capitulo 16
Suena el despertador. Lo miro: las siete y media.
Alargo la mano y lo apago. Me desperezo en la cama y mi
mente se despierta rápidamente. Miro a mi derecha y veo que Naruto no está. Mi
mente vuelve a ser consciente de lo ocurrido y me siento en la cama cuando oigo
una voz:
-Buenos días.
Miro hacia la puerta y allí esta él, vestido. Miro su ropa y
me sorprendo al ver que el traje que lleva y la camisa no son los que traía el
día anterior. Él se da cuenta y responde:
-Tango me lo ha traído hace una hora.
-¿Qué tal la cabeza? ¿Se fue el dolor?-pregunto.-Si, Sasu.
Gracias por preguntar.
Le respondo con una triste sonrisa. Me levanto de la cama
sin ser consciente del horrible espectáculo que ofrezco, despeluchado, legañoso
y con mi pijama del Demonio de Tasmania. Paso por su lado y, al hacerlo, me
pongo de puntillas y le doy un beso en la mejilla mientras murmuro un aún
soñoliento <<buenos días>>.
Voy a la cocina dispuesto a darle la medicación a Curro, cuando
veo todas sus cosas sobre la encimera. Me paro en seco y siento a Naruto detrás
de mí. No me deja pensar. Me coge por la cintura y me da la vuelta.
-¡A la ducha!-me ordena.
Cuando salgo de ella y entro en la habitación para vestirme,
Naruto no está allí. Así que me apresuro a sacar unos calzoncillos de mi cajón
y me los pongo. Después abro el armario y me visto. En cuanto estoy vestido y
presentable, salgo al salón y lo veo leyendo un periódico.
-Tienes café recién hecho-dice mientras me mira-. Desayuna.
Veo que dobla el periódico, se levanta, se acerca a mí y me
besa en la cabeza.
-Hoy me acompañaras a Guadalajara. Tengo que visitar las
oficinas de allí. No te preocupes por nada. En la oficina ya están avisados.
Le digo que si con la cabeza, sin ganas de hablar ni de
protestar. Me tomo el café y, cuando dejo la taza en el fregadero, siento que
Naruto se acerca de nuevo por detrás, aunque esta vez no me toca.
-¿Estas mejor?-me pregunta.
Muevo mi cabeza en señal afirmativa, sin mirarlo. Tengo
ganas de llorar de nuevo pero respiro y lo evito. Estoy seguro que Curro
se enfadará si sigo comportándome como un blandengue. Con la mejor de mis
sonrisas me doy como la vuelta y me retiro el pelo que me cae sobre los ojos.
-Cuando quieras, podemos marcharnos. Él asiente. No me toca.
No se acerca a mí más de lo estrictamente necesario. Bajamos
al portal y allí está Tango esperándonos con el coche. Nos montamos y comienza
el viaje. Durante la hora que dura el trayecto, Naruto y yo miramos varios
papeles. Yo soy el encargado de llevar al día las delegaciones de la empresa
Müller, de modo que conozco casi en primera persona a todos los jefes. Naruto
me explica que quiere saber de primera mano absolutamente todo de cada
delegación: productividad, cantidad de gente que trabaja en las fábricas y
rendimiento de las mismas. Eso me pone nervioso. Con el paro que hay ahora,
tengo miedo de que empiece a despedir a gente sin ton ni son. Pero en seguida
me aclara que ese no es su propósito, sino lo contrario: intentar que sus
productos sean más competitivo y abrir el campo d expansión.
Recibo un mensaje de Neji. Le respondo que estoy bien, pero
maldigo en mi interior. Recibir sus mensajes y estar con Naruto me hace sentir
mal. Pero ¿por qué? Yo no tengo nada serio con ninguno de los dos.
De regreso a Madrid, Naruto me propone parar y comer en
algún pueblo. Me muestro encantado y le digo que me parece bien. Tango para en
Azuqueca de Henares y degustamos un delicado cordero. Durante la comida, él
recibe varios mensajes. Los lee con el ceño fruncido y no contesta. A las cuatro
proseguimos el viaje y cuando llegamos al hotel Villa Magna me pongo tenso.
Naruto lo nota y me coge la mano.
.Tranquilo. Solo quiero cambiarme de ropa para pasar la
tarde contigo. ¿Tienes algún plan?
Mi mente piensa con celeridad y, finalmente, le digo que sí,
que tengo un plan. Pero no le doy tiempo a que pueda presuponer nada.
-Tengo algo que hacer a las seis y media de la tarde-le
informo-.Si no tienes nada mejor, quizá te gustaría acompañarme. Así puedo
enseñarte mi segundo trabajo.
