domingo, 28 de septiembre de 2014

Pídeme lo que quieras

capitulo20

El fin de semana pasa y el lunes tomamos un avión que nos lleva a Guipúzcoa. La actitud de Natsuhi hacia mí no parece haber cambiado. Esta cortante y más distante, algo que con Naruto no sucede. Me molesta como intenta que no me preste atención. Pero el tiro le sale por la culata en todo momento. Naruto, en sus funciones de jefe, me busca continuamente y eso a Natsuhi la saca de sus casillas. Las reuniones se suceden y, tras Guipúzcoa, vamos a Asturias.

Naruto y yo durante el día trabajamos codo con codo como jefe y secretario y por la noche jugamos y disfrutamos. Él lleva el morbo como algo innato y cada vez que estamos solos me vuelve loco con lo que me hace fantasear y con su manera de tocarme y poseerme. Le encanta mirarme mientras me masturbo con el vibrador que él me regaló, capricho que yo le concedo gustoso. Es tal la lujuria que me hace sentir que deseo volver a repetir lo de ir a un bar de intercambio de parejas y vivir lo que me hizo vivir. Cuando se lo confieso, ríe a carcajadas y, cuando me penetra, fantasea con que otro hombre me posea mientras él mira, cosa que me vuelve loco.

El miércoles, cuando llegamos a Orense, vamos directos a la reunión. Por el camino, Naruto habla con una tal Ino por teléfono y se cabrea. Intento mediar para que el ambiente se relaje, pero al final salgo escaldado y Naruto, mi jefe, me pide de malos modos que me calle.

En el viaje de vuelta, el humor de Naruto es siniestro. Natsuhi me mira con gesto de superioridad y yo estoy que muerdo. Cuando llegamos al hotel, Naruto le pide a Natsuhi que baje del coche y nos deje unos minutos a solas. Ella lo hace y, cuando cierra la puerta, Naruto me mira con un gesto que me hace trizas.

-Que sea la última vez que hablas en una reunión sin que yo te lo pida.

Entiendo su enfado. Tiene razón y, aunque me moleste su regañina, le quiero pedir disculpas, pero me interrumpe:

-Al final va a tener razón Natsuhi. Tu presencia no es necesaria.

El hecho de que mencione a esa mujer y de saber que le habla de mí me encoleriza.

-A mí lo que diga esa imbécil me importa un pimiento.

-Pero quizá a mí no-gruñe.

Se toca la cabeza y los ojos. No tiene buena cara. Suena su teléfono. Naruto lo mira y corta la llamada. Y, en un intento de suavizar el momento, murmuro:

-Tienes mala cara, ¿te duele la cabeza?

Sin contestar a mi pregunta, me clava su dura mirada.-Buenas noches, Sasuke. Hasta mañana. Lo miro, sorprendido. ¿Me esta echando?

Con la dignidad que me queda, abro la puerta del coche y salgo. Natsuhi espera a escasos metros y prefiero no mirarla cuando paso junto a ella o la arrastraré de los pelos. Me voy directo a mí habitación.

A la mañana siguiente, jueves, cuando el despertador suena a las siete y veinte protesto. Quiero dormir más.

Entre gruñidos, me levanto de la cama y camino hacia la ducha. Necesito el frescor del agua en mi cuerpo para despertarme.

Bajo el agua, recuerdo que es jueves y eso me alegra. Naruto y yo pronto tendremos el fin de semana para estar juntos. ¡Bien!

Cuando regreso al dormitorio envuelto en una esponjosa toalla color hueso que huele de maravilla, miro mi mesilla.

-¡Maquinote! Lo que disfrute contigo anoche. Me río divertido.

Sobre unos pañuelos de papel, esta el vibrador con forma de bolifrado que utilice anoche para relajarme. El regalito de Naruto. Lo cojo entre mis manos y suspiro mientras recuerdo la explosión de placer que sentí cuando jugaba con él.

Feliz de buena mañana, cojo el vibrador y regreso al baño. Lo lavo y finalmente lo meto en mi maletín. Ya no se me olvida. El maquinote y yo, juntos hasta la muerte. Abro la maleta y saco unos calzoncillos. Me los pongo y pienso que tengo que pedirle a Naruto los que me quitó o me quedare sin suministros. Mí enfado ha desaparecido.

Estoy seguro de que el de él también y tendremos un maravilloso día por delante.

Miro el armario y me pongo traje azulón con unos pantalones y una camisa abierta. Hoy quiero estar sexy para que desee regresar pronto al hotel.

A las ocho, alguien llama a la puerta de mi habitación y, dos segundos después, una camarera muy amable deja un bonito carrito con e desayuno y se marcha.

Cuando levanto las tapas salto de felicidad al ver la cantidad de bollos que tengo ante mí. Cojo una silla y me siento. Bebo un poco de zumo de naranja. ¡Hummm, qué rico! Me preparo un café y disfruto con un minipepito. Luego una napolitana y cuando voy a atacar un Donet, me paro y consigo vencer la tentación. Demasiados bollos.

El móvil suena. He recibido un mensaje. Naruto. <<8.30 en recepción>>. ¡Que explícito!

Ni un simple <<Buenos días, pequeño>>, <<Sasu>> o como quiera.

Pero sin tiempo que perder y ansioso por verlo de nuevo, cojo mi maletín. Meto el portátil y los documentos del día anterior y lo cierro. Hoy vamos a otra delegación de Asturias y solo espero que el día se de mejor que el anterior.

Al llegar a recepción veo a Naruto apoyado en una mesa. Esta impresionante con su traje gris claro y su camiseta blanca. Veo que aún tiene su bonito pelo algo mojado por la ducha y me estremezco. Me hubiera encantado ducharme con él.

Dos mujeres que pasan por su lado se vuelven para mirarlo. Normal. Es un bombón de tío. Cuando pasan por mí lado observo sus caras y como cuchichean. Imagino sobre lo que hablan. Con decisión, camino hacia él con mis zapatos y repaso su ancha espalda mientras lo veo leer con concentración el periódico. Cuando llego a su altura lo saludo con voz melosa:

-¡Buenos días! Naruto no me mira. –Buenos días, señorito Uchiha. Pero bueno, ¿ya estamos otra vez con los puñeteros apellidos?

No esperaba que me cogiera entre sus brazos y me sonriera en plan novio. Pero hombre, algo más de cordialidad tras una noche separados, pues si.

Su indiferencia me desconcierta. ¿Por qué no me mira?

Pero no dispuesto a comenzar el juego del gato y el ratón me quedo a su lado a la espera de que decida que nos vayamos. Echo una ojeada al reloj. Las ocho y media. Miro la entrada del hotel y veo la limusina esperando. ¿Por qué no nos vamos? Naruto omite mi presencia y sigue leyendo el periódico con la mandíbula tensa. ¿Todavía esta enfadado<’ Quiero preguntarle, pero no quiero ser yo él que de el primer paso.

No me muevo. No resoplo. Seguro que esta esperando alguno de mis movimientos para comenzar con sus agrias palabras.

La gente, el noventa por cierto ejecutivos como nosotros, pasa por nuestro lado. Las nueve menos veinticinco. Me sorprende que aún estemos allí. Naruto es un maniático con la puntualidad. Las nueve menos veinte. Sigue tan pancho, sin importarle que yo este allí plantado junto a él como un pasmarote, cuando oigo unos tacones acelerados. Natsuhi, con un traje chaqueta y falda blanca. Se acerca a nosotros.

No me mira. Solo tiene ojos para Naruto, al que se dirige en alemán:-Disculpa el retraso, Naruto. Un problema con mi ropa. Observo que él sonríe. La mira.

La repasa de arriba abajo con su azulada mirada.

-No te preocupes, Natsuhi. El retraso ha merecido la pena. ¿Has dormido bien?

Ella sonríe.

-Si-responde, sin importarle mi cercanía-.Algo he dormido. ¿<<Algo he dormido>>?

¿Ha dicho <<Algo he dormido>>? Pero bueno, ¿Qué me están dando a entender esos idiotas?

Ella sonríe como un loro tras una noche de botellón y le toca la cintura. Esa familiaridad me incomoda. Me repele mientras sus sonrisas me dan a entender muchas cosas.

Respiro con dificultad, al ser consciente de lo que ha ocurrido entre esos dos y quiero gritar y patalear. De pronto, Naruto le planta la mano en la espalda a Natsuhi y, tocándole fugazmente la cintura, dice:

-Vamos, el chofer nos espera.

Y, sin mirarme, comienza a caminar con esa mujer a su lado, mientras pasa de mí.

Lo observo y me quedo petrificado.

No sé que hacer. Unos incontrolables celos que hasta el momento nunca había sentido se instala en mi estomago y deseo coger el precioso jarrón que hay en la mesa y plantárselo en toda la cabeza a él.

El corazón me late a mil. Su latido es tan fuerte que creo que toda la recepción lo puede oír. Aquello me humilla, me fastidia y él no se inmuta.

¡Imbécil!

El enfado de Naruto continúa y yo no entiendo por que. Pero no. Eso n lo voy a consentir. Naruto no me conoce y  a mí nadie me chulea.

Comienzo a caminar tras ellos.

Si ese idiota alemán se cree que voy a montar un numerito, lo lleva claro. Menudo soy yo. Cuando llegamos a la limusina, el chofer abre la puerta. Entra Natsuhi, entra él y, cuando voy a entrar yo, Naruto me hace un gesto con la mano.

-Señorito Uchiha, siéntate en la cabina delantera con el chofer, por favor.

¡Zas! Menudo guantazo con toda la mano abierta que me acaba de dar delante de Natsuhi.

Pero, sorprendentemente, sonrío con frialdad y digo:-Como usted ordene, señor Namikaze.

Con mi mascara de indiferencia me siento junto al chofer. ¡Vaya cabreo monumental que tengo! Durante unos segundos, los oigo hablar y reír detrás de mí hasta que un ruido metálico suena en mi oreja. Con el rabillo del ojo veo como un cristal opaco divide la parte de atrás de la delantera.

Estoy furioso. Colérico. Exasperado.

Ese juego no me gusta y no entiendo por que tiene que hacerlo delante de mí. Inconscientemente clavo mis uñas en las palmas de mis manos cuando oigo la canción de Dani Martín Mi lamento y siento unas terribles ganas de llorar.

Los ojos me escuecen y las lágrimas pugnan por salir. Pero no. Yo no lloro. Me trago mis lágrimas e intento disfrutar de la cancón y del viaje. Incluso tarareo.

Durante los tres cuartos de hora que dura el viaje. Mí mente trabaja a toda velocidad. ¿Qué harán atrás aquellos dos? ¿Por qué Naruto me ha pedido que me siente delante? ¿Por qué sigue enfadado conmigo? Cuando el coche se detiene, me bajo sin necesidad de que el chofer me abra la puerta. Eso que se lo haga a ellos. A los señoritingos.

Al bajarme, sonrío al ver a Sakumo. Él es el secretario de esa delegación y entre nosotros siempre hubo feeling. Pero feeling del bueno. Del decente. El chofer abre la puerta y salen Naruto y Natsuhi. No los miro. Solo miro al frente con mis gafas de sol puestas.

Naruto saluda a Joseki, el jefe de la delegación, y a su junta directiva. Le presenta a Natsuhi y luego me presenta a mí. Con profesionalidad, estrecho las manos de todos ellos para después seguirlos hasta una sala. Pero esta vez, en vez de ir detrás de Naruto y Natsuhi, me retraso para saludar a Sakumo. Nos damos dos besos y entramos charlando.

