domingo, 26 de octubre de 2014

Te esperare toda mi vida

capitulo 3

Aquella mañana tras salir de su trabajo en EBC, Sasuke se dirigió directamente a Pretty Ladies, la peluquería donde trabajaba Deidara. Tenía una competición de karate aquel fin de semana y quería estar presentable. Al llegar, sonrió al ver allí a Iruka. 

-Vaya. Hoy toca día de peluquería y donceles.-Sí. Tengo unos pelos que parezco la bruja Lola-se mofó Iruka. 

-Ven Sasuke, siéntate aquí-le dijo Deidara, a quien obedeció rápidamente. 

Una hora después estaba, igual que Iruka, con la cabeza llena de papel de plata esperando a que le subieran las mechas. Ambos comentaban los últimos cotilleos de las revistas del corazón cuando Deidara se acercó a ellos. 

-¿Todo bien?-preguntó. 

Juana levantó la cabeza y miró a sus amigas con gesto confuso. 

-No. Nada está bien. ¿Por qué Harry Styles, hace alarde de semejante cuerpazo y yo tengo lo que tengo? Por favor... Está espectacular con este traje blanco.

Deidara y Sasuke miraron la revista que les enseñaba y tras asentir, Sasuke dijo, mostrando la que estaba leyendo el: 

-Para doncel espectacular
Louis Tomlinson. ¿Pero habéis visto lo mono que va, incluso para hacer la compra? Es que me encanta. Os juro que si yo volviera a nacer, querría ser el. 

-Sí, es mono-asintió Iruka. 

-¡Mono! —Exclamo Sasuke señalando la página-. Este doncel es guapísimo. Si es que lo tiene todo. Es perfecto. Tiene estilo, un nombre perfecto y unos hijos y marido divinos. 

-Ah, para divino, ¡Niall Horan!-Farfulló Deidara-. Ése es quien yo quisiera ser. Lo tiene todo para mi gusto: rubio, cuerpito, dinero a raudales y un nombre y apellido con glamour, ¡Niall Horan! Nada que ver con Deidara. 

-Lo siento, pero yo soy más nacional-aclaró Iruka tras mirar al tal Niall-. Prefiero a Harry Styles, El Cuerpazo. 

Los tres bromearon durante un rato, ensalzando las virtudes de los donceles que quisieran ser y sacando a relucir sus propios defectos. Finalmente Deidara se llevó a Iruka al lavabo para retirarle el tratamiento capilar. En ese momento sonó el iPhone de Sasuke. Era Arashi, su ex. Como un elefante en una cacharrería y cansado de sus continuas llamadas, contestó. 

-¿Qué narices quieres ahora, pesado? 

El hombre al escucharlo se rió. Seguramente pensó que dado que el era un doncel tan especial, no podía esperar otra contestación que no fuera aquella. Pero que, dado que le conocía tan bien, sabría llevarlo rápidamente a su terreno.

-Hola, nene. Te echo de menos. 

Al oír su voz, Sasuke cerró los ojos. Aquel tono aterciopelado de Arashi le volvía loco. Pero no. No iba a permitirse dudar ni un segundo sobre su decisión. No le quería. Lo de ellos se había roto y no había marcha atrás. 

-Arashi, ¿por qué me dices ahora esa sandez? 

-Porque es verdad y para que no cuelgues sin escucharme. 

Aquello la hizo sonreír. Cuando quería, Arashi era encantador. Se armó de paciencia. 

-A ver, ¿qué quieres? 

-Tengo una cena esta noche en casa de los Morino. Ya sabes, con Ranmaru, Idate y compañía. ¿Qué me pongo, corbata oscura o clara? 

Incrédulo por la absurda pregunta, suspiró. 

-Oscura, Arashi. 

-¿Vienes conmigo?-le invitó él, de improviso. 

-No. 

-Por favor. 

-No. Ni lo sueñes. Lleva a la pechugona de tu secretaria; esa jovencita que te mira con ojitos de gusarapo. Seguro que no dirá que no y quedarás muy bien ante tus amigotes.
 
Al escucharlo, él resopló.
 
-Sasuke, cuando te lo pido a ti es porque no quiero llevar a otra.
 
-Te recuerdo que me dijiste que yo era un doncel mayor. ¡Viejo! Joder, Arashi, que tú tienes treinta y dos ¿Debo considerarte un vejestorio próximo a la jubilación? 

Aquello hizo que Arashi suspirara con resignación. 

-Cariño, escúchame. Yo no quise decirlo en ese sentido, pero te empeñas una y otra vez en creerlo. Sólo dije que la juventud de Priscilla me nubló la razón. 

-¡Ja! Eso no te lo crees tú ni jarto de vino-se mofó el. 

-Nene, créeme. 

Eso le hizo reír. Arashi, aún pillado con otra, intentaba justificar su error. No creía que aquello no se lo iba a perdonar. Le había descubierto con su joven y guapa secretaria en uno de sus ya famosos viajes de trabajo. Y le había llamado ¡Viejo! ¡Madura! Aún se le abrían las carnes cada vez que recordaba aquel momento. Quiso darle una sorpresa para su cumpleaños y el sorprendido fue el, al llegar y encontrarles en plena cabalgada. 

-Venga no te hagas de rogar. Sé que los Morino te caen muy bien. Además, estará Ranmaru. Ella y tú siempre os... 

-No voy a ir ¿cómo tengo que decírtelo? Tú y yo ya no somos pareja. Y por favor, deja de llamarme. No quiero verte. No quiero saber nada de ti ¿Lo entiendes de una santa vez? 

-No. No lo entiendo.
 
A punto de soltar un chillido por la cabezonería de aquel hombre, que no paraba de atosigarlo, intentó no gritar. 

-Mira, Arashi. Olvídate de que existo, ¿vale? Deja de llamarme, mandarme mensajitos, enviarme flores a casa y acosarme en el trabajo. Por Dios, ¡que cansino te estás poniendo! 

-No. No voy a parar hasta que vuelvas conmigo, nene. 

-¡Y un cuerno!-alzó la voz, atrayendo la mirada de toda la peluquería-. No voy a volver contigo porque no quiero. Sinceramente, tengo amor propio y madurez. Te recuerdo que me llamaste «viejo> por tener casi treinta años y, ¿sabes lo que te digo? ¡Que te den! 

-Cariño... Escucha... 

-No. No escucho ¿Y sabes por qué? Porque mi vejez y madurez hacen que me quiera a mí mismo y no tengo intención de ir rayando los marcos de las puertas al pasar porque tú, ¡so mierda!, desees corretear y ponerme los cuernos con cada jovencita que se cruce en tu camino. 

-Pero nene... 

-¡Ni nene ni leches!-gritó fuera de sí-. Me importa un bledo que seas guapo, que tengas dinero a raudales e incluso tu maldita posición social. ¿Y sabes por qué? Porque me importo, me quiero y necesito ser feliz. ¡Solo! ¿Entendiste? S O L O no con un merluzo como tú, que no aprecia a un doncel como yo hasta que lo pierde. Y a mí, me has perdido. Por lo tanto, ¡adiós! 

