jueves, 18 de septiembre de 2014

Pídeme lo que quieras

capitulo 6

 Cuando llego a casa, mi Curro me recibe. Es un encanto. Leo la nota en que mi hermano me explica que le ha dado la medicación y sonrió. Qué mono es.

Tras quitarme la ropa me pongo algo más cómodo y me preparo algo de comer. Cocino unos ricos macarrones a la carbonara, me lleno el plato y me siento en el sofá a ver la tele mientras devoro.

Cuando acabo con todo el plato, me recuesto en el sofá y, sin darme cuenta, me sumerjo en un sueño profundo hasta que un sonido estridente me despierta de repente. Adormilado, me levanto y el pitido vuelve a sonar. Es el telefonillo.

-¿Quién es?-pregunto, frotándome los ojos.

-Sasu. Soy Naruto.

Entonces, me despierto rápidamente. Miro el reloj. La seis en punto. ¡Por favor! Pero ¿Cuánto he dormido? Me pongo nervioso. Mi casa está hecha un desastre. El plato con los retos de comida sobre la mesa, la cocina empantanada y yo tengo una pinta horrible.

-Sasu, ¿me abres?-insiste.

Quiero decir que no. Pero no me atrevo y, tras resoplar, aprieto el botón. Rápidamente cuelgo el telefonillo. Sé que tengo un minuto y medio más o menos hasta que suene el timbre de la puerta de mi casa. Como Speedy González salto por encima del sillón. Llego a la cocina y, antes de que pueda hacer un movimiento más, oigo el timbre de mi puerta. Dejo el plato. Le echo agua para que no se vean los restos.

¡Oh, Dios, está todo sin fregar!

El timbre vuelve a sonar. Me miro en el espejo. Tengo el pelo enmarañado. Lo arreglo como puedo y corro a abrir la puerta.

Cuando abro, jadeo por las carreras que me he metido y me sorprendo al ver a Naruto vestido con un vaquero y una camisa oscura. Está guapísimo. Siento cómo su mirada me recorre y pregunta:

-¿Estabas corriendo?

Como si fuera tonto, me apoyo en la puerta. Menudas carreras me acabo de meter. Él me mira de arriba abajo. Estoy apunto de gritarle: << ¡Ya lo sé! Estoy horrible>>. Pero me sorprende cuando me dice:

-Me encantan tus zapatillas.

Me pongo rojo como un tomate al mirar mis zapatillas de Bob Esponja que mi sobrina me regaló. Naruto entra sin que yo lo invite. Curro se acerca. Para ser un gato es muy sociable. Naruto me mira, se agacha y lo acaricia. A partir de ese momento Curro se convierte en su aliado.

Cierro la puerta y me apoyo en ella. Curro es tan maravilloso que no puedo dejar de sonreír. Naruto me mira, se levanta y me entrega una botella.

-Toma, precioso. Ábrela, ponla en una cubitera con bastante hielo y coge dos copas.

Asiento sin rechistar. Ya está dando órdenes.

Al llegar a la cocina, saco la cubitera que me regalo mi padre, echo hielo en ella, abro la botella y, al meterla en el hielo, me fijo con curiosidad en las pegatinas rosas y leo << Moët Chandon Rosado>>.

-Dijiste que te gustaba la fresa-escucho mientras siento cómo me pasa la mano por la cintura para acercarme a él-. En el aroma de ese champán domina el aroma de fresas silvestres. Te gustará.

Extasiado por su cercanía, cierro los ojos y asiento. Me pone como una moto. De pronto, me da la vuelta y quedo apoyado entre el frigorífico y él. Mi respiración se agita. Él me mira. Yo lo miro y entonces hace eso que tanto me gusta. Se agacha, acerca su lengua a mi labio superior y lo repasa.

¡Dios, qué bien sabe!

Abro mi boca a la espera de que ahora me repase el labio de abajo, pero no. Me equivoco. Me levanta entre sus brazos para tenerme a su altura y luego mete su lengua directamente en mi boca con una pasión voraz.