Una vez allí, antes de sentarnos, unas señoritas nos ofrecen café. Lo acepto gustoso. Necesito café. Estoy atacado. Me tomo tres. Entonces, la distancia con Naruto y la charla con Sakumo me comienza a tranquilizar. En ese momento, veo de reojo que Naruto se gira. Es solo un instante, pero se que e ha mirado. Me ha buscado.

Sakumo y yo seguimos hablando y nos reímos mientras me cuenta cosas de su niña. Es todo un padrazo y eso me emociona. Diez minutos después, todos pasamos a la sala de reuniones, tomamos posiciones y, como siempre, Naruto preside la mesa. Natsuhi se sienta a su derecha y yo intento colocarme en un segundo plano. No quiero ni mirarlo. No me apetece.

-Señorito Uchiha-oigo que me llama mi jefe.

Sin dudarlo, me levanto y me acerco hasta él con profesionalidad.

Su perfume entra por mis fosas nasales y provoca en mí mil sensaciones, mil emociones. Pero consigo no cambiar mi gesto.

-Siéntate al fondo de la mesa, por favor. Frente a mí. Lo mato…lo mato y lo mato.

No quiero mirarlo ni que me mire.

Pero dispuesto a ser el perfecto secretario, cojo mi portátil y me siento donde él me india. Al otro lado de la mesa, frente a él.

La reunión comienza y estoy atento a todo lo que hablan. Ni lo miro no creo que él tampoco me mire. Tengo el portátil abierto ante mí y temo recibir alguno de sus correos. Por suerte, no llega ninguno. A la una, la reunión se interrumpe. Es hora de comer. El jefe de la delegación ha reservado mesa en un hotel cercano para comer  y Sakumo me propone ir en su coche. Acepto.

Sin mirar a mi particular Iceman que esta junto a  Natsuhi, paso junto a él cuando oigo que me llama. Le pido a Sakumo que me dé un segundo y me acerco a mi jefe.

-¿Adonde va, señorito Uchiha?

-Al restaurante, señor Namikaze. Naruto mira a Sakumo.

-Puede venir en la limusina con nosotros. Bien. Ahora, el cabreado es él. ¡Que le den!

Natsuhi nos mira. No nos entiende. Hablamos en español, cosa que creo que la mosquea.

-Gracias señor Namikaze, pero si no le importa, iré con Sakumo.-Me importa-responde.

No hay nadie en nuestro alrededor. Nadie nos puede escuchar.

-Peor para usted, señor.

Me doy la vuelta y me marcho. ¡Olé, la furia española! España 1- Alemania 0.

Se que acabo de cometer la mayor imprudencia de que u secretario pueda hacer. Y aún mayor tratándose de Naruto. Pero lo necesitaba. Necesitaba hacerlo sentir como me siento yo.

Sin importar las consecuencias, entre ellas el despido seguro, camino hacia Sakumo y lo agarro del brazo con familiaridad. Nos montamos en Opel Corsa y nos dirigimos hacia el restaurante mientras comienzo a calcular el paro que va a quedar. De esta me despide fijo.

Cuando llego al establecimiento, corro con Sakumo a tomarme varias Coca-Colas.

¡Oh, Dios! Como me gusta sentir sus burbujitas en mi boca.

Pero hasta las burbujas se de hinchan cuando veo entrar a Naruto seguido de Natsuhi y los jefazos. Los directivos entran en el comedor y rápidamente toman posiciones. Naruto hace ademán de sentarse, pero entonces se excusa de sus acompañantes y me hace una señal con la mano. Sakumo y yo lo vemos y no me puedo negar a ir.

Doy un nuevo trago a mi Coca-Cola, la dejo sobre la barra y me acerco a él.-Dígame, señor Namikaze. ¿Qué quiere?

Naruto baja la voz y, sin cambiar su gesto, pregunta:-¿Qué estas haciendo, Sasu?

Sorprendido, porque vuelvo a ser <Sasu>> respondo:

-Tomarme una Coca-Cola. Por cierto, Zero, que engorda menos. Mi contestación y mí chulería lo desesperan. Lo sé y eso me gusta.

-¿Por qué estas haciéndome enfadar todo el rato?-inquiere, desconcertándome.

¡Tendrá porca vergüenza…!

-¡¿Yo!?-le susurro-.Tendrás cara…Su mirada es tensa. Dura y desafiante. Sus pupilas se contraen y me hablan pero hoy no quiero entenderlas. Me niego.-Pasad al comedor-me dice, antes de darse la vuelta-.Vamos a comer.

Cuando Sakumo y yo llegamos al comedor, nos sentamos a la otra punta de la mesa. Suena mi móvil: ¡mí hermano! Decido pasar de él otra vez, no me apetece escuchar sus lamentaciones. Más tarde le llamaré. La comida esta exquisita y continuo mi charla con mí amigo.

En un par de ocasiones miro hacia mi jefe y veo que sonríe a Natsuhi. Mí cabreo vuelve a crecer. Pero cuando sus ojos se cruzan con los míos, ardo. Me caliento. Su mirada de Iceman consigue que todas mis terminaciones nerviosas se muevan al mismo tiempo y todo yo me incendie.

A las cuatro y media regresamos a la sede. Yo, por supuesto, vuelvo en el coche de Sakumo. La reunión se reemprende y acaba cerca de la siete de la tarde. ¡Estoy agotado!
Continuara….

sábado, 27 de septiembre de 2014

Pídeme lo que quieras

capitulo 19


Cuando suena mi despertador, quiero morir.

Estoy cansado. Apenas he dormido pensando en lo ocurrido en aquel bar. Las palabras de Naruto, su mirada y como aquellos hombres me deseaban me impedían dormir. Al final, sobre las cuatro de la madrugada saqué el vibrador de la maleta y, tras jugar un poco con él, conseguí apagar mi fuego interno.

Como el día anterior, Natsuhi, Naruto y yo salimos del hotel y el chofer nos llevó hasta las oficinas para conseguir la reunión. Hoy me he puesto unos pantalones que cuestan quitar. No quiero que vuelva a ocurrir lo del día anterior. Nada más verme, Naruto ha paseado su mirada por mi cuerpo y, aunque solo me ha dicho <<Buenos Días>>, por su tono intuyo que ya no esta enfadado.

Durante horas, mientras escucho atento la reunión, mi mirada y la de Naruto se encuentran en varias ocasiones. Hoy no me manda ningún correo, ni interrumpe la reunión. Se lo agradezco. Quiero ser profesional en mi trabajo.

A las siete, cuando llegamos al hotel, me despido de él y de Natsuhi y subo a mi habitación. Estoy muerto de calor. Alguien llama a mi puerta. Abro y no me sorprendo cuando veo a Naruto. Su mirada es decidida. Entra y cierra la puerta, se quita la chaqueta y después me coge entre sus brazos, y camina hacia el dormitorio con el morbo instalado en su mirada.

-Dios, pequeño…Te deseo

No hace falta decir nada más. El deseo es mutuo y la noche, larga y perfecta.

Cuando me despierto a las seis de la mañana, Naruto no está. Se ha ido de mi cama, pero como estoy tan agotado por nuestro maratón de sexo vuelvo a dormirme.

Sobre las diez de la mañana, el sonido de mi móvil me despierta. Rápidamente lo cojo y leo un mensaje de Naruto: <<Despierta>>.

Salto de la cama y me doy una ducha. Es sábado. Hoy no tenemos ninguna reunión y quiero pasar el máximo de tiempo con él. Cuando salgo de la ducha vestido solo con la toalla, alguien llama a mi puerta. Abro y me encuentro a un magnifico Naruto vestido con unos vaqueros de cinturilla baja y una camisa blanca abierta. Su aspecto es tentador y salvaje. Terriblemente apetecible.

¡Vaya, qué bueno está!-Buenos Días, pequeño.- ¡Buenas!

Lo miro, como si fuera una colegiala.

-¿Te apetece pasar el día conmigo?-me comenta.

Su pregunta me sorprende. Por una vez, no esta dando nada por hecho.-Por supuesto que sí.

-¡Genial! Te voy a llevara  comer a un sitio precioso. Coge el bañador. Sonrío afirmativamente y él entra en la suite.

-Ve a vestirte o al final mi comida serás tú-murmura con voz ronca.

Divertido por sus palabras, corro hacia el dormitorio. Cuando entro, oigo una canción en la radio que me encanta y canto mientras me visto:

Muero por tus besos, por tu ingrata sonrisa. Por tus bellas caricias, eres tú mi alegría. Pido que no me falles, que nunca te me vayas y que nuca te olvides, que soy yo quien te ama. Que soy yo quien te espera, que soy yo quien te llora. Que soy yo quien te anhela los minutos y horas…Me muero por besarte, dormirme en tu boca

Me muero por decirte que el mundo se equivoca…

Cuando me doy la vuelta, Naruto esta apoyado en el quicio de la puerta, observándome.

-¿Qué cantas?

-¿No conoces esta canción?-No. ¿Quién canta? Termino de abrocharme el vaquero y añado:- Un grupo llamado La Quinta Estación y la canción se llama Me muero.

Naruto se acerca. Me pongo el mi camiseta que enseña el ombligo lila, pero no puedo evitar sonreír, intuyo sus intenciones. Me coge de la cintura.

-La canción dice algo así como << me muero por besarte>>, ¿no? Asiento como un bobo. Pero qué tonto me pongo con él…-Pues eso mismo me pasa a mí en este momento, pequeño.

Me coge entre sus brazos. Me aúpa y me besa. Me devora los labios con tal ímpetu que ya deseo que me desnude y prosiga devorándome. La canción continua sonando, mientas me besa…me besa…me besa. Pero de pronto se detiene, me suelta y me da un azote divertido en el trasero.

-Termina de vestirte o no respondo de mí.

Me río entro  rápidamente en el baño para recogerme el pelo en una coleta alta. Cuando salgo, Naruto esta apoyado en la cristalera mirando hacia el exterior. Su perfil es impresionante. Sexy. Cuando me ve aparecer, sonríe.

-¿Cómo lo haces para estar cada día más guapo?

Encantando por aquel piropo, le dedico una sonrisa. Él se acerca a mí, me agarra del cuello y me besa. ¡Oh, si! Finalmente, se separa de mí y me mira a los ojos.

-Salgamos de aquí antes de que te arranque la ropa, pequeño-murmura.

Entre risas llegamos a la recepción del hotel. No vuelve a tocarme ni acercarse a mí más de lo necesario. Un joven recepcionista, al vernos, se acerca a nosotros y le entrega a Naruto unas llaves. Cuando se aleja miro el llavero, movido por la curiosidad.

-¿Lotus?

Naruto asiente señala hacia la puerta del hotel donde veo aparcado un maravilloso deportivo naranja.

-¡Dios, un Lotus Elise 1600! Naruto se sorprende.-Señorito Uchiha, ¿además de entender de fútbol también entiende de coches?-Mi padre tiene un taller de reparación de coches en Jerez-respondo, coqueto.

-¿Te gusta el coche?

-Pero ¿Cómo no me va a gustar? ¡Es un Lotus!

-Me dejaras conducirlo, ¿verdad?-le pregunto, sin acercarme a él, a pesar de que lo estoy deseando.

Sin sonreír Naruto me mira…me mira…me mira y al final tira las llaves al aire y yo lo cojo.

-Todo tuyo, pequeño.

Deseo tirarme a su cuello y besarlo, pero me contengo. Al fondo veo a Natsuhi mirarnos con curiosidad y no quiero darle carnaza, aunque sé que ella esta sacando sus propias conclusiones. ¡Que le den! Su cara lo dice todo y presiento que esta muy…muy cabreada.