Dicho esto, colgó y suspiró al mismo tiempo cerraba los ojos para calmarse. No iba a volver a caer en el rollito Arashi. No, no y no. De pronto, un estallido de aplausos le hizo mirar al frente. Toda la peluquería, de pie, daba palmas. El simplemente miró a sus amigos, se encogió de hombros y sonrió. 

Continuara….

Pideme lo que quieras

capitulo 28

Jueves

Me niego a enviarle más correos a Naruto… Pero al final no lo puedo remediar y le envío uno en el que solo pone << ¡Gilipollas!>>.

continuara....
PD: ya la proxima semana volveran a ser como siempre de largo los capitulos :)
hasta la proxima;)

sábado, 25 de octubre de 2014

Te esperare toda mi vida

capitulo 2

El olor a tierra mojada y musgo fresco inundaba sus fosas nasales. Sasuke corría por un frondoso bosque plagado de enormes robles y flores multicolores y, de pronto, un rayo de electrizante luz azulada cruzó el cielo. El sonido del potente trueno lo asustó. Se quitó las enormes gotas de agua de los ojos y vio a lo lejos la fortaleza de piedra. ¡Su castillo! 

Sin pensárselo corrió hacia él. Un caballo desbocado de color oscuro apareció tras los árboles, galopando directamente hacia el. El corazón estuvo a punto de salírsele del pecho cuando le reconoció. Sobre aquel imponente alazán estaba la figura del hombre con el que soñaba desde niño, aunque por más que intentaba aclarar su vista para verle la cara, le resultaba imposible. El viento, la oscuridad y la lluvia se lo impedían. 

Recogiéndose las extrañas vestimentas que llevaba, intentó avanzar a su encuentro. Quería hablar con el. Necesitaba oír su voz pero, como siempre, no podía conseguirlo. Era imposible. Unas inexistentes cadenas no lo dejaban moverse. Sólo podía observarle. A escasos metros de el, aquel hombre de cabellera revuelta retuvo su montura para posar sobre el su mirada pasional, que pudo sentir incluso en la oscuridad. Pero, a pesar de la proximidad, no podía distinguirle. El viento caprichoso se lo impedía, revolviendo su rubia melena. 

De pronto, otro rayo azulado rasgó de nuevo el tormentoso cielo iluminando todo a su alrededor y, durante una fracción de segundo, pudo admirar su salvaje cara. Tenía los ojos azules, el pelo claro y sensual y carnosos labios que parecían sonreír. 

El quiso avanzar. ¿Por qué no podía caminar? 

Sin previo aviso, el hombre, con su imponente envergadura, se bajó del caballo y... 

«Pipipipi... Pipipipi... Pipipipi...»
 
Asustado, Sasuke se despertó empapado en sudor. Paró el molesto pitido. De nuevo aquel sueño. ¿Cuántas veces había soñado aquello? ¿Quién era aquel hombre?

Todo había comenzado cuando tenía seis años. 

Chiyo, La Escocesa, una gitana que leía el tarot y las líneas de las manos en la misma feria en la que ellos viajaban, había reparado en el niño solitario que deambulaba siempre por la calle, hiciera frío o calor. Investigó hasta que supo que era el hijo de Fugaku, el dueño de la atracción de los coches de choque y, después de observarles durante días, se percató de que, incomprensiblemente, aquel hombre apenas cuidaba de el. Sólo le regañaba y le exigía trabajar mientras él chafardeaba con los otros feriantes.
 
Una tarde de lluvia intensa, la gitana le invitó a pasar a su caravana para que se resguardase del frío y la lluvia. Su padre estaba con una mujer dentro de la suya y, como era de esperar, se olvidó de el. Chiyo sonrió al ver cómo observaba todo. Especialmente la bola de cristal que descansaba sobre la mesa camilla. 

-Oh... ¡Qué chula es la bola mágica! 

-¿Te gusta, principito? 

El pequeño asintió y, acercándose a ella, la observó sin tocarla. Si algo había aprendido de los gritos de su padre, era que no se tocaba nada a excepción de que te lo permitieran. 

-¿Puedes ver el futuro? 

La mujer sonrió y se sentó frente a el. 

-A veces sí... a veces no-respondió enigmáticamente. 

-¿Sabes...? Yo no creo en estas cosas-murmuró el, con su graciosa cara de aniñado.
 
-¿Por qué, cielo? 

Con una triste mirada que dio a entender más que las palabras, suspiró. 

-Porque a mi caravana nunca vienen Los Reyes Magos por Navidad ni El Ratón Pérez cuando se me cae un diente, y a las de mis amigos sí. Por eso no creo en nada y me pongo triste si pienso en esas cosas. 

Chiyo, consciente de la soledad y tristeza que le embargaba, asintió apenada. 

-¿Sabes qué me decía mi madre que hiciera cuando estaba triste o nerviosa?
 
-¿Qué? 

-Que cantara para olvidar las penas. 

-¿Cantar? 

-Sí, principito. Cuando uno canta piensa en lo que está diciendo y suele olvidar lo que no te permite ser feliz. Esto no quiere decir que así se solucionen los problemas, pero cantar te ayudará a sobrellevarlos un poco mejor. ¿Sabes cantar?-El niño asintió y la gitana soltó una carcajada-. ¿Me dejas ver tu manita? 

Tímidamente la extendió y Chiyo, La Escocesa, la tomó entre las suyas. Durante un buen rato estuvo mirando aquella pequeña y sucia palma. 

-Tu felicidad y tu futuro están en el pasado-dijo finalmente la gitana. 

Al ver que el niño la miraba sin entender nada, la mujer la liberó. 

-Toca la bola y pide tres deseos. ¿Quizá se cumplan? 

Ella lo miró con su mellada sonrisa y puso sus manitas sobre la bola. 

-Cuando sea mayor, quiero ser guapo como los donceles que salen en la tele. 

-Muy bien cariño, lo serás. ¿Tu segundo deseo? 

Sin pensárselo apenas, dijo: 

-No quiero vivir aquí. Cuando sea mayor quiero un trabajo que me guste y, sobre todo, en el que no tenga que recoger los coches de choque por la noche. 

-¿Y tu tercer deseo? 

-Quiero vivir en un castillo muy bonito y que un príncipe muy guapo y amable se enamore locamente de mí. 
Con unos extraños movimientos, la mujer le tocó en la cabeza y luego rozó con los dedos la bola de cristal. 

-Tu felicidad y tu futuro, están en el pasado, principito. Ya lo verás-repitió por último. 

Con seis años no dio importancia a aquel comentario. Es más, ni lo entendió. Pero a partir de ese día ocurrió algo. 

Comenzó a soñar con un bosque, un castillo y un extraordinario guerrero a caballo. Al principio lo achacó a ideales de niños y príncipes, pero el tiempo pasó y el sueño perduró. El seguía corriendo, la lluvia seguía cayendo y, lo único que cambió fue que con el paso del tiempo el hombre se acercaba cada vez más.

 Cuando cumplió dieciséis años, Chiyo, La Escocesa, tras años de cuidarlo y hacerlo feliz, se marchó. Aquello lo entristeció muchísimo, pero la gitana antes de irse le susurró al oído: «nos volveremos a ver. Te lo prometo.» 

