viernes, 19 de septiembre de 2014

Pídeme lo que quieras

capitulo 14

A la siete y media de la mañana del lunes estoy en pie. Curro esta tranquilo. Le doy su medicación y desayuno. Luego me meto en la ducha. Diez minutos después salgo, me visto y me peino.

A las ocho y media entro en la oficina. En el ascensor coincido con Sai y nos felicitamos por haber ganado la Eurocopa. Estamos emocionados. Bromeamos sobre nuestro fin de semana y, como siempre, terminamos a carcajadas. Subimos a la cafetería y allí gritamos con otros compañeros: << ¡No hay dos sin tres!>>.

Finalmente, nos sentamos a una mesa a desayunar con nuestro café. Diez minutos después, la magdalena se me cae de las manos al ver a Naruto entrar con mi jefa y dos jefes más.

Esta impresionante con su traje oscuro y su camisa clara. Por su gesto serio habla de trabajo pero, cuando llegan a la barra y piden los cafés, me ve. Yo sigo hablando, disfrutando de la compañía de mis compañeros, aunque con el rabillo del ojo veo que ellos se sientan en una mesa alejada de la nuestra. Naruto se sienta en la silla que queda frente a mí. Me mira y entonces yo también lo miro. Nuestros ojos se encuentran durante una fracción de segundo y, como era de esperar, mi cuerpo reacciona.

-Vaya. Ya han llegado los jefes-dice Sai-. Por cierto, me han dicho que el otro día te quedaste con el nuevo jefazo atrapado en el ascensor.

-Si. Con él y con algunas personas más-respondo con desgana. Pero dispuesto a saber más del jefazo, le pregunto-: Oye, tú que eras el secretario de su padre, ¿de qué murió?

Sai mira con curiosidad hacia la mesa del fondo.

-La verdad es que era un hombre extraño y poco hablador. Murió de un ataque al corazón.-Y al ver a mi jefa reír, susurra-: Por lo que veo el nuevo jefazo le gusta a nuestra jefa. Solo hay que ver como se ríe y se toca el pelo.

Sin poder evitarlo, miro hacia su mesa y, de nuevo, mis ojos se cruzan con la mirada fría y gélida de Naruto.

-¿El señor Namikaze tenia más hijos?-Si. Pero solo Iceman vive.- ¡¿Iceman!?

Sai se ríe y, acercándose, cuchichea:

-Naruto Namikaze es ¡Iceman! El hombre de hielo. ¿No has visto la cara de mala leche continua que tiene?-Eso me hace reír y Sai añade-: Por lo que me ha dicho la jefa, es duro de pelar. Peor que su padre.

No me sorprende lo que me cuenta. Se dice que la cara es el espejo del alma y la cara de Naruto es de tormento continuo. Pero el nombrecito me hace gracia- Aun así, replico:

-¿Por qué dices que él es el único hijo que vive?-Tenia una hermana, pero murió hace un par de años.- ¿Qué le pasó?

-No sé, Sasuke…El señor Namikaze nunca habló de ello. Solo se que murió porque un día me dijo que se tenía que marchar a Alemania al entierro de su hija.

Saber eso me apena. Dos muertes en tan poco espacio de tiempo tiene que ser muy doloroso.

-El señor Namikaze estaba separado de su mujer-continua Sai-. Iceman y él no tenían buena relación; por eso él nunca venía por España.

Saber aquellos datos de él me inquieta. Quiero saber más, así que pregunto:-¿Y por qué no tenían buena relación?

-No lo sé, precioso-responde Sai mientras pone un mechón de pelo tras mi oreja-. El señor Namikaze era bastante hermético con su vida privada. Por cierto, ¿Cuánto vas a querer tomar una copa conmigo?

Escuchar aquello me hace sonreír. Apoyo los codos sobre la mesa y, al dejar caer mi cara en mis manos, respondo, mirándolo:

-Creo que nunca. No me gusta mezclar el trabajo con el placer.

