capitulo20
El fin de semana pasa y el lunes tomamos un avión que nos
lleva a Guipúzcoa. La actitud de Natsuhi hacia mí no parece haber cambiado.
Esta cortante y más distante, algo que con Naruto no sucede. Me molesta como
intenta que no me preste atención. Pero el tiro le sale por la culata en todo
momento. Naruto, en sus funciones de jefe, me busca continuamente y eso a
Natsuhi la saca de sus casillas. Las reuniones se suceden y, tras Guipúzcoa,
vamos a Asturias.
Naruto y yo durante el día trabajamos codo con codo como
jefe y secretario y por la noche jugamos y disfrutamos. Él lleva el morbo como
algo innato y cada vez que estamos solos me vuelve loco con lo que me hace
fantasear y con su manera de tocarme y poseerme. Le encanta mirarme mientras me
masturbo con el vibrador que él me regaló, capricho que yo le concedo gustoso.
Es tal la lujuria que me hace sentir que deseo volver a repetir lo de ir a un
bar de intercambio de parejas y vivir lo que me hizo vivir. Cuando se lo
confieso, ríe a carcajadas y, cuando me penetra, fantasea con que otro hombre
me posea mientras él mira, cosa que me vuelve loco.
El miércoles, cuando llegamos a Orense, vamos directos a la
reunión. Por el camino, Naruto habla con una tal Ino por teléfono y se cabrea.
Intento mediar para que el ambiente se relaje, pero al final salgo escaldado y
Naruto, mi jefe, me pide de malos modos que me calle.
En el viaje de vuelta, el humor de Naruto es siniestro.
Natsuhi me mira con gesto de superioridad y yo estoy que muerdo. Cuando
llegamos al hotel, Naruto le pide a Natsuhi que baje del coche y nos deje unos
minutos a solas. Ella lo hace y, cuando cierra la puerta, Naruto me mira con un
gesto que me hace trizas.
-Que sea la última vez que hablas en una reunión sin que yo
te lo pida.
Entiendo su enfado. Tiene razón y, aunque me moleste su
regañina, le quiero pedir disculpas, pero me interrumpe:
-Al final va a tener razón Natsuhi. Tu presencia no es
necesaria.
El hecho de que mencione a esa mujer y de saber que le habla
de mí me encoleriza.
-A mí lo que diga esa imbécil me importa un pimiento.
-Pero quizá a mí no-gruñe.
Se toca la cabeza y los ojos. No tiene buena cara. Suena su
teléfono. Naruto lo mira y corta la llamada. Y, en un intento de suavizar el
momento, murmuro:
-Tienes mala cara, ¿te duele la cabeza?
Sin contestar a mi pregunta, me clava su dura mirada.-Buenas
noches, Sasuke. Hasta mañana. Lo miro, sorprendido. ¿Me esta echando?
Con la dignidad que me queda, abro la puerta del coche y
salgo. Natsuhi espera a escasos metros y prefiero no mirarla cuando paso junto
a ella o la arrastraré de los pelos. Me voy directo a mí habitación.
A la mañana siguiente, jueves, cuando el despertador suena a
las siete y veinte protesto. Quiero dormir más.
Entre gruñidos, me levanto de la cama y camino hacia la
ducha. Necesito el frescor del agua en mi cuerpo para despertarme.
Bajo el agua, recuerdo que es jueves y eso me alegra. Naruto
y yo pronto tendremos el fin de semana para estar juntos. ¡Bien!
Cuando regreso al dormitorio envuelto en una esponjosa toalla
color hueso que huele de maravilla, miro mi mesilla.
-¡Maquinote! Lo que disfrute contigo anoche. Me río
divertido.
Sobre unos pañuelos de papel, esta el vibrador con forma de
bolifrado que utilice anoche para relajarme. El regalito de Naruto. Lo cojo
entre mis manos y suspiro mientras recuerdo la explosión de placer que sentí
cuando jugaba con él.
Feliz de buena mañana, cojo el vibrador y regreso al baño.
Lo lavo y finalmente lo meto en mi maletín. Ya no se me olvida. El maquinote y
yo, juntos hasta la muerte. Abro la maleta y saco unos calzoncillos. Me los
pongo y pienso que tengo que pedirle a Naruto los que me quitó o me quedare sin
suministros. Mí enfado ha desaparecido.
Estoy seguro de que el de él también y tendremos un
maravilloso día por delante.