Pasado un tiempo, un día mirando un documental de historia en la televisión, se quedó sin habla al ver el castillo con el que soñaba. ¡Su castillo! Aquel lugar existía. Era el castillo de Elcho, cercano a la ciudad de Perth, en Escocia. Aquello lo llenó de ilusión, pero también la hizo preguntarse el motivo de sus sueños, aunque no encontró respuesta. 

Su padre murió cuando apenas había cumplido los dieciocho, y queriéndose olvidar de su triste pasado, vendió la vieja atracción de los coches de choque que heredó y se mudó a vivir a Londres. Necesitaba comenzar de nuevo y ser feliz. ¡Se lo merecía! Una vez allí se propuso visitar el lugar con el que soñaba. Al fin y al cabo Escocia estaba relativamente cerca de Londres. Pero su trabajo, sus amigos y sus novietes le impedían hacerlo. Siempre surgía un plan mejor. Y aunque nunca olvidó aquel lugar, pues los sueños no la abandonaban, sí se olvidó de visitarlo. 

«Pipipipi... Pipipipi... Pipipipi...» 

-Vale... plasta... vale... ya me levanto -resopló apagando de nuevo el despertador mientras se desperezaba en la cama. 

Extendió la mano, cogió su iPhone. Estaba apagado. Lo encendió. Se levantó, pulsó el play del equipo de música y la voz de Lady Gaga inundó el pequeño apartamento. Sin poder evitarlo comenzó a bailar. Si podía presumir de algo, era de levantarse lleno de energía y de un humor excelente.

-Esto es comenzar bien un día-dijo en voz alta, mientras bailaba y abría el armario para elegir la ropa. 

Diez minutos después estaba en la ducha, cantando a pie no pulmón el último éxito de la cantante.

Continuara….

Pideme lo que quieras

capitulo 27

Miércoles

Vuelvo a enviarle otro e-mail a Naruto…Tampoco contesta.

Hoy he tenido que salvarle el culo a mí jefa.

Ganryu, el jefe de personal, llego de improviso y tuve que ingeniármelas para que no pillara a la calentona de mí jefa y a Sai en actitud no muy profesional en el despacho.

Continuara….

domingo, 19 de octubre de 2014

Pideme lo que quieras

capitulo 26

 Martes

Le envío un e-mail a Naruto…No contesta.

Mi jefa me satura. Esta tremendamente impertinente.

Cualquier día la mando a la mierda y me voy al paro de cabeza.

Neji me llama. Hablo con él e insiste para que adelante mí viaje a jerez.

Continuara….

Te esperare toda mi vida

capitulo 1

Londres, julio de 2010. 

El día en Londres era gris, lluvioso y oscuro. En España se diría que estaban «cayendo chuzos de punta», pero aquello no desmejoraba el estado de ánimo del grupo de amigos reunido en un bar de lo más chic, en Oxford Street.

-Brindo por mi separación de Arashi-gritó alegremente Sasuke-.Dios mío de mi alma, ¡casi la cago al pensar que era el hombre de mi vida! No volváis a dejar que se me nuble la razón por otro petardo que sólo encuentre divertido estar más estupendo y guapo que yo. 

—Amen, lindo—aplaudió Deidara. 

—Brindo por ti y por esa sensatez que a veces brilla por su ausencia-añadió Iruka, levantando su copa-. Porque esta vez se manifestara y te hiciera ver que era mejor convivir con él un tiempo antes de celebrar la boda, llena de azahar y glamour, en la catedral de San Pablo. Si hubiera sido así, ahora todo sería más complicado, te lo aseguro.

¡Qué razón tenía Iruka! Meses atrás, les había confesado, emocionada, que Arashi y el estaban planeando casarse y celebrar un bodorrio por todo lo alto en la misma catedral en la que, años atrás, se habían casado el príncipe Carlos y lady Diana Spencer. Aquello les dejó atónitos. Sus amigos pensaban que si había algo destinado al fracaso, era aquella relación. 

Arashi era un inglés demasiado adinerado para el. Sasuke se había criado con un padre feriante que apenas le cuidó durante su infancia. Su madre murió cuando el nació, por lo que para él, el doncel siempre fue más un estorbo que un beneficio. 

Cuando llegó a Londres, el primer trabajo que encontró fue de camarero en una taberna irlandesa. Durante años trabajó sin descanso, incluso se matriculó en un curso de informática y en otro de karate. Allí fue donde conoció a Deidara, un doncel canario, bajito y divertido que, al igual que el, había emigrado a Londres para buscarse la vida como peluquero. Precisamente, gracias a Deidara y a sus contactos, consiguió un trabajo en EBC, una cadena de tiendas de ropa de jóvenes diseñadores. 

Allí pudo demostrar que, además de tener buen gusto para conjuntar y vestir los modelos, sabía aconsejar a otras jóvenes. Por eso acabó siendo el encargado de ventas del departamento de grandes firmas.
 
Años después, en una de las competiciones de karate, conocieron a Iruka y Kakashi. Un matrimonio Joven, sin hijos y que, debido al traslado laboral de él, acabaron viviendo también en Londres. Kakashi era contable y Iruka médico de familia. 

-Vamos a ver chicos. No lo negaré. Tuve unos buenos consejeros —asintió Sasuke mirando a sus amigos-. Menos mal que os escuché y no me casé con él. Dios mío, ¡sois los mejores! 

Iruka y Deidara se miraron y sonrieron. Arashi y Sasuke no estaban hechos el uno para el otro y cualquiera que pasara con ellos una sola tarde lo veía. Aunque a ellos les costó más de dos años de relación. 

-Nunca imaginé que Arashi pudiera hacerme algo así. Qué cayera tan bajo... Me ofendió cuando dijo «que la juventud de esa chica le había nublado la razón». Y ya, cuándo el muy imbécil apostilló «que yo ya tenía una edad como para entender que esa chica le gustara», me remató. ¡Me estaba llamando viejo! Pero, Dios, si sólo tengo veinticuatro años. 

-¡Gilipollas!-bufó Iruka al escucharlo. 

-¡Me llamó viejo a la cara! Cuándo, precisamente con veinticuatro años estoy en mi mejor momento-gruñó Sasuke-. Cómo alguna vez se le vuelva a ocurrir a alguien llamarme viejo, os juro que le arranco la cabeza. 

-Hombres, mi niño, hombres-suspiró Deidara. 

-Cariño, don Tiquismiquis y tú no teníais futuro. Te lo dije cientos de veces, pero nunca quisiste escucharme —murmuró Iruka, con la sinceridad y la seguridad que le daban los años-. Ese engreído nunca me gustó. A Deidara y a mí nos miraba por encima del hombro cada vez que nos veía, y luego, cuándo tú estabas delante, disimulaba como un auténtico gañán. Como decimos en Vallecas, ¡ese pijo no era trigo limpio! 

Sasuke asintió. Sus amigos le habían hecho muchas veces aquel comentario. Pero el no quiso escucharlo. Por amor. No es que estuviera locamente enamorad de Arashi, pero le quería y se lo pasaba muy bien con él. 

-No le des más vueltas. ¡La cagó y le pillaste! asintió Deidara al ver el gesto de su amigo. 