Incapaz de seguir colgado como un chorizo, enrosco mis piernas en su cintura y, cuando él pega su entrepierna en el centro de mi deseo, me derrito. Sentir su erección dura y caliente sobre mí me hace querer desnudarlo. Pero entonces separa su boca de la mía y me pregunta:

-¿Dónde esta lo que te he regalado hoy?

Vuelvo a ponerme colorado.

¿Este hombre sólo piensa en sexo? Vale, yo también.

Sin embargo, incapaz de no responder a sus inquisidores ojos, respondo:

-Allí.

Sin soltarme, mira en la dirección que le he dicho. Camina hacia allí conmigo enlazado a su cuerpo y me suelta. Abre el sobre, saca lo que hay en él y rompe el plástico del embalaje, primero de una cosa y luego de la otra. Mientras lo hace, no me quita ojo y eso que respira con más intensidad. Me agita.

-Coge el champán y las copas.

Lo hago. Este tío va al grano. Cuando acaba de sacar los artilugios de su embalaje camina hacia la cocina y los mete bajo el grifo. Luego, los seca con una servilleta de papel y vuelve de nuevo hacia mí y me coge de la mano.

-Llévame a tu habitación-me dice.

Dispuesto a llevarlo hasta el mismísimo cielo en mis brazos si fuera necesario, lo conduzco por el pasillo hasta llegar ante la puerta de mi habitación. La abro y ante nosotros queda expuesta mi bonita cama blanca comprada en Ikea. Entramos y me suelta la mano. Dejo el champán y las dos copas sobre la mesilla, mientras él se sienta en la cama.

-Desnúdate.

Su orden me hace salir del limbo de fresas y burbujitas en el que él me había sumergido y, todavía excitado, protesto:

-No.

Sin apartar su mirada de mí, repite sin cambiar su gesto:

-Desnúdate.

Chasmucado en el horno de emociones en el que me encuentro, niego con la cabeza. Él asiente. Se levanta con cara de mala leche. Tira los artilugios que lleva en su mano sobre la cama.

-Perfecto, señor Uchiha.

¡Buenooooo!

-¿Volvemos a las andadas?

Al verlo pasar por mi lado, reacciono y lo agarro por el brazo. Tiro de él con fuerza.

-¿Perfecto qué, señor Namikaze?-le pregunto, envalentonado.

Con gesto altivo, mira mi mano en su brazo. Entonces, lo suelto.

-Cuando quiera comportarse como un doncel y no como un bebe, llámame.

Eso me enciende.

Me fastidia.

¿Quién se ha creído ese presuntuoso?

Yo soy un doncel. Un doncel independiente que sabe lo que quiere. Por ello respondo en los mismos términos:

-¡Perfecto!

Aquella contestación lo desconcierta. Lo veo en sus ojos y en su mirada.

-¿Perfecto qué, señor Uchiha?

Sin cambiar mi semblante serio, lomito e intento no desmayarme por la tensión que acumulo en mi cuerpo.

-Cuando quiera comportarse como un hombre y no creerse un ser todopoderoso al que no se le puede negar nada, quizá lo llame.

¿He dicho <<quizá lo llame>>? Made mía, pero ¿qué es eso de <<quizá>>?

Deseo a aquel hombre.

Deseo desnudarme.

Deseo que se desnude.

Deseo tenerlo entre mis piernas y voy yo y le suelto: <<Quizá lo llame>>.

Una tensión endominada se cierre entre los dos. Ninguno parece querer dar su brazo a torcer, cuando mi mano busca la de él y éste, sorprendiéndome, la agarra. Lentamente y con cara de mala leche, se acerca a mí y me besa. Me pone su gesto serio.

¡Vaya, me encanta!

Me succiona los labios con deleite y yo le respondo poniéndome de puntillas. De nuevo se separa y se sienta en la cama. No hablamos. Sólo nos miramos. Me quito las zapatillas de Bob Esponja. Sin pestañear, le sigue el pantalón corto que llevo y a continuación la camiseta. Me quedo ante él en ropa interior. Al ver que él respira con profundidad, me siento poderoso. Eso me gusta. Me excita. Nunca he hecho una cosa sí con un desconocido, pero descubro que me encanta.