Mi contestación cargada de una ironía que él no entiende me hace gracia. Sai se acerca un poco más a mí y murmura:

-Cuando hablas de placer, ¿a que clase de placer te refieres?

Sin moverme un ápice respondo:

-Vamos a ver, guaperas. Eres el caramelito que todas y todos de la oficina se quieren comer y yo soy un doncel muy celoso y no comparto. Por lo tanto…búscate a otro porque conmigo lo llevas crudo.

-Mmmm… ¡Me gusta lo difícil!

Eso me hace soltar una carcajada y Sai me sigue. De pronto, veo que Naruto se levanta y sale de la cafetería y respiro. No tenerlo cerca es un alivio para mí. Diez minutos después, mi compañero y yo regresamos a nuestros puestos.

Cuando llego a mi mesa veo la puerta del despacho del jefazo esta abierta. Maldigo. No quiero verlo. Me siento y de pronto el móvil pita y leo: <<No te rasques o el sarpullido irá a peor>>.

Me observa. Miro hacia el despacho y lo veo sentado en la que fue la mesa de su padre. Se siente poderoso. Me está provocando, pero no pienso caer en su juego. Achino los ojos enfadado. Con la mirada, le digo de todo menos bonito y, sorprendentemente, curva sus labios mientras aguanta  una sonrisa.

De pronto aparece mi jefa y dice, interponiéndose en nuestro campo de visión:

-Sasuke, si alguien me llama, pásame la llamada l despacho del señor Namikaze.

Sin abrir la boca, asiento. Mi jefa, contoneando sus caderas, entra en el despacho de Naruto y cierra la puerta. Comienzo a trabajar y, a media mañana, la puerta del despacho se abre. Veo salir a mi jefa con una carpeta en las manos.

-Sasuke-me dice-. Me voy a ausentar de la oficina una hora. Si el señor Namikaze necesita lo que sea, soluciónaselo. –Luego e vuelve hacia Sai y añade-: Acompáñame.

Mi compañero sonríe y yo también. ¡Vaya dos! ¡Ay!, si ellos supieran lo que yo sé…

Cuando desaparecen del despacho, el teléfono interno suena. Maldigo al saber que es él. Al final lo cojo.

-Señorito Uchiha, ¿puede pasar a mi despacho, por favor?

Estoy tentado a decir que no. Pero eso no sería profesional y yo, ante todo, soy un profesional.

Me levanto, entro en el despacho y pregunto:-¿Qué desea, señor Namikaze?

Resoplo y siento que mi piel comienza a arder. Mi maldito cuello me va a delatar y eso me incomoda. Pero le hago caso y cierro la puerta.

-Enhorabuena. Ganasteis la Eurocopa.-Gracias, señor.

El silencio entre nosotros se hace insoportable.-¿ Lo pasaste bien anoche?-añade. No respondo.


-¿Quién era el tipo al besaste y con el que estuviste diecisiete minutos en el baño de hombres?-me pregunta.

Boquiabierto, me lo quedo mirando.

-Te he preguntado-insiste-. ¿Quien es?

Colérico por lo que escucho, deseo lanzarle el bolígrafo que llevo en la mano y clavárselo en el cráneo, pero lo aprieto y respondo, mientras contengo mis impulsos asesinos:

-Eso no le incumbe, señor Namikaze.

Increíble. ¿Me ha estado espiando? Me siento molesto.- ¿Qué hay entre tú y el ligue de tu jefa?-prosigue. ¡Hasta aquí hemos llegado! Pestañeo y respondo:

-Mire, señor Namikaze, no quiero ser desagradable pero nada de lo que me pregunta es de su incumbencia. Por lo tanto, si no quiere nada más, volveré a mi puesto de trabajo.

Enfadado y sin darle tiempo a decir nada más, salgo del despacho y cierro la puerta con ímpetu. ¿Quién se ha creído ese que es? Nada más sentarme en mi silla, el teléfono interno vuelve a sonar. Maldigo pero lo cojo.

-Señorito Uchiha, venga a mi despacho. ¡Ya!