-Sí, definitivamente le pillé con las manos en la masa. ¡Y nunca mejor dicho!-susurró Sasuke al pensar en aquel fatídico día. Pero reponiéndose de aquello dijo, dando un trago a su bebida-: La verdad es que ahora me alegro de que mi relación con él haya acabado. Me ha abierto los ojos. Arashi sólo piensa en él, luego en él y, finalmente, en él. ¡Pero si se ha quedado hasta con los potos! ¡Así se lo coman vivo! 

-Vamos a ver, cariño-suspiró Iruka tras escucharlo-don Tiquismiquis se ha quedado con todo porque tú le has dejado. 

Sasuke, acostumbrado a viajar por la vida sin apenas equipaje, asintió. 

-No quería nada de él. 

-¡Faltaría más!-se mofó Deidara, que conocía muy bien a su amigo. 

-Os juro que no necesito nada de él. Pero reconozco que me sorprendió su egoísmo. Casi nada de lo que había allí era mío. Y no, no quiero nada que no me haya ganado yo sólito. 

-Bueno, momento L'Oréal-se guaseó Deidara. 

Eso hizo reír a Sasuke, que aireó su pelo azabache con comicidad. 

-Por supuesto, « ¡porque yo lo valgo!» 

-Esa es mi doncel-coreó Iruka-. Dignidad ante todo. 

-No lo dudes-corroboró Sasuke-. Nunca me quedo con nada que no sea mío; no me gusta. Aunque el muy egoísta se ha quedado hasta con mis cremas. Con todas... 

-No me digas que se ha quedado con la Sensai Cellular Performance de Kanebo ¿La que te regaló y le costó un ojo de la cara y parte del otro?-preguntó Deidara.

Sasuke afirmó con un movimiento de cabeza.
 
-¡Será mariquita el jodío! De tonto no tiene un pelo-susurró Iruka. 

-Ah, y con la crema depilatoria de Elizabeth Arden. Siempre decía que le gustaba porque olía muy bien. Es más, últimamente pretendía que le depilara yo las piernas y las ingles. 

-Uisss... ¡Qué fatiguita por Dios!-resopló Iruka al escucharlo-. Donde esté mi Kakashi, con su exceso de pelo y kilillos, que se quiten estos nuevos guaperas que matan por una buena barra de depilatorio. 

-Definitivamente-continuó Sasuke-, no me volveré a fijar en el exterior de un tío. 

-Harás bien, mi niño-asintió Deidara. 

-Mira mi Kakashi... No es un Adonis, pero me cuida y me mima; aunque a veces discutamos, como hacemos últimamente-bufó Iruka 

-¿Has vuelto a pelearte con tu osito?-suspiró Deidara. 

-Sí. Llevamos una temporada algo revolucionados. 

-¿Pero qué os pasa?-preguntó Sasuke. 

-Nuestro regreso a España nos va a costar el divorcio. Él no entiende que yo no quiera regresar. Me gusta vivir en Londres y... 

-Venga, venga, respira y no te pongas nervioso. No creo que Kakashi lo haga para molestarte —le consoló Sasuke. 

Kakashi y Iruka eran dos personas excepcionales. Y se querían muchísimo, aunque tras años de matrimonio les gustara hacerse la puñeta mutuamente. 

-Respirar..., respiro. Pero es que me saca de mis casillas. Y encima, el otro día me viene con que quiere que para su cumpleaños, que es en febrero y estaremos ya en Madrid, hagamos un fiestorro en nuestra casa para celebrarlo con su familia. ¡Y no! No soporto a mi suegra. Esa mujer, con más bigote que una gamba, cuchichea a mis espaldas y no me gusta. 

-Ya está, mi niño. Ya pasó. Es su madre y él la quiere. ¡Tienes que entenderlo!-dijo Deidara, divertido. 

-Tienes razón-rió el implicado-. Por muy bruja que sea la susodicha, es la jodida madre de mi Kakashi. Ay, Dios, qué complicado es esto del amor.
 
Después de un pequeño silencio, Sasuke fue el primero en romperlo. 

-Obviando los problemas de Iruka y su Kakashi, a partir de ahora solo me fijaré en el interior de los hombres. ¡Me quiero enamorar! Pero necesito que sea de un hombre de los de verdad. De esos que te abren la puerta y te retiran la silla para que te sientes. En fin, alguien diferente y especial. 

-Yo quiero uno así también. Pero me temo que la mayoría de los hombres de hoy en día se sientan cuando ven una silla libre, no vaya a ser que se queden sin ella-se mofó Deidara

Animado por el momento, Sasuke recordó al hombre que aparecía en sus sueños desde que era pequeño. Nunca llegaba a verlo con claridad. 

-Quiero un hombre que me mire con pasión y me haga temblar como a un bobo. Uno de esos que, con su sola presencia, hace que te sientas protegido, querido y amado. 

-¿Te han echado alucinógenos en la bebida?-se burló Deidara al escucharlo. 

-Y sobre todo, y muy importante-concluyó Sasuke despertando de sus anhelos—, que no se le ocurra llamarme « ¡viejo!». Porque juro y rejuro que la próxima persona a la que se le ocurra llamarme « ¡viejo!», le hago tragarse los dientes. 

En ese momento se abrió la puerta de la taberna y entró un hombre alto, guapo e impecablemente vestido de negro y gris; muy del estilo  de Arashi y sus refinados amigos.

-Uf... Qué bien le sienta ese traje de Armani.-Al ver el gesto de sus amigos, Sasuke aclaró haciéndoles reír-. Pero no. No quiero más.

Sus amigos se miraron con complicidad. Si algo tenían claro, era que el no iba a cambiar nunca. Era espontáneo, loco y divertido, y eso lo hacía especial. 

-Déjame decirte que no todos los hombres son iguales-aclaró Iruka. Puede que encuentres uno tan guapo como los que a ti te gustan y que además sea sensato, varonil y galante. Tipo Clooney. 

-¿Dónde hay un tío así? Que me lo quedo yo-bromeó Deidara. 

-Lo que pasa, Saskito de mi alma... 

-No me llames así que lo odio-se quejó mientras su iPhone le indicaba que había recibido un mensaje. Era de Arashi. Don Tiquismiquis. Su ex. 

«Tengo ganas de verte.» 

Incrédulo, lo volvió a leer y, sin hacer el menor caso, lo cerró y sonrió a su amigo Iruka, que continuaba hablando.
 
-Decía, querido amigo, que sueles fijarte en cada espécimen, hijo mío, que es para echarte de comer aparte. Porque ahora ha sido don Tiquismiquis pero, ¿qué me dices de Hashirama, el sueco? 

-Uisss... ¡Qué guapo era!-corroboro Deidara. 

-Y qué limpito iba siempre. Y lo bien que le sentaba la ropa de Adolfo Domínguez y las camisetas de Custo-asintió Sasuke, divertido, al recordarle.
 
-Sí, pero todo se le iba en la fachada. Era un vago de tres al cuarto-recordó Iruka. 

-Tienes razón. Era tan guapo que me daba hasta vergüenza ver cómo me miraban las chicas y los donceles por la calle cuando íbamos con el. Me hacían sentir feo y más bajito-se mofó Deidara

-Fueron seis meses... ¡Pero qué seis meses!-suspiró Sasuke al recordarle.
 
-¿Y Sora?-Siguió enumerando Iruka-. ¿Qué me decís de él? 

-¿Aquél que sólo comía pollo y arroz?-preguntó Deidara, y Iruka asintió mientras se atragantaba de risa. 

