capitulo 1
Londres, julio de 2010.
El día en Londres era gris, lluvioso y oscuro. En España se diría que estaban «cayendo chuzos de punta», pero aquello no desmejoraba el estado de ánimo del grupo de amigos reunido en un bar de lo más chic, en Oxford Street.
El día en Londres era gris, lluvioso y oscuro. En España se diría que estaban «cayendo chuzos de punta», pero aquello no desmejoraba el estado de ánimo del grupo de amigos reunido en un bar de lo más chic, en Oxford Street.
-Brindo por mi separación de Arashi-gritó alegremente Sasuke-.Dios mío de mi alma, ¡casi la cago al pensar que era el hombre de mi vida! No volváis a dejar que se me nuble la razón por otro petardo que sólo encuentre divertido estar más estupendo y guapo que yo.
—Amen, lindo—aplaudió Deidara.
—Brindo por ti y por esa sensatez que a veces brilla por su ausencia-añadió Iruka, levantando su copa-. Porque esta vez se manifestara y te hiciera ver que era mejor convivir con él un tiempo antes de celebrar la boda, llena de azahar y glamour, en la catedral de San Pablo. Si hubiera sido así, ahora todo sería más complicado, te lo aseguro.
¡Qué razón tenía Iruka! Meses atrás, les había confesado, emocionada, que Arashi y el estaban planeando casarse y celebrar un bodorrio por todo lo alto en la misma catedral en la que, años atrás, se habían casado el príncipe Carlos y lady Diana Spencer. Aquello les dejó atónitos. Sus amigos pensaban que si había algo destinado al fracaso, era aquella relación.
Arashi era un inglés demasiado adinerado para el. Sasuke se había criado con un padre feriante que apenas le cuidó durante su infancia. Su madre murió cuando el nació, por lo que para él, el doncel siempre fue más un estorbo que un beneficio.
Cuando llegó a Londres, el primer trabajo que encontró fue de camarero en una taberna irlandesa. Durante años trabajó sin descanso, incluso se matriculó en un curso de informática y en otro de karate. Allí fue donde conoció a Deidara, un doncel canario, bajito y divertido que, al igual que el, había emigrado a Londres para buscarse la vida como peluquero. Precisamente, gracias a Deidara y a sus contactos, consiguió un trabajo en EBC, una cadena de tiendas de ropa de jóvenes diseñadores.
Allí pudo demostrar que, además de tener buen gusto para conjuntar y vestir los modelos, sabía aconsejar a otras jóvenes. Por eso acabó siendo el encargado de ventas del departamento de grandes firmas.
Años después, en una de las competiciones de karate, conocieron a Iruka y Kakashi. Un matrimonio Joven, sin hijos y que, debido al traslado laboral de él, acabaron viviendo también en Londres. Kakashi era contable y Iruka médico de familia.
-Vamos a ver chicos. No lo negaré. Tuve unos buenos consejeros —asintió Sasuke mirando a sus amigos-. Menos mal que os escuché y no me casé con él. Dios mío, ¡sois los mejores!
Iruka y Deidara se miraron y sonrieron. Arashi y Sasuke no estaban hechos el uno para el otro y cualquiera que pasara con ellos una sola tarde lo veía. Aunque a ellos les costó más de dos años de relación.
-Nunca imaginé que Arashi pudiera hacerme algo así. Qué cayera tan bajo... Me ofendió cuando dijo «que la juventud de esa chica le había nublado la razón». Y ya, cuándo el muy imbécil apostilló «que yo ya tenía una edad como para entender que esa chica le gustara», me remató. ¡Me estaba llamando viejo! Pero, Dios, si sólo tengo veinticuatro años.
-¡Gilipollas!-bufó Iruka al escucharlo.
-¡Me llamó viejo a la cara! Cuándo, precisamente con veinticuatro años estoy en mi mejor momento-gruñó Sasuke-. Cómo alguna vez se le vuelva a ocurrir a alguien llamarme viejo, os juro que le arranco la cabeza.
-Hombres, mi niño, hombres-suspiró Deidara.
-Cariño, don Tiquismiquis y tú no teníais futuro. Te lo dije cientos de veces, pero nunca quisiste escucharme —murmuró Iruka, con la sinceridad y la seguridad que le daban los años-. Ese engreído nunca me gustó. A Deidara y a mí nos miraba por encima del hombro cada vez que nos veía, y luego, cuándo tú estabas delante, disimulaba como un auténtico gañán. Como decimos en Vallecas, ¡ese pijo no era trigo limpio!
Sasuke asintió. Sus amigos le habían hecho muchas veces aquel comentario. Pero el no quiso escucharlo. Por amor. No es que estuviera locamente enamorad de Arashi, pero le quería y se lo pasaba muy bien con él.
-No le des más vueltas. ¡La cagó y le pillaste! asintió Deidara al ver el gesto de su amigo.