Miro el armario y me pongo traje azulón con unos pantalones
y una camisa abierta. Hoy quiero estar sexy para que desee regresar pronto al
hotel.
A las ocho, alguien llama a la puerta de mi habitación y,
dos segundos después, una camarera muy amable deja un bonito carrito con e
desayuno y se marcha.
Cuando levanto las tapas salto de felicidad al ver la
cantidad de bollos que tengo ante mí. Cojo una silla y me siento. Bebo un poco
de zumo de naranja. ¡Hummm, qué rico! Me preparo un café y disfruto con un
minipepito. Luego una napolitana y cuando voy a atacar un Donet, me paro y
consigo vencer la tentación. Demasiados bollos.
El móvil suena. He recibido un mensaje. Naruto. <<8.30
en recepción>>. ¡Que explícito!
Ni un simple <<Buenos días,
pequeño>>, <<Sasu>> o como quiera.
Pero sin tiempo que perder y
ansioso por verlo de nuevo, cojo mi maletín. Meto el portátil y los documentos
del día anterior y lo cierro. Hoy vamos a otra delegación de Asturias y solo
espero que el día se de mejor que el anterior.
Al llegar a recepción veo a
Naruto apoyado en una mesa. Esta impresionante con su traje gris claro y su
camiseta blanca. Veo que aún tiene su bonito pelo algo mojado por la ducha y me
estremezco. Me hubiera encantado ducharme con él.
Dos mujeres que pasan por su lado se vuelven para mirarlo.
Normal. Es un bombón de tío. Cuando pasan por mí lado observo sus caras y como
cuchichean. Imagino sobre lo que hablan. Con decisión, camino hacia él con mis
zapatos y repaso su ancha espalda mientras lo veo leer con concentración el
periódico. Cuando llego a su altura lo saludo con voz melosa:
-¡Buenos días! Naruto no me mira. –Buenos días, señorito
Uchiha. Pero bueno, ¿ya estamos otra vez con los puñeteros apellidos?
No esperaba que me cogiera entre sus brazos y me sonriera en
plan novio. Pero hombre, algo más de cordialidad tras una noche separados, pues
si.
Su indiferencia me desconcierta. ¿Por qué no me mira?
Pero no dispuesto a comenzar el juego del gato y el ratón me
quedo a su lado a la espera de que decida que nos vayamos. Echo una ojeada al
reloj. Las ocho y media. Miro la entrada del hotel y veo la limusina esperando.
¿Por qué no nos vamos? Naruto omite mi presencia y sigue leyendo el periódico
con la mandíbula tensa. ¿Todavía esta enfadado<’ Quiero preguntarle, pero no
quiero ser yo él que de el primer paso.
No me muevo. No resoplo. Seguro que esta esperando alguno de
mis movimientos para comenzar con sus agrias palabras.
La gente, el noventa por cierto ejecutivos como nosotros,
pasa por nuestro lado. Las nueve menos veinticinco. Me sorprende que aún
estemos allí. Naruto es un maniático con la puntualidad. Las nueve menos
veinte. Sigue tan pancho, sin importarle que yo este allí plantado junto a él
como un pasmarote, cuando oigo unos tacones acelerados. Natsuhi, con un traje
chaqueta y falda blanca. Se acerca a nosotros.
No me mira. Solo tiene ojos para Naruto, al que se dirige en
alemán:-Disculpa el retraso, Naruto. Un problema con mi ropa. Observo que él
sonríe. La mira.
La repasa de arriba abajo con su azulada mirada.
-No te preocupes, Natsuhi. El retraso ha merecido la pena.
¿Has dormido bien?
Ella sonríe.
-Si-responde, sin importarle mi cercanía-.Algo he dormido.
¿<<Algo he dormido>>?
¿Ha dicho <<Algo he dormido>>? Pero bueno, ¿Qué
me están dando a entender esos idiotas?
Ella sonríe como un loro tras una noche de botellón y le
toca la cintura. Esa familiaridad me incomoda. Me repele mientras sus sonrisas
me dan a entender muchas cosas.
Respiro con dificultad, al ser consciente de lo que ha ocurrido
entre esos dos y quiero gritar y patalear. De pronto, Naruto le planta la mano
en la espalda a Natsuhi y, tocándole fugazmente la cintura, dice:
-Vamos, el chofer nos espera.