-Era un idiota creído, aspirante a Gran hermano —admitió Sasuke-. Eso sí, estaba de muy buen ver. Eso no lo voy a negar. 

-¿Lo ves?-interrumpió Deidara-. A ver si cambias tus gustos y te fijas en hombres. Pero hombres de verdad. No en guaperas metrosexuales que se horrorizan si se ven un pelo fuera de lugar o engordan unos kilillos. 

-Lo sé, lo sé-asintió Sasuke al recordar los ataques de Arashi cuando la báscula subía cien gramos-. Tengo que cambiar. 

-Necesitamos encontrarte a un hombre como los de antes-sentenció Iruka

-Ya la encontré. Lo malo es que sólo vive en mis sueños-se rió de sí mismo-. Oye, ya que estamos, ¿y si aprovechamos esa búsqueda y localizamos otro para Deidara? 

El aludido al escuchar su nombre soltó una carcajada. 

-Ay, Sasuke, ¡ya me gustaría! Pero yo no soy el prototipo de doncel que suele gustar. Soy gracioso y, no bajito, sino recogidito-todos rieron-, pero no tengo muchos encantos. Y mira que me joroba reconocerlo, pero es la verdad. Solo atraigo a mequetrefes con nombres insultos, como «Chino», «Juanito» o «Yuls». No puedo competir con vosotros, los estilizados. Eso sí, si yo fuera alto y espigado... Uf, ¡otro gallo cantaría! 

Aquello hizo que los tres se partieran de la risa. Al final, Deidara, levantando de nuevo su copa, miró a sus amigos y dijo en tono alegre y jovial: 

-Pero como de ilusiones también se vive, brindo porque alguna vez un tío de verdad, con un nombre contundente y una mirada cautivadora, se fije en mí. Pero sobre todo, brindo por la tarde de rebajas que nos espera en Oxford Street.

-Tú lo has dicho-jaleó Sasuke-. ¡Vivan las rebajas! 

Diez minutos después, bajo el aguacero, tres donceles divertidas corrían y se metían en una tienda de ropa casual. Tenían mucho que comprar.

Continuara…

sábado, 18 de octubre de 2014

Te esperare toda mi vida

titulo original: Te esperare toda mi vida

Autora original: Megan maxwell

Prologo

Aberdeen, Escocia, 1429.

Guren Namikaze corría asustada por el empapado y verde descampado sujetando su avanzado embarazo con ambas manos. Kaguya, la hechicera, la seguía con la maldad ardiendo en su rostro deseoso de venganza.

  Un día antes, en el castillo de Aberdeen, el enlace entre Utaka y Lady Hotaru se había tomado en fatalidad. Por error, durante festejos, una flecha los Namikaze había acabado con la vida de Hamura, el hijo de Kaguya, la hechicera.

Atrás quedaron los días placida vida y las noches de quietud. Kaguya había perdido a su adorado hijo y su furia era imparable.

-Deteneos, Guren, no tenéis escapatoria-chillo Kaguya con los ojos encendidos por la venganza.

La joven asustada no quería dejar de correr, pero el agotamiento provocado por el peso del bebe en su vientre y la proximidad del acantilado la hicieron parar, si seguía avanzado caería al mar. Estacaba acorralada. No podía huir. Por ello y a sabiendas de que iba a morir, se volvió hacia su perseguidora y, mirándola a los ojos grito con aplomo:

-Os juro, kaguya, que aun muerta no descansara hasta vengar la muerte de mi esposo. ¿Porque le habéis matado? ¿Por que?

-Porque le amabais. Como yo a mi hijo.

Delirante, la hechicera se acerco a ella y aferro con fuera el colgante que Alannah lucia en su cuello, arrancándoselo de un fuerte tiron.

-Devolvedme la joya de los Namikaze.

Aquel medio corazón tallado en piedra blanca era, junto con la otra mitad que su difunto marido aún llevaba en el cuello, la joya más preciada de su clan. La desesperación de la joven hizo reír a la hechicera que, enloquecida por los acontecimientos de los últimos días, se aproximó hasta casi rozarle la cara con su aliento. 

-No, Guren, no os lo devolveré-siseó. 

-¡Matadme a mí, pero dejad vivir a mi hijo!-gritó la futura madre al ver cómo la enloquecida mujer miraba su tripa. 

Durante unos segundos Kaguya dudó. Pero no; quería hacer daño, y tras pensar en una venganza perdurable en el tiempo, exclamó levantando las manos. 

-No os voy a matar Guren. Viviréis para ser testigo del dolor que sufrirá vuestro hijo el día que sea feliz. Porque yo, Kaguya Otsutsuki, hechicera de Montrose, maldigo a todos los Namikaze a partir del nacimiento de este niño. 

-¡Noooo!-gritó horrorizada Guren, mientras escuchaba las voces de los guerreros que se acercaban para auxiliarla. 

—No seréis felices. ¡Nunca! Vuestra felicidad me la llevo con el colgante-bramó enloquecida-.Todos perderéis al ser amado en el momento en que vuestros corazones rebosen de felicidad. Vuestras vidas serán una pura agonía, desamparo y soledad; porque cualquier Namikaze que ame, verá morir a su pareja. Y este hechizo sólo se desvanecerá cuando uno de esos amados el colgante vuelva a encontrar.
 
—Kaguya... no —imploró Guren, al ser consciente de lo que la miserable mujer pensaba hacer. 

Dicho aquello, la hechicera sonrió y se precipitó al vacío desde el impresionante acantilado de Aberdeen, desapareciendo para siempre una vez que cayó en el mar. 
Y la maldición de Kaguya inundó de tristeza, durante siglos, a todos los Namikaze.

Continuara….

Pídeme lo que quieras

Capitulo 25


Lunes

El despertador suena a las siete de la mañana.

¡Que asco madrugar!

Me levanto y me meto en la ducha sin ganas. Estoy agotado. No e podido dormir pensando en Naruto. Cuando regreso a la habitación para vestirme, fijo mí mirada en la lamparita. Resiento en la cama y, con añoranza, paso mis dedos por el dibujo de sus labios y su nombre. Durante un buen rato me dedico a mirarlo mientras pienso en él.

Finalmente me levanto de la cama. Tengo que ir a trabajar. Me visto y cojo mí coche.

Cuando llego al trabajo, dejo el maletín sobre la mesa y siento que alguien se acerca a mí por detrás. Es mí compì, Sai.

-Buenos días, precioso.

-Buenos días.

Al ver mi desgana, se aproxima todavía más y me observa.

-Vaya…murmura-. ¿Iceman te hizo trabajar más  de la cuenta? Tu pinta es horrible.

Su comentario me reactiva.

-Si-le digo, sonriendo-. Es un poco negrero en el trabajo. Pero por lo demás, bien.

De pronto Sai se percata del vendaje de mí brazo.

-Pero ¿Qué te ha pasado?

Sin ganas de dar muchas explicaciones, mudito:

-Me quemé con la plancha.

Sai asiente y vuelve a preguntar:

-¿Cuándo regresaste del viaje?

-El viernes por la noche. De momento se han cancelado las reuniones que teníamos porque el señor Namikaze tuvo que regresar a Alemania.