Eso lo sorprende.
-¡Tienes un segundo trabajo? Asiento divertido.
-Si, se puede llamar así, aunque este año es el último. Pero
no pienso decirte de qué se trata si no me acompañas.
Lo veo sonreír mientras baja del coche. Yo lo sigo.
Llegamos al ascensor del hotel Villa Magna y el ascensorista
nos saluda y nos lleva directamente hasta el ático. En cuanto entramos en su
espaciosa y bonita habitación, Naruto deja su maletín con el portátil sobre la
mesa y se mete en la habitación que no utilizamos el día que estuve allí
jugando. Suena su móvil. Un mensaje. No puedo evitar mirar la pantalla
iluminada y leo el nombre de <<Shion>>. ¿Quién será? Dos segundos
después, vuelve a sonar y en la pantalla leo <<Ino>>. Vaya, si que
esta solicitado.
Estoy inquieto. La última vez que estuve allí ocurrió algo
que todavía me avergüenza. Paseo mis manos por el bonito sofá color café y miro
el jardín japonés, mientras intento que mi respiración ni se acelere. Si Naruto
sale desnudo de la habitación y me invita a jugar con él, no sé si voy a ser
capaz de decirle que no.
-Cuando quieras nos podemos marchar-oigo una voz tras de mí.
Sorprendido, me vuelvo y lo veo vestido con unos vaqueros y
una camiseta granate. Esta guapísimo. Elegante, como siempre. Y lo mejor, esta
cumpliendo a rajatabla lo que me ha prometido de no tocarme. Sin embargo,
siento que una extraña decepción crece en mí al no verme arrastrado al mar de
lujuria donde me suele llevar.
¿Me estaré volviendo loco?
Diez minutos después, nos encontramos en el coche de Tango
en dirección a mi casa.
Cuando entro en ella echo de menos la presencia de Curro.
Naruto se da cuenta y me besa en la cabeza.
-Vamos, son las seis. Date prisa o llegaras tarde. Eso me
reactiva.
Entro en mi habitación. Me pongo unos vaqueros. Unos tenis
de deporte y una camiseta azul. Me recojo el pelo en una coleta alta y salgo
rápidamente de allí. Sin necesidad de mirarlo, sé que me esta observando. La
temperatura de mi piel sube cuando estoy cerca de él. Cojo la cámara de fotos y
una mochila pequeña.
-Vamos-le digo.
Guío a Tango entre el trafico de Madrid y en pocos minutos
llegamos hasta la puerta de u colegio. Naruto, sorprendido, baja del coche y
mira a su alrededor. No parece haber nadie. Yo sonrío. Lo cojo de la mano con
decisión y tiro de él. Entramos en el colegio y el desconcierto de su cara
crece. Me hace gracia verlo así. Me gusta verlo desconcertado y tomo nota de
ello.
Segundos después, abro una puerta donde pone
<<Gimnasio>> y un bullicio tremendo nos engulle. En seguida,
docenas de niñas de edades comprendidas entre siete y los doce años corren
hacia mí gritando.
-¡Entrenador! ¡Entrenador! Naruto me mira, estupefacto.
-¿Entrenador?
Yo sonrío y me encojo de hombros.
-Soy el entrenador de fútbol femenino del colegio de mi
sobrina-respondo antes de que las pequeñas lleguen hasta donde estamos
nosotros.
Naruto abre la boca, por la sorpresa, y luego sonríe. Pero
ya no puedo hablar con él. Las pequeñas han legado hasta mí y se cuelgan de mis
brazos y mis piernas. Bromeo con ellas hasta que sus madres me las quitan de
encima.
-¿Quién es ese tiarrón?-oigo que me dice mi hermano.-Un
amigo.
-¡Vaya, osito, vaya amigo!-murmura y yo sonrío.
Las mamas de las pequeñas se revolucionan ante la presencia
de Naruto. Es normal. Naruto desprende sensualidad y yo lo sé. Tras saludar a
todo el mundo, mi hermano no para de pedirme que le presente a Naruto y al
final claudico. ¡Anda que no se pone pesadito! Finalmente, agarrado a su brazo,
me acerco hasta donde él se encuentra sentado.
-Itachi, te presento a Naruto.-Él se levanta para
saludarlo-. Naruto, él es mi hermano y el monito que esta sentado en mi pie
derecho es mi sobrina Seiya.-Se dan dos besos.
-¿Por qué eres tan alto?-pregunto mi sobrina. Naruto la mira
y responde:
-Porque comí mucho cuando era pequeño. Mi hermano y yo
sonreímos.