Instintivamente me acerco a él. Lo tiento. Veo que cierra los ojos y acerca su nariz a mi entrepierna. Doy un paso atrás y noto que se mosquea. Sonrío con malicia y él me imita. Con una sensualidad que yo no sabia que tenia,  me rozo un pezón, y luego el otro y vuelvo acercarme a él. Esta vez me agarra con fuerza por las nalgas y ya no puedo escapar. Vuelve a acercar su nariz a mi entrepierna y me estremezco cuando siento su aliento y un dulce mordisco en mi depilada entrepierna.

Si hablar, levanta la cabeza y con una mano me roza el pezón derecho. Me acerca más él y se mete el pezón en su boca con un gesto posesivo. ¡Dios! Estoy tan excitado que voy a gritar. Juguetea con mi pecho mientras yo le revuelvo el pelo y lo aprieto contra mí. Vuelvo a sentirme poderoso. Sensual. Voluptuoso. Me miro en los espejos de mi armario y la imagen es, como poco, intrigante. Morbosa. Cuando creo que voy a explotar, me separa de él y, sin necesidad de que diga nada, sé lo que quiere. Me quito la ropa interior y quedo totalmente desnudo ante él. Durante unos segundos veo cómo me recorre con su mirada hasta que dice:

-Eres precioso.

Oír su voz ronca cargada de erotismo me hace sonreír y, cuando él me tiende la mano, yo se la acepto. Se levanta. Me besa y siento sus poderosas manos por todo mi cuerpo. Me deleito. Me tumba en la cama y me siento pequeño. Pequeñito. Naruto Namikaze me mira altivo y un gemido sale de mi interior en el momento en que él me coge de las piernas y me la separa.

-Tranquilo, Sasu, lo deseas.

Se quita la camisa y vuelvo a gemir. Aquel hombre es impresionante con su sensual torso. Aún con los pantalones puestos se pone a cuatro patas sobre mí y coge uno de los artilugios que me han regalado.

-Cuando un hombre regala a un doncel un aparatito de éstos-murmura, mientras me lo enseña-, es porque quiere jugar con él y hacerle vibrar. Desea que se deshaga entre sus manos y disfrutar plenamente de sus orgasmos, de su cuerpo y de todo él. Nunca lo olvides.-Como siempre, asiento como un tonto y él prosigue-: Esto es un vibrador para tu ano. Ahora cierra los ojos y abre las piernas para mí-susurra-. Te aseguro que tendrás un maravilloso orgasmo.

No me muevo.

Estoy asustado.

Nunca he utilizado un vibrador para el ano y oír lo que él me dice me avergüenza, pero me excita. Naruto ve la indecisión en mis ojos. Pasa su mano delicadamente por mi barbilla y me besa. Cuando se separa de mí pregunta:

-Sasu, ¿te fías de mí?

Lo miro durante unos segundos. Es mi jefe. ¿Debo fiarme de él?

Tengo miedo a lo desconocido. ¡No lo conozco! Ni sé lo me va hacer

Pero estoy tan excitado que, finalmente, vuelvo a asentir. Me besa e, instantes después, desparece de mi vista. Siento cómo se acomoda entre mis piernas mientras yo miro el techo y me muerdo los labios. Estoy muy nervioso. Nunca he estado tan expuesto a un hombre. Mis relaciones hasta ese momento han sido de lo más normales y ahora, de repente, me encuentro desnudo en mi habitación, tumbado en la cama y abierto de piernas para un desconocido que encima ¡es mi jefe!

-Me encanta que estés totalmente depilado-susurra.

Me besa la cara interna de los muslos mientras con delicadeza me acaricia las piernas. Tiemblo. Luego me las dobla y cierro los ojos para no observar la imagen grotesca que debo dar. Entonces siento sus dedos por mi pene. Eso vuelve a estremecerme y, cuando su caliente boca se posa en mi pene, doy un salto. Naruto comienza a mover su lengua como cuando lo hace sobre mi boca. Primero un lengüetazo, después otro y mis piernas, inconscientemente, se abren más. Chupa mi pene con ansias. Lo rodea. Lo estimula y en el momento en que se hincha mi pene, lo coge con los labios y tira de él. Jadeo.