Sai nueve su cabeza afirmativamente. Me coge del brazo y dice:

-Vamos. Te invito a desayunar y me cuentas que te pasa.

En el desayuno, para justificar mis ojeras, hablo de Curro. El simple hecho de nombrarlo me llena los ojos de lágrimas y es un buen pretexto para que no se percate de lo que realmente me pasa. Veinte minutos después, una vez acabados los desayunos, regresamos a nuestros puestos de trabajo. Hay mucho que hacer.

Mí jefa me saluda a medida que pasa por mí lado y me pide que entre en su despacho. Desea que le informe de que tal ha ido todo y lo que le explico parece agradarle. Tras eso, me carga de trabajo. Su manera de decirme lo enfadada que esta por que el jefazo me llevara a mí y no a ella es ésa: ¡agobiante con el trabajo! Cuando salgo de la oficina por la tarde estoy agotado, pero decido ir al gimnasio. Necesito desahogarme y allí lo consigo.

Continuara….


domingo, 12 de octubre de 2014

Pídeme lo que quieras

capitulo 24

Después de un maravilloso sábado junto, el domingo de madrugada me despierto sobre las seis de la mañana y oigo unos extraños ruidos en el baño. Me levanto y me sorprendo al ver a Naruto vomitando. Al verme aparecer, me pide enfadado que salga y que me espere fuera. Le hago caso y cuando sale, con gesto dolorido, se sienta en el sillón y cierra los ojos.

-¿Qué te ocurre?

-Algo me debió de sentar mal anoche.

-¿Quieres una manzanilla para que te asiente el estómago?

Naruto, con los ojos cerrados, niega con la cabeza y murmura:

-Por favor…apaga la luz y vete a dormir.

-Pero…

-Sasu-susurra, enfadado.

-Pero qué gruñón eres, ¡por Dios!

-Vale…soy un gruñón. Ahora, por favor, haz lo que te pido.

Sin decir nada más desaparezco y me tumbo en la cama. No quiero darle muchas vueltas a lo ocurrido. Intento entender que, si esta mal, lo que menos le apetece es tenerme a mí al lado haciéndole preguntas. Me duermo y me despierto sobre las diez. Nada más abrir los ojos, veo a Naruto a mí lado. Sonríe y su apariencia es buena.

-Buenos días.

-Buenos días… ¿estás mejor?

-Perfecto. Como te dije algo me debió de sentar mal. –Voy a hablar y dice-: Mira lo que he preparado para ti.

A mis pies hay una bandeja con el desayuno. Y, sobre ella, una flor de papel. Como un tontorrón, lo cojo y sonrío. Él me besa y murmura:

-Déjame un hueco en la cama, luego desayunamos, ¿te parece?

-Si.

A las doce, tras hacer el amor, lo veo tan bien, tan repuesto, que le propongo enseñarle el popular Rastro de Madrid. Lo arrastro hasta el metro, un lugar en el que Naruto nunca ha estado.

-En algo soy el primero-le murmuro, haciéndole reír-.La primerito que te ha llevado al metro de Madrid.

Cuando nos bajamos en la parada de La Latina, su sorpresa es mayúscula. Ver tanta cantidad de gente de toda índole lo sorprende.

Se empeña en comprarme un  anillo de plata que he estado mirando en un puestecito. Para mí gusto, cuarenta euros es carísimo. Para su gusto, una baratija. Al final acepto. Pero a cambio, e otro puesto le compro una camisa de Madrid con el mensaje <<Lo mejor de Madrid….tú>>. Le hago quitarse su camisa en medio del rastro y le insto a que se ponga la camiseta que yo le he comprado. Accede y esta guapísimo con ella puesta.

Nos hacemos unas fotos con mí móvil y las guardo como mí mayor tesoro.

Encantado, paseamos de la mano como una pareja más, hasta que, al llegar frente a un puesto de lamparitas hippies, quiere comprar dos para llevárselas a Alemania y acordarse de su visita al rastro. Me hace elegir y yo elijo dos de color lila claro. Cuando lo paga, me confiesa que una es para mí. Eso me emociona. Cada uno tendrá una en su hogar y, siempre que las miremos, nos acordaremos del otro.

Tras aquello, caminamos un rato más por el rastro hasta que Naruto se niega en redondo a seguir. La gente me da sin querer en el brazo y no quiere que nadie me haga daño. Lo horroriza que vuelva a sentir dolor. Al final, por no escucharlo, accedo a marcharnos y cogemos un taxi. Lo levo a comer al Retiro.

Le propongo un par de restaurantes, pero él prefiere algo más íntimo.

Al final, compro unos bocadillos de tortilla y nos sentamos en el mudillo césped a comer, mientras reímos y revisamos las bonitas lamparitas.

-Son preciosas, ¡me encantan!

-Si. Son muy bonitas.

Naruto sonríe.

-¿Llevas algún bolígrafo y un brillo de labios en la mochila?

Al escuchar aquello lo miro y achino los ojos.

-¿A que clase de bolígrafo te refieres? Te recuerdo que estamos en un parque y no quiero acabar en el calabozo por escándalo público.

La carcajada que suelta me  reaviva el alma y él responde a mí risa dándome un impulsivo beso en la punta de la nariz.

-No me refiero a lo que tú crees y, viciosillo, me refiero a un simple bolígrafo y brillo de labios, ¿llevas?

Abro mí mochila. Saco un pequeño neceser y, satisfecho, se los enseño.

-Píntate los labios-me pide.

Sorprendido, lo comienzo a hacer, pero me detengo a medio pintar.

-¿Para qué es?

-Hazlo.

-No. Primero quiero saber qué es.

Se encoge de hombros y suspira.

-Quiero que tus labios estén en la pantalla de mí lámpara, junto a tu nombre.

-¡Vaya! ¡Me encanta la idea! Pero entonces yo quiero lo mismo en la mía.

-¡Quieres que me pinte los labios?

-Si-respondo divertido.

-¡Ni hablar!

-Venga, hombre-protesto-. Yo también quiero tus labios en mí lámpara junto a tu nombre.

Durante unos minutos bromeamos. Nos reímos. Pero al final los dos nos pintamos los labios y los plantamos en las lámparas. Nos limpiamos el brillo de labios con un pañuelo de papel y Naruto me da el bolígrafo. Bajo mis labios pongo: <<Sasuke>>, u él bajo os suyos: <<Naruto>>.

-Ahora es más bonita-indica, divertido-.Tus labios revalorizan la lámpara y siempre que los vea en Alemania me acordaré de ti.

Eso me entristece. Regresa a Alemania en su jet privado y se aleja de mí. Ya lo añoro y todavía no se ha ido.

Cuando acabo el bocata, me tumbo en el césped y él me imita.

-Volverás, ¿verdad?-le pregunto, incapaz de mantenerme callado.

Como siempre, lo piensa antes de contestar.

-Claro que si, pequeño. Parte de mí empresa está en España.

Respiro aliviado.

-¿Que es eso tan importante que te hace interrumpir tu viaje?-sigo preguntando.

No responde. Solo me mira.

-Es una mujer-gruño-, ¿verdad?

-No.

-¿Entonces?

-Tengo obligaciones que no puedo desatender y he de regresar.

Su contestación es tan cortante que decido callar.

¡Me estoy pasando!