-¿Por qué hablas tan raro?-vuelve a preguntar Seiya-. ¿Te
pasa algo en la boca?
-Es que soy alemán y, aunque se hablar español, no puedo
disimular mi acento.
La pequeña me mira, divertida. Pero yo maldigo para mis
adentros esperando su respuesta sin poder detenerla.
-Vaya paliza que os dieron los italianos el otro día. Os
mandaron para casita. Mi hermano se lleva a la niña, avergonzado, y Naruto se
acerca a mí.
-No se puede negar que es tu sobrina-susurra en mí oído-. Es
tan clarita como tú a la hora de decir las cosas.
Ambos nos reímos y las pequeñas corren de nuevo hacia mí.
Aquello no es un entrenamiento, es la fiesta de verano que las mamas han
montado para acabar el curso. Durante hora y media hablo con ellas, abrazo a
las niñas para despedirme y me hago cientos de fotos con ellas. Naruto se
mantiene sentado en las gradas en un segundo plano y, por su gesto, parece
disfrutar del espectáculo.
Las niñas me entregan un paquetito, lo abro y de él saco un
balón de fútbol hecho de chuches de colores. Aplaudo tanto como ellas, ¡me
encantan las chuches! Mi sobrina me mira y me señala a su amiga Ageha. Han
hecho las paces y yo levanto el pulgar y le guiño el ojo. ¡Olé, mi niña!
Pasados unos minutos y después de besar a todas las mamas y a mis pequeñas
futbolistas, todas abandonan el gimnasio. Mi hermano y mi sobrina entre ellas.
-Feliz por a despedida que me han brindado, me vuelvo hacia
Naruto y lleno dos vasos de plástico con un poco de Coca-Cola algo calentorra
mientras me acerco a él.
-¿Sorprendido?-le pregunto, ofreciéndole uno de los vasos.
Naruto los acepta y le da un trago.-Si. Eres sorprendente.-Vale, vale, no
sigas, que me lo voy a creer. Ambos nos reímos y nos miramos.
Ninguno dice nada y el silencio nos envuelve. Finalmente
cojo fuerzas y digo con sinceridad:
-Naruto, mi vida es lo que ves: normalidad.-Lo sé…lo sé y
eso me preocupa.
-¿Te preocupa? ¿Te preocupa que mi vida sea normal? Su
mirada me traspasa.-Si.-¿Por qué?-Por que mi vida no es precisamente normal.
Mi cara debe ser un poema. No lo entiendo, pero antes de que
le pida explicaciones, él continúa hablando:
-Sasu, tu vida exige relación y compromiso. Unas palabras
que para mí quedaron obsoletas hace años. Muchos años.-Me toca su mano el óvalo
de la cara y prosigue-: Me gustas, me atraes, pero no te quiero engañar. Lo que
me atrae es el sexo entre nosotros. Me gusta poseerte, meterme entre tus
piernas y ver tu cara cuando te corres. Pero me temo que muchos de mis juegos
no van a gustarte. Y no hablo de sado, hablo solo de sexo. Simplemente sexo.
Su mirada se oscurece. Me desconcierta pero no quiero
renunciar a seguir jugando.
-Soy un doncel normal, sin grandes pretensiones, que trabaja
para tu empresa. Tengo un padre, un hermano y una sobrina a los que adoro y,
hasta ayer un gato que era mi mejor amigo. Soy entrenador de fútbol de un
equipo de niñas y no cobro un duro por ello, pero lo hago porque me hace feliz.
Tengo amigos y amigas con los que disfrutar de partidos, de vacaciones, de ir
al cine o de salir a cenar. Ahora te preguntaras por que te cuento todo esto,
¿verdad?-Naruto mueve la cabeza afirmativamente-. No soy despampanante, no me
gustar vestir provocativo y ni siquiera lo intento. Mis relaciones con los
hombres han sido normales, nada del otro mundo. Ya sabes, doncel conoce chico,
se gustan y se acuestan. Pero nunca nadie ha conseguido sacar de mí la parte
que tú en pocos días has sacado. Nunca
pensé que el morbo me pudiera volver loco. Nunca pensé que yo pudiera
estar haciendo lo que estoy haciendo contigo. Me impones y me sometes de tal
manera que no puedo decir que no. Y no puedo decir que no porque mi cuerpo y
todo yo quiere hacer lo que tú quieras. Odio que me den ordenes, y más aún en
el plano sexual. Pero a ti, inexplicablemente, te lo permito. En la vida me
hubiera imaginado que yo permitiría que un desconocido como tú eres para mí, que no sabe casi ni como me
llamo, ni mi edad, ni nada de mi vida, me exigiera sexo con solo mirarme y yo
se lo permitiría. Todavía me cuesta comprender lo que ocurrió el otro día en la
habitación de tu hotel y…
-Sasu…
-No, déjame terminar-le exijo y coloco mi mano en su boca-.