Naruto y yo salimos por la puerta del hotel y, en cuanto nos montamos en el coche y lo arranco, pongo la radio. La canción de Kiss de Prince suena y yo muevo los hombros, encantado. Naruto me mira y pone los ojos en blanco. Divertido, sonrío por su gesto y, antes de que pueda decir nada, me pongo mis gafas de sol.

-Agárrate, nene.

El día se presenta fantástico. Conduzco un Lotus impresionante junto a un hombre más impresionante todavía. Cuando salimos de Barcelona en dirección a Tarragona me desvío por una carretera. Naruto no mira.

-No sé si sabes que yo e veraneado en Barcelona muchos años-le informo.-No. No lo sabía.

Siento la adrenalina a tope mientras conduzco.

-Te voy a llevar a un sitio donde se puede probar esta maravilla. Verás. ¡Vas a flipar!

Con su seriedad habitual, Naruto me mira y dice:-Sasu…este camino no es para este coche.-Tú tranquilo.-Vamos a pinchar, Sasu.- ¡Cállate, aguafiestas! Mi adrenalina se revoluciona. Continúo el camino y pasamos sobre varios charcos. El reluciente coche se embarra y Naruto me mira. Yo canturreo y hago como que no lo estoy viendo. Sigo mi camino pero de pronto, ¡oh, oh! El coche me hace un movimiento extraño y presiento que hemos pinchado una rueda.

La adrenalina, la alegría y el buen humor se esfuman en décimas de segundos y maldigo en mi interior. Seguro que me dice que me lo avisó y tendré que asentir y callar. Disminuyo la velocidad y, cuando paro, me muerdo el labio y lo miro con cara de circunstancias.

-Creo que hemos pinchado.

El gesto de Naruto se descompone. Está claro que los imprevistos no les gustan. Estamos en medio de un camino a pleno sol a las doce de la mañana. Sin decir nada, sale del coche y da un portazo. Yo salgo también. El portazo lo omito. El coche esta sucio y embarrado. Nada que ver con el cuarenta minutos antes. La rueda pinchada es justo la delantera de mi lado. Naruto cierra los ojos y resopla.

-Vale, hemos pinchado. Pero, tranquilo. Que no cunda el pánico. Si la rueda de repuesto esta donde tiene que estar, yo lo cambio en un santiamén.

No contesta. Malhumorado se dirige hacia la parte de atrás del coche, abre el portón trasero y veo que saca una rueda y las herramientas necesarias para cambiarlas. De malos modos, se acerca a mí, suelta la rueda en el suelo y me dice con las manos ennegrecidas:

-¿Te puedes quitar en medio?

Sus palabras me molestan. No solo es su tono, es su intención.

-No-contesto sin moverme ni un centímetro-, no me puedo quitar de en medio.

Mi respuesta lo sorprende.

-Sasu-gruñe-, acabas de estropear un bonito día. No lo estropees más.

Tiene razón. Yo me he empeñado en meterme por aquel camino, pero me duele que me hable así.

-El precioso día lo estas estropeando tú con tus malos modos y tu caras de fastidio-le contesto, incapaz de quedarme callado-. ¡Joder! Que solo se ha pinchado la rueda del coche. No seas tan exagerado.

-¡¿Exagerado!?

-Si, terriblemente exagerado. Y ahora, por favor, si te quitas de en medio y o solito cambiare la rueda y pagaré mi terrible, irreparable y tremendo error.

Naruto suda. Yo sudo. El sol no nos a tregua y no llevamos una mísera botella de agua para refrescarnos. Veo el agobio en su cara, en su mirada.

-Muy bien, listillo-me dice, abriendo las manos-. Ahora vas a cambiarla tú solito.

Sin más, comienzo a andar hacia un árbol que esta a unos diez metros del coche. En cuanto llega  a la sombra, se sienta y me observa.

La furia me llena por dentro y empieza a picarme el cuello. ¡El sarpullido! Sin pararme a pensar en ello, pongo el gato del coche debajo de él y comienzo a hacer palanca para subirlo. El esfuerzo me hace sudar. Sudo como un cosaco. Mi pecho y mi espalda están empapados, el pelo de mi flequillo se me pega a la cara pero prosigo en mi empreño, sin dar mí brazo a torcer.

Para bruto y autosuficiente, ¡yo!

Tras un esfuerzo terrible en el que pienso que me va a dará un patatús, consigo quitar la rueda pinchada. Me pringo todo de grasa, pero la cosa ya no tiene remedio. Cuando estoy apunto de gritar de frustración, siento que Naruto me agarra por la cintura.

-Vale, ya me has demostrado que tú solito sabes hacerlo- me dice con voz suave-. Ahora, por favor, ve a la sombra, yo terminaré de poner la rueda.

Quiero decirle que no. Pero tengo tanto…tanto…tanto calo que o voy bajo el árbol o estoy seguro que me voy a desmayar.

Diez minutos después, Naruto arranca el coche, le da la vuelta y se acerca a mí marcha atrás.

-Vamos…monta.

Enfurruñado, hago lo que me pide.

Estoy sucio, furioso y sediento. Él esta igual aunque reconozco que su humor es mejor que el mío. Conduce con cuidado por el puñetero camino y sale a la autopista. Cuando ve una gasolinera grande para, me mira y pregunta:

-¿Quieres beber algo fresquito?

-No…-Al ver como me mira, gruño-: Pues claro que quiero beber algo. Me muero de sed, ¿no lo ves?

-¿Se puede saber qué te pasa ahora?

-Me pasa que eres un amargado. Eso es lo que me pasa.

-¡¿Cómo!?-pregunta, sorprendido.

.Pero ¿de verdad crees que, por pinchar la rueda y manchar la ropa de grasa, el bonito día se puede jorobar? ¡Por favor! Que poco sentido del humor y de la aventura que tienes. Alemán tenías que ser.

Va a responder algo pero se calla. Resopla, baja del coche y entra en la gasolinera. Entonces veo a mi lado un lavado de coches manual y no lo pienso. Arranco el coche, pongo el vehículo en paralelo, meto tres euros en la maquinita y la manguera de agua comienza a funcionar. Lo primero que hago es mojarme las manos y quitarme la grasa que la rueda ha dejado en ellas y es tanto el calor que siento que me suelto la coleta y, sin importarme quién me mire, meto la cabeza bajo el chorro. ¡Oh, qué frescura! ¡Que gusto!

Cuando me he refrescado la cabeza, vuelvo a ver la vida de mil colores. Naruto sale de la gasolinera con dos botellas grandes de agua y una Coca-Cola y se acerca a mí, sorprendido.

-Pero ¿Qué estas haciendo?

-Refrescarme y, de paso, lavar el coche.-Y, sin previo aviso, giro el chorro hacia él y lo mojo mientras me río a carcajadas.

Su cara es un poema.

La gente nos mira y yo ya me estoy arrepintiendo de lo que acabo de hacer. ¡Madre, que cara de mala leche! Esa espontaneidad mía me va a dar disgustos y creo que en décimas de segundos llegara el primero. Pero, sorprendiéndome, Naruto suelta las botellas de agua y la Coca-Cola en el suelo y se acerca a más hacia mí.

-Muy bien, nene, ¡Tú lo has querido!

Corre hacia mí, me quita la manguera y me empapa entero. Yo grito, me río y corro alrededor del coche mientras él disfruta con lo que hace. Durante varios minutos nos empapamos mutuamente y nuestra furia se va con el barro y la suciedad. La gente nos mira divertida al pasar por nuestro lado mientras nosotros, como dos tontos, seguimos mojándonos y riéndonos a carcajadas.

Cuando el agua se corta de pronto porque los tres euros se han acabado, yo estoy empapado contra la puerta del coche. Naruto suelta la manguera y se paga a mi cuerpo antes de besarme. Me devora la boca con auténtica pasión y me pone la carne de gallina.

-Algo tan inesperado como tú esta dando emoción a un amargado alemán.- ¿De verdad?-murmuro como un bobo. Naruto asiente y me besa.

-¿Dónde has estado toda mi vida?

¡Momentazo!

Momentazo de película. Me siento  la heroína. Soy Julia Roberts en Pretty Woman. Baby en A tres metros sobre el cielo. Nunca nadie me ha dicho nada tan bonito en un momento tan perfecto.

Tras un montón de besos ardientes, decidimos marcharnos. Estamos empapados y ponemos unas toallas en los asientos de cuero del coche. Naruto vuelve a darme las llaves del Lotus.

-Sigamos con la aventura-murmura.

Entre risas, llegamos hasta Sitges. Allí aparcamos el coche y no me sorprendo cuando, tras guardar las llaves en mí bandolera, Naruto reclama mi mano. Se la entrego y juntos caminamos por las calles de aquella bonita localidad como una pareja más.

El calor seca nuestras ropas y me lleva hasta un precioso restaurante donde comemos mientras observamos el mar. Nuestra charla y él sonríe. Pocas veces lo he visto así. En ese momento, ni él es mi jefe ni yo su secretario. Simplemente somos pareja que disfruta de un momento precioso.

Por la tarde, sobre las seis, decidimos darnos un baño en la playa. Nada más entrar en el agua, Naruto me coge en sus brazos y camina conmigo hacia el interior hasta que me suelta y bebo un buen trago e agua. ¡Joder, que mala esta! Dispuesto a hacerle pagar su fechoría, meto una pierna entre las suyas y, cuando no se lo espera, la ahogadilla se la hago yo. Eso lo sorprende, así que intento escapar de él, pero me coge de nuevo y me sumerge en el mar.

Pasamos un rato divertido en el agua y, cuando salimos, nos tiramos sobre nuestras toallas en la arena y nos secamos al sol en silencio. La morriña se apodera de mí y estoy a punto de dejarme llevar por Morfeo cuando Naruto se levanta y me propone tomar algo fresco. Lo acepto sin dudarlo. Recogemos nuestras cosas y nos acercamos a un chiringuito.

Naruto va a pedir las bebidas mientras yo me siento a una mesita y me suena el teléfono. Mi hermano. Pienso si cogerlo o no, pero al final decido que no y corto la llamada. Vuelve a sonar y finalmente claudico.

-Dime, pesado.

-¿Pesado? ¿Cómo que pesado? Te he llamado mil veces, descastado.

Sonrío. No me ha llamado osito. Esta cabreado. Mi hermano es un caso, pero como no estoy dispuesto a estar tres horas hablando con él, le pregunto:

-¿Qué pasa, Itachi?-¿Por qué no me llamas?

-Por que estoy liado. ¿Qué quieres?-pregunto mientras observo a Naruto pedir bebidas y luego teclear algo en su móvil.

-Hablar contigo, ositooooooooooooo.

-Itachi, cariño, ¿Qué te parece si te llamo más tarde? Ahora no puedo hablar. Oigo su resoplido.

-Vale, pero llámame, ¿de acuerdo?-Besossssssssssssssssssss.

Corto la comunicación y cierro los ojos. La brisa del mar me da en la cara y estoy feliz. El día esta siendo maravilloso y no quiero que acabe nunca. El móvil suena  otra vez y, convencido de que es mi hermano, respondo:

-Pero mira que eres pesadito, Itachi, ¿Qué narices quieres?

-Hola, guapísimo, siento decirte que no soy el pesadito de Itachi.

Inmediatamente me doy cuenta de que es Neji, el hijo de Hiashi. Cambio mi tono de voz y suelto una carcajada.

-¡Ostras, Neji, perdona! Acababa de colgar a mí hermano y ya sabes lo pesadito que es…

Oigo como sonríe.

