos en lugares como este o acompañados de gente entre cuatro paredes habrá dos condiciones. La primera, nuestros besos son solo para nosotros, ¿te parece bien?

-Si.

Eso me alegra. Odio que bese a otro o ha otra y luego me bese a mí.

-Y la segunda es el respeto. Si algo te incomoda o me incomoda debemos decirlo. Si no quieres que alguien te toque, te penetre o te chupe, debes decírmelo y yo rápidamente lo pararé y viceversa, ¿de acuerdo?

-Vale-y en un hilo de voz murmuro-: Naruto…yo…yo no estoy preparado para nada de lo que has dicho.

Veo que sonríe y me hace un gesto comprensivo con la cabeza.

Después mete su mano entre mis piernas, la pasa por mi mojado pene y musita:

-Estas preparado, deseoso y húmedo. Pero tranquilo, solo haremos lo que tú quieras. Como si solo quieres mirar. Eso si, cuando lleguemos al hotel te follare porque estoy a punto de explotar.

El calor que siento en mi rostro y en mi cuerpo es terrible. ¡Voy a estallar!

Naruto esta muy caliente y siento como sigue paseando su mano entre mis muslos y pone la palma de su mano en mi pene.

-Estas empapado…jugoso…receptivo. ¿Te excita estar aquí?

Negarlo es una tontería y asiento:

-Si. Pero lo que más me excita son las cosas que dices.

-Mmmm… ¿Te excita lo que digo?-Mucho.

-Eso significa que estas dispuesto a acceder a todos mis juegos y caprichos y eso me gusta. Me enloquece.

Noto que su mano que su mano presiona mi pene. Inconscientemente suelto un gemido.

Con su otra mano libre. Naruto coge la mía y la pone sobre su erección. Toco por encima del pantalón y todo yo me derrito. Esta duro. Increíblemente duro. Me besa. Me succiona los labios.

-Voy a dar la vuelta al taburete para mostrarte a esos hombres-dice, a escasos centímetros de mi cara, cuando se separa de mí-. No cierres los muslos y no te subas los pantalones.

Me abraso. Me quemo. Me acaloro.

Y, cuando Naruto hace lo que dice y quedo abierto de piernas ante ellos, una explosión salvaje toma mi interior y respiro agitadamente.

Tres hombres me observan. Me comen con sus ojos. Sus miradas suben mis muslos a mi pene y noto su excitación. Desean poseerme y en cierto modo lo hacen con la mirada. Anhelan tocarme. De pronto, contra todo pronóstico, me siento explosivo y perverso y mis pezones se ponen duros como piedras mientras continúo con las piernas separadas enseñándoles mi intimidad.

Naruto, desde detrás, pega su mejilla a la mía y noto que sonríe.

Comienza a pasar sus manos por mis muslos, baja más el pantalón y me los abre más. Me expone más a ellos. Pasa su dedo en la punta de mi pene. Mete dentro de mí delante de ellos  y después lo saca y lo lleva a mi boca. Lo chupo y, como un vampiro del cine porno, me relamo mientras observo las miradas perversas de los tres hombres. En ese instante, Naruto giro rápidamente el taburete y me mira a los ojos.

-¿Te gusta la sensación de ser mirado? Asiento. Él asiente también.

-¿Te gustaría que uno o varios de esos tipos  y yo nos metiéramos en un reservado contigo y te desnudáramos?-Me acelero y Naruto continúa-: Te abriría las piernas y te ofrecería a ellos. Te chuparán y tocarán mientras yo te sujeto y…

Mi pene se contrae y vuelvo asentir.

Cierro los ojos. Solo de escuchar sus palabras ya me encuentro al borde del orgasmo. Quiero hacer todo lo que dice. Quiero jugar con él a lo que desee. Estoy tan caliente que me siento dispuesto a hacer cualquier cosa que quiera que haga, porque, una vez más, Naruto puede con mi voluntad.

Me besa mientras siento la mirada de esos tres tipos en mí espalda. Naruto se recrea en ello. Me introduce un dedo dentro de mí. Luego dos y comienza a moverlos en mi interior. Abro más las piernas y me muevo a sabiendas de que ellos observan lo que hago. Quiero más. Ardo. Me inflamo y, cuando estoy a punto del orgasmo, Naruto se detiene.

-Mi castigo por tu comportamiento de hoy será que no harás nada de lo propuesto. Nadie te tocará. Yo no te follaré y ahora mismo nos vamos a ir al hotel. Mañana, si te portas bien, quizá te levante el castigo.

Abrasado por el momento, apenas puedo dejar de jadear, mientras la indignación comienza a crecer en mí.

¿Por qué me hace eso?

¿Por qué me lleva esos límites para luego dejarme así? ¿Por qué es tan cruel?

Naruto me sube el pantalón y me lo arregla, coge una de las toallitas de hilo que están en la barra y se seca las manos. Iceman ha vuelto. Me invita a bajar del taburete y me arrastra hacia el exterior del local.

La limusina llega inmediatamente y nos montamos. Hacemos todo el trayecto hasta el hotel sin hablar. Naruto no me mira. Solo mira por la ventanilla y veo que su mandíbula está tensa. Acalorado y enfadado por lo ocurrido, no sé qué pensar. No sé qué decir. He estado a punto de hacer algo que nunca había pensado por mí mente y ahora me siento defraudado por no haberlo hecho.

Cuando llegamos al hotel, Naruto me acompaña hasta mí suite. Quiero invitarlo a entrar. Quiero que me haga lo que lleva diciéndome toda la noche. Lo necesito. Pero no se acerca a mí. En cuanto entro en la habitación, sin traspasar el límite de la puerta, él me mira y dice antes de cerrar.

-Buenas noches, Sasu. Que duermas bien.

Cierra la puerta. Se va y yo me quedo como un imbécil, excitado, frustrado y enfadado.

Continuara…

1 comentario:

  1. espero que os haya gustado y como siempre espero vuestros comentarios.
    hasta mañana ;)!!!

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