viernes, 19 de septiembre de 2014

Pídeme lo que quieras

capitulo 11


Entre risas, insinuaciones y tocamientos nos bebemos casi toda la botella de champán mientras estamos en la bonita y enorme terraza de la suite. Madrid está a mis pies y me encanta mirar a mí alrededor. Todavía le doy vueltas a la proposición que e hizo en el restaurante.

¿Debería aceptarla o rechazarla por lo que significa?

Me encuentro algo achispado. No estoy acostumbrado a beber y menos aún champán. Naruto habla con alguien por el móvil y lo observo. Vestido con esos vaqueros de cintura baja y la camiseta negra me pone a cien. Es fuerte y atlético. El típico hombre de ojos claros y pelo corto que, si lo ves, no puedes evitar mirarlo. Me sorprendo al ver que no lleva ningún tatuaje. Hoy casi todos los hombres de su edad tienen uno. Aunque casi me alegro, porque, con lo que me gustan a mí los tatuajes, se lo estaría chupando todo el día.

Recorro con lascivia su cuerpo. Me detengo en la parte superior de sus vaqueros y entonces me doy cuenta de que tiene desabrochado el primer botón. Me pone. Me excita. Me incita. Me provoca. Instantes después, suelta el móvil y se dirige hacia la cubitera. Me mira y sonríe. Calor. Tengo mucho calor. Sirve unas últimas copas y deja la botella vacía boca abajo. Se acerca a mí, me entrega mi copa y murmura besándome la frente:

-Pasemos al dormitorio.

Los nervios de nuevo se apoderan de mí y siento que mi sexo se contrae. Voy a ponerme zapatos pero él dice que no, así que le hago caso.

Ha llegado el momento que llevo deseando, anhelando e imaginado desde que lo vi esperándome en la puerta de mi casa con el Ferrari.

Cuando entramos en uno de los preciosos y espaciosos dormitorios, clavo mis ojos en la enorme cama. Una King Size. Naruto se mueve por la habitación y, de repente, una sensual música nos envuelve. Se sienta y apoya una mano en la cama. Con la otra sujeta la copa y le da un trago.

-¿Estas preparado para jugar, pequeño?

Mis partes bajas se contraen por la anticipación y siento cómo me humedezco. Viéndolo así, tan sexy, tan varonil… Estoy dispuesto para todo lo que él quiera y consigo responder:

-Sí.

Lo veo asentir.

Se levanta. Abre un cajón.

Saca dos pañuelos de seda negros, una cámara de vídeo y unos guantes. Eso me sorprende y me asusta al mismo tiempo. Pero, incapaz de moverme, me quedo parado a la espera de que se acerque a mí. Lo hace. Pasa su lengua con provocación por mi boca y me aprieta el trasero con su mano.

-Tienes un culito precioso. Estoy deseando poseerlo. Asustado, doy un paso atrás. ¡Estoy demasiado nervioso!

Naruto entiende mi callada respuesta. Da un paso hacia a mí. Me agarra de nuevo mi trasero y mientras vuelve apretarme contra él murmura, excitándome:

-Tranquilo, pequeño. Relájate. Quiero hacerte disfrutar y, cuando estemos haciéndolo, quiero que sientas placer, no dolor. Confía en mí.

Trago el nudo de emociones que tengo atascadas en mi garganta con la intención de decir algo.

-Hoy jugaremos con los sentidos-prosigue-. Pondré esta cámara sobre aquel mueble para grabarlo todo. Así luego podremos ver juntos lo ocurrido, ¿te parece?

-No me gustan las grabaciones…-consigo decir.

Esboza una cautivadora sonrisa. Los ojos le brillan y me mira desde su altura.

-Tranquilo, Sasu. El primer interesado en que no se vea por ahí nada de lo que tú y yo hacemos soy yo, ¿no crees?

Lo pienso durante unos instantes y llego a la conclusión de que tiene razón.

Él es el rico y poderoso. Quien tiene más que perder de los dos. Acepto y él deja la cámara sobre el mueble que había dicho y veo que pulsa un botón. Se acerca de nuevo hacia mí.

-Te taparé los ojos con este pañuelo. ¡Tócalo!

Lo obedezco sin rechistar y siento la suavidad de la tela. Seda.