Lo que ocurrió el otro día en tu habitación, me guste o no reconocerlo, me
encantó. Reconozco que cuando vi las
imágenes me enfadé. Pero cuando he vuelto a pensar en ello, en aquel momento,
me he excitado y mucho. Incluso el domingo utilicé el vibrador pensando en ti y
tuve un orgasmo maravilloso al imaginar lo que ocurrió con aquel doncel en tu
habitación.-Naruto sonríe-. Pero no me van los donceles. No…no me van y, si
quieres volver a jugar conmigo en ese plano, te exijo que antes me consultes.
Como te he dicho al principio de esta conversación, no soy un especialista en
sexo, pero lo vivido contigo me gusta, me pone, me incita y estoy dispuesto a
repetir.
-¿Incluso sin compromiso por mi parte?
Deseo decir que no, que lo quiero solo para mí. Pero eso
significaría perderlo y eso si que no lo quiero.
-Incluso sin eso.
Naruto mueve su cabeza, comprensivo.
-Y, por favor…te libero de no tener que tocarme. Bésame y
dime algo porque me voy a morir de la vergüenza por la cantidad de cosas locas
que te acabo decir.
-Me estas excitando, pequeño-murmura.
Saco de mi mochila un abanico y le sonrío, avergonzado.-Pues
ni te imaginas cómo estoy yo solo de decírtelo. Naruto me devuelve la sonrisa y
se retira el pelo de la cara.
-Tu nombre completo es Sasuke Uchiha. Tienes veinticinco
años, un padre, un hermano y una sobrina. Por lo que he visto no tienes novio,
pero si hombres que te desean. Sé dónde vives y donde trabajas. Tus teléfonos.
Sé que conduces muy bien un Ferrari, que te gusta cantar, y que no te da
vergüenza hacerlo delante de mí, y hoy he sabido que eres entrenador de fútbol.
Te gustan las fresas, el chocolate, la Coca-Cola, las chuches y el fútbol y, si
te pones nervioso, te salen ronchas en el cuello y te puede dar ¡el
nervio!-Sonrío-.Por la manera en que tratabas a tu mascota sé que amas a los
animales y que eres amigo de tus amigos. Eres curioso y cabezón, a veces en
exceso, y eso me saca de mis casillas, pero también eres el doncel más sexy y
desconcertante con el que me he encontrado en la vida y reconozco que eso me
gusta. De momento, eso es lo que sé de
ti y me vale. ¡Ah! Y a partir de ahora prometo consultar contigo todo lo referente
al sexo y nuestros juegos. Y ahora que me has liberado de mi promesa, te besaré
y te tocaré.
-¡Bien!-afirmo levantando los brazos.
-Y una vez solucionando ese tema necesito que aceptes la
proposición que te hice para conocerte mejor y para que me acompañes durante el
tiempo que este en España-añade-. Esta semana viajaremos a Barcelona. Tengo dos
importantes reuniones el jueves y el viernes. El fin de semana lo dedicaremos,
si tú quieres, al sexo. ¿Te parece?
-Tu nombre es Naruto Namikaze-respondo, sin importarme su
frialdad-. Eres alemán y tu padre…
Pero él tuerce el gesto e interrumpe mi discurso.
-Como favor personal, te pediría que nunca menciones a mi
padre. Ahora puedes continuar.
Esa orden me deja cortado, pero sigo:
-Eres un mandón patológico y n sé nada más de ti, excepto
que te gusta el morbo y jugar con el sexo. Aun así, me gustaría conocerte un
poco más.
Siento su mirada penetrarme. Me traspasa y sé que tiene una
lucha interna por abrirse a mí o continuar como estamos. Entonces se levanta y
tira de mí. Me besa y yo le correspondo. ¡Dios, cuanto lo echaba de menos!
Pocos segundos después, separa su boca de la mía.
-Mi madre es española, por eso hablo tan bien el español.
Duermo poco desde hace años. Tengo treinta y un años. No estoy casado ni
comprometido. De momento, poco más te puedo decir.
Emocionado por aquella pequeñísima confidencia, sonrío y,
feliz como si me hubiera tocado la Bonoloto, añado haciéndolo reír:
-Señor Namikaze, acepto su proposición. Ya tiene
acompañante.
Continuara…
espero que os haya gustado y espero vuestros comentarios como siempre :)
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