-¿Dónde estas?-me pregunta.

-En este momento en Stges, Barcelona.- ¿Y que haces allí?-Trabajando.- ¿Hoy sabado?-Nooooo…hoy no. Hoy disfruto del sol y la playa.- ¿Con quien estas?

Es pregunta me pilla tan de sorpresa que no sé qué responder.-Con gente de mi empresa-dijo finalmente.

Naruto se acerca a la mesa. Deja una Coca-Cola con mucho hielo y una cerveza sobre su superficie y se sienta a mi lado.

-¿Cuándo vienes a Jerez? Ya estoy esperándote.

-Dentro de unos días.-¿Tanto vas a tardar?-Me temo que si.-Joder-maldice. Incomodo por como Naruto me observa y escucha la conversación respondo:-Tú pásalo bien. Ya sabes que por mí no tienes que guardar luto. Neji resopla. Mis palabras no le han gustado y añade:

-Lo pasare bien cuando tú llegues. Ya sabes que unas vacaciones sin mi jerezano preferido me saben a poco.

Me río. Naruto me mira.

-Anda…no seas tonto, Neji. Tú pásalo bien y cuando llegue a Jerez te doy un toque y nos vemos, ¿de acuerdo?

Tras despedirnos, cierro el móvil, lo dejo sobre la mesa y cojo la Coca-Cola. Estoy sediento. Durante unos segundos, Naruto mira como bebo.

-¿Quién es Neji?

Dejo el vaso sobre la mesa y me retiro el pelo de la cara.-Un amigo de jerez. Quería saber cuando voy a ir.

De pronto me doy cuenta de que le estoy dando explicaciones. ¿Qué hago? ¿Por qué se las doy?

-¿Un amigo…muy amigo?-insiste. Sonrío al pensar en Neji.-Dejémoslo en amigo.

El maravilloso hombre que esta a mi lado asiente y mira al horizonte.-¿Qué pasa? ¿Qué tu no tienes amigas?

-Si…y con algunas comparto sexo. ¿Compartes sexo tú con Neji?

Si me pudiera ver la cara, vería la cara de tonto que se me ha puesto con su pregunta.

-Alguna vez. Cuando nos apetece.- ¿Disfrutas con él?

Esa pregunta tan intima me parece totalmente fuera de lugar.

-Si.

-¿Tanto como conmigo?

-Es diferente. Tú eres tú y él es él.

Naruto clava su mirada, me observa…me observa y me observa.-Haces muy bien, Sasu. Disfruta de tu vida y del sexo.

Tras aquello, no vuelve a preguntar sobre Neji. Nuestra conversación continúa y el buen rollito entre nosotros prosigue.

A las siete de la tarde decidimos regresar a Barcelona. De nuevo Naruto me da las llaves del Lotus y yo conduzco encantado, disfruto del momento.

Esa noche, cuando llegamos al hotel, Naruto pide que nos suban algo de cena a mi habitación y durante horas hacemos salvajemente el amor.

Continuara….

viernes, 26 de septiembre de 2014

Pídeme lo que quieras

capitulo 18

La reunión se alarga más de lo esperado y no salimos de las oficinas hasta las ocho y media de la tarde. El rostro de Naruto es serio. La tal Natsuhi, para mi gusto, es una tocapelotas, no ha hecho más que poner impedimentos a todo lo que se hablaba.

Nos montamos en la limusina, con Natsuhi. Durante el trayecto, Naruto va parapetado tras una mascara de hostilidad que no me gusta y me pide varios papeles. Se los entrego. Él y Natsuhi los miran mientras sin parar.

Cuando llegamos al hotel deseo correr a la habitación y desnudarme como él me ha pedido. No he podido parar de pensar en ello. Naruto y yo. Naruto sobre mí. Naruto poseyéndome. Pero mi gozo se va a un pozo cuando le oigo decir:

-Señorito Uchiha, ¿le apetece cenar con Natsuhi y conmigo?

Eso me paraliza. Aquella pregunta, en realidad, debería ser: <<Natsuhi, ¿le apetece cenar con el señorito Uchiha y conmigo?>>.

Siento que la furia se concentra en mi estomago. Ardo por dentro. Aunque, esta vez, mi ardor nada tiene que ver con el deseo. Percibo la mirada de aquella mujer sobre mí. En el fondo, le joroba tanto como a mí compartir la compañía de Naruto.

-Muchas gracias por la invitación, señor Namikaze-respondo, dispuesto a darle el gusto-, pero tengo otros planes.

Para no variar, Naruto pone cara de sorpresa. Por su mirada, sé que esperaba cualquier otra contestación menos aquella. ¡Eso por listillo! Doy buenas noches y me marcho. Siento la mirada de Naruto en mi espalda pero continuo mi camino. ¡Para chulo, yo! Cuando llego al ascensor y las puertas se cierran consigo respirar. Y cuando entro en mi habitación grito frustrado.

-¡Imbécil! Eres un imbécil.

Irascible hasta con el aire que me roza, me dirijo hacia el baño. Miro la bañera pero finalmente decido darme una ducha. No quiero pensar en Naruto, ¡que le den! Salgo de la ducha. Me seco el pelo y me obligo a ser el doncel con carácter que siempre he sido. Suena el teléfono de la habitación. No lo cojo. Abro rápidamente mi móvil. Tres llamadas pérdidas de mi hermano. ¡Que pesadilla! Decido llamarlo en otro momento y telefoneo a una amiga de Barcelona. Como es de esperar, se vuelve loca al saber que estoy en la ciudad y quedo con ella. Apago el móvil. Nadie me va a chafar mi alegría, y menos Naruto.

Así que ansioso por salir de allí lo antes posible sin ser visto, me pongo me pongo un pantalón corto y una camiseta y los tenis. Hace un calor horroroso y este conjunto me viene de perlas. Cuando estoy preparado cojo mi mochila pequeña. Abro la puerta con cuidado y miro el pasillo. No hay moros en la costa y salgo. Pero sé que Naruto está en la suite de al lado y en vez de esperar el ascensor me escabullo por las escaleras. Bajo cinco tramos y finalmente cojo el ascensor.

Sonrío por mi proeza y cuando llego a recepción y salgo por las puertas del hotel Arts, casi doy saltos de alegría. Pero esta dura poco. De pronto soy consciente de que he dejado vía libre a esa loba de Natsuhi y la mala leche se instala de nuevo en mí.

Cojo un taxi y le doy la dirección. Mi amiga Mabui me espera allí. Cuando llego al lugar, rápidamente la veo. Esta guapísima y rápidamente nos fundimos en un sincero abrazo. Mabui y yo somos amigos de toda la vida. Mi madre era catalana y, hasta que murió, íbamos todos los veranos a Hospitales.

-Dios, nene ¡que guapo estás!-me grita.

Tras una enorme tanda de besos, abrazos y piropos,  cogidos del brazo nos encaminamos hacia el puerto. Mabui sabe que me gusta la pizza y vamos a un restaurare que sabe que me encantará. Para no perder la costumbre, comemos de todo, regado con litros de Coca-Cola y no paramos de cotorrear durante horas. Sobre las dos de la madrugada estoy cansado y quiero regresar al hotel. Nos despedimos y quedamos en llamarnos al día siguiente.

Feliz por la velada con Mabui regreso al hotel lleno de energía. Mabui es tan positiva y tan vitalista que estar con ella siempre me llena de felicidad.

Cuando el taxi se detiene en la preciosa entrada del hotel Arts, pago al taxista, me despido de él y me bajo sin fijarme que una limusina blanca esta parada a la derecha.

Camino con decisión hacia la puerta cuando oigo una voz detrás de mí:-¡Sasuke!

Me doy la  vuelta y el corazón me da un vuelco. En el interior de la limusina, por la ventanilla, veo el rostro pétreo de Naruto, alias Iceman. Mi estomago se contrae. El rictus de su boca me hace saber que esta enfadado y su mirada me lo ratifica. Intento que no me importa. Con chulería camino hacia el coche lentamente. Noto que sus ojos me recorren entero, pero no se mueve. Cuando llego hasta él, me agacho para mirar por la ventanilla abierta.

-¿Dónde estabas?-gruñe.-Divirtiéndome.

Un incómodo silencio se cierne entre los dos, hasta que decido claudicar.- ¿Qué tal tu noche? ¡Lo has pasado bien con Natsuhi? Naruto resopla. Sus ojos me fulminan.

-Deberías haberme dicho donde estabas-gruñe de nuevo-. Te he llamado mil veces y…

-Señor Namikaze-lo interrumpo y, con voz de pleitesía, añado educadamente-: Creo recordar que me dio la opción de decidir si quería o no cenar con usted y la señorita Natsuhi… ¿No lo recuerda?

No contesta.

-Simplemente decidí divertirme tanto o más que usted y me doy cuenta de que sus nudillos están blancos por la furia. De repente, abre la puerta de limusina.

-Entra-exige.

Lo pienso unos segundos. Los suficientes como para cabrearlo más. Al final, decido entrar. En realidad, todo yo lo esta deseando. Cierro la puerta. Naruto me mira desafiante y, sin retirar su mirada de mí, toca un botón de la limusina.

-Arranque.

Noto que el coche se mueve.

-Para su información, señorito Uchiha-añade, con la mandíbula tensa-, la cena con la señorita Natsuhi fue una cena de compromiso y negocios. Y, como exige el protocolo, usted es el secretario y usted era el que debía invitar a la cena, no a Natsuhi.

Muevo mi cabeza afirmativamente. Tiene razón. Lo sé, pero igualmente me cabrea. En algunas ocasiones no pudo evitar ser un bocazas y esta es una de ellas. Sin querer dar mi brazo a torcer, respondo:

-Espero que al menos lo haya pasado bien en su compañía.

La mirada de Naruto me abrasa, mientras él se mantiene a escasos centímetros de mí, sin acercarse. Su perfume embriaga todos mis sentidos y cientos de maripositas comienzan a aletear en mi bajo vientre.

-Le aseguro, me crea o no, que hubiera disfrutado más de su compañía. Y antes de que siga comportándose con un niño malcriado, exijo saber con quién ha estado y donde. Llevo horas esperando su regreso, sentado en esta limusina, y quiero una explicación.

Eso me saca de mi mutismo de indiferencia.

-¿En serio llevas horas esperándome a la puerta del hotel?

-Si.

Mi parte de princesa que aún cree en los cuentos de hadas salta de alegría. ¡Me ha estado esperando!

-Naruto, que mono eres-murmuro, con voz dulce-. Lo siento. Yo creía que…Noto que sus hombros se relajan.

-Vaya…-me pregunta, sin variar su duro tono de voz-. ¿Vuelvo a ser Naruto, señorito Uchiha?

Eso me hace sonreír. Él no mueve ni un músculo. ¡Ay, mi Iceman! Y, como ya me ha tocado la fibra tontorrona, me acerco más a él. Siento que su cara se normaliza.

-Naruto…lo siento.

-No lo sientas. Procura comportarte como un adulto. No creo pedir tanto. Vale. Me acaba de llamar niñato.

En otras circunstancias, me hubiera bajado del coche y le hubiera dado con la puerta en las narices, pero no puedo. Su magia ya me ha hechizado. Sigue sin mirarme, pero yo no desisto.

-Llevo todo el día pensando en desnudarme para ti. Y cuando me dijiste eso de la cena con Natsuhi yo…

No me deja terminar la frase. Clava sus ojazos en mí y me interrumpe:- Este viaje es fundamentalmente de trabajo. ¿Acaso lo has olvidado?