-Sí, definitivamente le pillé con las manos en la masa. ¡Y nunca mejor dicho!-susurró Sasuke al pensar en aquel fatídico día. Pero reponiéndose de aquello dijo, dando un trago a su bebida-: La verdad es que ahora me alegro de que mi relación con él haya acabado. Me ha abierto los ojos. Arashi sólo piensa en él, luego en él y, finalmente, en él. ¡Pero si se ha quedado hasta con los potos! ¡Así se lo coman vivo!
-Vamos a ver, cariño-suspiró Iruka tras escucharlo-don Tiquismiquis se ha quedado con todo porque tú le has dejado.
Sasuke, acostumbrado a viajar por la vida sin apenas equipaje, asintió.
-No quería nada de él.
-¡Faltaría más!-se mofó Deidara, que conocía muy bien a su amigo.
-Os juro que no necesito nada de él. Pero reconozco que me sorprendió su egoísmo. Casi nada de lo que había allí era mío. Y no, no quiero nada que no me haya ganado yo sólito.
-Bueno, momento L'Oréal-se guaseó Deidara.
Eso hizo reír a Sasuke, que aireó su pelo azabache con comicidad.
-Por supuesto, « ¡porque yo lo valgo!»
-Esa es mi doncel-coreó Iruka-. Dignidad ante todo.
-No lo dudes-corroboró Sasuke-. Nunca me quedo con nada que no sea mío; no me gusta. Aunque el muy egoísta se ha quedado hasta con mis cremas. Con todas...
-No me digas que se ha quedado con la Sensai Cellular Performance de Kanebo ¿La que te regaló y le costó un ojo de la cara y parte del otro?-preguntó Deidara.
Sasuke afirmó con un movimiento de cabeza.
-¡Será mariquita el jodío! De tonto no tiene un pelo-susurró Iruka.
-Ah, y con la crema depilatoria de Elizabeth Arden. Siempre decía que le gustaba porque olía muy bien. Es más, últimamente pretendía que le depilara yo las piernas y las ingles.
-Uisss... ¡Qué fatiguita por Dios!-resopló Iruka al escucharlo-. Donde esté mi Kakashi, con su exceso de pelo y kilillos, que se quiten estos nuevos guaperas que matan por una buena barra de depilatorio.
-Definitivamente-continuó Sasuke-, no me volveré a fijar en el exterior de un tío.
-Harás bien, mi niño-asintió Deidara.
-Mira mi Kakashi... No es un Adonis, pero me cuida y me mima; aunque a veces discutamos, como hacemos últimamente-bufó Iruka
-¿Has vuelto a pelearte con tu osito?-suspiró Deidara.
-Sí. Llevamos una temporada algo revolucionados.
-¿Pero qué os pasa?-preguntó Sasuke.
-Nuestro regreso a España nos va a costar el divorcio. Él no entiende que yo no quiera regresar. Me gusta vivir en Londres y...
-Venga, venga, respira y no te pongas nervioso. No creo que Kakashi lo haga para molestarte —le consoló Sasuke.
Kakashi y Iruka eran dos personas excepcionales. Y se querían muchísimo, aunque tras años de matrimonio les gustara hacerse la puñeta mutuamente.
-Respirar..., respiro. Pero es que me saca de mis casillas. Y encima, el otro día me viene con que quiere que para su cumpleaños, que es en febrero y estaremos ya en Madrid, hagamos un fiestorro en nuestra casa para celebrarlo con su familia. ¡Y no! No soporto a mi suegra. Esa mujer, con más bigote que una gamba, cuchichea a mis espaldas y no me gusta.
-Ya está, mi niño. Ya pasó. Es su madre y él la quiere. ¡Tienes que entenderlo!-dijo Deidara, divertido.
-Tienes razón-rió el implicado-. Por muy bruja que sea la susodicha, es la jodida madre de mi Kakashi. Ay, Dios, qué complicado es esto del amor.
Después de un pequeño silencio, Sasuke fue el primero en romperlo.
-Obviando los problemas de Iruka y su Kakashi, a partir de ahora solo me fijaré en el interior de los hombres. ¡Me quiero enamorar! Pero necesito que sea de un hombre de los de verdad. De esos que te abren la puerta y te retiran la silla para que te sientes. En fin, alguien diferente y especial.
-Yo quiero uno así también. Pero me temo que la mayoría de los hombres de hoy en día se sientan cuando ven una silla libre, no vaya a ser que se queden sin ella-se mofó Deidara
Animado por el momento, Sasuke recordó al hombre que aparecía en sus sueños desde que era pequeño. Nunca llegaba a verlo con claridad.
-Quiero un hombre que me mire con pasión y me haga temblar como a un bobo. Uno de esos que, con su sola presencia, hace que te sientas protegido, querido y amado.