Y, sin mirarme, comienza a caminar con esa mujer a su lado,
mientras pasa de mí.
Lo observo y me quedo petrificado.
No sé que hacer. Unos incontrolables celos que hasta el
momento nunca había sentido se instala en mi estomago y deseo coger el precioso
jarrón que hay en la mesa y plantárselo en toda la cabeza a él.
El corazón me late a mil. Su latido es tan fuerte que creo
que toda la recepción lo puede oír. Aquello me humilla, me fastidia y él no se
inmuta.
¡Imbécil!
El enfado de Naruto continúa y yo no entiendo por que. Pero
no. Eso n lo voy a consentir. Naruto no me conoce y a mí nadie me chulea.
Comienzo a caminar tras ellos.
Si ese idiota alemán se cree que voy a montar un numerito,
lo lleva claro. Menudo soy yo. Cuando llegamos a la limusina, el chofer abre la
puerta. Entra Natsuhi, entra él y, cuando voy a entrar yo, Naruto me hace un
gesto con la mano.
-Señorito Uchiha, siéntate en la cabina delantera con el
chofer, por favor.
¡Zas! Menudo guantazo con toda la mano abierta que me acaba
de dar delante de Natsuhi.
Pero, sorprendentemente, sonrío con frialdad y digo:-Como
usted ordene, señor Namikaze.
Con mi mascara de indiferencia me siento junto al chofer.
¡Vaya cabreo monumental que tengo! Durante unos segundos, los oigo hablar y
reír detrás de mí hasta que un ruido metálico suena en mi oreja. Con el rabillo
del ojo veo como un cristal opaco divide la parte de atrás de la delantera.
Estoy furioso. Colérico. Exasperado.
Ese juego no me gusta y no entiendo por que tiene que
hacerlo delante de mí. Inconscientemente clavo mis uñas en las palmas de mis
manos cuando oigo la canción de Dani Martín Mi lamento y siento unas
terribles ganas de llorar.
Los ojos me escuecen y las lágrimas pugnan por salir. Pero
no. Yo no lloro. Me trago mis lágrimas e intento disfrutar de la cancón y del
viaje. Incluso tarareo.
Durante los tres cuartos de hora que dura el viaje. Mí mente
trabaja a toda velocidad. ¿Qué harán atrás aquellos dos? ¿Por qué Naruto me ha
pedido que me siente delante? ¿Por qué sigue enfadado conmigo? Cuando el coche
se detiene, me bajo sin necesidad de que el chofer me abra la puerta. Eso que
se lo haga a ellos. A los señoritingos.
Al bajarme, sonrío al ver a Sakumo. Él es el secretario de
esa delegación y entre nosotros siempre hubo feeling. Pero feeling
del bueno. Del decente. El chofer abre la puerta y salen Naruto y Natsuhi. No
los miro. Solo miro al frente con mis gafas de sol puestas.
Naruto saluda a Joseki, el jefe de la delegación, y a su
junta directiva. Le presenta a Natsuhi y luego me presenta a mí. Con
profesionalidad, estrecho las manos de todos ellos para después seguirlos hasta
una sala. Pero esta vez, en vez de ir detrás de Naruto y Natsuhi, me retraso
para saludar a Sakumo. Nos damos dos besos y entramos charlando.
Una vez allí, antes de sentarnos, unas señoritas nos ofrecen
café. Lo acepto gustoso. Necesito café. Estoy atacado. Me tomo tres. Entonces,
la distancia con Naruto y la charla con Sakumo me comienza a tranquilizar. En
ese momento, veo de reojo que Naruto se gira. Es solo un instante, pero se que
e ha mirado. Me ha buscado.
Sakumo y yo seguimos hablando y nos reímos mientras me
cuenta cosas de su niña. Es todo un padrazo y eso me emociona. Diez minutos
después, todos pasamos a la sala de reuniones, tomamos posiciones y, como
siempre, Naruto preside la mesa. Natsuhi se sienta a su derecha y yo intento
colocarme en un segundo plano. No quiero ni mirarlo. No me apetece.
-Señorito Uchiha-oigo que me llama mi jefe.
Sin dudarlo, me levanto y me acerco hasta él con
profesionalidad.
Su perfume entra por mis fosas nasales y provoca en mí mil
sensaciones, mil emociones. Pero consigo no cambiar mi gesto.
-Siéntate al fondo de la mesa, por favor. Frente a mí. Lo
mato…lo mato y lo mato.