Su voz suena enfurecido, pero yo también lo estoy. Cuelgo el teléfono y, enfadado, entro de nuevo dispuesto a mandarlo a la mierda.

-Tráigame un café, solo.

Salgo del despacho. Voy a la cafetería y, cuando regreso, se lo pongo encima de la mesa.

-No tomo azúcar. Tráigame sacarina.

Repito el camino, acordándome de todos sus antepasados y, cuando regreso con la puñetera sacarina, se la entrego.

-Eche medio sobrecito en el café y remuévalo. ¿Cómo? ¿Qué le remueva el puñetero café?

Aquel trato me indigna. No para de mirarme y la superioridad que muestra en su gesto me reconcome las tripas. ¡Sea idiota, el alemán! Deseo tirarle el café a la cara, deseo mandarlo a freír espárragos, pero al final hago lo que me pide sin rechistar. Cuando termino, dejo el café frente a él y me doy la vuelta para salir del despacho.

-No salga del despacho, señorito Uchiha.

Oigo que se levanta. Me doy la vuelta para mirarlo.

Su ceño está fruncido. El mío también. Esta enfadado. Yo también.

Rodea la mesa. Se sienta ante ella con los brazos cruzados y las piernas abiertas. Su actitud es intimidatoria. Nuestra distancia se ha acortado. Eso me pone nervioso.

-Sasu…

-Para usted soy el señorito Uchiha, si no le importa.

Me mira con su típica cara de mala leche y siento que el aire se puede cortar con un cuchillo. ¡Menuda tensión!

-Señorito Uchiha, acérquese.-No-Acérquese.-¿Qué quiere?-exijo. Sin cambiar  su duro gesto, murmura entre dientes:-Acérquese, por favor.

Resoplo para que vea mi estado de ánimo y doy un paso adelante.

Su dura mirada exige que me acerque más pero no me dejo amedrentar.

-Señor Namikaze, no me voy a acercar más. Despídame si eso le hace seguir sintiéndose el Rey del Universo. Pero no pienso acercarme más a usted. Y, como se pase un pelo, lo denuncio por acoso.

Se incorpora de la mesa. Da dos pasos hacia mí y yo doy un paso hacia atrás. Lo oigo resoplar. Me coge del brazo, tira de mí y abre las puertas del archivo. Me mete y, una vez en la intimidad que nos da ese lugar, me coge con sus manos la cabeza, me acerca a él y me besa con posesión.

Esta vez no se detiene a rozar su lengua contra mi labio superior. No me pide permiso. Solo me atrae hacia é y me besa. Me empuja contra los archivos y, cuando siente que mi cuerpo no puede retroceder, abandona mis labios.

-Apenas he podido dormir pensando en ti y en lo que hacías con el tipo de anoche.

Obnubilado por lo que dice, respondo con un hilo de voz:-No hice nada.

Naruto aprieta sus caderas contra mí y siento su erección.

-Te agarraba por la cintura. Paseaba su mirada por tu cuerpo. Dejaste que te besara y entraste con él al baño de hombres. ¿Cómo puedes decir que no hiciste nada?

Enloquecido por lo que me está haciendo sentir con sus palabras y con su cercanía respondo:

-Con mi vida y con mi cuerpo hago lo que quiero, señor Namikaze. Le doy un tremendo empujón y lo separo de mí.

-Yo no soy un muñequito de esos a los que supongo que está acostumbrado a dar órdenes. No vuelva a tocarme o…

-¿¡O!?-pregunta con voz ronca.

-O soy capaz de cualquier cosa-contesto.

Su mandíbula esta tensa y, acercándose de nuevo a mí, susurra:

-Sasu, me deseas tanto como yo a ti. No lo niegues-no respondo. No puedo. Su cercanía me provoca mil sensaciones.

Mis ojos chispean. No sé si es indignación, morbo o qué. El caso es que chispean mientras aquel gigante con su cara de mala leche se cierne sobre mí.

-No estoy dispuesto a…

-¿Al sado? Eso ya lo sé, pequeño.