Miro la copa de los árboles. Hace aire y me encanta ver como se mueven. Eso me relaja. Naruto pone su cabeza en mí campo de visión y me besa.

-Sasu…-comienza a decir, mientras se separa de mí.

-Tranquilo. Me he pasado. Soy un preguntón.

-Sasu…

-Que si…que me he enterado. Que no soy nadie para preguntar.

-Sasu, escúchame, por favor.

Su tono de voz hace que lo mire.

-Prométeme que vas a continuar con tu vida tal y como era antes de que yo irrumpiera en ella.

Voy a contestar, pero él me pone la mano en la boca para continuar:

-Necesito que me prometas que saldrás con tus amigos y lo pasaras bien. Incluso que volverás a quedar con el tipo ese con el que te metiste en los baños de aquel bar y con ese tal Neji, de jerez. Quiero que lo que ha pasado entre nosotros quede algo que ocurrió y nada más. No quiero que le des importancia y…

-Vamos a ver.-Quito con brusquedad su mano de mí boca-.¿A que viene ahora esto?

-Viene a colación de lo que hablamos en tu casa.

Al recordar la conversación, me enfurezco.

Me voy a levantar del suelo, pero él se sienta a horcajadas sobre mí, me sujeta los brazos por encima de mí cabeza y me inmoviliza.

-Necesito que me prometas lo que te he pedido.

-Pero, Naruto, yo…

-¡Prométemelo!

No entiendo que pasa.

No entiendo por que quiere que le prometa lo que pide. Pero la determinación en sus ojos me hace decirle:

-Vale, te lo prometo.

Su gesto se relaja, baja hacia mí boca e intenta besarme. Yo retiro la cara.

-¿Me acaba de hacer la cobra, señorito Uchicha?

-Si.

-¿Por que?

-Sencillamente porque no quiero besarte.

Divertido, curva sus labios.

-¿En este momento para ti soy un gilipollas?

-Pues si. En toda su extensión, señor Namikaze.

Naruto me suelta y se tumba a mí lado. Los dos miramos las copas de los árboles y no hablamos. Minutos después siento que me coge de la mano. La aprieta y yo la acepto.

Una hora después, mí móvil suena. Es Tango. Nos espera a la salida el Retiro que esta enfrente de la Puerta de Alcalá. En silencio, cogidos de la mano, caminamos por el parque hasta llegar en coche. Tango, al vernos, nos abre la puerta y montamos. Una vez en el interior, noto la mirada pensativa de Naruto. Quiero saber que piensa. Pero no quiero preguntar. Y cuando llegamos a mí casa, mientras me retira el pelo de la cara.

-Siempre que la mire, me acordaré de ti, pequeño-murmura.

Asiento. No puedo hablar. Esto es una despedida.

Si hablo, lloro y no quiero que me vea llorar. Finalmente, sonrío, él cierra la puerta y se va.

Continuara…

sábado, 11 de octubre de 2014

Pideme lo que quieras

capitulo 23

Me despierto sobresaltado.

Miro el reloj. Las cuatro y treinta y ocho.

Estoy solo en la cama. ¿Dónde esta Naruto?

Me asusto. No quiero que se haya ido. Me levanto con rapidez. Cuando llego al salón veo que se echa unas gotas en los ojos, se mete algo en la boca y da un trago del vaso de agua. Después se sienta, se pone los cascos de mí iPod para escuchar música y cierra los ojos. Lo observa durante unos minutos y sonrío. ¡Esta escuchando música!

Al oírme, abre los ojos y se levanta.

-¿Estas bien?

Mientras me trago las lágrimas de felicidad por ver que aún esta allí, me toco el brazo y respondo:

-Si. Es solo que, al no verte, creí que te habías marchado.

Naruto sonríe.

-Duermo poco. Ya te lo dije.

-Oye…He visto que te tomabas algo, ¿Qué era?

-Una aspirina. Me duele la cabeza-responde con una encantadora sonrisa.

Cuando abro el frigorífico, veo las trufas y se me antoja comerme alguna. Bebo agua, pongo un par de trufas en un plato y regreso al salón. Naruto, que esta sentado en el sillón, sonríe al verme.

-Goloso.

Divertido, le devuelvo la sonrisa y me doy cuenta de que su gesto es cansado. Normal, no duerme. Me siento a su lado.

-Me encanta esta canción.

Le quito uno de los cascos, me lo pongo en mí oreja y oigo la voz de Malú.

-A mí también. La letra me recuerda a nosotros.

Él asiente. Yo cojo una de las trufas con la mano y comienzo a mordisquearla.

Sonríe.

¡Dios! ¡Me encanta verlo sonreír!

-¿Puedo probar la trufa?

-Claro.

Y, cuando veo que va a darle un mordisco a la trufa que tengo en mis manos, la acerco a mí boca, la restriego en mis labios y murmuro:

-Ya puedes probar.

Vuelve a sonreír. Se le ilumina la mirada y obedece sin rechistar. Sus labios toman los míos y, con una calma y placidez que me pone a mil, los chupa, los lame y lo finaliza con un dulce beso.

-Exquisito…la trufa también.

Cuando dice eso, suelto el resto de la trufa en el platito que he dejado encima de la mesa y me levanto. Me quito el pijama y, solo con los calzoncillos puestos, me siento a horcajadas sobre él.

Hasta el momento tenia tres adicciones. La Coca-Cola, las fresas y el chocolate. Pero ahora le sumo una más fuerte y poderosa llamada Naruto. Lo deseo…Lo deseo y lo deseo. Da igual la hora, el momento o el lugar…lo deseo.

Sorprendido por aquello, se quita los cascos.

-¿Qué haces, Sasu?

-¿Tú qué crees?

-Me duele la cabeza, nene…

Como respuesta, lo beso. Un beso caliente. Cargado de erotismo y lleno de anhelos.

-Sasu…

-Te deseo.

-Sasu, ahora no…

-Naruto, ahora si. Te deseo con exigencias. Con demanda. Con pretensión. Quiero que me folles. Quiero que disfrutes de mí. Quiero todo lo que tú desees y lo quiero ahora.

Se acomoda en el sillón y, con cuidado, me rodea con sus brazos la cintura. Lo miro y veo que no esperaba mis exigencias y que lo vuelvan loco. Mis caderas toman vida propia y se mueven sobre él. Su respuesta es inmediata. Noto como crece su duro pene y eso me activa más.

Una de sus manos abandona mí cintura para subir por mí espalda hasta llegar a mí pelo. Lo agarra y tira de él. Si… ¡ese es Naruto!

Mi cuello queda totalmente expuesto ante su boca y lo chupa. Lo lame con ansiedad, con capricho y me hace suspirar de placer.

Su otra mano abandona mí cintura y llega hasta mis pezones, que quedan ante él. Su boca carnosa se dirige hacia ellos. Los chupa. Los devora. Me mordisquea los pezones y los endurece. Me aviva.

Me suelta el pelo y puedo volver a mirarlo a la cara. Sus manos están a cada lado de mis pezones y, con reclamación, los junta y los aprieta para meterse los dos pezones en la boca.

-Me vuelves loco…

-Tú a mí más, aunque a veces eres un gilipollas.

Sonríe. Me pego a él.