La dureza con la que se dirige a mí rompe el encanto del momento y, con ello, mi tregua. Mi gesto cambia, Mi gesto cambia. Mi respiración se acelera y no puedo evitar sacar mí genio español.

-Se muy bien que este viaje es de trabajo. Lo dejamos claro antes de salir de Madrid. Pero hoy tú has interrumpido una reunión, has echado a todos fuera de la sala y luego me has quitado el boxers. Tú qué te crees, ¿Qué yo soy de piedra? ¿ O un juguete más de tus juguetitos?- Como no responde, prosigo-: Vale, yo he aceptado este viaje. Yo tengo la culpa de verme en esta situación contigo y…

-¿Ahora llevas boxers o calzoncillos?

Lo miro boquiabierto. ¿Se ha vuelto loco? Sorprendido por aquella pregunta, frunzo el ceño y me separo de él.

-Bastante te importará a ti lo que llevo.-Pero mi genio revienta dentro de mí y le grito como un descosido-: ¡Por el amor de Dios! ¿Estamos discutiendo y tú me preguntas si llevo boxers o calzoncillos?

-Si.

Me niego a contestarle, enfurruñado. Tengo la sensación de que me va a volver loco.

-Aún no me has dicho con quién has estado esta noche y dónde. Resoplo. Discutir con él me agota.

Finalmente, me dejo caer en el respaldo del asiento del coche y me rindo.-He cenado con mi amiga Mabui en el puerto y llevo calzoncillos. ¿Algo más?-¿Solos?

-Pues si. Solos. Cuando Mabui y yo nos juntamos, nos gustar hablar, hablar y hablar.

Mi contestación parece contarlo y veo que el rictus de su boca se suaviza. Me mira. Lo siento moverse en el asiento y acercarse a mí, como si quisiera besarme.

-Dame tus calzoncillos-me dice.

-Pero bueno, ¿por qué te tengo que dar mis calzoncillos?-protesto.

Naruto sonríe y me besa. ¡Por fin una tregua! Después de besarme se separa de mí.

-Porque la ultima vez que estuve contigo no los llevas y no te he dado permiso para que te los pongas.

-Vaya. Entonces, ¿me estas diciendo que debería haber salido por Barcelona sin calzoncillos? –Veo que mi broma no le hace gracia, y murmuro, quitándome los pantalones los pantalones con rapidez para después quitarme los calzoncillos y una vez quitados volver a ponerme los pantalones-: Toma los puñeteros calzoncillos.

Los coge con sus manos y se los mete en el bolsillo del pantalón de lino que lleva. Está guapísimo con ese pantalón ancho y la camiseta azulona. Me mira mis piernas. Las toca y su mirada sube hacia mis pezones. Me toca los pezones por encima de la camiseta.

-Siéntate frente a mí.

Sin rechistar me cambio de asiento y quedo frente a él. Alarga la mano y toca mis piernas.

-Me encanta tu suavidad.

Mi corto pantalón me llega hasta los muslos y él me lo desabrocha y me baja el pantalón un poco. Luego me hace abrir las rodillas.

-Excelente y tentador.

Noto que comienzo a respirar más fuerte. Voy a cerrar las piernas pero él no me deja.

-Mantenlas abiertas para mí.

Siento que se avecina sexo y me desconcierta no saber cuándo, ni como. Pero todo yo comienzo a excitarme. Lo deseo.

El coche se detiene. Naruto me sube el pantalón y lo abrocha y, dos segundos después, la puerta se abre. Estamos ante un local de copas cuyo letrero reza <<Chiang>>.

Naruto me da la mano para bajar de la limusina y el aire se enreda entre mis piernas. Me estremezco. Mi pantalón es muy corto y sin calzoncillos me siento incomodo y desnudo. Naruto me pone una mano en la espalda y el portero del local abre la puerta. Naruto le dice algo y este nos deja pasar.

Una vez en el interior, la música y el murmullo de la gente nos envuelve. Noto la mano de Naruto sobre mi trasero y eso vuelve a excitarme. Me guía hasta la barra y allí pedimos algo de beber. El camarero le pone a él un Whisky solo y a mí un ron con Coca-Cola. Le doy un enorme trago. Estoy sediento. Miro a mí alrededor. Movido por la curiosidad, y veo cómo la gente habla y ríe animada, cuando siento que se acerca a mí oído.

-Tu mal comportamiento de esta noche conlleva un castigo. Lo miro, sorprendido.

-Señor Namikaze, me gustas mucho pero como se te ocurra tocarme un pelo de una forma que yo considere ofensiva, te aseguro que lo pagarás.

Con su superioridad de siempre sonríe. Da un trago a su copa, se acerca hasta mi cara y murmura poniéndome la carne de gallina:

-Pequeño, mis castigos nada tienen que ver con lo que estas suponiendo. Recuérdalo.

Sin dejar de mirarnos bebemos de nuestras copas y mi sed, unida a mis nervios, me lleva a acabar rápidamente con mí bebida. Naruto, al ver aquello me coge la cabeza y me besa con posesión. Me enloquece y cuando abandona mi boca murmura:

-Sígueme.

Lo sigo, encantado, mientras él abre camino y permite que nadie me roce. Su protección me encanta. Es excitante. Segundos después entramos en otra sala. Esta está menos concurrida. La música no está tan alta y la gente parece más tranquila. De nuevo, nos acercamos a la barra. Esta vez nos colocamos en una esquina y él vuelve a pedir las mismas bebidas de antes. El camarero las prepara y las deja enfrente de nosotros, y junto a ellas deposita una especie de cubitera con agua y unas servilletas de lino. Naruto coge un taburete alto y me invita a sentarme. Encantado, lo hago. Mis zapatos ya comienzan a atormentar mis pies.

Al sentarme, cruzo mis piernas.

Me da pánico que vean que no llevo calzoncillos ya que con estos pantalones se nota si llevas o no. Naruto me abraza. Coloca sus manos sobre mi cintura y yo se las pongo alrededor del cuello. Momento romántico. Esta vez soy yo quien acerca mi boca a la de él, saco mi lengua. Le chupo el labio superior pero, cuando voy a hacer lo mismo en su labio inferior, sube su mano de mi cintura a mi nuca y me besa de nuevo con posesión. Mete su lengua en mi boca y la asalta con autentica pasión, lo que hace que vuelva a sentirme como si fuera de plastilina entre sus brazos.

-Abre tus piernas para mí, Sasu.

Lo miro unos segundos y, después, lanzo una mirada a mi alrededor.

Calibro que la oscuridad del lugar y la posición al final de la barra no dejarán ver que no llevo calzoncillos, aunque abra mis piernas. Sonrío. Descruzo mis piernas y, sin dejar de mirarlo, hago lo que me pide y apoyo los zapatos en la barra del taburete.

Naruto posa sus manos en mis rodillas y noto como las sube muy…muy lentamente. Cuando llega a m cintura desabrocha el pantalón y me lo vuelve a bajar hasta mis rodillas. Acerca su boca a la mía y, sobre mis labios, siento que me dice <<me encantas>>. Cierro los ojos y sus manos se deslizan por la cara interna de mis muslos. Me muevo inquieto. Quiero más. Estoy nervioso por hacer aquello en un sitio con gente, pero me excita. Él se da cuenta y pega su boca a mi oreja.

-Tranquilo, pequeño. Estamos en un club de intercambio de sexo y aquí todo el mundo ha venido a lo mismo.

Eso me asusta.

Horror, pavor y estupor. Naruto gira mi taburete y me hace mirar a la gente que hay a nuestro alrededor. De pronto soy consciente de que, en la barra, varios hombres de distintas edades nos miran. Nos observan.

-Todos ellos están deseando meter la mano entre tu entrepierna-susurra Naruto en oído-. Sus gestos me demuestran que se mueren por chuparte los pezones, desnudarte y, si yo les dejo, penetrarte hasta que te corras. ¿No ves su cara? Están excitados y desean atrapar tu pene entre sus dientes para hacerte chillar de placer.

Mi pulso se acelera. ¡Estoy cardiaco!

Nunca he hecho nada parecido, pero me excita mucho. Mi respiración se entrecorta. Imaginar lo que Naruto me está narrando me hace tener calor. Mucho calor. Intento dar la vuelta al taburete, pero Naruto lo mantiene quieto.

-Dijiste que querías que te contara todo lo que me gusta, pequeño, y lo que me gusta es esto. El morbo. Estamos es un club privado de sexo donde la gente folla y se deja llevar por sus apetencias. Aquí la gente se desinhibe de todo y solamente piensa en el placer y en jugar.

Siento que el cuello me pica… ¡Los ronchones!

Pero Naruto se da cuenta, me sujeta las manos y me sopla.

-En lugares como este-continua-, la gente ofrece su cuerpo y su placer a cambio de nada. Hay parejas que hacen intercambio, otras que buscan un tercero para hacer un trío y otras que, simplemente, se unen a una orgía. En este local hay varios ambientes y ahora estamos en la antesala del juego. Aquí uno decide si quiere jugar o no y, sobre todo, elige con quién.

Naruto gira el taburete. Me mira a la cara y añade sin cambiar su gesto:

-Sasu, estoy como loco por jugar. Me explota la entrepierna y me muero por follarte. Somos una pareja y podemos traspasar la puerta del fondo del club.

Mi boca esta seca. Pastosa. Cojo la copa y le doy un buen trago.-Tú ya has estado aquí, ¿verdad’

-Si, en este local y en otros parecidos. Ya sabes que me gusta el sexo, el morbo, los donceles y las mujeres.

Muevo mi cabeza en un gesto afirmativo. Nos quedamos en silencio unos breves segundos.

-¿Qué hay tras esa puerta?

-Una salida oscura donde la gente toca y es tocada sin saber por quien. Después hay una pequeña sala con sillones separada por cortinajes negros para quienes no quieran llegar hasta las camas, dos jacuzzis, varias habitaciones privadas para que folles con quien quieras sin ser visto y una habitación grande con varias camas a la vista de todos juntos al segundo jacuzzi,  donde todo el que quiera se puede unir a la orgía.

Siento que las piernas me tiemblan. ¿Dónde me ha metido este loco?

Me alegro de estar sentado o me caería al suelo. Naruto se da cuenta de mi estado y me aprieta contra él.

-Pequeño…nunca haré nada que tú no apruebes antes. Pero quiero que sepas que tu juego es mi juego. Tu placer es el mío y tú y yo somos los únicos dueños de nuestros cuerpos.

-Que poético-consigo decir.

Naruto bebe de su copa con tranquilidad mientras siento que mi corazón bombea exageradamente. Todo aquello es un mundo extraño para mí, pero me doy cuenta de que no me asusta, sino que me atrae.

-Escucha, Sasu. Entre nosotros, cuando estamos en lugares como este o acompañados de gente entre cuatro paredes habrá dos condiciones. La primera, nuestros besos son solo para nosotros, ¿te parece bien?

-Si.

Eso me alegra. Odio que bese a otro o ha otra y luego me bese a mí.

-Y la segunda es el respeto. Si algo te incomoda o me incomoda debemos decirlo. Si no quieres que alguien te toque, te penetre o te chupe, debes decírmelo y yo rápidamente lo pararé y viceversa, ¿de acuerdo?

-Vale-y en un hilo de voz murmuro-: Naruto…yo…yo no estoy preparado para nada de lo que has dicho.

Veo que sonríe y me hace un gesto comprensivo con la cabeza.

Después mete su mano entre mis piernas, la pasa por mi mojado pene y musita:

-Estas preparado, deseoso y húmedo. Pero tranquilo, solo haremos lo que tú quieras. Como si solo quieres mirar. Eso si, cuando lleguemos al hotel te follare porque estoy a punto de explotar.