Escucho un runrún. Un  extraño ruido que pronto identifico como el vibrador. Naruto lo pasa por la cara interna de mis muslos y tiemblo de la excitación. Y, cuando lo pasa por mi pene, un electrizante gemido me hace abrir los ojos.

-Pequeño, te gustará-lo oigo decir.

Y tiene razón.

¡Me gusta!

Esa vibración, acompañada del morbo del momento, me enloquece. Con cuidado me baja el pellejo de mi sexo y coloca aquel aparato sobre mi pene de nuevo. Me muevo. Es electrizante. Segundo después, lo retira y vuelo a sentir la vibración. Esta vez en la cabeza de mi pene. De pronto, un calor enorme comienza a subirme del estomago hacia arriba. Siento que voy a estallar de placer, cuando me doy cuenta de que la vibración ha subido de potencia. Ahora es más fuerte, más devastadora. Más intensa. El calor se concentra en mi cara y en mi sien. Respiro agitadamente. Nunca había sentido ese calor. Nunca me había sentido así. Me siento como una flor a punto de abrirse al mundo.

¡Voy a explotar!

Y cuando no puedo más, un gemido incontrolable sale de mi boca. Cierro las piernas y me arqueo, convulsionándome, mientras él retira el vibrador de mi pene. Durante unos segundos boqueo como un pez.

¿Qué ha pasado?

Al sentir que él se tumba sobre mí y toma mi boca resurjo de mis cenizas y lo beso. Lo deseo. Le devoro la boca en busca de más.

-Pídeme lo que quieras-escucho que me dice mientras me sigue besando.

Su voz, su tono al decir aquella insinuante frase me excita aún más. Le tomo la palabra y toco su cinturón.

-Necesito tenerte dentro ¡Ya!

Mi petición parece convertirse en su urgencia.

-¿Toma algún tipo de anticonceptivos?-pregunta.

-Sí. La píldora.

-Aun así-murmura-, me pondré preservativo.

Rápidamente se quita los pantalones y los calzoncillos. Se queda totalmente desnudo ante mí y me estrezmeco de placer. Naruto es impresionante. Fuerte y varonil. Su pene escandalosamente duro y erecto está preparado para mí. Alargado mi mano y lo toco. Suave. Él cierra los ojos.

-Para un segundo o no podré darte lo que quieres.

Obediente, le hago caso mientras veo que rasga con los dientes el envoltorio de un preservativo. Se lo coloca con celeridad y se tumba sobre mí sin hablar. Me coloca las piernas sobre sus hombros y sin dejar de mirarme a los ojos me penetra lentamente hasta el fondo.

-Así, pequeño, así. Ábrete para mí.

Inmóvil bajo su peso, le permito entrar en mí interior.

¡Oh, sí, me gusta!

Su pene duro y rígido me enloquece y siento cómo busca refugio con desesperación dentro de mí. Me ensarta hasta el fondo y yo  jadeo cuando bambolea las caderas.

-¿Te gusta así?


 Asiento. Pero él exige que le hable y para hasta que respondo:

-Sí.

-¿Quieres que continué?

Deseoso de más, estiro mis manos, agarro el culo y lo lanzo hacia mí. Sus ojos brillan, lo veo sonreír y yo me arqueo de placer. Naruto es poderoso y posesivo. Su mirada, su cuerpo, su virilidad pueden conmigo y cuando comienza una serie de rápidas envestidas y siento su mirada ardiente me corro de placer. Instantes después me baja las piernas de sus hombros y me las pone a ambos lados de sus piernas. El juego continua. Coge mis caderas con sus fuertes manos.

-Mírame, pequeño.

Abro los ojos y lo miro. Es un dios y yo me siento un simple mortal entre sus manos.

-Quiero que me mires siempre, ¿entendido?

No puedo evitar volver asentir como un bobo y no le quito el ojo de encima mientras, enardecido de nuevo, veo cómo se hunde una y otra vez en mi interior. Ver su expresión y su fuerza me enloquece. Abro mis piernas todo lo que puedo para darle más cabida y noto cómo mi cuerpo se contrae. Tras varios envites que me rompen por dentro y me revuelven por completo, Naruto cierra los ojos y se corre tras un gruñido sexy, mientras me aprieta contra él. Finalmente cae sobre mí.

Continuara…

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