-¿Te han echado alucinógenos en la bebida?-se burló Deidara al escucharlo.
-Y sobre todo, y muy importante-concluyó Sasuke despertando de sus anhelos—, que no se le ocurra llamarme « ¡viejo!». Porque juro y rejuro que la próxima persona a la que se le ocurra llamarme « ¡viejo!», le hago tragarse los dientes.
En ese momento se abrió la puerta de la taberna y entró un hombre alto, guapo e impecablemente vestido de negro y gris; muy del estilo de Arashi y sus refinados amigos.
-Uf... Qué bien le sienta ese traje de Armani.-Al ver el gesto de sus amigos, Sasuke aclaró haciéndoles reír-. Pero no. No quiero más.
Sus amigos se miraron con complicidad. Si algo tenían claro, era que el no iba a cambiar nunca. Era espontáneo, loco y divertido, y eso lo hacía especial.
-Déjame decirte que no todos los hombres son iguales-aclaró Iruka. Puede que encuentres uno tan guapo como los que a ti te gustan y que además sea sensato, varonil y galante. Tipo Clooney.
-¿Dónde hay un tío así? Que me lo quedo yo-bromeó Deidara.
-Lo que pasa, Saskito de mi alma...
-No me llames así que lo odio-se quejó mientras su iPhone le indicaba que había recibido un mensaje. Era de Arashi. Don Tiquismiquis. Su ex.
«Tengo ganas de verte.»
Incrédulo, lo volvió a leer y, sin hacer el menor caso, lo cerró y sonrió a su amigo Iruka, que continuaba hablando.
-Decía, querido amigo, que sueles fijarte en cada espécimen, hijo mío, que es para echarte de comer aparte. Porque ahora ha sido don Tiquismiquis pero, ¿qué me dices de Hashirama, el sueco?
-Uisss... ¡Qué guapo era!-corroboro Deidara.
-Y qué limpito iba siempre. Y lo bien que le sentaba la ropa de Adolfo Domínguez y las camisetas de Custo-asintió Sasuke, divertido, al recordarle.
-Sí, pero todo se le iba en la fachada. Era un vago de tres al cuarto-recordó Iruka.
-Tienes razón. Era tan guapo que me daba hasta vergüenza ver cómo me miraban las chicas y los donceles por la calle cuando íbamos con el. Me hacían sentir feo y más bajito-se mofó Deidara
-Fueron seis meses... ¡Pero qué seis meses!-suspiró Sasuke al recordarle.
-¿Y Sora?-Siguió enumerando Iruka-. ¿Qué me decís de él?
-¿Aquél que sólo comía pollo y arroz?-preguntó Deidara, y Iruka asintió mientras se atragantaba de risa.
-Era un idiota creído, aspirante a Gran hermano —admitió Sasuke-. Eso sí, estaba de muy buen ver. Eso no lo voy a negar.
-¿Lo ves?-interrumpió Deidara-. A ver si cambias tus gustos y te fijas en hombres. Pero hombres de verdad. No en guaperas metrosexuales que se horrorizan si se ven un pelo fuera de lugar o engordan unos kilillos.
-Lo sé, lo sé-asintió Sasuke al recordar los ataques de Arashi cuando la báscula subía cien gramos-. Tengo que cambiar.
-Necesitamos encontrarte a un hombre como los de antes-sentenció Iruka
-Ya la encontré. Lo malo es que sólo vive en mis sueños-se rió de sí mismo-. Oye, ya que estamos, ¿y si aprovechamos esa búsqueda y localizamos otro para Deidara?
El aludido al escuchar su nombre soltó una carcajada.
-Ay, Sasuke, ¡ya me gustaría! Pero yo no soy el prototipo de doncel que suele gustar. Soy gracioso y, no bajito, sino recogidito-todos rieron-, pero no tengo muchos encantos. Y mira que me joroba reconocerlo, pero es la verdad. Solo atraigo a mequetrefes con nombres insultos, como «Chino», «Juanito» o «Yuls». No puedo competir con vosotros, los estilizados. Eso sí, si yo fuera alto y espigado... Uf, ¡otro gallo cantaría!
Aquello hizo que los tres se partieran de la risa. Al final, Deidara, levantando de nuevo su copa, miró a sus amigos y dijo en tono alegre y jovial:
-Pero como de ilusiones también se vive, brindo porque alguna vez un tío de verdad, con un nombre contundente y una mirada cautivadora, se fije en mí. Pero sobre todo, brindo por la tarde de rebajas que nos espera en Oxford Street.
-Tú lo has dicho-jaleó Sasuke-. ¡Vivan las rebajas!
Diez minutos después, bajo el aguacero, tres donceles divertidas corrían y se metían en una tienda de ropa casual. Tenían mucho que comprar.
Continuara…
Se ve muy interesante. Voy a ver itadei?
ResponderEliminarsi habrá itadei ^^
Eliminar