-Lo que vas a sentir cuando te tenga desnudo en la cama es la misma suavidad que has sentido al tocar el pañuelo.

Escuchar eso me activa de nuevo. Asiento.

-Me encantan tus ojos-murmuro, sin poder contenerme-.Tu mirada.

Naruto me mira unos segundos y, sin hacer referencia a lo que acabo de decir, prosigue:

-Además de taparte los ojos, como sé que te fías de mí, te ataré las manos y las sujetaré al cabecero para que no puedas tocarme.-Cuando voy a protestar me pone un dedo en la boca y añade-: Es su castigo, señorito Uchiha, por haber olvidado el vibrador.

Eso me hace sonreír y miro los guantes con curiosidad. Se los pone y me toca los brazos. La suavidad que siento me encanta. No noto sus dedos. Sólo noto la suavidad que aquellos guantes me proporcionan.

Sin hablar, se sienta sobre la cama y me mira. Rápidamente entiendo l oque quiere y lo hago. Me desnudo. Me quito el vaquero y la camiseta. Repito la misma operación que el día anterior. Me acerco a él vestido con los calzoncillos y siento cómo de nuevo apoya su frente en mi estomago y posa su boca sobre mis calzoncillos. La sensación atiza mi entrepierna y lo siento vibrar. Se quita los guantes y los deja sobre la cama. Me agarra la cintura con sus fuertes manos y me sienta a horcajadas sobre él. Me mira y susurra mientras siento su duro pene entre mis muslos y su aliento sobre mis pezones:

-¿Estas preparado para jugar a lo que yo quiero?-Si- respondo aguijoneado por el deseo.- ¿De verdad?-De verdad.-¿Para lo que sea?-murmura acercándose a mi boca. Poso mis manos en su  corto cabello alborotado y lo masajeo la cabeza.-A todo excepto a…

-Sado-puntualiza, y yo sonrío.

Mis pezones están totalmente expuestos ante él. Con avidez, se los lleva a la boca. Primero uno y después otro. Me endurece los pezones con su lengua y sus dedos y eso me impulsa a gemir.

-Ofréceme tus pezones-pide con voz ronca.

Sentado a horcajadas sobre él, le voy acercando mi pezón a su boca. Cuando va a chuparlos se lo alejo y él me da un azote en le trasero. Ambos nos miramos y las chipas que hay entre los dos parece que vayan a provocar un cortocircuito. Naruto me da otro azote. Pica. Y, no dispuesto a recibir un tercero, le acerco mi pezón a  la boca y lo toma. Lo mordisquea y lo succiona mientras yo se lo entrego.

Miro hacia la cámara.

Me parece increíble que yo esté haciendo eso, pero ni puedo ni quiero parar. Esa sensación me gusta. Naruto y su arrolladora personalidad pueden conmigo y en un momento así estoy dispuesto a hacer todo lo que él me pida.

De pronto, siento sus dedos hurgar por debajo de mis calzoncillos y eso todavía me calienta más.

-Ponte de pie-me ordena.

Le hago caso y veo que él se escurre y se sienta en el suelo entre mis piernas. Lentamente me quita los calzoncillos y, cuando me los saca por los pies, me lo separa, posa sus manos en mis caderas y me hace flexionar las rodillas. Mi sexo. Mi chorreante pene. Todo yo quedo expuesto ante él.

Su exigente boca sonríe y me incita con la mirada para que pose mi pene en su boca. Lo hago y exploto y jadeo nada más notar su contacto. Naruto me agarra por las caderas y me hace apretar mi pene contra su boca. Me siento extraño. Perverso en aquella postura.

Naruto esta sentado en el suelo y yo me encuentro sobre él, moviendo mi sexo sobre su boca. Me gusta. Me enloquece. Me fustiga. Noto cómo el orgasmo crece en mí mientras me agarra por la parte superior de mis muslos y me devora con devoción. Su lengua recorre todo mi pene para después mordisquearlo con los dientes y jadee. Mil sensaciones toman mi cuerpo me dejo hacer. Soy suyo. Mi cuerpo es suyo. Me lo hace saber con su posesión. Y cuando coge mi pene con cuidado con sus dientes y noto que tira de él grito y enloquezco.

El calor de mi pene se extiende por todo mi cuerpo. Entonces, siento que ese ardor queda localizado en mi cara y creo que me voy a correr.