No quiero mirarlo ni que me mire.
Pero dispuesto a ser el perfecto secretario, cojo mi
portátil y me siento donde él me india. Al otro lado de la mesa, frente a él.
La reunión comienza y estoy atento a todo lo que hablan. Ni
lo miro no creo que él tampoco me mire. Tengo el portátil abierto ante mí y
temo recibir alguno de sus correos. Por suerte, no llega ninguno. A la una, la
reunión se interrumpe. Es hora de comer. El jefe de la delegación ha reservado
mesa en un hotel cercano para comer y
Sakumo me propone ir en su coche. Acepto.
Sin mirar a mi particular Iceman que esta junto a Natsuhi, paso junto a él cuando oigo que me
llama. Le pido a Sakumo que me dé un segundo y me acerco a mi jefe.
-¿Adonde va, señorito Uchiha?
-Al restaurante, señor Namikaze. Naruto mira a Sakumo.
-Puede venir en la limusina con nosotros. Bien. Ahora, el
cabreado es él. ¡Que le den!
Natsuhi nos mira. No nos entiende. Hablamos en español, cosa
que creo que la mosquea.
-Gracias señor Namikaze, pero si no le importa, iré con
Sakumo.-Me importa-responde.
No hay nadie en nuestro alrededor. Nadie nos puede escuchar.
-Peor para usted, señor.
Me doy la vuelta y me marcho. ¡Olé, la furia española!
España 1- Alemania 0.
Se que acabo de cometer la mayor imprudencia de que u
secretario pueda hacer. Y aún mayor tratándose de Naruto. Pero lo necesitaba.
Necesitaba hacerlo sentir como me siento yo.
Sin importar las consecuencias, entre ellas el despido
seguro, camino hacia Sakumo y lo agarro del brazo con familiaridad. Nos
montamos en Opel Corsa y nos dirigimos hacia el restaurante mientras comienzo a
calcular el paro que va a quedar. De esta me despide fijo.
Cuando llego al establecimiento, corro con Sakumo a tomarme
varias Coca-Colas.
¡Oh, Dios! Como me gusta sentir sus burbujitas en mi boca.
Pero hasta las burbujas se de hinchan cuando veo entrar a
Naruto seguido de Natsuhi y los jefazos. Los directivos entran en el comedor y
rápidamente toman posiciones. Naruto hace ademán de sentarse, pero entonces se
excusa de sus acompañantes y me hace una señal con la mano. Sakumo y yo lo
vemos y no me puedo negar a ir.
Doy un nuevo trago a mi Coca-Cola, la dejo sobre la barra y
me acerco a él.-Dígame, señor Namikaze. ¿Qué quiere?
Naruto baja la voz y, sin cambiar su gesto, pregunta:-¿Qué
estas haciendo, Sasu?
Sorprendido, porque vuelvo a ser <Sasu>> respondo:
-Tomarme una Coca-Cola. Por cierto, Zero, que engorda menos.
Mi contestación y mí chulería lo desesperan. Lo sé y eso me gusta.
-¿Por qué estas haciéndome enfadar todo el rato?-inquiere,
desconcertándome.
¡Tendrá porca vergüenza…!
-¡¿Yo!?-le susurro-.Tendrás cara…Su mirada es tensa. Dura y
desafiante. Sus pupilas se contraen y me hablan pero hoy no quiero entenderlas.
Me niego.-Pasad al comedor-me dice, antes de darse la vuelta-.Vamos a comer.
Cuando Sakumo y yo llegamos al comedor, nos sentamos a la
otra punta de la mesa. Suena mi móvil: ¡mí hermano! Decido pasar de él otra
vez, no me apetece escuchar sus lamentaciones. Más tarde le llamaré. La comida
esta exquisita y continuo mi charla con mí amigo.
En un par de ocasiones miro hacia mi jefe y veo que sonríe a
Natsuhi. Mí cabreo vuelve a crecer. Pero cuando sus ojos se cruzan con los
míos, ardo. Me caliento. Su mirada de Iceman consigue que todas mis
terminaciones nerviosas se muevan al mismo tiempo y todo yo me incendie.
A las cuatro y media regresamos a la sede. Yo, por supuesto,
vuelvo en el coche de Sakumo. La reunión se reemprende y acaba cerca de la
siete de la tarde. ¡Estoy agotado!
Continuara….