Su respuesta me pilla tan de sorpresa que no sé qué responder. Su mirada me bloquea.

-¿Te esta entrando el nervio?

Vuelve a desconcertarme, ¿Cómo puede recordar aquello que le explique en el ascensor? Me toco el cuello. Voy a soltarle alguna de mis frescas, cuando veo que hace una mueca.

-No te rasques, Sasu.

Sin darme tiempo a moverme, se agacha y me sopla en el cuello. Cierro los ojos. Mi indignación baja de intensidad. Él se ha propuesto que sea así y lo ha conseguido.

-Siento haberte puesto nervioso-musita de repente en mi oído-.Perdóname, pequeño.

Su poder es inmenso y ya me tiene donde quiere. ¡Soy un blando! Me besa. Esta vez con desesperación. Me sabotea y yo me dejo.

El hilo de mis pensamientos se bloquea y sólo pienso en besarlo y dejar que me bese.

¿Qué me ocurre?

Quiero reprimirme, pero no puedo. Nunca he sido un juguete para ningún hombre, pero él consigue controlarme. Lo deseo tanto como necesito el aire para respirar y eso me asusta. Me quema mi entrepierna, la piel y siento que mis calzoncillos se humedecen y que lo único que deseo es que me desnude y me posea.

Clavo mis ojos en él. Su cara seria y de perdonavidas me encanta. Me vuelve loco. Es tan sexy y devastador que soy incapaz de negarme a nada de lo que me exija. Por primera vez en mi vida me siento así y creo que no puedo hacer nada por evitarlo. Me desabrocha el pantalón. Su mano se mete con rapidez dentro de mis calzoncillos.

-Estás húmedo para mí-me susurra.

¿Qué va a hacer? ¿Me va a desnudar en el archivo?

Pero no. Mete la mano y siento que su mano coge mi pene y, empieza a mover la mano y, segundos después, aumenta la velocidad un poco más. Me agarra por el pelo, tira de él y subo la cabeza. Me besa de nuevo con impaciencia, mientras me hace abrir las piernas con su pie y con su mano subiendo y bajando por mi pene una y otra vez. Con su boca sobre la mía, reprimo mis gemidos y sé que el clímax está cerca.

-Correte para mí, Sasu.

Mi cuerpo vuelve a reaccionar a sus palabras.

El placer que me esta dando me hace querer más. El brillo sensual de su mirada me vuelve loco y me hace desear que me desnude, me tire en el suelo y sea su pene el que juegue en mi interior. Me muerdo el labio. Si no lo hago, gritaré y toda la oficina vendrá para ver qué pasa.

-Vamos, Sasu, déjate llevar.

Tenso la espalda y arqueo mis piernas mientras me dejo avasallar con gusto por él. Quiero sus dedos dentro de mí y, cuando veo creo que voy a explotar, lo beso para ahogar de nuevo mi gemido en su boca, mientras siento que mis músculos se contaren una y otra vez sobre sus caricias y percibo aún más la humedad en mi entrepierna. Poco a poco él se detiene y, cuando saca su mano de mi calzoncillo, quiero protestar. Él se da cuenta. Vuelve a tomar mi cabeza entre sus manos.

-Me debes un orgasmo, pequeño-murmura. No puedo responder.

Solo puedo abrir la boca y entrelazar su lengua con la mía. Disfruto de su sabor excitante y peligroso, olvidándome de nuevo de todo lo que hay a nuestro alrededor y de mí enfado. No quiero pensar que me utiliza como un juguete. No quiero pensar que es mi jefe. Simplemente no quiero pensar.

Dos minutos después y con las respiraciones más amparadas, deja de presionarme contra los archivadores y yo vuelvo a tomar el control sobre mi cuerpo. Maldigo.

¿Qué he vuelto hacer? ¿Cómo puedo ser tan idiota cada vez que lo veo?

Él parece darse cuenta de lo que pienso y me dedica una de sus habituales miradas gélidas.

-¿Has vuelto a pensar en mi proposición?-me pregunta.