-Túmbate sobre la cama, Sasu-me dice, parándose. Con la respiración entrecortada lo hago. Quiero que continué.

-Ponte más arriba…más. Abre las piernas para que yo pueda ver lo que deseo.-Hago caso y jadea enloquecido-. Así, pequeño…así…enséñamelo todo.

Se quita la camiseta negra y la tira en un lateral de la cama. Sus bíceps son impresionantes. Después los pantalones y, mientras abro las piernas y veo cómo observa la humedad que le enseño, me fijo en que los guantes están a mi lado junto a una caja abierta de preservativos. Con seguridad, coge uno de los pañuelos de seda y se sienta a horcajadas sobre mí.

-Dame tus manos. Se las doy.

Las une y las ata por las muñecas.

Me besa y después me estira las manos atadas por encima de la cabeza y ata el pañuelo a una varilla del cabezal. Respiro con dificultad. Es la primera vez que me dejo atar las manos y estoy nervioso y excitado. Cuando ve que me tiene bien sujeto acerca su cara a la mía y me besa primero un ojo y después el otro. Instantes después, pone ante mí el otro pañuelo oscuro y me lo ata en la cabeza. No veo nada. Sólo oigo la música swing e imagino lo que sucede.

Desnudo y expuesto totalmente a él, siento su boca en mi barbilla. La besa. Quiero moverme pero no puedo. Las ataduras me impiden hacerlo. Su boca baja por mis pezones. Se entretiene con ellos hasta endurecerlos de nuevo y después utiliza sus dedos para excitarlos. Su recorrido sigue bajando hasta llegar a mi ombligo y mi respiración vuelve a acelerarse. Noto cómo su boca llega hasta mi pene, lo besa y me abre más las piernas. Su mano juega con mi pene y siento que resbala por mi humedad. Me succiona y yo jadeo mientras me abro de piernas totalmente para que tome todo lo que quiera de mí.

Me encanta cómo sabes…-lo oigo decir tras saquear durante unos pequeños segundos mi hinchado pene.

Tras decir aquello siento su respiración entre mis muslos hasta que un reguero de dulces besos comienza a bajar hacia mis tobillos. La cama se mueve. Lo oigo alejarse y escucho de repente que la música suena más alta. Respiro más agitado. Deseo que siga, pero me asusta el hecho de no saber qué ocurrirá. Instantes después, siento que la cama se mueve y, por los movimientos, percibo que se está poniendo los guantes. Acierto. Sus manos enfundadas en los guantes comienzan a recorrer despacio mis piernas.

Jadeo…jadeo…jadeo…

¡Solo puedo jadear!

Cuando me dobla las piernas y me separa las rodillas… ¡Oh, Dios! Su boca, de nuevo exigente, se posa en mi sexo en busca de mi hinchado pene. Lo mordisquea y yo grito. Lo estimula con la lengua y yo jadeo. Siento que e nuevo lo coge entre sus dientes, le da toquecitos con la lengua y vuelvo a gritar. La presión que sus manos ejercen sobre mi, acompañada de los movimientos de su boca, me vuelve loco.

Jadeo…jadeo…jadeo e intento cerrar las piernas. No me lo permite.

Sus dientes ahora me mordisquea la punta de mi pene y yo creo morir. Me arqueo, gimo enloquecido y abro más las piernas. Su juego me gusta y me excita. Deseo más y él me lo da. De pronto, siento que introduce algo dentro de mí. Es suave, frío y duro. Lo introduce con cuidado, lo rota y lo saca y vuelve a repetir la operación. Me siento enloquecer de placer y mis caderas se levantan en  busca de más. Su boca vuelve a mi pene mientras me te una y otra vez aquello dentro de mí.

Durante unos minutos, mi cuerpo es su cuerpo. Soy su esclavo sexual. Deseo que no pare y, cuando saca de mi interior lo que me ha metido y su boca vuelve a ponerse en busca de mi hinchado pene, grito de satisfacción al notar que tira de él. Me gusta. Su mano enfundada y suave pasea ahora por mi trasero. Me coge de las nalgas y me aprieta contra su boca. Voy a explotar, mientras uno de sus dedos juega en mi orificio. Hace circulitos sobre él y yo pido más.