-Sasu…tu brazo. Cuidado. Vas a hacerte daño.

Su preocupación por mí me chifla. Cuando va a tomar las riendas de la situación, le sujeto las manos y susurro cerca de su boca:

-No…Naruto…tu castigo por no haber cooperado conmigo hace unas horas en mí cama, sera que yo mando.

-¿Mi castigo?

-Si. Creo que voy a tener que empezar a castigarte como tú a mí.

-Ni lo sueñes, pequeño.

Su mirada cargada de erotismo consigue enajenarme.

Durante unos segundos, se resiste a dejar que sea yo quien lo lleve la batuta, quien lo posea, pero al final noto que sus manos regresa a mis piernas y, mientras las pasea por ellas, murmura:

-De acuerdo…pero solo por hoy.

Decido jugar a su juego y me dejo lleva por el morbo. Cojo sus manos y las retiro de mis muslos mientras le ordeno.

-Prohibido tocar.

Gesticula. Quiere protestar y frunzo el ceño.

Cuando veo que se queda quieto, me agarro los pezones y los acerco a su boca. Se los ofrezco. Lo obligo a que primero me chupe uno y después el otro y, cuando mis pezones vuelvan a estar tiesos, se los retiro de la boca y sonrío. Naruto gruñe.

-Dame tu mano-le pido.

Me la entrega y la paseo por mí pierna hasta llegar a la cara interna de mis muslos. Le dejo tocarme y pronto introduce un dedo bajo mis calzoncillos. Dejo que se encapriche más de mí y, cuando se anima, lo obligo a que saque el dedo y se lo llevo a su propia boca.

-Resbaladizo y húmedo, como a ti te gusta.

Intenta cogerme de nuevo por la cintura y le doy un manotazo.

-Prohibido tocar, señor Namikaze.

-Señorito Uchiha…modere sus órdenes.

Sonrío, pero él no. Eso me gusta.

Subo mí mano izquierda hasta su cuello, la meto entre el sillón y él y le agarro del pelo con cuidado. No quiero que le duela más la cabeza. Su cuello queda expuesto totalmente ante mí, mientras siento el latido de su corazón entre mis piernas.

-Señor Namikaze, no olvide que ahora  mando yo.

Saco mí lengua y le chupo el cuello. Me deleito con su sabor y finalmente acabo en su boca. Adoro su boca. Le devoro los labios y oigo un gemido gutural salir de si interior.

-Me encanta tus ojos-murmuro-.Son preciosos.

-Yo los odio.

Me hace gracia su comentario. Naruto tiene unos maravillosos ojos azules que estoy seguro que causan furor allá por donde vaya. Cada segundo que pasa me siento más alterado, acerco mis pezones de nuevo a su boca y, cuando él me los va a chupar, se los retiro. Sin dejar de mirarlo a los ojos, me escurro entre sus piernas y, con cuidado de no darme en el brazo, meto mí mano bajo sus calzoncillo, agarro su caliente pene y sus duros testículos y saco todo ello al exterior.

¡Oh, Dios! Es impresionante.

El poderoso latido de aquel grueso glande hinchado hace que mí entrepierna tiemble de impaciencia. Y cuando acerco mí boca hasta su rosado capullo y me lo introduzco, lo siento temblar a él. Mi lengua, deseosa, pasea por su pene y e reparto cientos de dulces besos cargados de erotismo y perversión. Juego mimoso hasta que sus jadeos por lo que le hago me hacen mirarlo y veo que tiene la cabeza recostada en el sofá y los ojos cerrados. Su mandíbula esta tensa y tiembla de gozo. ¡Oh, si…si! De pronto, noto sus manos en mí cabeza y digo para que me escuche:

-Imagina que estamos en el club de intercambio y alguien nos mira y se muere porque tú le permitas tocarme, mientras me haces el amor con la boca delante de él. ¿Te gusta?

-Ssssi…-consigue decir mientras enreda sus dedos entre mí pelo.

Noto sus caderas moverse y su pene se acomoda aún más en mí boca. Eso me da fuerzas para continuar mientras siento como todo él se contrae de placer. Con delicadeza, mordisqueo alrededor de su capullo y me paro en una finita tela. Mi lengua se desliza por ella consiguiendo que Naruto se mueva y resople y más cuando finalmente la agarro con mis labios y tiro de ella.

Como si de un helado se tratara, lo chupo, lo degusto. Recuerdo la trufa que hay sobre la mesa y sonrío. Cojo un poco con mí dedo, lo unto en su pene mientras me recreo y murmuro que otro día será él quien unte esa trufa en mi pene para que otros me chupen. Naruto jadea, muerto de placer.

Con mí otra mano libre le agarro los testículos y se los toco. Naruto tiene un espasmo, después otro y sonrío al oírlo resoplar.

Anhelante de su pene, regreso a él. Lo meto con mimo en mí boca, pero ya esta tan enorme e hinchado que no cabe, por lo que decido subir y bajar mí lengua por él mientras el sabor a trufa me hace disfrutar más y más. Le enloquece lo que hago, lo que le digo, así que lo repito una y otra vez hasta que sus jadeos son más continuos y fuertes. Sus caderas me acompañan, sus dedos en mí pelo se tensan y me embiste en la boca.

La sensación me embriaga. Estoy poseyéndolo con mí boca y me gusta tenerlo entre mis manos y bajo mí merced. Pongo una de mis manos sobre sus marcados abdominales y le clavo las uñas. Eso le hace jadear más mientras sus caderas no paran de moverse. Agarro su glande endurecido con mis manos y comienzo a masturbarlo con embestidas potentes, como a él le gustan, mientras fantaseo sobre lo que otro hombre me estaría haciendo a mí.

El cuerpo de Naruto se contrae una y otra vez, pero se niega a dejarse llevar.

-Súbete en mí. Saxo…Por favor, hazlo.

Su voz implorante y mí deseo por él me llevan a obedecerlo.

Me siento a horcajadas sobre él y entonces me penetra. Estoy mojado y resbaladizo. Se encaja totalmente en mí y los dos gritamos.

-¡Dios, nene, con lo que dices me vulvas loco!

Mimoso y dispuesto a todo, lo miro.

-Eso quiero…jugar contigo a todo lo que quieras porque tu placer es el mío y yo deseo probarlo todo contigo.

-Sasu…-jadea.

-Todo…Naruto…todo.

Noto como se abre paso en mí interior. Enloquecido, me sujeto a sus hombros mientras él me agarra con posesión del culo y con su demanda me hace subir y bajar para encajarse en mí una y otra vez mientras me mira y me come por el deseo.

Su glande duro y caliente, entra y sale de mí con desesperación, mientras mí ano se contrae y lo succiona. Muevo las caderas frenéticamente y tiemblo mientras Naruto, con movimientos devastadores y duros, continúa llevándome hasta el clímax.

Mis pezones están delante de él y, cuando su boca me agarra un pezón y me lo muerde al tiempo que me penetra, un orgasmo devastador toma mí cuerpo. Mientras, él me colma de largas embestidas hasta que no puedo más y lo oigo sisear mí nombre entre jadeos y contracciones. Cuando todo acaba y quedo sobre él extasiado y húmedo, me doy cuenta de una gran verdad. Estoy total y completamente sometido y enamorado de él.

Continuara…