El calor que siento en mi rostro y en mi cuerpo es terrible. ¡Voy a estallar!

Naruto esta muy caliente y siento como sigue paseando su mano entre mis muslos y pone la palma de su mano en mi pene.

-Estas empapado…jugoso…receptivo. ¿Te excita estar aquí?

Negarlo es una tontería y asiento:

-Si. Pero lo que más me excita son las cosas que dices.

-Mmmm… ¿Te excita lo que digo?-Mucho.

-Eso significa que estas dispuesto a acceder a todos mis juegos y caprichos y eso me gusta. Me enloquece.

Noto que su mano que su mano presiona mi pene. Inconscientemente suelto un gemido.

Con su otra mano libre. Naruto coge la mía y la pone sobre su erección. Toco por encima del pantalón y todo yo me derrito. Esta duro. Increíblemente duro. Me besa. Me succiona los labios.

-Voy a dar la vuelta al taburete para mostrarte a esos hombres-dice, a escasos centímetros de mi cara, cuando se separa de mí-. No cierres los muslos y no te subas los pantalones.

Me abraso. Me quemo. Me acaloro.

Y, cuando Naruto hace lo que dice y quedo abierto de piernas ante ellos, una explosión salvaje toma mi interior y respiro agitadamente.

Tres hombres me observan. Me comen con sus ojos. Sus miradas suben mis muslos a mi pene y noto su excitación. Desean poseerme y en cierto modo lo hacen con la mirada. Anhelan tocarme. De pronto, contra todo pronóstico, me siento explosivo y perverso y mis pezones se ponen duros como piedras mientras continúo con las piernas separadas enseñándoles mi intimidad.

Naruto, desde detrás, pega su mejilla a la mía y noto que sonríe.

Comienza a pasar sus manos por mis muslos, baja más el pantalón y me los abre más. Me expone más a ellos. Pasa su dedo en la punta de mi pene. Mete dentro de mí delante de ellos  y después lo saca y lo lleva a mi boca. Lo chupo y, como un vampiro del cine porno, me relamo mientras observo las miradas perversas de los tres hombres. En ese instante, Naruto giro rápidamente el taburete y me mira a los ojos.

-¿Te gusta la sensación de ser mirado? Asiento. Él asiente también.

-¿Te gustaría que uno o varios de esos tipos  y yo nos metiéramos en un reservado contigo y te desnudáramos?-Me acelero y Naruto continúa-: Te abriría las piernas y te ofrecería a ellos. Te chuparán y tocarán mientras yo te sujeto y…

Mi pene se contrae y vuelvo asentir.

Cierro los ojos. Solo de escuchar sus palabras ya me encuentro al borde del orgasmo. Quiero hacer todo lo que dice. Quiero jugar con él a lo que desee. Estoy tan caliente que me siento dispuesto a hacer cualquier cosa que quiera que haga, porque, una vez más, Naruto puede con mi voluntad.

Me besa mientras siento la mirada de esos tres tipos en mí espalda. Naruto se recrea en ello. Me introduce un dedo dentro de mí. Luego dos y comienza a moverlos en mi interior. Abro más las piernas y me muevo a sabiendas de que ellos observan lo que hago. Quiero más. Ardo. Me inflamo y, cuando estoy a punto del orgasmo, Naruto se detiene.

-Mi castigo por tu comportamiento de hoy será que no harás nada de lo propuesto. Nadie te tocará. Yo no te follaré y ahora mismo nos vamos a ir al hotel. Mañana, si te portas bien, quizá te levante el castigo.

Abrasado por el momento, apenas puedo dejar de jadear, mientras la indignación comienza a crecer en mí.

¿Por qué me hace eso?

¿Por qué me lleva esos límites para luego dejarme así? ¿Por qué es tan cruel?

Naruto me sube el pantalón y me lo arregla, coge una de las toallitas de hilo que están en la barra y se seca las manos. Iceman ha vuelto. Me invita a bajar del taburete y me arrastra hacia el exterior del local.

La limusina llega inmediatamente y nos montamos. Hacemos todo el trayecto hasta el hotel sin hablar. Naruto no me mira. Solo mira por la ventanilla y veo que su mandíbula está tensa. Acalorado y enfadado por lo ocurrido, no sé qué pensar. No sé qué decir. He estado a punto de hacer algo que nunca había pensado por mí mente y ahora me siento defraudado por no haberlo hecho.

Cuando llegamos al hotel, Naruto me acompaña hasta mí suite. Quiero invitarlo a entrar. Quiero que me haga lo que lleva diciéndome toda la noche. Lo necesito. Pero no se acerca a mí. En cuanto entro en la habitación, sin traspasar el límite de la puerta, él me mira y dice antes de cerrar.

-Buenas noches, Sasu. Que duermas bien.

Cierra la puerta. Se va y yo me quedo como un imbécil, excitado, frustrado y enfadado.

Continuara…

domingo, 21 de septiembre de 2014

Pideme lo que quieras

capitulo 17

Mi jefa se vuelve loca cuando Naruto le informa de que yo lo acompañaré en su viaje a las delegaciones. Sai se alegra de no ser él. Mi jefa intenta convencerlo de mil formas para que yo no lo acompañe. Argumenta cosas como mi falta de experiencia o mi poco tiempo en la empresa, pero al final desiste. Naruto manda y ella debe aceptarlo. ¡Toma ya!

Llamo a mi padre el miércoles y le explico mi retraso de las vacaciones por el viaje. Le parece bien y me anima a hacer un buen trabajo. Si él supiera el trasfondo de todo, me metía en una caja y la embalaba para que no pudiera salir. Mi hermano, en cambio, se enfada conmigo. Marcharme durante varias semanas fuera de Madrid para él es desquiciante. ¿A quien le va a explicar sus problemas?

El jueves, Naruto pasa a recogerme con su coger a las seis de la mañana. Viajamos en su avión privado y tanto lujo me escandaliza. Parece que acabo de salir del pueblo. Miro todo con tanta curiosidad, que creo que Naruto hace esfuerzos por no reír.

Cuando llegamos a Barcelona, un coche nos recoge en el aeropuerto del Prat y nos lleva directos al hotel Arts. ¡Casi nada! Lo mejorcito de la ciudad. Allí nos alojamos en la última planta en dos suites. Ha cumplido su promesa: habitaciones separadas. Cuando el botones cierra la puerta tras de mí y me quedo en medio de aquella enorme habitación, miro a mi alrededor. Todo es grande, espacioso. Y lo mejor, hay unos grandes ventanales que me permiten ver el mar.

Alucinado por el lujo que me rodea, suelto mi maleta y me acerco a la ventana. ¡Increíble! Tras disfrutar durante un rato del paisaje, comienzo a buscar y a curiosear. Abro la nevera y veo chocolate. Me lanzo a por él. Cuando descubro la zona de mi habitación donde se encuentra la cama, un silbido de camionero sale de mí. ¡Es preciosa! Grandes ventanales que dan al mar y moqueta violeta a juego con un diván precioso. La cama es enorme y me tiro en plancha sobre ella. ¡Que pasada! El baño es otra maravilla. Madera clara y una bañera rodeada por espejos. ¡Morboso!

Al salir del baño, el teléfono suena. Es Naruto.- ¿Qué tal tu suite?

-Alucinante. Enorme. Es como cinco veces mi casa-me mofo. Oigo como ríe al otro lado de la línea.

-En media hora te espero en recepción-me dice-. No olvides los documentos.

Llego a recepción puntual y veo a Naruto hablando con una mujer. Alta, ojos verdes, glamorosa, con el pelo largo y poseía el cabello color violeta. Cuando él me ve, me invita a acercarme a ellos y nos presenta:

-Natsuhi, él es mi secretario, el señorito Uchiha.

La tal Natsuhi me hace un escaneo en profundidad y me da mal rollito, pero, en un gesto de profesionalidad, ella y yo nos damos la mano y Naruto añade en alemán:

-Señorito Uchiha, la señorita Natsuhi ha venido desde Berlín. Ella estará unos días con nosotros. Natsuhi es la encargada de ver si podemos suministrar nuestro medicamento en el Reino Unido.

Sonríe mientras la del pelo violeta de piernas largas mueve su cabeza en gesto afirmativo. Sin embargo, percibo algo raro en su mirada. No sé lo que es, pero no me gusta. Un hombre se acerca a nosotros y nos indica que nuestro vehículo nos espera. Los tres caminamos hacia una enorme limusina negra. Naruto se sienta junto a aquella mujer y se olvida de mí. Eso me inquita. Pero lo que más me molesta es percibir que entre ellos hubo o hay algo. Me lo dicen las miradas de ella. De todas formas, como soy un profesional, mantengo la compostura mientras miro por la ventanilla e intento pensar en mis cosas.

Cuando llegamos a las oficinas centrales de Barcelona, nos recibe el jefe de la delegación, Daikoku Fumeno. Nada más verme, me sonríe, y luego saluda al jefazo y a Natsuhi.

-Hola, Sasuke-se dirige a mí, después de saludarlos-. ¡Que alegría volver a verte!

-Lo mismo digo, señor Fumeno. Seguidamente, me saluda Tezuna, su secretaria.-Sasu, ¿Por qué no me has dicho que venías?

-Porque hasta ayer no sabía que tendría que venir-respondo mientras la abrazo.

Tezuna, con el gesto divertido, observa a Naruto, para luego mirarme a mí con picardía.

-Vaya, vaya, con el jefazo alemán… ¡Está potentón!

Ella y yo nos reímos, pero nos dirigimos sin demora hacia una salita que ella me indica.

Instantes después, varios directivos, entre los que se encuentra Naruto y Natsuhi, entran en la estancia. Es una sala rectangular de paneles oscuros y una cristalera que da a un monte. En el centro de la estancia hay una larga mesa con varias sillas y, en su lateral, varias mesitas y Naruto preside la mesa justo frente a mí. Su mirada implacable me hace recordar el mote que le puso Sai: Iceman. Al recordarlo, no puedo evitar sonreír.

La reunión comienza y Tezuna, avisada por su jefe, se levanta de mi lado y se sienta a la mesa. Su jefe quiere que ella traduzca todo lo que él vaya diciendo para la tal Natsuhi. Atiendo a lo que dicen y observo que Tazuna es una excelente traductora. Pero ocurre algo que me sorprende. En un momento dado, el señor Fumeno menciona al padre de Naruto y esté, muy serio pero también muy educadamente, le pide que no vuelva a nombrarlo. ¿Qué habrá pasado entre padre e hijo? Una hora después, mientras la reunión continúa su curso, recibo un mensaje en mi portátil.

De: Naruto Namikaze

Fecha: 5 de julio de 2012 10.38 Para: Sasuke Uchiha

Asunto: Tu boca. Querido señorito Uchiha, ¿le ocurre algo? Su boca lo delata.
PS: Es usted el más sexy de la reunión. Naruto Namikaze.

Sin mover mi cabeza, lo observo a través de mis pestañas. ¿Tendrá morro? Lleva ignorándome desde aparecí en la recepción del hotel y ahora me viene con ésas. Así que decido responderle el correo.

De: Sasuke Uchiha

Fecha: 5 de julio de 2012 10.39 Para: Naruto Namikaze

Asunto: Estoy trabajando. Estimado señor Namikaze, le agradecería que me dejara trabajar. Sasuke Uchiha

Sé que lo recibe. Lo veo mirar con interés a la pantallita y como se curva la comisura de sus labios. Al cabo de pocos segundos, teclea de nuevo y yo recibo otro correo.