El objeto que antes me volvió loco se pasea sobre mi orifico de nuevo. Me excita pero no me lo mete. Sólo lo pasea. De pronto, un orgasmo toma todo mi cuerpo y me convulsiono por la satisfacción, mientras siento que él me suelta las piernas.

-Me encanta tu sabor, pequeño-repite mientras aprieto mis muslos y oigo cómo rasga el preservativo.

Avivado por el deseo más increíble que nunca pudiera imaginar, todo yo ardo. Me quemo. Noto que la cama se hunde y siento su poderoso y musculoso cuerpo a cuatro patas sobre el mío.

-Abre las piernas para mí.

Su voz ordenándome aquello en aquel momento es música celestial para mis oídos. Su cuerpo encaja con el mío. Siento su pene duro contra mi húmedo orificio.

-Pídeme lo que quieras-me dice.

¡Dios! ¡¡Qué frase!! Me pirra cuando la dice.

Mi impaciencia me hace moverme en la cama. No respondo y él exige:- Pídeme lo que quieras. Habla o no continuaré. Parapetado tras el pañuelo, respiro con dificultad.- ¡Penétrame!-consigo decir ante su orden.

Lo oigo sonreír. Noto sus manos sobre mi trasero. ¡Calor! Me toca mi orificio y me abre mi orifico todo lo que puede para introducir la totalidad de su pene en mi interior. Me arqueo. No se mueve, pero siento el latido de su corazón dentro de mí cuando me susurra al oído:

-¿Te gusta así?

Asiento. No puedo hablar. Tengo la boca tan seca que casi no puedo articular palabras.

-¿Te has corrido con lo ocurrido anteriormente?-Si.

-¿Has sentido placer?-Si…

Lo oigo resoplar y me da un azotito en la nalga.-Perfecto, pequeño…Ahora me toca a mí.

Contengo un gemido mientras siento que mi cuerpo vuelve a arder. Me pellizca suavemente los pezones.

-Estas húmedo y dispuesto…Me encanta.

Siento que la cama se mueve de nuevo. Y sin sacar su pene de mi interior se pone de rodillas sobre la cama. Me sujeta las caderas con las manos y comienza un bombeo infernal. Dentro…fuera…dentro…fuera.

Fuerte…fuerte…

Me dala sensación de que me va a partir en dos, pero por el placer.-¿Te gusta que te folle así?-me pregunta entre susurros.-Si…si…

Dentro…fuera…dentro…fuera.

Mi cuerpo vuelve a ser suyo. No quiero que pare.

Oigo sus gruñidos, su respiración entrecortada a escasos metros de mí. Su fuerza me puede y, a pesar de que sus manos, ahora sin guantes, me aprieten las caderas, no me quejo y abro mis piernas para él. Me corro. Sin poder ver la escena, me la imagino y eso me vuelve más loco todavía. Soy como un muñeco entre sus manos y paladeo la plenitud de su posesión. Entonces se inclina sobre mí y, tras un salvaje embestida final, oigo su gruñido de satisfacción.

Instantes después y aún con las respiraciones entrecortadas, me da un beso fuerte y posesivo. Cuando se separa de mí, me desata las manos. Después las coge con mimo y me besa las muñecas. Me retira el pañuelo de los ojos y nos miramos.

-¿Todo bien, pequeño?

Ensimismado y algo dolorido por la penetración tan profunda, asiento.-Si.

Me doy cuenta que yo sólo digo si…si…si…pero es que no puedo decir otra cosa excepto << ¡Si!>>.

Él sonríe. Se levanta de la cama. Se quita el preservativo y se marcha hacia el baño.

-Me alegra saberlo.

Su rara frialdad en un momento como aquél me desconcierta. Lo veo desaparecer y miro la habitación. Mis ojos se paran en la cámara de video. Me muero por ver lo grabado. Encojo las piernas y me levanto. Camino desnudo hacia el baño. Escucho la ducha.

¡Quiero ducharme!

Naruto me ve entrar al baño. Está junto aun neceser y, al verme reflejado en el espejo, se molesta y lo cierra.

-¿Qué haces aquí?

Su voz me paraliza. ¿Qué le pasa?-Tengo calor y quería ducharme. Con el ceño fruncido responde:-¿Te he pedido
que te duches conmigo? Lo miro extrañado. Pero ¿qué le ocurre?