Intento mirarlo. Me enfrento a Iceman y siento que pierdo toda compostura.-Ayer ya te respondí y te dije que no aceptaba. Aprieta los labios y yo resoplo. Lo miro sorprendido.

-¿Por qué eres tan cabezón?-añade-.Lo que te propongo te reportaría unos beneficios monetarios.

-¿Solo monetarios?

Naruto deja de sonreír ante mi pregunta.

-Todo depende de lo que quieras. Tú decides, Sasu. De momento necesito un secretario. El sexo surgirá, si tiene que surgir.

-¿Y si me niego a que vuelva a surgir?-replico, intentando creerme mi propia mentira.

Naruto me mira. Baja sus manos hasta mi pantalón y lo abrocha.

-Aceptaré tu negativa-añade con tranquilidad-. Otra u otro accederá. ¡Será imbecil, creído y chulo…!

Y entonces sale del archivador y me deja solo. Durante unos segundos cierro los ojos y me regaño a mí mismo. ¿Por qué soy tan facilon cuando estoy con él? Finalmente, me coloco la camiseta y el pelo y lo sigo. Él ya esta sentado ante su mesa y mira con el ceño fruncido la pantalla del ordenador. Me dirijo con calma hacia la puerta, dispuesto a salir.

-Te dije que te daba hasta el martes para la respuesta y así será-me dice antes de que abandone su despacho-. Ahora puedes regresar a tu puesto de trabajo. Si vuelvo a necesitarte…te llamaré.

Me pongo rojo como un tomate.

Salgo del despacho. Cierro la puerta, me apoyo en ella y miro a mí alrededor durante uno segundos. Todo fuera de mi despacho están trabajando. Parece que nadie se ha dado cuenta de lo que acaba de suceder. Cojo mi maleta y me voy al baño. Necesito lavarme. Diento mi pene empapado y eso me incomoda.

Veinte minutos después vuelvo a mi mesa y veo que Sai y mi jefa han regresado. Naruto y yo no volvemos a hablar ni a mirarnos. A las dos, la puerta del despacho se abre y salen juntos. No me mira. Solo mi jefa vuelve la cara hacia mí.

-Nos vamos a comer. Sasuke-me informa.

Asiento y respiro aliviado. Veo a Sai recoger sus cosas cuando mi teléfono suena. Es mi hermano.

-Sasu…tienes que venir a casa. ¡Ya!

Al escuchar aquello cierro los ojos y me siento. Las piernas me tiemblan. No hace falta que siga hablando. Sé lo que pasa.

Cuando cuelgo el teléfono, reprimo el llanto y me trago las lágrimas. No quiero llorar en la oficina. Soy un doncel duro y los numeritos no van conmigo. Busco a Sai y lo encuentro hablando con una compañera. Parece que están ligando. Me acerco a él y le informo de que me ha surgido un problema urgente y que aquella tarde no regresaré a trabajar. Él asiente sin prestarme mucha atención y regreso a mi mesa. Vuelvo a sentarme. Bebo agua de la botellita y, finalmente, recojo mis cosas.

Las manos me tiemblan y las mejillas me arden. Necesito llorar. Hago un esfuerzo por apagar mi ordenador, contengo mi pena y voy hacia el ascensor. Cuando salgo de él, corro hacia el parking y entonces me permito llorar. Antes no.

Cuando llego a casa mi hermano está con los ojos encharcados por las lágrimas. Curro respira con mucha dificultad y, sin perder un segundo, llamo a mi veterinario. El veterinario, que me conoce desde hace años, me indica que me espera en la clínica.

A las cuatro y media de la tarde, tras una inyección que el veterinario le pone para facilitarle el viaje, Curro me deja. Me deja para siempre, con el corazón destrozado y con la sensación de una perdida irreparable. Me agacho sobre la mesa donde su cuerpo sin vida descansa. Lo beso, acaricio su peluda cabeza por ultima vez y ciento de lagrimas me nublan por completo la vista.

-Adiós, cariño-murmuro.


Continuar…. 

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