De: Naruto Namikaze

Fecha: 5 de julio de 2012 10.41 Para: Sasuke Uchiha

Asunto: ¿Enfadad? Sus palabras me desconcentran, ¿esta enfadado por algo?
PS: Ese traje le sienta fenomenal. Naruto Namikaze.

Me muevo en mi silla, incomodo. ¿Tanto se me nota? Intento sonreír, avergonzado, pero mi boca se niega. Durante unos minutos atiendo a la reunión hasta que mí ordenador me indica que he recibido otro mensaje.

De: Naruto Namikaze

Fecha: 5 de julio de 2012 10.46 Para: Sasuke Uchiha

Asunto: Usted decide. Le advierto, señorito Uchiha, que si no me contesta a mi correo en cinco minutos, pararé la reunión.
PS: ¡Lleva boxers bajo ese pantalón tan ajustado! Naruto Namikaze.

Al leer aquello, abro los ojos como platos, aunque intento mantener la calma. Se esta tirando un farol. Le encanta picarme. Sonrío y lo reto con la mirada. Él no sonríe. El tiempo pasa y yo me relajo. Lo veo mirar su ordenador e imagino que esta escribiéndome otro correo cuando de repente interrumpe la reunión:

-Señores, acabo de recibir un correo que he de responder de inmediato. Un contratiempo y les pido disculpas por ello.-Y, levantándose, añade-: ¿Serían todos tan amables de dejarnos a solas unos minutos a mi secretario y a mí? Y, por favor, por nada del mundo quiero que nos interrumpan. Mi secretario los avisara cuando hayamos acabado.

Me quiero morir. ¿Está loco?

Abro los ojos tanto como es posible y veo que todos los directivos recogen sus carpetas y se marchan. Tezuna me guiña un ojo y sigue a su jefe. La ultima en abandonar la sala es la tal Natsuhi. Me mira con cara de perro y, tras decirle a Naruto en alemán <<Estaré fuera>>, cierra la puerta tras de sí.

Todavía sentado en mi silla lo miro sin comprender nada. Naruto cierra el portátil, se repanchiga en su silla y clava su mirada en la mía.

-Señorito Uchiha, venga aquí.

Me levanto como un resorte y me dirijo hacia él, gesticulando por la sorpresa.-Pero…Pero ¿Cómo has podido hacerlo? Me mira, sonríe y no contesta.

-¿Cómo has podido parar una reunión?-insisto.-Te di cinco minutos.-Pero…

-La reunión la has parado tú-me contesta.- ¡¿Yo!?

Naruto responde afirmativamente y, justo cuando me paro frente a él, me coge de la mano y, aún sentado, me coloca entre sus piernas. Luego me empuja y me hace sentar sobre la mesa. Ante él. Acalorado, miro a mi alrededor en busca de cámaras cuando él dice:

-La habitación no tiene cámaras pero no esta insonorizada. Si gritas, todos sabrán lo que ocurre.

Voy a protestar, ya que a cada instante que pasa me encuentro alucinado, cuando Naruto se acerca a mí y hace eso que tan loco me vuelve. Saca su lengua, la pasa por mi labio superior. Me mira. Después vuelve a pasarla por mí labio inferior, me lo muerde hasta que yo abro la boca y finalmente me besa. Me succiona la boca de tal manera que me deja sin aliento y, como siempre, caigo a sus pies. Me tumba en la mesa y me quita los pantalones. Sus manos ascienden lentamente por mis muslos hasta que siento que llegan a mis caderas. Entonces agarra el boxers y me lo quita.

-Mmmm. Me alegra saber que llevas boxers. Disfruto el momento y entro como un lobo en el juego.

Me paso la lengua por los labios y quiero gritar << ¡¡Si!!>>. Mi gesto lo estimula y enloquece. Abro mis piernas con descaro pidiéndole más y él levanta la cabeza, sin mover el resto de su cuerpo.

-¿Llevas en la maleta lo que te dije que debías llevar siempre?-Cierro los ojos y maldigo con frustración.-Me lo he dejado en el hotel.

Mi reacción lo hace sonreír. Me incorpora de la mesa sin apenas tocarme, a excepción de la cara interna de mis muslos.

-Lo siento, pequeño. Estoy seguro de la próxima vez no lo olvidaras. Lo miro, bloqueado. ¿Me va a dejar así? Me da un azote en el trasero cuando bajo de la mesa.

-Señorito Uchiha, debemos continuar con la reunión. Y, por favor, no vuelva a interrumpir.

Siento las mejillas arreboladas y el deseo por todo lo alto mientras él es el rey del control. Eso me encoleriza. Lo sabe. Me agarra de la mano y me acerca a él en un gesto posesivo.

-En cuanto terminemos la reunión  te quiero desnudo en el hotel. De momento, me quedo con el boxers

-¡¿Como1?-Lo que oyes.-Ni hablar. Devuélvemelo.-no.-Naruto, por favor. ¿Cómo voy a estar sin boxers?

Se levanta. Sonríe con malicia y se encoge de hombros.-Muy fácil. ¡Estando!

Me coloca los pantalones. Me empuja hacia la puerta e insiste.

-Vamos. Diles que entren. La reunión es importante. Histérico y  a punto de que me dé un <<pumba>>, solo puedo resoplar. ¿Cómo me puede estar pasando esto a mí?

Finalmente, cierro los ojos, camino con seguridad hacia la puerta y antes de abrir me vuelvo hacia él.

-Esta me la pagas. Naruto no se inmuta.

Un minuto después, la reunión continúa y todo vuelve a la normalidad. Todo, excepto que no llevo boxers.

Continuara…

sábado, 20 de septiembre de 2014

Pídeme lo que quieras

capitulo 16

Suena el despertador. Lo miro: las siete y media.

Alargo la mano y lo apago. Me desperezo en la cama y mi mente se despierta rápidamente. Miro a mi derecha y veo que Naruto no está. Mi mente vuelve a ser consciente de lo ocurrido y me siento en la cama cuando oigo una voz:

-Buenos días.

Miro hacia la puerta y allí esta él, vestido. Miro su ropa y me sorprendo al ver que el traje que lleva y la camisa no son los que traía el día anterior. Él se da cuenta y responde:

-Tango me lo ha traído hace una hora.

-¿Qué tal la cabeza? ¿Se fue el dolor?-pregunto.-Si, Sasu. Gracias por preguntar.

Le respondo con una triste sonrisa. Me levanto de la cama sin ser consciente del horrible espectáculo que ofrezco, despeluchado, legañoso y con mi pijama del Demonio de Tasmania. Paso por su lado y, al hacerlo, me pongo de puntillas y le doy un beso en la mejilla mientras murmuro un aún soñoliento <<buenos días>>.

Voy a la cocina dispuesto a darle la medicación a Curro, cuando veo todas sus cosas sobre la encimera. Me paro en seco y siento a Naruto detrás de mí. No me deja pensar. Me coge por la cintura y me da la vuelta.

-¡A la ducha!-me ordena.

Cuando salgo de ella y entro en la habitación para vestirme, Naruto no está allí. Así que me apresuro a sacar unos calzoncillos de mi cajón y me los pongo. Después abro el armario y me visto. En cuanto estoy vestido y presentable, salgo al salón y lo veo leyendo un periódico.

-Tienes café recién hecho-dice mientras me mira-. Desayuna.

Veo que dobla el periódico, se levanta, se acerca a mí y me besa en la cabeza.

-Hoy me acompañaras a Guadalajara. Tengo que visitar las oficinas de allí. No te preocupes por nada. En la oficina ya están avisados.

Le digo que si con la cabeza, sin ganas de hablar ni de protestar. Me tomo el café y, cuando dejo la taza en el fregadero, siento que Naruto se acerca de nuevo por detrás, aunque esta vez no me toca.

-¿Estas mejor?-me pregunta.

Muevo mi cabeza en señal afirmativa, sin mirarlo. Tengo ganas de llorar de nuevo pero respiro y lo evito. Estoy seguro que Curro se enfadará si sigo comportándome como un blandengue. Con la mejor de mis sonrisas me doy como la vuelta y me retiro el pelo que me cae sobre los ojos.

-Cuando quieras, podemos marcharnos. Él asiente. No me toca.

No se acerca a mí más de lo estrictamente necesario. Bajamos al portal y allí está Tango esperándonos con el coche. Nos montamos y comienza el viaje. Durante la hora que dura el trayecto, Naruto y yo miramos varios papeles. Yo soy el encargado de llevar al día las delegaciones de la empresa Müller, de modo que conozco casi en primera persona a todos los jefes. Naruto me explica que quiere saber de primera mano absolutamente todo de cada delegación: productividad, cantidad de gente que trabaja en las fábricas y rendimiento de las mismas. Eso me pone nervioso. Con el paro que hay ahora, tengo miedo de que empiece a despedir a gente sin ton ni son. Pero en seguida me aclara que ese no es su propósito, sino lo contrario: intentar que sus productos sean más competitivo y abrir el campo d expansión.

Recibo un mensaje de Neji. Le respondo que estoy bien, pero maldigo en mi interior. Recibir sus mensajes y estar con Naruto me hace sentir mal. Pero ¿por qué? Yo no tengo nada serio con ninguno de los dos.

De regreso a Madrid, Naruto me propone parar y comer en algún pueblo. Me muestro encantado y le digo que me parece bien. Tango para en Azuqueca de Henares y degustamos un delicado cordero. Durante la comida, él recibe varios mensajes. Los lee con el ceño fruncido y no contesta. A las cuatro proseguimos el viaje y cuando llegamos al hotel Villa Magna me pongo tenso. Naruto lo nota y me coge la mano.

.Tranquilo. Solo quiero cambiarme de ropa para pasar la tarde contigo. ¿Tienes algún plan?

Mi mente piensa con celeridad y, finalmente, le digo que sí, que tengo un plan. Pero no le doy tiempo a que pueda presuponer nada.

-Tengo algo que hacer a las seis y media de la tarde-le informo-.Si no tienes nada mejor, quizá te gustaría acompañarme. Así puedo enseñarte mi segundo trabajo.

Eso lo sorprende.

-¡Tienes un segundo trabajo? Asiento divertido.

-Si, se puede llamar así, aunque este año es el último. Pero no pienso decirte de qué se trata si no me acompañas.

Lo veo sonreír mientras baja del coche. Yo lo sigo.

Llegamos al ascensor del hotel Villa Magna y el ascensorista nos saluda y nos lleva directamente hasta el ático. En cuanto entramos en su espaciosa y bonita habitación, Naruto deja su maletín con el portátil sobre la mesa y se mete en la habitación que no utilizamos el día que estuve allí jugando. Suena su móvil. Un mensaje. No puedo evitar mirar la pantalla iluminada y leo el nombre de <<Shion>>. ¿Quién será? Dos segundos después, vuelve a sonar y en la pantalla leo <<Ino>>. Vaya, si que esta solicitado.

Estoy inquieto. La última vez que estuve allí ocurrió algo que todavía me avergüenza. Paseo mis manos por el bonito sofá color café y miro el jardín japonés, mientras intento que mi respiración ni se acelere. Si Naruto sale desnudo de la habitación y me invita a jugar con él, no sé si voy a ser capaz de decirle que no.

-Cuando quieras nos podemos marchar-oigo una voz tras de mí.

Sorprendido, me vuelvo y lo veo vestido con unos vaqueros y una camiseta granate. Esta guapísimo. Elegante, como siempre. Y lo mejor, esta cumpliendo a rajatabla lo que me ha prometido de no tocarme. Sin embargo, siento que una extraña decepción crece en mí al no verme arrastrado al mar de lujuria donde me suele llevar.