Sin contestarle y enfadado, me doy la vuelta. ¡Que le den! Pero entonces siento su mano húmeda sujetando la mía. Me suelto y gruño:

-¿Sabes? Odio cuando te pones tan borde. Ya sé que lo nuestro es sólo sexo, pero no entiendo que estés bien conmigo y, de pronto, en una fracción de segundo, todo cambie y te vuelvas un insensible. Pero, bueno, ¿por qué me tienes que hablar así?

Naruto me mira. Veo que cierra los ojos y finalmente me acerca a él. Me dejo abrazar.

-Lo siento, Sasu…Tienes razón. Disculpa mi tono de voz. Estoy enfadado.

Intento soltarme pero él no me deja. Me coge en volandas, me lleva hasta el interior de la enorme ducha, me suelta y dice mientras el agua nos moja:

-Date la vuelta.

Veo sus intenciones y me niego, furioso.- ¡No!

Él sonríe. Tuerce la cabeza y murmura cogiéndome de nuevo entre sus brazos:-De acuerdo.

Al estar en volandas sobre él siento su pene duro contra mis piernas. Lo miro y él acerca su boca hasta la mía. Rápidamente me echo hacia atrás.

-¿Qué haces?-La cobra.-¿La cobra?-repite, sorprendido. Su cara de desconcierto me hace gracia. Mi mala leche se disipa.

-En España se llama <<hacer la cobra>> cuando alguien te va a besar y te retiras-le aclaro.

Es le hace reír y su risa de nuevo puede conmigo. Inconscientemente rodeo su cintura con mis piernas.

-Si te beso, ¿me harás la cobra de nuevo?-me pregunta, sin acercarse a mí. Pongo cara de pensar, pero cuando siento su duro pene murmuro:- No…si me follas. ¡Dios! ¿Qué he dicho?

¿He dicho follar? Si mi padre me escuchara, me lavaría la boca con jabón durante un mes entero.

Según suelto la frase todo yo me siento mediocre, pero ese sentimiento me lo quita de un plumazo Naruto cuando lo veo sonreír y, con una mano, coge su pene y lo pone en mi orificio. Perverso. En ese momento me siento perverso. Malo. Malote. Me apoya contra la pared y yo me sujeto a una barra de meta.

-¿Qué me has pedido, pequeño?

Mi pecho sube y baja de lo excitada que estoy con ver su mirada y repito:-¡Fóllame!

Mis palabras le gustan. Lo atizan. Lo veo en su mirada.

Le gusta utilizar ese término y le pone más duro. Más bestia.

Sin preservativo y sin preocupaciones, bajo el chorro de la ducha siento como mi carne se abre al introducir su maravilloso y mojado pene en mí. ¡Si! Es la primera vez que su piel se restriegan sin preservativo y es maravilloso. Alucinante.

Mi perversión aumenta. Y cuando siento que sus testículos se restriegan contra mí, me agarro a sus hombros con la intención de marcar el movimiento. Pero Naruto, como siempre, no me deja. Pone sus manos en mis nalgas, las agarra con fuerza y, tras darme un leve azote que hace que lo mire a los ojos, me mueve en busca de nuestro placer.

El sonido de nuestros cuerpos al chocar unido al del agua me consume. Cierro los ojos y me dejo llevar mientras nuestros jadeos retumban en el precioso baño.

.Mírame-exige-.Si te gustan mis ojos, mírame. Abro los ojos y los clavo en él.

Veo su mandíbula en tensión, pero su azulada mirada es la que me hechiza. El esfuerzo que siento en su rostro y su boca entreabierta me excita más. Entonces cambia el ritmo de las embestidas y yo grito y echo la cabeza para atrás.

-Mírame. Mírame sierre-vuelve a exigir.

Con los ojos vidriosos por el momento, me agarro con fuerza a sus hombros y lo miro. Me dejo manejar mientras su mirada me habla. Me pide a gritos que me corra. Me exige que se lo haga ver y, cuando no puedo más, le clavo las uñas en los hombros por el esfuerzo hecho.

El agua recorre nuestros cuerpos mientras jadeamos por lo ocurrido lo nuestro es sexo en estado puro. Y reconozco que me gusta tanto como a él. Naruto abre un poco más el agua fría. Eso me hace gritar y, como dos tontos, comenzamos a jugar bajo la duchar del hotel.
Continuara… 

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