¿Me estaré volviendo loco?

Diez minutos después, nos encontramos en el coche de Tango en dirección a mi casa.

Cuando entro en ella echo de menos la presencia de Curro. Naruto se da cuenta y me besa en la cabeza.

-Vamos, son las seis. Date prisa o llegaras tarde. Eso me reactiva.

Entro en mi habitación. Me pongo unos vaqueros. Unos tenis de deporte y una camiseta azul. Me recojo el pelo en una coleta alta y salgo rápidamente de allí. Sin necesidad de mirarlo, sé que me esta observando. La temperatura de mi piel sube cuando estoy cerca de él. Cojo la cámara de fotos y una mochila pequeña.

-Vamos-le digo.

Guío a Tango entre el trafico de Madrid y en pocos minutos llegamos hasta la puerta de u colegio. Naruto, sorprendido, baja del coche y mira a su alrededor. No parece haber nadie. Yo sonrío. Lo cojo de la mano con decisión y tiro de él. Entramos en el colegio y el desconcierto de su cara crece. Me hace gracia verlo así. Me gusta verlo desconcertado y tomo nota de ello.

Segundos después, abro una puerta donde pone <<Gimnasio>> y un bullicio tremendo nos engulle. En seguida, docenas de niñas de edades comprendidas entre siete y los doce años corren hacia mí gritando.
-¡Entrenador! ¡Entrenador! Naruto me mira, estupefacto.

-¿Entrenador?

Yo sonrío y me encojo de hombros.

-Soy el entrenador de fútbol femenino del colegio de mi sobrina-respondo antes de que las pequeñas lleguen hasta donde estamos nosotros.

Naruto abre la boca, por la sorpresa, y luego sonríe. Pero ya no puedo hablar con él. Las pequeñas han legado hasta mí y se cuelgan de mis brazos y mis piernas. Bromeo con ellas hasta que sus madres me las quitan de encima.

-¿Quién es ese tiarrón?-oigo que me dice mi hermano.-Un amigo.

-¡Vaya, osito, vaya amigo!-murmura y yo sonrío.

Las mamas de las pequeñas se revolucionan ante la presencia de Naruto. Es normal. Naruto desprende sensualidad y yo lo sé. Tras saludar a todo el mundo, mi hermano no para de pedirme que le presente a Naruto y al final claudico. ¡Anda que no se pone pesadito! Finalmente, agarrado a su brazo, me acerco hasta donde él se encuentra sentado.

-Itachi, te presento a Naruto.-Él se levanta para saludarlo-. Naruto, él es mi hermano y el monito que esta sentado en mi pie derecho es mi sobrina Seiya.-Se dan dos besos.

-¿Por qué eres tan alto?-pregunto mi sobrina. Naruto la mira y responde:

-Porque comí mucho cuando era pequeño. Mi hermano y yo sonreímos.

-¿Por qué hablas tan raro?-vuelve a preguntar Seiya-. ¿Te pasa algo en la boca?

-Es que soy alemán y, aunque se hablar español, no puedo disimular mi acento.

La pequeña me mira, divertida. Pero yo maldigo para mis adentros esperando su respuesta sin poder detenerla.

-Vaya paliza que os dieron los italianos el otro día. Os mandaron para casita. Mi hermano se lleva a la niña, avergonzado, y Naruto se acerca a mí.

-No se puede negar que es tu sobrina-susurra en mí oído-. Es tan clarita como tú a la hora de decir las cosas.

Ambos nos reímos y las pequeñas corren de nuevo hacia mí. Aquello no es un entrenamiento, es la fiesta de verano que las mamas han montado para acabar el curso. Durante hora y media hablo con ellas, abrazo a las niñas para despedirme y me hago cientos de fotos con ellas. Naruto se mantiene sentado en las gradas en un segundo plano y, por su gesto, parece disfrutar del espectáculo.

Las niñas me entregan un paquetito, lo abro y de él saco un balón de fútbol hecho de chuches de colores. Aplaudo tanto como ellas, ¡me encantan las chuches! Mi sobrina me mira y me señala a su amiga Ageha. Han hecho las paces y yo levanto el pulgar y le guiño el ojo. ¡Olé, mi niña! Pasados unos minutos y después de besar a todas las mamas y a mis pequeñas futbolistas, todas abandonan el gimnasio. Mi hermano y mi sobrina entre ellas.

-Feliz por a despedida que me han brindado, me vuelvo hacia Naruto y lleno dos vasos de plástico con un poco de Coca-Cola algo calentorra mientras me acerco a él.

-¿Sorprendido?-le pregunto, ofreciéndole uno de los vasos. Naruto los acepta y le da un trago.-Si. Eres sorprendente.-Vale, vale, no sigas, que me lo voy a creer. Ambos nos reímos y nos miramos.

Ninguno dice nada y el silencio nos envuelve. Finalmente cojo fuerzas y digo con sinceridad:

-Naruto, mi vida es lo que ves: normalidad.-Lo sé…lo sé y eso me preocupa.

-¿Te preocupa? ¿Te preocupa que mi vida sea normal? Su mirada me traspasa.-Si.-¿Por qué?-Por que mi vida no es precisamente normal.

Mi cara debe ser un poema. No lo entiendo, pero antes de que le pida explicaciones, él continúa hablando:

-Sasu, tu vida exige relación y compromiso. Unas palabras que para mí quedaron obsoletas hace años. Muchos años.-Me toca su mano el óvalo de la cara y prosigue-: Me gustas, me atraes, pero no te quiero engañar. Lo que me atrae es el sexo entre nosotros. Me gusta poseerte, meterme entre tus piernas y ver tu cara cuando te corres. Pero me temo que muchos de mis juegos no van a gustarte. Y no hablo de sado, hablo solo de sexo. Simplemente sexo.

Su mirada se oscurece. Me desconcierta pero no quiero renunciar a seguir jugando.

-Soy un doncel normal, sin grandes pretensiones, que trabaja para tu empresa. Tengo un padre, un hermano y una sobrina a los que adoro y, hasta ayer un gato que era mi mejor amigo. Soy entrenador de fútbol de un equipo de niñas y no cobro un duro por ello, pero lo hago porque me hace feliz. Tengo amigos y amigas con los que disfrutar de partidos, de vacaciones, de ir al cine o de salir a cenar. Ahora te preguntaras por que te cuento todo esto, ¿verdad?-Naruto mueve la cabeza afirmativamente-. No soy despampanante, no me gustar vestir provocativo y ni siquiera lo intento. Mis relaciones con los hombres han sido normales, nada del otro mundo. Ya sabes, doncel conoce chico, se gustan y se acuestan. Pero nunca nadie ha conseguido sacar de mí la parte que tú en pocos días has sacado. Nunca  pensé que el morbo me pudiera volver loco. Nunca pensé que yo pudiera estar haciendo lo que estoy haciendo contigo. Me impones y me sometes de tal manera que no puedo decir que no. Y no puedo decir que no porque mi cuerpo y todo yo quiere hacer lo que tú quieras. Odio que me den ordenes, y más aún en el plano sexual. Pero a ti, inexplicablemente, te lo permito. En la vida me hubiera imaginado que yo permitiría que un desconocido como tú  eres para mí, que no sabe casi ni como me llamo, ni mi edad, ni nada de mi vida, me exigiera sexo con solo mirarme y yo se lo permitiría. Todavía me cuesta comprender lo que ocurrió el otro día en la habitación de tu hotel y…

-Sasu…

-No, déjame terminar-le exijo y coloco mi mano en su boca-. Lo que ocurrió el otro día en tu habitación, me guste o no reconocerlo, me encantó.  Reconozco que cuando vi las imágenes me enfadé. Pero cuando he vuelto a pensar en ello, en aquel momento, me he excitado y mucho. Incluso el domingo utilicé el vibrador pensando en ti y tuve un orgasmo maravilloso al imaginar lo que ocurrió con aquel doncel en tu habitación.-Naruto sonríe-. Pero no me van los donceles. No…no me van y, si quieres volver a jugar conmigo en ese plano, te exijo que antes me consultes. Como te he dicho al principio de esta conversación, no soy un especialista en sexo, pero lo vivido contigo me gusta, me pone, me incita y estoy dispuesto a repetir.

-¿Incluso sin compromiso por mi parte?

Deseo decir que no, que lo quiero solo para mí. Pero eso significaría perderlo y eso si que no lo quiero.

-Incluso sin eso.

Naruto mueve su cabeza, comprensivo.

-Y, por favor…te libero de no tener que tocarme. Bésame y dime algo porque me voy a morir de la vergüenza por la cantidad de cosas locas que te acabo decir.

-Me estas excitando, pequeño-murmura.

Saco de mi mochila un abanico y le sonrío, avergonzado.-Pues ni te imaginas cómo estoy yo solo de decírtelo. Naruto me devuelve la sonrisa y se retira el pelo de la cara.

-Tu nombre completo es Sasuke Uchiha. Tienes veinticinco años, un padre, un hermano y una sobrina. Por lo que he visto no tienes novio, pero si hombres que te desean. Sé dónde vives y donde trabajas. Tus teléfonos. Sé que conduces muy bien un Ferrari, que te gusta cantar, y que no te da vergüenza hacerlo delante de mí, y hoy he sabido que eres entrenador de fútbol. Te gustan las fresas, el chocolate, la Coca-Cola, las chuches y el fútbol y, si te pones nervioso, te salen ronchas en el cuello y te puede dar ¡el nervio!-Sonrío-.Por la manera en que tratabas a tu mascota sé que amas a los animales y que eres amigo de tus amigos. Eres curioso y cabezón, a veces en exceso, y eso me saca de mis casillas, pero también eres el doncel más sexy y desconcertante con el que me he encontrado en la vida y reconozco que eso me gusta. De momento, eso es lo  que sé de ti y me vale. ¡Ah! Y a partir de ahora prometo consultar contigo todo lo referente al sexo y nuestros juegos. Y ahora que me has liberado de mi promesa, te besaré y te tocaré.

-¡Bien!-afirmo levantando los brazos.

-Y una vez solucionando ese tema necesito que aceptes la proposición que te hice para conocerte mejor y para que me acompañes durante el tiempo que este en España-añade-. Esta semana viajaremos a Barcelona. Tengo dos importantes reuniones el jueves y el viernes. El fin de semana lo dedicaremos, si tú quieres, al sexo. ¿Te parece?

-Tu nombre es Naruto Namikaze-respondo, sin importarme su frialdad-. Eres alemán y tu padre…

Pero él tuerce el gesto e interrumpe mi discurso.

-Como favor personal, te pediría que nunca menciones a mi padre. Ahora puedes continuar.

Esa orden me deja cortado, pero sigo:

-Eres un mandón patológico y n sé nada más de ti, excepto que te gusta el morbo y jugar con el sexo. Aun así, me gustaría conocerte un poco más.

Siento su mirada penetrarme. Me traspasa y sé que tiene una lucha interna por abrirse a mí o continuar como estamos. Entonces se levanta y tira de mí. Me besa y yo le correspondo. ¡Dios, cuanto lo echaba de menos! Pocos segundos después, separa su boca de la mía.

-Mi madre es española, por eso hablo tan bien el español. Duermo poco desde hace años. Tengo treinta y un años. No estoy casado ni comprometido. De momento, poco más te puedo decir.

Emocionado por aquella pequeñísima confidencia, sonrío y, feliz como si me hubiera tocado la Bonoloto, añado haciéndolo reír:

-Señor Namikaze, acepto su proposición. Ya tiene acompañante.

Continuara…